<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[El Rincón de Denisa...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[<B>Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana</B>]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXVII]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_138.htm]]></link><description><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Primera Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A las once de la mañana, como cualquier otro día, la actividad era febril en la oficina de Lorena. Las hormigas engalanadas, participaban de la agitación colectiva o se refugiaban en las páginas de Internet, si sus obligaciones se lo permitían. Todo era igual, en apariencia, y sin embargo diferente. Cada una de las personas individuales ignoraba las sorpresas con las que se podía encontrar.<br/><br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;“Alguien tiene que saber algo, ¿pero, cómo podría…?” En los días siguientes a la conversación con Patricia, Jaime empezó a cavilar acerca del tratamiento que le había de dar a la nueva información. Aunque su fallida aventura con Lorena le había afectado más de lo que hubiera querido y esperado, no era un hombre de naturaleza rencorosa. Sin embargo, la puñalada trapera que Lorena le había asestado a Adaina, había tocado su fibra más sensible. No sabía si era instinto de protección, o el cariño, que no amor, que todavía dispensaba a la chica, pero no podía aceptar lo sucedido, le parecía intolerable. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miraba a su alrededor, contemplando uno a uno los rostros, pero no sabía a qué dirección apuntar. Si alguna vez hubo un culpable del robo, éste se cuidaría bien de no ser descubierto. “¿Qué puedo hacer?” Dudaba, pero tenía claro que aquello no iba a quedar así, no podía soportar tanta maldad. “Ésta se va a enterar”. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Unos metros más allá, y sin embargo totalmente lejos de la vista de Jaime, se encontraba Lorena, con su estrés habitual, pero con problemas adicionales. De un día para otro, el ambiente se había enrarecido sobremanera. Los rostros que se encontraba no le resultaban muy amigables, si no por el contrario, bastante fríos y distantes. “¿Qué le ocurre hoy a la gente?”. Cada cierto tiempo, no podía evitar interrumpir su trabajo para reflexionar. “¿Se habrán enterado de lo de Patricia? ¿Pensarán que soy culpable? No creo que Maica me haya hecho eso, no puede. A lo mejor lo han pensado por su cuenta, no sé.” Su intuición no podía negar lo evidente y esto constituía un buen motivo para la preocupación. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un rato después, recibió una llamada de Juan Manuel. No pudo evitar sobresaltarse, pero, para su fortuna, la conversación retomó el sendero de lo habitual, sin comentarios personales, ni alusiones a los últimos sucesos. Aunque, eso sí, había en sus palabras una mayor familiaridad, más confianza, como si realmente se hubiese establecido una amistad. Se tranquilizó, por lo menos en ese aspecto parecía que las aguas volvían a su cauce, pero no ignoraba que trataba de una tregua temporal, debía estar preparada para la próxima tormenta. No confiaba en él.<br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A última hora de la tarde, Lorena tenía ya prácticamente superado el malestar que le había producido la reacción de sus compañeros. Aceptó que no podía cambiar lo inevitable, si sus compañeros se habían enterado de lo de Patricia, no le quedaba otra alternativa que vivir con ello, superarlo. “Ya se les olvidará”. Todavía confiaba en su capacidad para recuperar el terreno perdido. Por el momento, nada más podía hacer. Llego la hora de salir, por fin podía apagar su equipo, marcharse, desconectar de todo, olvidar. Pero, cuando se disponía a hacerlo, revisó su correo por última vez. Encontró un mensaje realmente desconcertante. <br/><br/>SÉ LO QUE HAS HECHO CON ADAINA. ESTO NO VA A QUEDAR ASÍ, VAS A PAGAR LAS CONSECUENCIAS. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un tal Justicia firmaba el amenazante texto. De repente, un escalofrío sacudió su cuerpo, y los nervios se apoderaron de ella. “¿Pero esto qué es?”. La habían descubierto. Se sintió tan violenta que sólo atinó a apagar su ordenador con rapidez. Miró a su alrededor. “¿Quién habrá sido?”. Pero aquel día había apreciado demasiada hostilidad en las miradas, podría ser cualquiera. Se marchó. Empezó a pensar, pero por más vueltas que le daba, no lograba averiguar quién podría estar operando en su contra, podría ser cualquiera, todos y nadie, en el fondo de su ser reconocía que se lo había buscado. <br/></FONT>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item><item><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XVI]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_137.htm]]></link><description><![CDATA[<br><P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Segunda Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>- Felipe, vente un momento a mi despacho y pásame los papeles que te pedí el otro día. <br/>- Voy. <br/>- Siéntate chico, mira, tengo una cosa que decirte. <br/>- ¿Qué ocurre?<br/>- Jajaja, relájate hombre, no ocurre nada. Sólo quiero decirte que tanto Pereda como yo te estamos muy agradecidos por tu colaboración en este asunto. Es más, él me ha sugerido que debemos gratificarte de algún modo. Así que, hemos pensado en darte esto. – Gonzalo extendió su mano y tendió un cheque a Felipe.<br/>- No, no puede ser.<br/>- ¿Cómo que no? Si te lo has ganado chaval. <br/>- Yo me he limitado a cumplir órdenes, no sé nada más. <br/>- Pero no seas tonto, no acepto un no por respuesta. ¡Que no Felipe, que no me lo devuelvas! Además, sé que dentro de poco te vas a ir a vivir con tu novia y te va a venir muy bien. Venga, pues esto es todo, puedes volver a tu trabajo. <br/><br/>Felipe regresó a su puesto aturdido y consternado. La cifra que vio reflejada ante se ojos le provocaba vértigo. Ese dinero le supondría una gran ayuda ahora que estaba a punto de afrontar una mudanza. Pero, no ignoraba el significado del regalo, le estaban comprando a él, a su silencio. Se preguntó si habría algún modo de devolverlo, o si tal vez fuera mejor no cobrarlo. Por lo pronto, sólo se le ocurrió ocultar el papel maldito de la vista de sus compañeros. Aún así, lo sentía a cada paso que daba, como si lo llevara grabado a fuego. “¿Qué hago?” y lo que era aún peor “¿Me toman por gilipollas?”<br/><br/>- Es precioso, definitivamente precioso, y además nos va durar un montón de años…<br/>“Se lo digo o no se lo digo”. Felipe guardaba silencio mientras su novia hablaba del precioso y carísimo sillón que había encontrado. <br/>- Pero es que es tan caro… aunque como vamos a pagar las cosas a plazos tampoco tendremos muchos problemas, ¿no? ¿Tú que piensas? <br/>- Si te parece bien lo compramos. <br/>- Vaya Felipe, cómo has cambiado. <br/>- Bueno, no sé, da igual, tampoco nos van tan mal las cosas. – Felipe enrojeció mientras pensaba en el maldito pedazo de papel bancario que le atormentaba. Lorena, entre tanto, le miró extrañada. <br/>- ¿Ocurre algo? <br/>–No. <br/>- Vaya, bueno, me alegro. Las cosas como son, ese sofá y una decoración adecuada nos vendrían muy bien para la casa. Es posible que tengamos que recibir a gente importante del trabajo, y aunque quede mal decirlo, las cosas como son, la apariencia importa. Pero también hay que ser realistas, esta claro que ahora mismo no nos podemos meter en todo. Podríamos comprar el sofá y luego, pues ya poco a poco las otras cosas, qué remedio. <br/>- Sí cariño.  – Luego se marcharon a casa. Lorena, en un extraño acceso de nostalgia, tomó la mano de su novio. Hacía mucho tiempo que no compartían este gesto, y aquel preciso instante, en el que se encontraban a las puertas de un cambio tan importante, le apeteció mucho hacerlo. En el fondo, no se sabía lo que la convivencia podría depararles. Felipe se enterneció, sin embargo, la sombra de la preocupación no le dejaba relajarse. “No puedo cobrarlo, no puedo. Pero a Lorena le hace tanta ilusión lo de la casa…” <br/></FONT><P><br/><FONT COLOR="BLUE"><br/><br/>Como siempre, sigo insistiendo jeje: http://www.anamariacuesta.es<br/><br/>Besos<br/></FONT><P>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item><item><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XVI]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_136.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Primera Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un menudo pero reconfortante rayo de sol atravesó las persianas para acariciar el rostro de Adaina, que esperaba sentada a que comenzaran las clases. Sonrió. Por fin había sido convocada para realizar uno de los cursos del paro que había solicitado, y aunque el problema del trabajo era el más importante, todavía era muy joven como para volcarse plenamente en ello. Mejorar su formación podría ayudarle en el futuro, quizá para encontrar un trabajo mejor, así que de algún modo empezó a considerar que cambiaba su suerte. Era demasiado joven como para que los nubarrones negros de la mente destruyeran la fuerza que le empujaba a la vida. Por otra parte, salir de la inactividad le estaba ayudando mucho a mejorar su estado de ánimo, ya no tenía tanto tiempo para pensar. <br/><br/>- Hola, ¿qué tal? <br/>- Bien. <br/>- ¿Cómo te llamas? ¿Es la primera vez que vienes por aquí?<br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus nuevos compañeros parecían amigables, y las sonrisas que recibió tuvieron para ella un sabor especial. Ahora que los desaires del pasado empezaban a quedar atrás, se sentía a las puertas de una nueva vida, quizá aún con temor, pero no sin la esperanza que antes le faltaba. <br/><br/>- Jaime tío, ¿te vienes a tomar una caña? <br/>- Vale, venga, ¿vamos?<br/>- Espera, que he quedado con una chica, viene ahora. <br/>- Hola chicos, ¿qué tal?<br/>- Bien. Patricia, vaya cara ¿qué te ocurre?<br/>- Que me han despedido. <br/>- ¡Qué dices! ¿Y eso?<br/>- Pues yo que sé, vámonos de aquí, ahora os cuento. – Los tres miembros del grupo se introdujeron en el coche del compañero de Jaime. Como en otras ocasiones, se dirigieron a un local algo apartado, para quedar lejos de las miradas y las murmuraciones. <br/>- Vaya Patricia tía, lo siento mucho. <br/>- Gracias chicos, pero qué se le va a hacer, cuando se te cruza una hija de puta en el camino…<br/>- ¿Una hija de puta? ¿Qué ha pasado?<br/>- Esto ha sido la Lorena, estoy segura. <br/>- ¿Por qué dices eso?<br/>- Mira, todas sabemos como es en el departamento, una trepa, una sinvergüenza, además, a mí no me podía ni ver, no veas cómo me trataba. <br/>- Joder tía, lo siento, pero ¿tienes alguna prueba?<br/>- No, no tengo una prueba en concreto de lo mío, pero estoy bastante segura, ella ya ha estado implicada en movidas como ésta antes. <br/>- ¿Qué dices?<br/>- Lo que oyes, ¿no sabíais lo que paso con Adaina?<br/>- No, ¿Qué pasó?<br/>- Pues que la golfa esta le dijo a Maica que había robado un dinero para quitársela de encima. <br/>- ¡Ah sí! ¿Qué dices? Cuenta, cuenta. <br/>- Me lo ha dicho una tía que conoce bien al de Recursos Humanos.   <br/>- Pues vaya trepa, que asco. <br/>- Ya ves, antes me lo tenía bien callado, pero ahora me ocuparé de que esto se sepa bien sabido, ya lo verás. <br/>- Bueno, no te preocupes guapa, que el tiempo le dará lo suyo. <br/>- Puedes estar segura de que sí. – Finalizó Jaime.  <br/><br/></FONT><P><br/><br/><FONT COLOR="BLUE"><br/>Mi página web: http://www.anamariacuesta.es<br/><br/>Siento que no salga el link directo, pero es que ahora no permiten ponerlo. Besos. <br/><br/></FONT><P><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item><item><title><![CDATA[DE TRIUNFADORES - CAPÍTULO XXV]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_135.htm]]></link><description><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Segunda Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;“Noooooooooo, esto no puede estar pasando”. A pesar del aire fresco de la noche, Lorena tenía abiertas las puertas de su ventana de par en par. La Luna llena, poderosa y brillante, bañaba con su luz azulada el interior de la habitación. No podía parar de dar vueltas en la cama, ni siquiera tras tomar la pastilla de siempre, y a cada giro que daba el calor se apoderaba más de ella, empapando de sudor sus rincones. “¿Será verdad que me va a respetar, que no lo va a intentar más? Ufff, ¡que va! con lo que son los tíos. Vaya problema. El mejor cliente de la empresa. A ver cómo salgo de ésta. Ojalá, ojalá pueda controlarlo”. En una de las vueltas, observó la reluciente caja que había depositado sobre su mesilla. La abrió, y extrajo el flamante reloj nuevo. No pudo dejar de observarlo con fascinación. “La verdad es que es maravilloso”. Nunca creyó que tendría en su poder semejante posesión y se asustó de la extraña sensación que le producía, porque, a pesar de todo, no era capaz de mirar a Juan Manuel con desagrado del todo. Finalmente, optó por tomarse otra pastilla, tantos pensamientos confusos estaban llegando a saturarla. <br/><br/>- Lorena, ¿estás bien? Tienes mala cara. <br/>- Sí, bueno, un poco cansada, pero nada más. <br/>- ¿Qué tal van las cosas con Juan Manuel? Parece que bien ¿no?<br/>- Sí, sí, sin problemas.<br/>- Muy bien. Oye, cuando puedas pásate por mi despacho que tenemos que hablar. <br/>- Ok.<br/>- Cierra la puerta. Bueno, verás, como sabes hemos tenido algunos problemillas en la empresa últimamente. En esta semana se han dado de baja otros dos clientes más. <br/>- ¿En serio?<br/>- Sí, la verdad es que la cosa no va muy bien, la facturación está bajando, lo lleva haciendo un tiempo, y ya se están notando los resultados. Tenemos que hacer algo, y no hay más remedio que reducir plantilla. <br/>- ¿Qué?<br/>- Como lo oyes. Me han dicho que hay que empezar a despedir gente. Por suerte, esto no va a afectar mucho a nuestro departamento, pero, aún así, tenemos que elegir al menos a una persona.<br/>- Noooo. No puede ser. <br/>- Es inevitable, no tenemos otra alternativa. <br/>- Qué mal rollo, y… ¿Habéis pensado algo?<br/>- Estamos en ello, por eso precisamente quería hablar contigo, tú trabajas día a día con las chicas y las conoces mejor que nadie, necesito que me digas tu opinión, ¿cuál es la que va peor? <br/>- Pues… si hay que decir a alguien, yo te diría que Patricia, pero…<br/>- Muy bien Lorena, eso es lo que quería saber, gracias.<br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A pesar de lo comprometido de la situación, Lorena no se sintió particularmente afectada. En realidad, Patricia no le gustaba, nunca había sido santo de su devoción. Aquella chica, a diferencia de las otras, no se mostraba simpática con Lorena, ni parecía acatar de buen grado su mandato. Aunque a simple vista parecía correcta, por lo menos en cuanto a las formas, siempre resultaba algo seca, y sus miradas, fugaces, transmitían rechazo o desprecio. En el fondo sintió que se había quitado un peso de encima. <br/><br/>- Felipe, ya está arreglado todo. <br/>- ¿Cómo? <br/>- Que ya se ha solucionado lo de la venta. Pereda ya ha elegido un edificio. <br/>- Bien. <br/>- Ponte la chaqueta, que nos vamos. – Felipe renunció a contestar, sabía que no podía hacer nada para cambiar las cosas. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta vez el encuentro no se produjo en un hotel, si no en un modesto, aunque no mal situado apartamento. Felipe aguardó sentado y en silencio mientras los otros dos hombres bromeaban y se servían una copa, como si aquella situación fuese lo más normal del mundo. Había alguien más en el grupo, un hombre fornido, callado, que había acompañado a Pereda. Felipe, que se sintió intimidado por su mirada, dedujo que se trataba de un guardaespaldas. <br/><br/>- Bueno, bueno, bueno, dejémonos de bromas, ¿has traído lo mío? <br/>- Jajajaja, aquí lo tienes, sigues igual que siempre, no pasas ni una ¿eh?<br/>- Jajajaja, por supuesto que no amigo mío, los negocios son los negocios. – Pereda extrajo de su equipaje un grueso maletín que depositó sobre la cama. – Cuéntalo, anda. – Felipe observó atónito el desfile de billetes morados. “Vaya fortuna, ¿cómo puede tener tanto dinero en efectivo?”. Se preguntó en qué clase de negocios turbios estaría involucrado. <br/>- Vaya, vaya, parece que está todo, así da gusto jaja. <br/>- Jajaja, a estas alturas y que todavía no te fíes de mí. <br/>- Bueno Felipe, hemos terminado. Ahora coge mi coche y pon el maletín a buen recaudo, que nosotros tenemos que ir a celebrarlo. ¡Ah! Y ve preparando los papeles para que la empresa realice la compra. <br/>- Pero… ¿esto se puede hacer?<br/>- Pero otra vez… cómo no se va a poder hacer, la empresa ya tiene otros intereses inmobiliarios. Y no te preocupes de nada más, que ya los firmaré yo. Te acompaña este señor al coche. Venga, hasta luego. – Una vez más, Felipe se quedó sin derecho a réplica. Con firma o sin firma, había sido testigo de un hecho ilegal, y había establecido algún tipo de relación con esa gente. “¿Pero para qué me necesitan? ¿Qué quieren de mí? Me quieren colocar algo, estoy seguro”. <br/><br/></FONT><P><br/><br/><FONT COLOR="BLUE"><br/>Hola a todos, gracias por vuestra visita. También tengo una página Web, por si os apetece pasaros. <br/><br/>http://www.anamariacuesta.es<br/><br/>Besos<br/><br/></FONT><P><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item><item><title><![CDATA[Mi página Web]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_134.htm]]></link><description><![CDATA[Ésta es mi página Web, por si la queréis visitar y que estos señores de Google la rescaten de la marginación:<br/><br/>http://www.anamariacuesta.es<br/><br/>Antes salía muy bien en los buscadores, pero ahora no sé, ha desaparecido, si alguien me puede decir algo...<br/><br/>Por cierto, el editor para links de este blog no funciona bien, por eso no he podido enlazarla correctamente, lo siento por las molestias. <br/><br/>Besos<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item><item><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXV]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_133.htm]]></link><description><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Primera Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>- Es Juan Manuel Ferrero. <br/>- Vale, pásame la llamada. <br/>- Hola Lorena, buenos días ¿qué tal?<br/>- Bien gracias, dime.<br/>- Tengo que hablar contigo esta noche, ¿quedamos para cenar? <br/>- Bueno, verás, es que esta noche no puedo, he quedado, pero vamos, puedo hacerte un hueco esta tarde si es tan urgente. <br/>- Tiene que ser esta noche.<br/>- Pero Juan, es que no puedo…<br/>- Nada, déjalo, tendré que buscarme otra empresa que me dé mejor servicio.  <br/>- ¿Pero por qué dices eso? Sabes que siempre estamos aquí, trabajando para ti. <br/>- No Lorena, los clientes preferenciales deben tener otro trato. <br/>- Y no te quepa duda de que tú lo eres, pero es que me has pillado por sorpresa, así, sin avisar, compréndelo hombre. <br/>- Ya veo que no tienes mucha disponibilidad. ¿Y así quieres llegar a Directora Comercial?<br/>- ¡Pero Juan Manuel! ¡Vamos! A mí no me importa trabajar más horas, tú lo sabes, pero necesito que me digas las cosas con tiempo, para que no haya problemas, sólo te pido eso.  <br/>- Bueno Lorena, de acuerdo, entonces ¿podrías mañana?<br/>- Sí, vale, mañana, ¿a que hora sería? ¿Quieres pasarte por la oficina? <br/>- A la misma hora, sería para cenar. <br/>- De acuerdo, como quieras… “Dios mío, que paciencia hay que tener”. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El día del evento, Lorena decidió darle un vuelco a la imagen que mostraba en los últimos tiempos. Se enfundó el traje más serio que tenía, junto con una camisa abotonada hasta el cuello y, para darle más seriedad al conjunto, se recogió el pelo y suprimió casi todo el maquillaje. Lo que se le venía encima era ya más que evidente y se preparó para afrontarlo. Tanta insistencia con lo de la cena no era normal, y menos teniendo en cuenta las insinuaciones que había escuchado antes, las mismas que ella había considerado broma. Estaba disgustada, no comprendía por qué tenía que ocurrirle aquello, estaba segura de no haber hecho nada para provocarlo. Tan sólo había realizado su trabajo como siempre, con la máxima dedicación, e incluso había tenido la suficiente inteligencia como para esquivar las indirectas dudosas. “¿Qué ha podido fallar?”.<br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras esperaba a las puertas del restaurante, notó como sus piernas temblaban como una hoja, sin embargo, Lorena se mantuvo firme cuando Juan Manuel se acercó a ella y extendió su mano. <br/>- Lorena, querida, siento lo de ayer, no tenía que haberte hablado de ese modo. Es que tenía muchas ganas de hablar contigo. <br/>- Ya, bueno, vamos dentro. <br/><br/>Lorena, expectante, se guardó mucho de pronunciar palabra. <br/><br/>- Te invito a lo que quieras, ¿qué te apetece tomar?<br/>- Ahora miraré. <br/>- Me alegro mucho de que estemos aquí. <br/>- Bueno, ¿y de qué querías hablar?<br/>- Te he traído algo, un regalo.<br/>- ¿Un regalo? ¿Y por qué?<br/>- Para que veas que estoy muy contento contigo. Toma.<br/>- No puedo aceptarlo.<br/>- Si no lo haces me ofenderé. Cógelo. <br/>- Vaya, es impresionante, ¿es de oro?<br/>- Sí.<br/>- Uf, no tenías por qué, no debo…<br/>- Sí por favor, quiero que lo uses. Ese es el motivo de la cena, quería regalártelo. <br/>- Pues no entiendo, pero bueno, muchas gracias…<br/>- De nada Lorena, te admiro mucho, más de lo que tú piensas… de hecho… me gustaría que me dieses una oportunidad…<br/>- ¿Pero qué dices? No entiendo…<br/>- Que me interesas. <br/>- No, no, no, no puede ser, tú sabes que tengo pareja, ¿y tú? ¿No estabas casado?<br/>- No Lorena, me estoy separando, y tú me gustas mucho. <br/>- Pues ya te he dicho que no puede ser, lo siento. <br/>- Muy bien Lorena, si eso es lo que quieres, no pasa nada. Te ofrezco mi amistad y no habrá nada más. Pero si te decides a probar, dímelo. Piénsatelo, tengo mucho que ofrecer Lorena, no te lo puedes imaginar, trabajo, dinero, en fin, no me conoces Lorena, estarías como una reina. Pero no te preocupes, que respetaré tu decisión, y te repito, cuenta con mi amistad para lo que quieras. <br/>- Bueno Juan, gracias, me dejas más tranquila, no me gustaría perder la buena relación que tengo contigo. <br/>- Eso no ocurrirá, no sería justo, yo te aprecio realmente. <br/>- Creo que debería devolverte el reloj, no tiene sentido que lo acepte. <br/>- No, no, Lorena, por favor, te lo regalo porque quiero, no significa otra cosa. Tómatelo como el regalo de un amigo, me gustaría mucho que lo tuvieses, de verdad. Ya te he dicho lo que te tenía que decir, y respetaré tu decisión. Bueno, y ahora… ¿qué vas a querer para cenar?<br/></FONT><P><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item><item><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXIV]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_131.htm]]></link><description><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Segunda Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/><br/>- Hola ¿que hay?<br/>- Hola Felipe… <br/>- ¡Roxana! ¿Qué te ocurre?<br/>- Felipe… estoy muy mal… Tengo un problema… estaba con un chico… y… y… me fui con él, en el coche… luego intentó hacerme cosas… pero yo no quería… entonces intentó por la fuerza… como vio que no podía… me trató mal… me empujó y me echó del coche, me dejó tirada en la calle… no tengo dinero… no sé como volver a casa…. <br/>- ¿Pero quién es? ¡Qué cabronazo! <br/>- Uno que conozco… Felipe no puedo ir a casa… ¿vienes a buscarme?<br/>- ¡Dios! ¡Ojalá pudiera! Pero es que no puedo, estoy en el cumpleaños de mi novia. <br/>- Por favor te lo pido, no puedo volver a casa… ¿qué hago?<br/>- ¡Llama a tu hermano por favor!<br/>- ¡Felipe! ¡No puedo! ¡Si se entera de que ando con chicos me matará! <br/>- ¡No! ¡No digas eso!  ¡Eso no va a ocurrir, te ayudará! ¡Tienes que llamarle! ¡Roxana por favor! Confía en mí.<br/>- No lo entiendes. – Y apagó el teléfono, dejando a Felipe sumido en un estado de nerviosismo y desolación muy difícil de ocultar. <br/>“Dios, no puede ser, no puede ser, ¿qué hago? ¿Y si le ocurre algo?” – Mientras buscaba una solución, Felipe entró precipitadamente en el pub. No podía parar de moverse mientras pensaba, e incluso le entró calor, tuvo que enjuagarse el sudor de la frente. <br/><br/>- Felipe<br/>- ¡Qué!<br/> - ¿Estás bien?<br/>- Sí, bueno, es que me ha llamado mi madre, parece que no está bien…<br/>- ¿Y eso? ¿Qué le ocurre?<br/>- Pues es que no sé, no me he enterado bien con el ruido, me parece que voy a tener que salir otra vez a llamar. <br/>- Espera, voy contigo… <br/>- No, no, ahora vuelo, un segundo. – Felipe salió a la calle móvil en mano dispuesto a arreglar como fuese la situación. Le preocupaba seriamente el estado de la chica, así que para bien o para mal, tenía que actuar.  <br/><br/>- ¡Niko, tienes que llamar a tu hermana! ¡De prisa, es urgente!<br/>- ¿Pero qué ocurre?<br/>- ¡Le ha pasado algo muy malo, llámala ahora mismo por favor! <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nada más colgar el teléfono, Felipe se dio la vuelta para regresar y se encontró, frente a frente, con una Lorena enrojecida y furiosa. <br/><br/>- ¿Quién es ese Niko?<br/>- Un amigo de la familia, que está en casa. <br/>- Claro, ¿y qué es eso de que llame a su hermana?<br/>- Sí, es para que vaya con el coche…<br/>- ¡Tú me estás mintiendo! ¡Tú te crees que soy gilipollas!<br/>- ¡Qué no Lorena, qué no! Que a mi madre le ha dado un mareo…<br/>- ¡Eso es mentira! ¡Tú me estás ocultando algo! ¿Me vas a decir de una vez quiénes son esos? <br/>- ¡Ya te lo he dicho! Que son amigos de la familia…<br/>- ¡No me lo creo! ¿Desde cuándo se quedan tus padres con amigos a estas horas? <br/>- ¡Mira Lorena, si no confías en mí me lo dices de una vez y lo dejamos!<br/>- Pero Felipe…<br/>- ¡Ni pero ni nada! ¿Quieres que lo dejemos sí o no?<br/>- ¡Basta ya Felipe! No es eso, no es que no confíe en ti, es que esto es muy raro, no digas que no joder. <br/>- Vale, sí, tienes razón, perdóname por no habértelo explicado todo bien desde el principio, pero es que estaba muy nervioso, y no quería preocuparte, ni estropearte la fiesta con la movida. <br/>- Bueno bueno, pero tenías que habérmelo dicho Felipe, no hubiera pasado nada, y hora qué, ¿vas a ir a verla?<br/>- No, no hace falta, ya te dije que está bien atendida. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Felipe se sintió extrañamente tranquilo después de la pelea. No lamentó en absoluto haber mentido, ni chantajeado, y sólo se preocupó los resultados, ya había tenido suficientes problemas por culpa de los demás últimamente. Algo en su interior empezaba a cambiar. Un tiempo después, tuvo la necesidad de saber lo que había pasado. – Voy un momento a llamar otra vez, a ver que ha pasado al final. – Vale Felipe. – Sí, sí, ya estamos en casa. Roxana está bien, no te preocupes, ya te contaré. – Felipe dio por sentado el enfado de Roxana, pero lo único que le importaba en ese momento era su bienestar, ya que la chica era demasiado joven para apreciar el cariño y la protección que le proporcionaba su hermano. Se alegró. <br/></FONT><br/><P><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item><item><title><![CDATA[<H2><CENTER><FONT COLOR="#000000" FACE="Comic Sans">De Triunfadores - Capítulo XIV</FONT></CENTER></H2>]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_130.htm]]></link><description><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Primera Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquella tarde de marzo el ambiente era oscuro, plomizo, desapacible, mientras que el viento resoplaba con fuerza. Pero ni las turbulencias en la atmósfera ni nada podían afectar a Lorena, que se sentía como si hubiese llegado la primavera en todo su esplendor. Era su cumpleaños, y por esta vez en particular, tenía muchas ganas de celebrarlo. Había alcanzado un sueño ansiado durante mucho tiempo, su piso, con lo difícil que resultaba en aquella época. En ese mismo momento iniciaba una nueva etapa en su vida sobre la que mucho había fantaseado. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algunas facetas de su vida habían experimentado cambios recientemente, como su aspecto. Ahora era más delgada y había perdido algo de frescura, debido a las ojeras y a la palidez que se habían instalado en su rostro, sin embargo, ella se encontraba más atractiva y elegante. Había aprendido a sacarse partido y el fuego de sus ojos, que nunca se había apagado, brillaba aún con más fuerza. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por lo demás, la tensión en el trabajo había aumentado. Ya no ganaba clientes con la misma facilidad de antes y, los que tenía, debía cuidarlos con especial celo y atención. No obstante, la situación todavía distaba de ser preocupante. Aunque más lento, su trabajo seguía avanzando sobre seguro, y sus jefes continuaban confiando mucho en ella. Con la seguridad que tenía en sus capacidades, creía firmemente que estos escollos no serían difíciles de superar.  <br/>Su relación, en cambio, y a pesar de las últimas discusiones, había mejorado. El último enfrentamiento había conseguido disipar sus dudas, y se había aclarado en cuanto a sus esperanzas e intenciones. De Jaime, ya ni se acordaba, y se había propuesto evitar los accesos de mal genio cuando estuviera en compañía de Felipe. Tenía que cuidar su relación para que perdurara. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Felipe, por su parte, compartía con Lorena la preocupación respecto al trabajo. Gonzalo cada día le gustaba menos, y eso le hacía andar con prudencia, temor. Pero le pagaban demasiado bien, y estando a las puertas de la hipoteca, y con una pareja que se estaba adaptando tan bien la buena vida, no le resultaría nada fácil marcharse. Por el momento, sólo podía guardar su miedo en el interior, ya que Lorena no parecía comprender sus motivos en absoluto. Siempre le quitaba hierro al asunto. ¿Y a quién contárselo si no? Por lo pronto, había conseguido su piso, y sinceramente se alegraba por ello, tenía muchas ganas de independizarse. De todos modos, nada de lo que pensaba tendría que ocurrir al final, la vida siempre ofrece giros inesperados. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Felipe, que también había adelgazado un poco últimamente, pasó a recoger a su novia a las 9 de la noche. Habían quedado con un grupo de gente bastante importante, Lorena tenía el ánimo por las nubes, y no era cuestión de dejar pasar la ocasión, quería organizarlo a lo grande. Entre los invitados había amigas, gente del trabajo, familiares, en suma, todo aquel a quien pudo localizar. Tenía intención de pagar las consumiciones a todos, o al menos algunas rondas. - ¡Pero Lorena! – No pasa nada, si nos ha salido de lujo lo del piso, lo podemos pagar bien, un día es un día. – No hubo más que hablar, ninguno de los dos tenía ganas de discutir. <br/><br/>- Holaaaa chicas ¿qué tal? – Las chicas del departamento, y algún que otro chico más de la empresa, acudieron juntos al evento. – Pero venir por aquí. – Lorena se dispuso a unir a los diversos bandos. – Esta es Natalia, mi hermana. - ¿Qué tal? – Pero no fue posible, los grupos apenas se mezclaron entre sí. Lorena no invitó a Jaime, por otra parte, tampoco había recibido noticias de él. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adaina procuraba administrar mejor su dinero desde que se encontraba en su situación, pero aún así, procuraba salir con sus amigas con la misma frecuencia que antes. Para ella era una necesidad vital, pues sólo cuando estaba con ellas se sentía reconfortada, lejos de las presiones familiares y personales. Día a día iba aceptando y se iba adaptando a lo sucedido, pero el proceso era lento y por desgracia contaba con demasiado tiempo para pensar. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La gente de la oficina, excepto Sandra, la única compañera con la que había trabado alguna amistad, se dedicó a aguantar el tipo y a aprovechar el tiempo como pudo. Sonrisas, falsos cumplidos, lo de siempre. Los demás, más afines a Lorena, parecían divertirse en la fiesta. La hermana, algo afectada por la bebida, empezó a tontear con un chico que se encontró en el bar. Lorena sintió un pequeño atisbo de envidia cuando lo observó, por su libertad, su emoción, sus ganas de vivir, pero fue fugaz, ella tenía mucho más, un hombre que la quería de verdad. “Ya quisieran muchas”. De repente, Felipe recibió una llamada. – Voy un momento fuera. <br/></FONT><br/><FONT COLOR="#FFFFFF">Ana Cuesta</FONT><br/></P>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item><item><title><![CDATA[<H2><CENTER><FONT COLOR="#000000" FACE="Comic Sans">De Triunfadores - Capítulo XXIII</FONT></CENTER></H2>]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_128.htm]]></link><description><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Segunda Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Felipe intentó centrarse en su tarea para no atormentarse pensando en el lío en el que muy probablemente se estaba metiendo. La mañana algo fría, pero soleada, incitaba a pasear por las calles de Madrid, en las que nunca faltaba el bullicio. Desplazarse en coche, sin embargo, siempre resultaba duro a aquellas horas en las que resultaba imposible evadirse del tráfico y la polución. Como primera medida, trató de concertar encuentros con los propietarios de los edificios que  pretendían comprar, pero no resultó sencillo, no tenía margen de tiempo y la gente estaba ocupada. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El tercer inmueble se encontraba a las fueras, cerca de un polígono. Por esta vez había tenido suerte, había logrado contactar con el dueño. Cuando se estaba acercando al lugar de encuentro, le asaltó una voz que provenía de las alturas. <br/><br/>- ¡Eh Felipe! ¡Felipe! – Felipe, desconcertado, alzó sus ojos al cielo y descubrió a Niko que descendía de un andamio con la agilidad de una pantera. <br/>- ¡Qué pasa tío! ¿Qué haces por aquí?<br/>- Vengo por trabajo, tío, tengo que ir a ver un edificio. <br/>- ¿Y eso? ¿No estabas en administración?<br/>- Mejor no preguntes. <br/>- Bueno, ¿quieres tomar una cerveza?<br/>- Pues me gustaría, pero la verdad es que voy con prisas. ¿Y tú como puedes? ¿No estás trabajando?<br/>- Sí tío, pero no pasa nada, estoy acostumbrado, jajaja. <br/>- Bueno, pues ya nos vemos otro día. – A ver si es verdad. – Nico trepó por la enredadera de acero con su camiseta bañada de sudor, a pesar de ser aún el mes de Febrero. Felipe envidió su fuerza. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando Felipe llegó a la dirección señalada, se encontró con un individuo tosco y sombrío que no le causó buena impresión. Nada más llegar hasta él, el hombre se extrajo un palillo de entre los dientes. – Buenos días. Ven por aquí chaval. – La casa presentaba un aspecto destartalado en general, similar al de la vivienda de sus amigos, pero mucho más acentuado. Los desconchones de las paredes incluso presentaban un reborde negro de humedad.  – Aquí lo tienes, ¿qué te parece? como ves, la estructura es sólida, ya no se hacen casas como las de antes jejeje. – Felipe se quedó sin palabras. – A este edificio le hace falta alguna reformilla, pero vamos, lo normal, una manita de pintura y esas cosas. – En una de las plantas superiores, Felipe descubrió horrorizado alguna tubería colgante de la que se desprendían algunas gotas. – Bueno, habría que hacerle algún trabajo de fontanería también… Y oye, que la zona está muy bien comunicada… - Al decir esto, tres inmigrantes de color abandonaron abruptamente uno de los apartamentos. <br/>- ¿Pero este edificio está habitado?<br/>- Sí, pero no pasa nada, los tengo sin contrato, cuando queráis me los quito de encima de inmediato jajaja. <br/><br/>- Lorena… – Ahora no. – Lorena… – Más tarde, ¡Por favor! – Lorena se había propuesto repasar día a día, y exhaustivamente, su agenda de contactos, de tal manera que pudiese tener bien controlados a sus clientes, para que ninguno se le escapase. Por tanto, no dedicaba mucho tiempo para atender a las chicas de su departamento. La situación era más o menos estable, pero si sobrevenían los problemas tenía claro que lo suyo debía quedar a salvo lo primero. “Que cada palo aguante su vela”. De pronto, su móvil sonó. Intentaba no prestarle mucha atención últimamente, pero el número llamante le indicó que podría ser importante. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Felipe se encontró agotado al final del día, tal y como estaba acostumbrado a la vida sedentaria. Afortunadamente para él, el cansancio le ayudó a dejar de lado las preocupaciones que le causaban Gonzalo y sus negocios. “A pesar de todo, voy a descansar bien hoy”. Sin embargo, recibió una llamada que pareció alterar sus planes. <br/><br/>- Hola guapa, ¿qué tal?<br/>- Muy bien Felipe, muy bien, ¿a que no sabes lo que ha ocurrido?<br/>- Cuéntame. <br/>- Me han llamado de la cooperativa Felipe, dentro de tres meses nos dan la vivienda. <br/>- Vaya… eso es… genial….<br/></FONT><P><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item><item><title><![CDATA[<H2><CENTER><FONT COLOR="#000000" FACE="Comic Sans">De Triunfadores - Capítulo XXIII</FONT></CENTER></H2>]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_127.htm]]></link><description><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Primera Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ambiente se había enrarecido paulatinamente en la empresa durante los últimos tiempos. Los acontecimientos no habían sido muy favorables para el negocio y el personal se preocupaba por lo que podría suceder. “No pasa nada”, comentaban algunos, “todas las empresas pasan por momentos mejores y peores”. Pero las noticias que llegaban de otros sitios tampoco eran muy prometedoras en general, así que como poco se imponía la cautela. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lorena por lo menos tuvo la satisfacción de saber que ninguno de sus clientes había fallado, por el momento, lo que la situaba en un lugar privilegiado. Pero tenía que mantener su posición, y tan sólo eso no resultaría fácil, cuando las circunstancias de alrededor se estaban volviendo adversas. <br/><br/>- Felipe, ¿cómo vas de trabajo?<br/>- Pues…<br/>- Bueno, es igual, necesito que hagas un trabajo urgente para mí. ¿Te acuerdas de Pereda y de lo que hablamos?<br/>- Sí…<br/>- Pues va a venir esta tarde. Ya tengo unos cuantos edificios seleccionados para comprar, pero quiero presentarle un buen informe. Te voy a dar la documentación y las direcciones que tengo, se trata de que vayas a verlos y les saques algunas fotografías. También puedes anotar algún dato más si ves que falta.<br/>- Pero…<br/>- Felipe, es muy importante y no hay tiempo. Ahora te traigo las cosas. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;“Joder, no puede ser”. Felipe se vio abocado a enfrentarse al espinoso asunto una vez más, pero, ¿cómo evitarlo? Apenas tenía opciones, excepto quizás escapar, dejar su trabajo para siempre. Pero ni tan siquiera eso le resultaría fácil, debido a los proyectos que tenía con Lorena. Deseaba creer que, ocurriese lo que ocurriese, él, que era un simple mandado, quedaría fuera. Sin embargo, sabía que no era tan fácil, estaba en manos de la suerte. <br/> <br/>- Adaina hija ¿Qué haces?<br/>- Nada mamá. <br/>- ¡A estas horas y sigues tumbada en la cama! Otra vez. Hija no puedes seguir así, tienes que hacer algo. <br/>- Ya mamá, vale, déjame. <br/>- No hija, te lo digo muy en serio, no es bueno pasar tanto tiempo así, sin hacer nada. <br/>- Mamá, ahora no puedo hacer más, a ver si me llaman pronto para hacer un curso del paro. <br/>- No sé Adaina, ¿y por qué no miras otros cursos? Seguro que puedes encontrar algo que esté bien de precio, te podemos ayudar…<br/>- Vale mamá, gracias, ya miraré algo, pero déjame ahora por favor, no me encuentro muy bien.<br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un par de semanas después del despido, Adaina había entrado en un círculo de apatía, incertidumbre y resignación difícil de romper. Los primeros días se dedicó a ubicarse en su nueva situación con una actividad casi febril, arregló sus papeles, se apuntó a unas cuantas páginas de empleo, rediseñó su currículum y solicitó los cursos que necesitaba. Pero con el tiempo se dio cuenta de que las posibilidades se agotaban, las había explorado casi todas, sólo le quedaba esperar. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A partir de ese momento, los días se volvieron largos y densos, tan plagados como estaban de horas muertas. La mayoría de la gente que conocía estaba ocupada entre semana y no disponía de mucho dinero. Sus seis meses de trabajo no le daban derecho a cobrar el paro, y sus padres no nadaban en la abundancia, así que no contaba con muchos recursos para dedicarlos a actividades, tenía que dosificarse. Sin ánimos, ni seguridad en sí misma, no le apetecía emprender nada. Todas aquellas cosas de las que siempre pensaba que le gustaría hacer, pero que nunca realizaba por falta de tiempo, ahora se desdibujaban en su mente. Entre semana navegaba por Internet, leía algún libro y siempre esperaba, con ansiedad, una llamada del maldito teléfono, que era lo que más le reconfortaba. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entre tanto, Jaime fue quedando poco a poco atrás. La distancia, que en un principio le había hecho llorar, ahora poco a poco curaba sus heridas. Un día después de la catástrofe, había recibido un mensaje suyo, un triste sms en el que se solidarizaba con su situación, pero no una llamada. Adaina no quiso ni contestar, pero lo hizo, no lo pudo evitar. Sin embargo, ya sólo quedaban los rescoldos de la ilusión, estaba consiguiendo olvidarle. <br/><p><br/><br/></FONT>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></author></item></channel></rss>
