El sórdido Barrio Sésamo
Quien me conoce bien sabe que lo mío es el furgón de cola.
Uy, no... perdón. He dicho "cola" y eso puede dar lugar a interpretaciones cuanto menos... confusas.
Quería decir el farolillo rojo.
Hum... no... eso tampoco. Precisamente el farolillo rojo era el que distinguía las casas donde... dondeeeeee... bueno... ya sabes...
A ver, quería decir que suelo enterarme de las noticias demasiado tarde. Será porque apenas pongo la tele a no ser para ver algún programa didáctico.
Uy... he dicho "didáctico".
Ah, no... ahí no hay nada susceptible de ser mal interpretado. ¿O sí?
Ay, no sé... Es que yo me crié viendo "Barrio Sésamo". Con Epi y Blas, Coco, el monstruo de las galletas, y demás personajes. Y claro, entenderás que con tales influencias en mi tierna mente infantil es normal que de cada dos palabras diga tres "moralmente incorrectas". Quizá haya sido un milagro que mi tendencia sexual sea hetero, o que no me haya dado por la zoofilia... por no decir otras cosas por descontado más desagradables y a todas luces injustificables.
Volvemos a lo de siempre: la culpa de todo la tiene la rana Gustavo.
Manda c******...
Uy, no... perdón. He dicho "cola" y eso puede dar lugar a interpretaciones cuanto menos... confusas.
Quería decir el farolillo rojo.
Hum... no... eso tampoco. Precisamente el farolillo rojo era el que distinguía las casas donde... dondeeeeee... bueno... ya sabes...
A ver, quería decir que suelo enterarme de las noticias demasiado tarde. Será porque apenas pongo la tele a no ser para ver algún programa didáctico.
Uy... he dicho "didáctico".
Ah, no... ahí no hay nada susceptible de ser mal interpretado. ¿O sí?
Ay, no sé... Es que yo me crié viendo "Barrio Sésamo". Con Epi y Blas, Coco, el monstruo de las galletas, y demás personajes. Y claro, entenderás que con tales influencias en mi tierna mente infantil es normal que de cada dos palabras diga tres "moralmente incorrectas". Quizá haya sido un milagro que mi tendencia sexual sea hetero, o que no me haya dado por la zoofilia... por no decir otras cosas por descontado más desagradables y a todas luces injustificables.
Volvemos a lo de siempre: la culpa de todo la tiene la rana Gustavo.
Manda c******...
Malas noticias para Mundodisco
Me lo comentó un amigo hace un par de días. Hoy que he tenido tiempo he echado un vistazo a la prensa y... sí: la noticia sigue estando ahí y en otros muchos lugares por mucho que cierre los ojos y cuente hasta tres.
Terry Pratchett padece Alzheimer.
Aquí lo tenéis, por si queréis leerlo de su “puño y letra”.
http://amtimes.blogspot.com/2007/12/el-maestro-tiene-alzheimer.html
Por mi parte, la verdad es que no me apetece comentar nada más. Se me ha venido el mundo encima, con los cuatro elefantes incluidos.

En fin… la vida es así, supongo.
Terry Pratchett padece Alzheimer.
Aquí lo tenéis, por si queréis leerlo de su “puño y letra”.
http://amtimes.blogspot.com/2007/12/el-maestro-tiene-alzheimer.html
Por mi parte, la verdad es que no me apetece comentar nada más. Se me ha venido el mundo encima, con los cuatro elefantes incluidos.

En fin… la vida es así, supongo.
Reflexión a regañadientes
Sé que llevo tiempo sin asomar por aquí. No me he olvidado de mi pequeño rincón, ni he dejado de reflexionar. ¡Qué más quisiera yo!
Es sólo que, intentando buscar un tema, termino cansada de hacer slalom entre cascotes y cadáveres. Así que me rindo y lo voy dejando para otro día. Me vuelvo a asomar a la ventana que me muestra el mundo y sigo viendo lo mismo.
Cascotes de vidas reducidas a escombros.
Cadáveres cubiertos de glorias efímeras, que sirven de alimento a los carroñeros y aún a los que se alimentan de sus sobras.
Cambio mi ángulo de visión.
Otra vez lo mismo, pero esta vez de forma literal. La Muerte hace su trabajo eficazmente, pero no es ella quien decide dónde ni a quién dar el golpe de gracia.
Cierro los ojos ante eso. La visión me dura lo que a los seres humanos: un segundo.
Justo lo que se tarda en accionar el mando a distancia. Una buena dosis de publicidad y todo vuelve a su cauce.
Desaparecen los asesinos jactanciosos, las víctimas de la implacable Naturaleza, las miserias cotidianas convertidas en testimonios sobre avaricias, rencores y envidias.
Todo desaparece entre lucecitas doradas y mensajes de paz envueltos en papel de regalo.
No sirve de nada desgañitarse intentando que oigan. El hilo musical del centro comercial ahoga cualquier palabra que no encaje en el entrañable ambiente, y los sordos voluntarios avanzan felices con su minusvalía.
De todas formas tampoco sabría qué decirles. Y aunque lo supiese, dudo que pudiese servir de algo. Así que sigo observando y reflexionando. Quizá a mí sí me pueda ser útil a la hora de decidir qué hago con la parte infinitesimal del Cosmos que me corresponde.
Es sólo que, intentando buscar un tema, termino cansada de hacer slalom entre cascotes y cadáveres. Así que me rindo y lo voy dejando para otro día. Me vuelvo a asomar a la ventana que me muestra el mundo y sigo viendo lo mismo.
Cascotes de vidas reducidas a escombros.
Cadáveres cubiertos de glorias efímeras, que sirven de alimento a los carroñeros y aún a los que se alimentan de sus sobras.
Cambio mi ángulo de visión.
Otra vez lo mismo, pero esta vez de forma literal. La Muerte hace su trabajo eficazmente, pero no es ella quien decide dónde ni a quién dar el golpe de gracia.
Cierro los ojos ante eso. La visión me dura lo que a los seres humanos: un segundo.
Justo lo que se tarda en accionar el mando a distancia. Una buena dosis de publicidad y todo vuelve a su cauce.
Desaparecen los asesinos jactanciosos, las víctimas de la implacable Naturaleza, las miserias cotidianas convertidas en testimonios sobre avaricias, rencores y envidias.
Todo desaparece entre lucecitas doradas y mensajes de paz envueltos en papel de regalo.
No sirve de nada desgañitarse intentando que oigan. El hilo musical del centro comercial ahoga cualquier palabra que no encaje en el entrañable ambiente, y los sordos voluntarios avanzan felices con su minusvalía.
De todas formas tampoco sabría qué decirles. Y aunque lo supiese, dudo que pudiese servir de algo. Así que sigo observando y reflexionando. Quizá a mí sí me pueda ser útil a la hora de decidir qué hago con la parte infinitesimal del Cosmos que me corresponde.





