Preso de uno
Voy abriendo los ojos poco a poco... Aún no puedo moverme. Mis brazos pesan demasiado y mis piernas parecen lo bastante lejos como para preocuparme ahora por ellas.
Pasado un eterno momento, consigo que mis brazos y manos recuperen la movilidad acostumbrada. Incluso no he tenido que hacer demasiado caso a las piernas, de un modo instintivo me han puesto de pie y me han llevado hasta ese muro de color marfil de textura pegajosa.
Fuera, da la sensación de que hay ruido, ajetreo, risas, llantos, furia, violencia, amor, ternura, guerras, penas, abundancia, carencias, lunas, soles, el rojo, una sombrita, el calor, esas caderas, niños, ceniza, humo, edificios, alegría, odio, tristeza, paz, gente, cosas...
Retrocedo unos pasos y acelero en carrera contra el muro. El golpe es tremendo, caigo. Nuevamente retrocedo y, ahora con más brío y decisión, golpeo esa superficie blanca. Después de varios intentos comienza a ceder, puedo oler el exterior y ver la luz filtrarse por la pequeña fisura recién hecha. Un último golpe rompe el muro, de un grosor considerable y más blando cuanto más hacia afuera.
Por fin libre. La luz es realmente cegadora, pero la satisfacción de respirar aire no estanco eclipsa el dolor de los ojos. Tras unos minutos recupero toda la consciencia, me sacudo, me miro, me gusto y me digo...
- ¿qué coño has hecho, "fratello"?
Y me contesto...
- Olvidarte. Dejarte a un lado por un sinfín de pensares serios y formales. Responsabilidades, le llaman. No lo tomes como algo personal, fue sin querer.
- Pues vaya putada - me digo.
- Si, lo es, casi te pierdo, esta vez casi te pierdo, pero tu, afortunadamente y como siempre, vuelves sin darte por vencido. Gracias, empezaba a aburrirme sin ti.
Sonrío, me guiño un ojo y añado...
-¿Si? Pues agárrate que vamos. Volvemos a los tejados...

Dedicado a todos los que aún sin daros señales de vida seguisteis viniendo a mi sótano, vuestro sótano. Demasiado tiempo sin veros, demasiadas telarañas. Gracias, no os merezco. A los nuevos, saludos, ya iremos tramando juntos.
Pasado un eterno momento, consigo que mis brazos y manos recuperen la movilidad acostumbrada. Incluso no he tenido que hacer demasiado caso a las piernas, de un modo instintivo me han puesto de pie y me han llevado hasta ese muro de color marfil de textura pegajosa.
Fuera, da la sensación de que hay ruido, ajetreo, risas, llantos, furia, violencia, amor, ternura, guerras, penas, abundancia, carencias, lunas, soles, el rojo, una sombrita, el calor, esas caderas, niños, ceniza, humo, edificios, alegría, odio, tristeza, paz, gente, cosas...
Retrocedo unos pasos y acelero en carrera contra el muro. El golpe es tremendo, caigo. Nuevamente retrocedo y, ahora con más brío y decisión, golpeo esa superficie blanca. Después de varios intentos comienza a ceder, puedo oler el exterior y ver la luz filtrarse por la pequeña fisura recién hecha. Un último golpe rompe el muro, de un grosor considerable y más blando cuanto más hacia afuera.
Por fin libre. La luz es realmente cegadora, pero la satisfacción de respirar aire no estanco eclipsa el dolor de los ojos. Tras unos minutos recupero toda la consciencia, me sacudo, me miro, me gusto y me digo...
- ¿qué coño has hecho, "fratello"?
Y me contesto...
- Olvidarte. Dejarte a un lado por un sinfín de pensares serios y formales. Responsabilidades, le llaman. No lo tomes como algo personal, fue sin querer.
- Pues vaya putada - me digo.
- Si, lo es, casi te pierdo, esta vez casi te pierdo, pero tu, afortunadamente y como siempre, vuelves sin darte por vencido. Gracias, empezaba a aburrirme sin ti.
Sonrío, me guiño un ojo y añado...
-¿Si? Pues agárrate que vamos. Volvemos a los tejados...

Dedicado a todos los que aún sin daros señales de vida seguisteis viniendo a mi sótano, vuestro sótano. Demasiado tiempo sin veros, demasiadas telarañas. Gracias, no os merezco. A los nuevos, saludos, ya iremos tramando juntos.





