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El tapiz de la dama de Shalott
Información sobre arte, música, literatura y leyendas, etc.
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Me presento ante vos: Soy Lady Elaine de Shalott. Será para mi un honor compartir con vuesa merced mis humildes conocimientos sobre el arte y la cultura. ladyshalottjmARROBAyahooPUNTOes boomp3.com
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::..::Escribir es lo mejor que podemos hacer en la vida y, precisamente por ser lo mejor, deberíamos desear que lo hiciera todo el mundo::..::
 
Mozart y el 11-M
Sábado, 11 Marzo 2006 23:00

Esta tarde he podido disfrutar de un concierto de música clásica donde se tocaba el Requiem de Mozart como homenaje a las víctimas del atentando ocurrido en Madrid hace dos años.

Esta especie de misa-homenaje se ha celebrado en el Auditorio Isaac Albéniz del Conservatorio Profesional de Música del Sector III, Getafe (Madrid). A él han acudido multitud de personas hasta ocupar el aforo máximo.(cuando yo llegué ya habían más de cien personas esperando en la cola).

Me parece una buena forma de recordar la terrible masacre que vivió Madrid hace dos años y, aunque esta "misa" -como algunos la llamaban- tuviese un tono trágico, en realidad a mi me a parecido un canto a la vida.

El mágico sonido de los instrumentos rebotando en la sala -violines, violas, trompetas, timbales, violonchelos, etc-, las melodiosas voces de los coros y las potentes y dulces voces de la soprano, mezzosoprano, tenores, etc. daban a la celebración un ambiente de calidez y alegría. Te hacían olvidar las causas por las que estábamos allí.

Pese a que terminé con calambres en el brazo por sostener durante más de una hora la cámara con la que lo grababa, sali de allí contenta y feliz. Las lágrimas que algunos soltaron no eran de dolor, eran de emoción.

F.do. La Dama de Shalott
 
El Cielo
Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados.

Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales…

La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos.

En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro. El caminante se dirigió a un hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:

a.. Buenos días.
b.. Buenos días - Respondió el guardián.
c.. ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
d.. Esto es el Cielo.
e.. ¡Qué bien que hayamos llegado al cielo, porque estamos sedientos!
f.. Usted puede entrar y beber tanta agua comoquiera.
Y el guardián señaló la fuente.
g.. Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
h.. Lo siento mucho - Dijo el guardián- pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.

Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.

A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero.
Posiblemente dormía.

Buenos días - dijo el caminante.

El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.

Hay una fuente entre aquellas rocas - dijo el hombre, indicando el lugar. - Podéis beber tanta agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.
- Podéis volver siempre que queráis - Le respondió éste.
- A propósito
¿Cómo se llama este lugar?- preguntó el hombre.
- EL CIELO.
- ¿El Cielo? ¿Sí? Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo, era el Infierno - contestó el guardián.

El caminante quedó perplejo.
- ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! - advirtió el hombre.
- ¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…

Paulo Coelho