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Reflexiones de un trasto
Están locos estos humanos
Acerca de
Soy una ballesta, por si no te has puesto las gafas para mirar la foto.
Sindicación
 
¿Qué es el Arte?
Según el típico amiguete gracioso, el Arte (he-lArte) es morirte de frío.

Según la Real Academia de la Lengua, el Arte es una manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Definitivamente… un trasto obsoleto y arcaico como yo no tiene ni repajolera idea de Arte. Yo creo que es por mi total y declarada incapacidad de entender a los humanos en la mayoría de sus facetas. Veamos, por ejemplo, en lo que se refiere a los antes mencionados recursos plásticos. En mis tiempos, allá por el S. XI cuando el Románico estaba en todo su esplendor, las cosas se entendían. Ya se ocupaban los artistas de dejarlo todo bien clarito. En este siglo (y en el pasado) cuanto más… ¿cómo es? ¿abstracto? (yo diría absurdo) mejor.

Entré en aquella exposición por entrar, sin más motivo que dejar de deambular por la ciudad y hacer algo que justificase mi estancia a ojos de los míos. Al menos tendría algo que contar, y decir que has estado en un sitio de esos viendo una exposición de arte moderno es como cuando te pones gafas, que pareces más inteligente.

Nada más entrar, a mi izquierda, una especie de mesa construida con planchas de aglomerado arrancadas de algún maltrecho mueble. Sobre ella habían colocado multitud de objetos. Jerseys perfectamente doblados en diferentes tonos de gris, un reloj de cocina roto, periódicos viejos, una radio de hace muchos años, un disco de Bach y más cosas que no recuerdo. Bajo el improvisado armazón habían colocado unas mantas de campaña arrugadas de tal forma que parecía que acabasen de abandonarlas, y una bombilla colgada de un cable.

Miré el caótico conjunto.

Lo volví a mirar.

Cerré los ojos y lo miré por tercera vez, y tras leer el cartelito que indicaba su título me dije: “Ah, claro… Refugio. ¿Qué si no?”.

Seguí adelante, intentando abrir mi mente y captar lo que el autor estuviese dispuesto a sugerirme a través de su obra. Lo siguiente fue una proyección. El proyector lanzaba sobre la pared la imagen de un hombre desnudo subido en una tarima giratoria, y una máquina industrial de embalaje lo iba envolviendo en plástico a cada vuelta. Como la pillé a medio esperé a que acabara y volviese a empezar a ver si me había perdido algo, pero no.

Lo mismo me pasó con lo que mostraba una pantalla de plasma colgada enfrente de la paranoia que acababa de ver. El vídeo mostraba una chica con camiseta blanca sentada frente a una mesa. Frente a ella había una fila de pintalabios ordenados de más claro a más oscuro. La chica cogía el primero, masticaba la barra y lo tiraba. Luego el segundo, el tercero… y así sucesivamente hasta que acababa con todos, y con la boca llena de una masa pastosa y roja y la camiseta salpicada. Creo recordar que la obra se llamaba algo así como “Boca roja perfecta”.

Seguí adelante más bien estupefacta, y entonces encontré algo que por fin parecía entendible para mi hermética mente. Eran fotos. Fotos de chalets desde el otro lado de la calle. Al parecer, el denominador común de la serie es que todos estaban vallados y aparentemente inhabitados por el mal estado de sus jardines y de las fachadas en general. Me imaginé un cartelito bajo cada foto que pusiera: “Vendo finca en…”. La pared de enfrente también tenía fotos expuestas. Eran desconchones, uno de ellos al lado de una tubería de desagüe. Pues vale…

La siguiente sala me gustó más. Había dos cuadros del mismo autor: “Coche” y “Camión y coche”. Es como si les hubieses hecho una foto desde el balcón de tu casa al vehículo que tienes aparcado debajo, la ampliases y le dieses una mano de pintura roja por encima.

En la pared frontal, una serie de cuadritos pequeños que formaban un cuadro más grande. Se titulaba “Cosas, gente y una gata” si no recuerdo mal, que lo más probable es que sea que sí. En cada pequeño cuadro había algo distinto: retratos en estilos diversos de diferentes personas (bonito), el de la gata en cuestión (adorable), unas gafas de sol, un mechero, una cinta de casette, un paquete de tabaco… todo esto pegado con cola. Con los dibujos quizá me diese menos maña, pero pegando cosas en cuadritos de madera seguro que soy buenísima. Además, tengo un montón y no sé qué hacer con ellas. Sobre todo con los mecheros vacíos, que yo no sé por qué me da pena tirarlos.

No sé… quizá podría pegar todos los mecheros inservibles que tengo en un gran panel, y luego pegar un cigarrillo enfrente. La podría titular “Frustración”, en representación de esos momentos en que terminas haciéndote el dedo polvo dándole a las veinte mil ruedecitas una por una sólo para terminar guardando el pitillo en el paquete y maldiciendo la vitrocerámica.

Salí de allí con una mezcla de espanto y aturdimiento, con todas aquellas cosas danzando en mi cabeza. Y lo único que se me venía a ella era la palabra “horroroso”. No creas… salí preocupada. Sobre todo cuando me di cuenta de que lo que más me gustó fue un cartel metálico de colores que había en la entrada. O… ¿no era un cartel?

No sé, yo no tengo nada en contra de la expresión del pensamiento o del sentimiento o de cualquier actitud o lo que quieras en cualquiera de sus facetas, pero hay cosas más bien... dificilillas de digerir. No sé si habrás oído hablar de un tal Piero Manzoni. Entre otras chorradas, se le ocurrió estampar sus huellas dactilares en huevos duros y decir que aquello era arte. Lo bueno es que concedía al visitante el privilegio de comerse el material en 70 minutos. Aunque quizá te suene más por habérsele ocurrido envasar sus propias heces en latas etiquetadas como “Mierda de artista” y valorarlas a precio de oro. Eran un total de 90 latas. Algunas aún están expuestas en prestigiosos museos. Otras han reventado a causa de la expansión de los gases. “Arte conceptual”, lo llaman.





Yo, visto lo visto, mejor me callo. Me reservo mi opinión por si algún día se me ocurre envasarla ;o)



 
Cómo pasa el tiempo, ¿no?
Un año hace ya desde que me mudé del nido del pajarraco impresentable a este rinconcito techado de hiedra. El 5 de septiembre lanzaba a la red mi primera prueba, mirando suspicaz a la pantalla y esperando que no se hiciese un boquete al clavar la alcayata. Y tuve suerte. O mejor dicho, mi suerte se la debo a mi querida Num, que es una máquina explorando vericuetos internáuticos.

Anoche andaba pensando en esto de los aniversarios y de cómo pasa el tiempo. Seguro que habría dado para un post… o dos, pero los gremlins andaban atareados haciéndome la puñeta y dejándome sin conexión.

Hablando de gremlins: seguro que estás pensando en el famoso y adorable (y repelente a mi parecer) Gizmo y a su principal enemigo Stripe, el bicho verde de la cresta. Lógicamente no ha sido ninguno de los dos el que ha saboteado mi línea, sino los verdaderos gremlins, ya populares en la tradición sajona.

El nombre gremlin proviene del inglés antiguo grëmian, que significa "mortificar o hacer enfadar". También está relacionado con grim, que quiere decir "cortar" y está enraizado con el término alemán grämen, "apenar". (Gracias, Wikipedia).

Estos duendes vendrían a ser como nuestros trasgos, y fueron los pilotos ingleses de la Royal Air Force en la Segunda Guerra Mundial los que decidieron culparles de cualquier fallo en sus aviones que no pudiesen explicar. De este modo dejaron de esconder llaves y armar estrépitos en los hogares para dedicarse a las nuevas tecnologías. Haciendo trastadas, por supuesto.

Sin embargo, ahí están los señores americanos de Hollywood. Teniendo material para mil historias increíbles y fantásticas… cogen a los gremlins, les disfrazan de Furbys (¿o era al revés?) y se cargan la tradición sajona de un “fotogramazo”. Sólo se nos vienen a la cabeza bichos peludos o verdes.

Pasa igual que con los Trolls. Llevan milenios aterrorizando al personal y ahora se les recuerda por un muñequito ridículo y patizambo con un mechón de pelo fosforito en la cabeza. ¡¡Dónde vamos a ir a parar!!

En fin… que este post tenía la finalidad de daros las gracias por asomar la nariz a mi blog, y ya véis dónde he terminado.

Pero es que...




¿¿No clama al cielo esto?? Señor...