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El Sótano de Arriba
Un lugar donde se mezclan la cara y la cruz de mi mismo, conviviendo en una constante y despiadada armonía.
Intención
A ratos, me asusto y me escondo del mundo en un lugar donde nadie puede encontrarme.
Sindicación
 
La pena y las alas (mías ambas)

Fin de semana de celebración familiar, sí, otra vez, - malditas comuniones -.

De regreso a casa, la tele del salón vacía de contenido interesante, se dirigió a mi y me tentó de nuevo para que fuese al videoclub a rescatar algo que la hiciese sentir mejor. Lo hice.

Los títulos fueron varios y sus nombres lo de menos. Solo se que con dos de los tres que han pasado por mi pantalla, entre viernes y domingo, he llorado.

No era una pena casual, ni una pena cliché, ni siquiera una pena al uso. Tampoco era una pena de niño, ni una pena de viejo. No se pareció en ningún momento a una pena de amor. Ninguna chica se quedó sin chico ni viceversa.

Era una pena a traición. De las penas que se esconden en nuestras tripas y vienen a todas partes. Y no se pierden ningunos de nuestros cafés, ni nuestros libros, ni nuestras ventanas mojadas de lluvia, ni nuestras salidas furtivas, ni nuestras despedidas, ni nuestros caprichos, ni nuestros enfados ni alegrías.

Solo está ahí todo el tiempo.

Solemos padecerlas los que llevamos heridas en el alma. Heridas de esas que no cicatrizan y que solo pueden producirse por anhelo, deseo, añoranza y cualquier otro sentir que genere ansiedad.

Como dijo aquél, "No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió"... y ahí estaba mi pena.

Mi pena salió de mi pecho, avisó a los ojos para que lo enturbiaran todo un poco y a mi boca para que se curvase hacia abajo por sus extremos. Después se volvió, me miró a la cara y me dijo:

- Hola de nuevo, “fratello”. Solo he venido a decirte - más bien, a recordarte - que por voluntad propia ya no tienes alas. Una pena, te quedaban tan bien y eran tan útiles. En fin, eso es todo, nos vemos en otro momento perfecto. Hasta otra.
Y se fue.

Más tarde, al verme desconsolado, bajó la conciencia y me dijo al oído:

- Tranquilo, está equivocada si cree que no tiene remedio. Si lo deseas todo puede volver a ser como antes. Esto es como montar en bici. Perdimos la bici, pero siempre recordaremos como se vuela. Así que quiérelo, deséalo y tus alas volverán a estar en su sitio.

Me besó la frente y se fue.

Me sentí mejor. Brillaba la luna y tenía toda la noche por delante.

Cogedme... si podéis.

 
 
Comentario:
te felicito por el blog
y arriba ese ánimo!
 
Comentario:
Bueno solo he leido este post y ya has conseguido a un lector mas ;) impresionante, te felicito. Ahora me leere los demas. Un saludo. 'si volaran los deseos...'
 
Comentario:
No conocía tu blog, le he echado un vistazo al ver tu comentario.
Me gusta.
Enlazado quedas... nos leemos ;)
Un beso
 
Comentario:
Bruno, amigo, ¡arriba ese ánimo! ¿Dónde esta la ilusión de hace unos días? Búscala, recuerdala y mantenla en tu pensamiento. Tu conciencia tiene razón. Las alas siempre están ahí lo único es saber para que y en que dirección utilizarlas. Te presto mi espejo para que te mires en él y te lo repitas una y otra vez hasta que te lo creas.

Un abrazo
No