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Reflexiones de un trasto
Están locos estos humanos
Acerca de
Soy una ballesta, por si no te has puesto las gafas para mirar la foto.
Sindicación
 
Aranna XX

- ¿Os habéis decidido ya, señora? -preguntó el hombrecillo cortésmente, parapetado detrás de un pequeño mostrador de madera.

Era un hombre enjuto y encorvado de grandes orejas amarillentas y calva incipiente, no mucho más alto que ella. Aranna observó sus ropas. Una fina camisa de hilo blanco y un hermoso jubón de terciopelo verde eran la mejor propaganda para el negocio que regentaba.

- Creo que sí. ¿Podéis bajarme aquella pieza? -señaló con el dedo-. Me gustaría examinarla.

El comerciante sonrió como un conejo. “Podría haber sido peor” -pensó, al ver que sus pérdidas no iban a ser tan cuantiosas como había esperado. Encaramado a una pequeña escalerilla, alcanzó un enorme rollo de género negro y lo depositó sobre la gastada madera del mostrador. La hechicera sonrió ante el despiste del complaciente propietario.

- Disculpadme -dijo Aranna condescendiente-, pero os habéis equivocado de tela.

El mercader pareció sorprendido. Miró el rollo y el lugar que había ocupado momentos antes en la estantería.

- No, es éste el que me indicasteis. Pero si habéis cambiado de opinión, decidme lo que queréis y os lo alcanzaré.

- Algodón negro.

- Algodón negro -pronunció Aranna, sin dar crédito a lo que estaba diciendo.

- Pues éste es -dijo el hombre, rascándose el cogote.

La hechicera se giró hacia Neithan que permanecía a su espalda con los ojos entornados, apenas un par de rendijas de luz esmeralda. La estaba controlando, pero le suponía un enorme desgaste de energía. Podía sentirlo porque ella también se debilitaba.

Lo intentó de nuevo, a sabiendas de que aquella lucha contra su forzoso aliado terminaría agotándola tanto como a él mismo.

Dejó la mente en blanco y luego pensó muy detenidamente lo que quería decir: “Seda púrpura” -repitió mentalmente una y otra vez, como el niño que va al mercado con un importante encargo. El mercader la miraba con una mezcla de impaciencia y curiosidad.

Cuando se sintió preparada dijo:

- Algodón negro. ¡Maldita sea...!

Había comenzado a sudar.

El hombrecillo se sorprendió por la extraña reacción de la hechicera, que se aferraba al mostrador como si en ello le fuera la vida. Por si acaso, agarró una punta del grueso y tosco género y lo examinó concienzudamente.

- Perdonadme, pero esto es...

- Algodón negro, ya lo sé -interrumpió Aranna secamente, dándose por vencida-. Me lo llevo.

Los ojos de Neithan recuperaron su tamaño original y la muchacha dejó de sentir el ominoso control de éste sobre su voluntad. Se sentía como si le hubieran dado una paliza, y esperaba con todo su corazón que él sintiera algo parecido.

- Muy bien -dijo el mercader algo más aliviado-. ¿Cuánto queréis?

Con un diestro movimiento desenrolló un buen trozo del tosco tejido sobre la superficie del mostrador.

- Pues no lo sé -dijo Aranna deseando acabar cuanto antes con aquel incómodo asunto-. Lo suficiente para hacerme una túnica amplia.

El comerciante la examinó con ojo experto, cosa que la incomodó sobremanera. Digamos que su silueta siempre había sido más bien... generosa, y en aquellos momentos parecía que su cuerpo estaba dispuesto a hacer alarde de ello. La tranquilidad de su nueva vida se había hecho notar, haciendo que las ropas que vestía comenzaran a ceñirse insolentemente a sus redondeadas formas. Su abdomen se contrajo en un gesto involuntario, movimiento que resaltó otras partes de su anatomía femenina. Al final terminó ruborizándose.

El mercader utilizó como medida unas muescas en el borde interior del mostrador para calcular la tela que iba a cortar. Luego hizo una pequeña incisión en uno de sus extremos y tiró con fuerza. Dobló cuidadosamente el trozo cortado y se lo entregó a Aranna.

- Habéis elegido con acierto. Este género es muy resistente. Os durará décadas.

- Ya. Qué bien -musitó ella apáticamente-. Muchas gracias.

- De nada. Si lo deseáis Petunia, mi mujer, os puede coser la túnica. Por un módico precio, claro. Es muy buena costurera.

- No, prefiero hacérmela yo. Gracias de todas formas.

La muchacha decidió que se parecía más a una rata que a un conejo. Casi pudo ver una enorme cola rosada saliendo de la parte baja de su espalda.

- Gracias a vos por socorrer a mi pequeño. Smyer Retales a vuestra disposición -dijo mientras hacía una pequeña genuflexión, a la que Aranna correspondió con una inclinación de cabeza.

- Igualmente os digo. Si me necesitáis, vivo en la vieja casa de la Abuela. No dudéis en llamarme.

 
Comentario:
Pero qué se ha creido Neithan? que Aranna es bruja!, Bruja! no maruja...!
Qué poco sabe el diablo de mujeres.
Hombres...
 
Comentario:
Jajaja, Neithan cada vez me cae mejor, y ésta Aranna nos muestra su lado humano, ese que no debería aflorar en una hechicera de su calibre (Me gusta, me gusta).
No