Hoy he encontrado de repente y sin proponérmelo (ya que iba para otra cosa pero mi vista a recaído en él) en la biblioteca de Villaverde un libro de un autor del que ya hablé hace poco. Se trata de un libro de poesía que se titula
Mundar y es de
Juan Gelman.
No conocía a este autor ni me sonaba de nada (ignorante de mi) hasta que, como conté en el anterior post, una mañana legañosa de camino al trabajo leí uno de sus poemas en un cartel del vagón del tren de esos de la campaña "Ni un día sin poesía"...
Le he echado un vistazo y me ha impresionado y eso que yo nunca he sido de leer mucha poesía. Sin embargo, si es cierto que, a veces, lees algo que conecta con tus vivencias y le sientes un significado especial (que tal vez no vean otras personas o lo sientan de otro modo). Quizá es eso lo que provoca la poesía, es capaz de enviarnos directamente a esa parte de tu cerebro donde existe una vivencia, un recuerdo o una sensación que ni te habías percatado ya de su existencia.
Aquí señalo tres poemas que me han llamado la atención pero sin embargo recomiendo todo el libro de poemas:
ISLASA ver:
un hombre y una mujer
viven en una isla asediada.
Los rodea el océano donde
ardió el plumaje de un jilguero
en el hilo del
amor que canta
en la espesura del vacío.
El jilguero los nombra y son
inseparables de sus nombres.
Los cerca el mundo como
un animal sin luz y cruel.
La tierra lame heridas
que hablan con ojos hacia adentro
y caen con
astros detrás.
A ver:
un hombre y una mujer
muerden las
envolturas marinas
de lo que amaron
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OLVIDOS¿Cómo de vos se olvida
mi amor por vos? ¿Ya no se quiere? ¿Busca
distancias, verse como
paisaje solamente?
¿Y qué será del canto
de suavidad que en lengua había?
¿Y cuándo ser nosotros
entregando ambas partes a
los párpados con noche?
Cuando tu mano es y cuando
tu voz con alma, el dolor
parece algo leído, un papel
arrugado y sin rostro
que ya vivió
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A VECESSin saludo ni aviso
la ciudad se goza a solas
en un domingo tierno.
¿Y quién es uno entonces?
La memoria se calla
y la hermosura de las calles
prohíbe el paso del dolor.
Todo es afuera, dice.
Lo que te toca es una calle
ávida de puertos donde no
partirás de esta calle nunca.
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Aunque en el fondo, el que más me gusta es aquel poema titulado CALLAR