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Reflexiones de un trasto
Están locos estos humanos
Acerca de
Soy una ballesta, por si no te has puesto las gafas para mirar la foto.
Sindicación
 
Aranna IX

Hathu se desperezó al límite del descoyuntamiento. Casi no había pegado ojo aquella noche pensando en todo lo que había pasado. La inesperada aparición de su amiga, el truco de magia... Bajó de la cama de un salto. Decidió ir a comer con ella, así podrían hablar con más tranquilidad. Abrió la ventana para dejar entrar la luz. El sol estaba muy alto ya, así que se dio prisa en vestirse y asearse. Había elegido unos pantalones de color azul hasta la rodilla, una camisa blanca y un chaleco a juego con los pantalones, con brillantes botones de latón. En los pies, nada, por supuesto. Los hobbits siempre van descalzos -salvo raras excepciones- porque poseen una gruesa piel en la planta de los pies que les permite caminar cómodamente sin calzarse. Además, sus piernas están cubiertas de vello desde las rodillas hasta casi la punta de los dedos, lo que les protege del frío y la humedad.

Hathu se miró al espejo. “¡Vaya pelos!” -se dijo. Intentó amagarlos con un poco de agua, pero los del flequillo se negaron a obedecer. Los demás siguieron su ejemplo. El resultado final fue el de siempre: un desastre. El hobbit frunció el ceño, arrepintiéndose de haberse cortado la melena. “Por lo menos, antes los llevaba atados” -se lamentó mientras se pasaba la mano por los crespos cabellos de color castaño (oscuro).

El viento helado de la noche anterior había dejado paso a una cálida y espléndida mañana de primavera, por lo que Hathu decidió prescindir del abrigo. Antes de salir pasó por la cocina y picó algo. Le gustaba dormir hasta tarde, pero le fastidiaba perderse las dos primeras comidas del día -los hobbits desayunan dos veces. O tres, o cuatro. Según-. Cogió un saquito con algo de dinero, cerró la puerta con llave y encaminó sus pasos hacia la posada de Karl.

Prajt barría vigorosamente la puerta del “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN”. Le encantaba levantar grandes polvaredas con la escoba. Lara le tenía dicho que rociara un poco de agua antes de empezar a barrer, pero a él lo que le gustaba era remover el polvo. Era uno de los mejores momentos del día y lo disfrutaba al máximo. Incluso se permitía cantar alguna que otra cancioncilla en su lengua, cosa que ponía los pelos de punta a aquel que tenía el dudoso privilegio de escucharle. Justo en medio de un escobazo especialmente enérgico alguien le llamó la atención.

-¡Eh, tú! ¿Quieres parar de hacer eso y dejarme pasar?

El trasgo dejó de barrer y se apoyó en el mango de la escoba, dos palmos más alto que él. Entre la nube de polvo pudo ver lo que en principio creyó que era un niño humano de unos ocho años, pero enseguida se dio cuenta de que se trataba del hobbit amigo de su amo. Se apartó a un lado y Hathu pasó frente a él, con una sonrisa de oreja a oreja. Una vez hubo desaparecido bajo el umbral de la posada, el trasgo reinició su tarea, pero no de tan buen humor como al principio. No le gustaban los hobbits, y menos el que acababa de ver. “Siempre traen problemas” -se dijo.

El salón de la posada estaba desierto. Hathu llamó un par de veces pero no apareció nadie, así que decidió subir al piso de arriba en busca de Aranna. Golpeó la puerta de la habitación donde se hospedaba su amiga.

-¿Quién es? -preguntaron desde dentro.

-Soy yo, Hathu. ¿Puedo pasar?

-Sí, adelante.

El hobbit empujó la puerta, y nada más entrar en el cuarto se quedó pegado al suelo. Detrás de la muchacha había una especie de sombra de casi dos metros de altura. Sus ojos, verdes y brillantes, se clavaban en la pequeña figura como un par de dagas afiladas. Hathu se quedó allí, con la boca abierta, como hipnotizado.

 
Comentario:
Nada... un par de ajustes y como nueva. Me alegro de haberte hecho compañía un ratito esa tarde de domingo aunque sea desde mi alcayata.

Otro beso. Artesano, por supuesto ;o)
 
Comentario:
¿Ya estás un poco mas templada y con la cuerda mejor tensada?
Espero que tu ánimo esté bien ahí en la alcayata desde la que observas a los humanos.
Y grácias por la sesión de Aranna, un pequeño incentivo para ésta aburrida tarde de domingo.
Un beso de los artesanos (Que sé que te gustan mas que los de molde)para ese trasto que nunca estorba.
No