Aranna V
Después de los saludos de rigor y de una ronda gratis para celebrar el reencuentro, y una vez que Aranna dio buena cuenta de la cena que le sirvió Lara, llegó el momento del interrogatorio. La joven no podía contar toda la verdad porque aquélla estaba reservada para los Iniciados, los que debían salvaguardar el orden del mundo en el que vivían. Si se hallaba algún elemento perturbador de éste, debían eliminarlo lo más discretamente posible. Y como ha sucedido y sucederá hasta el fin del Universo, siempre hay alguien que intenta imponer su particular sentido del orden a base de conquistar el mundo y esclavizar a todos sus habitantes. Normalmente se le identifica porque se ríe muchísimo y de forma estentórea, con los brazos alzados y las manos crispadas, en lo alto de algún promontorio mientras estalla una terrible tormenta.
Total, que lo que podría haber sido la mayor aventura épica de todos los tiempos, quedó convertida en una historia de lo más vulgar. Aranna se inventó una versión alternativa, en la que explicó que había estado viajando para aprender los secretos curativos de las cosas, algo sobre Música y Poesía, Astrología... y todo lo que su querida Abuela -así llamaba a la anciana mujer que la crió- no le había podido enseñar, amén de algunos hechizos meteorológicos, bendición de los campos de cultivo y todo lo que debe saber una bruja que se precie.
-Tengo muchas ganas de verla.
Los rostros de sus amigos se tornaron sombríos.
-Creo que será mejor que te lo digamos ahora -dijo Brun. Aranna se puso tensa y el hobbit, sentado a su lado, le cogió la mano.
-Habla -exigió la hechicera. Brun miró a sus compañeros deseando que alguno tomase la palabra en su lugar, pero ninguno parecía dispuesto a librarle del mal trago.
-La Abuela murió el año pasado. Un pastor la encontró una mañana en su cabaña, frente a la chimenea apagada. Parecía haberse quedado dormida. La enterraron frente al olivo que hay junto a su casa. Lo siento.
Aranna asintió, porque era incapaz de articular palabra. El cuervo, que había volado hacia una viga del techo, sintió el dolor de su compañera y bajó para posarse en su hombro. Sentía una ira irreprimible, pero debía respetar su promesa. Esperaría órdenes.
Leuba decidió hacerse cargo de la situación.
-Bueno, ya está bien por hoy. ¡Todos a casa ahora mismo!
Parecía increíble que aquella muchacha de aspecto tan frágil tuviese tal poder de persuasión, pero todos la obedecieron sin rechistar. Leuba tenía la capacidad de provocar la misma sensación que tiene un niño cuando su madre le da un ultimátum. Acompañó a Aranna a su habitación, la ayudó a acostarse y se quedó con ella hasta que, rendida por el llanto, consiguió dormirse. Después fue en busca de Ferdinand, que la esperaba abajo, y se marcharon.
El salón de la posada quedó vacío por fin. El bullicio de la gente llegaba desde la calle y se prolongaría hasta primeras horas de la mañana. Karl terminaba de colocar la vajilla en una alacena y el trasgo apagaba los rescoldos de la chimenea, contento de que la jornada concluyera por fin. Arriba, en la única habitación que permanecía ocupada, la hechicera se convulsionaba presa de terribles pesadillas. Al pie de la cama, el cuervo había aumentado de tamaño hasta convertirse en un oscuro espectro de forma humana. La sombra avanzó sin ruido hasta situarse a la altura del cabezal. Retazos de noche se retorcían a su alrededor, creando la sensación de que vestía una amplia túnica -o una capa- con un capuchón que le caía sobre la cara.
Aranna comenzó a manotear en sueños, gimiendo angustiada. El espectro posó una mano sobre su frente, utilizando su energía para intentar que aquella extremidad adquiriese calidez, pero estaba demasiado débil. Se percató de que su mano se había hundido parcialmente en la cabeza de la joven, como un fantasma que atraviesa una pared. La debilidad de ella le hacía ser más inconsistente y le daba la sensación de que se desharía como una voluta de humo. Decidió intentar librarla de los malos sueños. Se concentró unos momentos, condensando el poder que le quedaba en aquel propósito. Observó aquel cuerpo exhausto envolviéndolo con la luz de sus ojos glaucos y la llamó mentalmente.
Total, que lo que podría haber sido la mayor aventura épica de todos los tiempos, quedó convertida en una historia de lo más vulgar. Aranna se inventó una versión alternativa, en la que explicó que había estado viajando para aprender los secretos curativos de las cosas, algo sobre Música y Poesía, Astrología... y todo lo que su querida Abuela -así llamaba a la anciana mujer que la crió- no le había podido enseñar, amén de algunos hechizos meteorológicos, bendición de los campos de cultivo y todo lo que debe saber una bruja que se precie.
-Tengo muchas ganas de verla.
Los rostros de sus amigos se tornaron sombríos.
-Creo que será mejor que te lo digamos ahora -dijo Brun. Aranna se puso tensa y el hobbit, sentado a su lado, le cogió la mano.
-Habla -exigió la hechicera. Brun miró a sus compañeros deseando que alguno tomase la palabra en su lugar, pero ninguno parecía dispuesto a librarle del mal trago.
-La Abuela murió el año pasado. Un pastor la encontró una mañana en su cabaña, frente a la chimenea apagada. Parecía haberse quedado dormida. La enterraron frente al olivo que hay junto a su casa. Lo siento.
Aranna asintió, porque era incapaz de articular palabra. El cuervo, que había volado hacia una viga del techo, sintió el dolor de su compañera y bajó para posarse en su hombro. Sentía una ira irreprimible, pero debía respetar su promesa. Esperaría órdenes.
Leuba decidió hacerse cargo de la situación.
-Bueno, ya está bien por hoy. ¡Todos a casa ahora mismo!
Parecía increíble que aquella muchacha de aspecto tan frágil tuviese tal poder de persuasión, pero todos la obedecieron sin rechistar. Leuba tenía la capacidad de provocar la misma sensación que tiene un niño cuando su madre le da un ultimátum. Acompañó a Aranna a su habitación, la ayudó a acostarse y se quedó con ella hasta que, rendida por el llanto, consiguió dormirse. Después fue en busca de Ferdinand, que la esperaba abajo, y se marcharon.
El salón de la posada quedó vacío por fin. El bullicio de la gente llegaba desde la calle y se prolongaría hasta primeras horas de la mañana. Karl terminaba de colocar la vajilla en una alacena y el trasgo apagaba los rescoldos de la chimenea, contento de que la jornada concluyera por fin. Arriba, en la única habitación que permanecía ocupada, la hechicera se convulsionaba presa de terribles pesadillas. Al pie de la cama, el cuervo había aumentado de tamaño hasta convertirse en un oscuro espectro de forma humana. La sombra avanzó sin ruido hasta situarse a la altura del cabezal. Retazos de noche se retorcían a su alrededor, creando la sensación de que vestía una amplia túnica -o una capa- con un capuchón que le caía sobre la cara.
Aranna comenzó a manotear en sueños, gimiendo angustiada. El espectro posó una mano sobre su frente, utilizando su energía para intentar que aquella extremidad adquiriese calidez, pero estaba demasiado débil. Se percató de que su mano se había hundido parcialmente en la cabeza de la joven, como un fantasma que atraviesa una pared. La debilidad de ella le hacía ser más inconsistente y le daba la sensación de que se desharía como una voluta de humo. Decidió intentar librarla de los malos sueños. Se concentró unos momentos, condensando el poder que le quedaba en aquel propósito. Observó aquel cuerpo exhausto envolviéndolo con la luz de sus ojos glaucos y la llamó mentalmente.
Comentario:
Menos mal, mi querida Num, que no soy yo sola la que se queda sufriendo cuando deja al prota de algún libro en alguna situación comprometida.
Yo tampoco me había imaginado que pudiese ser tantas cosas, fíjate. De entre todas ellas, la de marcalibros es lo que mejor se me da. JAJAJA!!
Un besísimo, y gracias a ti por seguir leyéndome aquí y en el otro lao.
Yo tampoco me había imaginado que pudiese ser tantas cosas, fíjate. De entre todas ellas, la de marcalibros es lo que mejor se me da. JAJAJA!!
Un besísimo, y gracias a ti por seguir leyéndome aquí y en el otro lao.
Comentario:
La última vez que colgué a un amigo de la pared, se me cayó, y casi se me mata.
Entonces comprendí que los amigos no son simples elementos decorativos, sino algo mas importante. Desde entonces intento que se sienten a la mesa, aunque entre magos, equilibristas, trastos y demás, me resulta bastante difícil, jaja.
Un beso ballesta...
Entonces comprendí que los amigos no son simples elementos decorativos, sino algo mas importante. Desde entonces intento que se sienten a la mesa, aunque entre magos, equilibristas, trastos y demás, me resulta bastante difícil, jaja.
Un beso ballesta...
Comentario:
Me pasa con la mayoría de las novelas que leo, y es que no las leo, las devoro. Me producen ansiedad. Es una tortura poner el marcalibros ( una oropéndola de madera )y cerrarles. A veces creo que los personajes de la historia se quedaran congelados en algún limbo, hasta que vuelvo a tener tiempo para sumergirme en el ordenado mar de sentimientos, emociones, y pensamientos, sensaciones, que me despierta.
Jamás había pensado en una Ballesta, un trasto del S.XI, como señal, autor, personaje, e historia.
( Yo no envié mis naves a luchar contra los elementos ).
Gracias por esta entrega tambiém.
Un besazo, preciosa.
Jamás había pensado en una Ballesta, un trasto del S.XI, como señal, autor, personaje, e historia.
( Yo no envié mis naves a luchar contra los elementos ).
Gracias por esta entrega tambiém.
Un besazo, preciosa.





