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El tapiz de la dama de Shalott
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Me presento ante vos: Soy Lady Elaine de Shalott. Será para mi un honor compartir con vuesa merced mis humildes conocimientos sobre el arte y la cultura. ladyshalottjmARROBAyahooPUNTOes boomp3.com
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::..::Escribir es lo mejor que podemos hacer en la vida y, precisamente por ser lo mejor, deberíamos desear que lo hiciera todo el mundo::..::
 
"Oscuro para sí mismo"
Photobucket - Video and Image HostingDe esa oscuridad que había en Jacques, nacía ese ardor hambriento, esa locura de vivir que siempre lo había habitado y que aún hoy conservaba su ser intacto, haciendo simplemente más amargo –en medio de su familia recuperada y frente a las imágenes de su infancia- el sentimiento de pronto terrible de que el tiempo de la juventud huía, como aquella mujer a la que había querido, oh sí, la había querido con un gran amor de todo corazón y también del cuerpo, sí, el deseo era imperial con ella, y el mundo, cuando se retiraba de ella con un gran grito mudo, en el momento del goce, recuperaba su orden ardiente, y la había querido a causa de su belleza y su locura de vivir, generosa y desesperada, que le hacía negar, negar que el tiempo pasara, aunque supiese que estaba pasando en ese mismo momento, por no querer que se dijera de ella un día que aún era joven, sino al contrario, a seguir siendo joven, y que estalló en sollozos cuando él le dijo riendo que la juventud pasaba y que los días declinaban: “Oh no, no”, decía ella bañada en lágrimas, “amo tanto el amor”, e inteligente y superior en tantos sentidos, tal vez justamente porque era realmente inteligente y superior, rechazaba el mundo tal como el mundo era.

Como aquellos días en que, al volver ella de una breve estancia en el país donde había nacido, y de esas visitas fúnebres a las tías, de quienes le decían: “Es la última vez que la ves”, y en efecto, veía sus caras, sus cuerpos, sus ruinas, y quería irse gritando, o a las cenas de familia en torno a un mantel bordado por una bisabuela muerta desde hacía mucho tiempo y en la que nadie pensaba, salvo ella, que pensaba en su bisabuela joven, en sus placeres, en sus ganas de vivir, como ella, maravillosamente bella en el esplendor de su juventud, y todo el mundo le hacía cumplidos en aquella mesa alrededor de la cual se desplegaban en las paredes los retratos de mujeres jóvenes y bellas, las mismas que le hacían cumplidos, ahora decrépitas y cansadas. Entonces, con la sangre inflamada, quería huir, huir a un país donde nadie envejeciera ni muriera, donde la belleza fuese imperecedera, la vida siempre salvaje y resplandeciente, y ese país no existía; al regresar lloraba con amargura en sus brazos y él la amaba desesperadamente.


El primer hombre (1960), novela póstuma de Albert Camus

 
Comentario:
Pues Antoñito no te prives de "la manzana" je je je...


Saludos
yo misma
 
Comentario:
cagüen...he dejado un comentario antes y no se porqué no aparece.

pff, con el disgusto me ha entrado hambre así que voy a ver si pillo una manzana en la cocina.

Un beso
No