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Reflexiones de un trasto
Están locos estos humanos
Acerca de
Soy una ballesta, por si no te has puesto las gafas para mirar la foto.
Sindicación
 
Aranna XIV
Tras una corta primavera y un eterno verano, el otoño llegó a Villamarcha. Se presentó de repente, como era su costumbre en aquellas tierras. Las noches comenzaban a ser frías y todo el mundo se preparaba para la pronta venida del invierno. Todo el mundo menos la bruja del pueblo, que veía su futuro bastante negro.

Aquel año nadie requirió sus servicios para bendecir los campos, nadie necesitó un filtro de amor, nadie enfermó, ninguna criatura vino al mundo...

Naturalmente, todos esos acontecimientos tuvieron lugar, pero ninguno de los habitantes de los alrededores quería la ayuda de una bruja que tenía un demonio como servidor. No inspiraba confianza.

El único que se sentía orgulloso de tener algo que ver con ella era un hobbit llamado Hathu. La había visitado alguna vez después de su llegada, pero últimamente no sabía nada de ella. Había estado muy ocupado administrando varias fincas de los alrededores.

Hathu estaba terminando el postre -llevaba media hora haciéndolo- cuando decidió ir a ver a Aranna. Una vez dada buena cuenta de un magnífico y variado surtido de repostería, ensilló su pony y se encaminó hacia la senda que conducía a las afueras. Tanto el animal como su dueño disfrutaban del paseo, y la mente del hobbit divagaba ayudada por el suave balanceo y el rítmico golpeteo de los cascos sobre el suelo.

Estaba a mitad de camino cuando divisó a lo lejos una polvareda. En menos que canta un gallo, dos jinetes pasaron a su lado a toda velocidad. Su sorpresa fue mayúscula cuando cayó en la cuenta de que Aranna era uno de ellos. Más que montar, luchaba por sostenerse sobre la silla. Su acompañante llevaba sujetas las riendas de su montura, por lo que la muchacha se agarraba desesperadamente a las crines de su caballo para no salir despedida. Un cuervo les perseguía.

Hathu hizo girar al pony.

- ¡Arre, Panda! ¡Vamos tras ellos! -gritó y le clavó los talones en el vientre.

El pony le miró pausadamente, mordisqueó el bocado y emprendió la marcha al trote, pero Hathu se inclinaba sobre su cuello como si cabalgara sobre el viento.

Dos labriegos que tomaban un respiro le vieron pasar, apoyados en sendos legones.

- Mira -le dijo uno al otro dándole un codazo-, una alegoría del Optimismo.

El segundo escupió una brizna de hierba seca que le colgaba del labio, se enderezó el
sombrero y contestó:

- Yo más bien diría que se trata de una representación metafórica del autoengaño, ¿no crees?

- Podría ser, pero ¿podría hablarse de autoengaño si el propio “yo” no es consciente de la falsa realidad que él mismo produce?

El primero se rascó el cogote, sopesó la pregunta durante unos segundos y luego dijo:

- ¿Y a mí qué me cuentas? ¡Yo soy de Ciencias!


 
Comentario:
MiBuenoNiMalo: hay que ver la de cosas raras que han influído en mi... no sé cómo llamarlo. "Amanece que no es poco" es una de ellas.

Otra es La Muerte a la que hace referencia el Santo Job en el anterior post. Claro que no puede tocar la flauta, Job. ¿No ves que no tiene labios? Aunque cosas más raras se han visto, y más allí donde el río es cabalgable.

Mi querida Num... Pues eso, que tkktc. Ahí queda eso también. ¡Ea!

Aunque no os comente, os sigo atenta a los tres. Un beso para cada uno... y perdonad si ando algo "difusa" últimamente.
 
Comentario:
Ahí queda eso!.

Un besazo, compañera.
 
Comentario:
JAJAJA, los labriegos parecen personajes de "Amanece que no es poco", y tú, otra vez que nos dejas en ascuas.
Un beso trasto.
No