Aranna XVI
Aranna iba a darle las gracias cuando oyó unos pasos que subían apresuradamente por la escalera. Acto seguido vio aparecer a una mujer no mayor de veinticinco años ataviada con una ligera coraza de cuero, consistente en un peto y un espaldar sujeto con correas a ambos lados.
Bajo la protección, llevaba una túnica corta de suave lana teñida de azul celeste que dejaba al descubierto unas piernas fuertes y bien torneadas, calzadas con botas de montar. De su costado izquierdo pendía una espada, del derecho una daga. Bajo su brazo portaba un capacete, también de cuero, reforzado con metal. Una espesa melena ondulada flotaba alrededor de su rostro. Su piel estaba bronceada por el sol.
Por la indumentaria, Aranna dedujo que se trataba de una guardiana del Templo de las Sacerdotisas de la Misericordiosa y Benevolente Diosa Tharwidean, comunidad dedicada exclusivamente al cuidado de niños, ancianos y enfermos.
Al acercarse pudo apreciar sus rasgos. Tenía unos grandes ojos verdes, una nariz ligeramente aguileña y unos labios carnosos que sonrieron cuando su mirada se encontró con la del hijo del Herrero. Cada uno de sus gestos denotaba un fuerte carácter y una irresistible seguridad en sí misma.
Cuando llegó hasta donde ellos estaban, saludó a la hechicera con una leve inclinación de cabeza y dio un cariñoso beso a Gargund. Aranna se apartó discretamente a un lado para no molestar.
- ¿Qué ha pasado? ¿Cómo están? -preguntó la guardiana a Gargund.
El joven la puso en antecedentes.
- Las sacerdotisas me han dado permiso para quedarme hasta que Ammya se recupere.
La noticia hizo que a Gargund se le iluminaran los ojos.
- ¡Estupendo!
La cogió por la cintura y la atrajo hacia sí. Aranna tosió para llamar su atención. Ambos la miraron como si hubiese aparecido allí de repente, y lo que ella quería precisamente era desaparecer.
- Lo siento -se disculpó-. Permitid que os presente a Warin, mi prometida. Cariño, ella es Aranna.
Warin dedicó una amable sonrisa a la hechicera.
- Yo también os doy las gracias, Aranna.
- Será mejor que vayáis a verla -sugirió. Quería salir de allí a toda costa.
En aquel momento, tres pequeñas cabezas asomaron por el quicio de una puerta.
- Tío Gar, ¿podemos salir ya? -preguntó uno de ellos. Los otros dos -un niño y una niña- observaban a la bruja y al cuervo que llevaba sobre el hombro. El mayor de ellos no tendría más de doce años.
- ¿Podrían ver a su madre? -consultó Gargund de modo que los pequeños no pudiesen oírle.
La hechicera asintió, advirtiéndole que no armaran mucho jaleo para no perturbar a la convaleciente. Warin se los llevó con ella. Gargund acompañó a Aranna escaleras abajo y la despidió en la puerta, prometiéndole que al día siguiente iría a llevarle las gallinas.
Frente a la casa habían montado una fiesta impresionante. La Luna llena parecía querer sumarse a la celebración aportando su luz argéntea. Algunos de los vecinos habían sacado instrumentos musicales y tocaban alegres melodías mientras la cerveza seguía corriendo como el agua. En el centro de un corro, Boldo giraba como una peonza al ritmo de la tonada con el dedo índice apoyado sobre la calva coronilla.
“Mañana vas a saber lo que siente tu yunque, Maestro Herrero” -pensó Aranna para sus adentros. Antes de salir al exterior había considerado el celebrar su éxito como los demás vecinos, pero una vez en medio de la multitud se arrepintió y decidió irse a casa. Estaba cansada y aún le quedaba un largo trecho a pie para llegar a su hogar.
Echó a andar hacia el final de la calle. No había doblado la esquina cuando sintió un familiar tirón de la manga.
- Oye, no te vayas tan pronto! Esto acaba de empezar.
Aranna se enfrentó a su interlocutor.
- Hola, Hathu. ¿Tú también te has unido a la fiesta? -preguntó ella.
- ¡Pues claro! Hay cerveza gratis, ¿te traigo un poco? -dijo mostrándole un cuenco de madera ya vacío.
- Te lo agradezco, pero no. Ha sido una tarde un tanto difícil. Sólo tengo ganas de llegar a casa. Quizá otro día.
El hobbit se encogió de hombros.
- Como quieras, pero el sábado que viene te espero en la posada de Karl al anochecer. Ya va siendo hora de que te integres en la vida social del pueblo.
- ¿Yo? -fue lo único que se le ocurrió preguntar. Se había quedado en blanco.
- ¡Pues claro! -respondió Hathu sorprendido por la reacción de su amiga-. Estarás conmigo, con Brun, con Sanghayando... Ya sabes, con los amigos de siempre más algunos que todavía no conoces.
A Aranna comenzó a entrarle el pánico. Aquel no era su ambiente. Ella era una hechicera, una servidora de la Orden del Dragón. Estaba preparada para combatir terribles amenazas provenientes de otras dimensiones, pero no para la “vida social” que decía Hathu. Decididamente no, aquello no era lo suyo. No sabría cómo comportarse.
- Mira, Hathu, no te ofendas, pero no creo que sea una buena idea.
Hathu frunció el ceño. A cabezota no le ganaba nadie, y esta vez se había empeñado hacer de cicerone con ella.
-Dame una buena razón para no venir -dijo en tono desafiante, con los brazos puestos en jarras.
Aranna meditó unos instantes.
- Bueno, pues... una buena razón sería...
El cuervo aleteó.
- ¡Neithan! Eso es, no puedo llevar a Neithan por ahí. La gente se asustaría.
- ¡Ja! Te aseguro que hay tipos que dan mucho más miedo que tu demonio, aunque se presente con su verdadera apariencia.
-¡No soy un demonio! -protestó Neithan a sabiendas de que era inútil.
Aranna se dio por vencida. No tenía fuerzas para discutir.
- Está bien -transigió-, sábado noche en el “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN”. Allí estaré.
Comentario:
Estaba pillao, claro...
( Así que Neithan no es un demonio... Pensé que si podía ser todo esto, incluso una escusa, también... En fin )
( No, no voy a preguntar si está pillao )
Nos vemos el Sábado noche, o el Domingo, o el Lunes... son cosas del diferido ;-P
Esperando me tienes.
Un besazo, Trasto.
( Así que Neithan no es un demonio... Pensé que si podía ser todo esto, incluso una escusa, también... En fin )
( No, no voy a preguntar si está pillao )
Nos vemos el Sábado noche, o el Domingo, o el Lunes... son cosas del diferido ;-P
Esperando me tienes.
Un besazo, Trasto.





