Aranna XII
La última semana había resultado agotadora, pero al fin consiguió hacer de aquel estropicio un lugar habitable al cabo de un año de abandono absoluto. Después de desbrozar el pequeño huerto de detrás de la casa, Aranna decidió que se merecía un descanso. La primavera estaba anunciando su llegada y el sol calentaba con fuerza. Sacó agua del aljibe, la vertió en una palangana y, sentada en el portal, comenzó a lavarse bajo la atenta mirada de su guardián.
- ¿Sabes una cosa? -dijo la muchacha mientras se humedecía la nuca-. Se me hace extraño pensar que voy a establecerme aquí, pero no me desagrada la idea. Incluso puede que me permita tener vida social, mira tú por dónde.
Neithan se giró bruscamente y avanzó unos pasos alejándose de ella.
- ¡Pues si no te gusta la idea, te aguantas! -protestó Aranna-. Una tiene sus necesidades, y no pienso...
La sombra alzó una mano pidiendo silencio. La hechicera se levantó, poniéndose en guardia con la destreza que da la práctica. Al momento pudo ver un puntito luminoso que se aproximaba a gran velocidad hacia ellos.
- ¿Pero qué...?
Únicamente les dio tiempo a girarse y ver cómo una bola de luz dorada del tamaño de un puño les esquivaba y se estrellaba contra la pared de la casa. Asombrados, fueron hacia el lugar del impacto. En el suelo yacía una personita de unos diez centímetros tendida de bruces. Tenía una melena lisa y cobriza y estaba vestida con un ligero tul de color rosa. A la altura de sus omoplatos nacían dos élitros iridiscentes.
Aranna se arrodilló ante ella y le dio la vuelta, empujándola con un dedo.
- ¡Es un hada! -dijo levantando la vista hacia Neithan-. ¿Qué estará haciendo aquí?
- ¿Y yo qué se? -respondió él, telepáticamente.
- No es necesario que me contestes. Es una pregunta retórica.
- Es una pregunta inútil.
- Ya, pero...
La muchacha no terminó la frase porque se percató de que la pequeña criatura se estaba incorporando trabajosamente. El hada sacudió su diminuta cabeza, los miró con unos ojos negros y almendrados, y exclamó con voz de tabernera:
- ¡Me cago en la puta...!
Los testigos del accidentado suceso esperaban cualquier cosa menos eso. Quizá un leve tintineo de campanillas...
Pues no.
El hada consiguió ponerse en pie, todavía aturdida y tambaleante, ante la mirada estupefacta de Neithan y Aranna.
- Escucha, eh... Escuchad, buena señora -dijo la criatura dulcificando la voz considerablemente-. ¿Seríais tan amable de ofrecerme vuestro auxilio? Me siento incapaz de volar debido a la host... esto... al fuerte golpe que acabo de sufrir.
Acto seguido, hizo una pésima representación de desmayo.
- Está bien -transigió Aranna-, ya te pediré explicaciones más tarde.
Tiró el agua que había utilizado para lavarse y, con la palangana en una mano y el hada en la otra, penetró en la casa seguida de Neithan. Nada más cerrar la puerta, oyeron un zumbido que fue aumentando gradualmente, como si se les viniera encima un ejército de libélulas gigantes. El hada olvidó que estaba fingiendo y se acurrucó en la mano de la hechicera, cubriéndose la cabeza con los brazos y temblando como un cachorrillo asustado.
Al cabo de unos segundos volvió el silencio. El sol se estaba poniendo y comenzaba a refrescar. Aranna depositó el diminuto cuerpecito, todavía hecho un ovillo, sobre la mesa situada en el centro de la estancia y se dedicó a encender el fuego.
- ¿Sabes una cosa? -dijo la muchacha mientras se humedecía la nuca-. Se me hace extraño pensar que voy a establecerme aquí, pero no me desagrada la idea. Incluso puede que me permita tener vida social, mira tú por dónde.
Neithan se giró bruscamente y avanzó unos pasos alejándose de ella.
- ¡Pues si no te gusta la idea, te aguantas! -protestó Aranna-. Una tiene sus necesidades, y no pienso...
La sombra alzó una mano pidiendo silencio. La hechicera se levantó, poniéndose en guardia con la destreza que da la práctica. Al momento pudo ver un puntito luminoso que se aproximaba a gran velocidad hacia ellos.
- ¿Pero qué...?
Únicamente les dio tiempo a girarse y ver cómo una bola de luz dorada del tamaño de un puño les esquivaba y se estrellaba contra la pared de la casa. Asombrados, fueron hacia el lugar del impacto. En el suelo yacía una personita de unos diez centímetros tendida de bruces. Tenía una melena lisa y cobriza y estaba vestida con un ligero tul de color rosa. A la altura de sus omoplatos nacían dos élitros iridiscentes.
Aranna se arrodilló ante ella y le dio la vuelta, empujándola con un dedo.
- ¡Es un hada! -dijo levantando la vista hacia Neithan-. ¿Qué estará haciendo aquí?
- ¿Y yo qué se? -respondió él, telepáticamente.
- No es necesario que me contestes. Es una pregunta retórica.
- Es una pregunta inútil.
- Ya, pero...
La muchacha no terminó la frase porque se percató de que la pequeña criatura se estaba incorporando trabajosamente. El hada sacudió su diminuta cabeza, los miró con unos ojos negros y almendrados, y exclamó con voz de tabernera:
- ¡Me cago en la puta...!
Los testigos del accidentado suceso esperaban cualquier cosa menos eso. Quizá un leve tintineo de campanillas...
Pues no.
El hada consiguió ponerse en pie, todavía aturdida y tambaleante, ante la mirada estupefacta de Neithan y Aranna.
- Escucha, eh... Escuchad, buena señora -dijo la criatura dulcificando la voz considerablemente-. ¿Seríais tan amable de ofrecerme vuestro auxilio? Me siento incapaz de volar debido a la host... esto... al fuerte golpe que acabo de sufrir.
Acto seguido, hizo una pésima representación de desmayo.
- Está bien -transigió Aranna-, ya te pediré explicaciones más tarde.
Tiró el agua que había utilizado para lavarse y, con la palangana en una mano y el hada en la otra, penetró en la casa seguida de Neithan. Nada más cerrar la puerta, oyeron un zumbido que fue aumentando gradualmente, como si se les viniera encima un ejército de libélulas gigantes. El hada olvidó que estaba fingiendo y se acurrucó en la mano de la hechicera, cubriéndose la cabeza con los brazos y temblando como un cachorrillo asustado.
Al cabo de unos segundos volvió el silencio. El sol se estaba poniendo y comenzaba a refrescar. Aranna depositó el diminuto cuerpecito, todavía hecho un ovillo, sobre la mesa situada en el centro de la estancia y se dedicó a encender el fuego.
Comentario:
El Santo Job:
Esta historia la escribí hace unos años. Surgió de mi afición a la literatura fantástica y de mis amigos, capaces a veces de superar la ficción, y a los que convertí en personajes por tól morro. Me la encontré por ahí y me apetecía sacarla a la luz y compartirla con vosotros.
Como es un poco larga la voy poniendo así, a cachitos.
Atento al hada: traerá sorpresas ;o)
Celebro que te guste. Un besito del trasto.
Esta historia la escribí hace unos años. Surgió de mi afición a la literatura fantástica y de mis amigos, capaces a veces de superar la ficción, y a los que convertí en personajes por tól morro. Me la encontré por ahí y me apetecía sacarla a la luz y compartirla con vosotros.
Como es un poco larga la voy poniendo así, a cachitos.
Atento al hada: traerá sorpresas ;o)
Celebro que te guste. Un besito del trasto.
Comentario:
jajajajaj esa hada ha triunfado como los donetes, jajajaja
de verdad, lástima que tardes tanto en escribir ( =P ) pero cuando lo haces es genial
besos!
de verdad, lástima que tardes tanto en escribir ( =P ) pero cuando lo haces es genial
besos!
Comentario:
Num:
Si tú vieras lo que me cuesta a mí hacer los cortes...
Seguro que Aranna estaría encantada de contar con tu compañía. Gracias a ti.
Otro besazo, micaniwapa.
Si tú vieras lo que me cuesta a mí hacer los cortes...
Seguro que Aranna estaría encantada de contar con tu compañía. Gracias a ti.
Otro besazo, micaniwapa.
Comentario:
NiBuenoNiMalo:
Con una criatura de estas lo que te iba a poner es los pies en polvorosa. ¡Menudas son!
Con una criatura de estas lo que te iba a poner es los pies en polvorosa. ¡Menudas son!
Comentario:
Bonito corte...
Una semana envueltos en ese silencio casi pastoso que queda después del estruendo, anocheciendo ahí fuera, mientras encendemos fuego dentro... Yo podría quedarme a vivir ahí.
Gracias.
Un besazo, Trastillo mío.
Una semana envueltos en ese silencio casi pastoso que queda después del estruendo, anocheciendo ahí fuera, mientras encendemos fuego dentro... Yo podría quedarme a vivir ahí.
Gracias.
Un besazo, Trastillo mío.
Comentario:
Dulce criatura la que se nos une a la historia, ¡Esto me pone!





