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Reflexiones de un trasto
Están locos estos humanos
Acerca de
Soy una ballesta, por si no te has puesto las gafas para mirar la foto.
Sindicación
 
Aranna XXII

Alexi colocaba los vasos que acababa de fregar en una repisa detrás del mostrador, al lado de las jarras que se utilizaban para la cerveza. Trabajaba en una taberna llamada “EL BAKALAO FELIZ”. Como todos los sábados a partir del mes de septiembre, las tabernas y demás antros de alrededor estaban llenos a rebosar. Todas menos aquélla. Alexi lo achacaba a los músicos, capaces de crisparle los nervios al más templado. Compadecía a sus amigos que, por visitarle y pasar un rato con él, soportaban estoicamente los ritmos machacones y las melodías estridentes de la pandilla de locos que contrataba su jefe para amenizar la noche. Sacrificio que el hábil muchacho contrarrestaba a base de “tapones”, que eran una especie de cubiletes de cristal llenos de extrañas mezclas de licores y elixires que había que echarse al coleto de un golpe y sin dejar una gota. Era costumbre hacer un brindis y beberlos de un solo trago. Más que nada para que nadie se arrepintiese, pues los efectos dependían de la pericia del que preparaba las mezclas -o de lo borracho que estuviese-, y se consideraba de mala educación no correr la misma suerte que los demás.

Aquel sábado se presentaba especialmente aburrido. Hacía un tiempo desapacible y mucha gente había preferido quedarse en casa, pero los amigos de Alexi no se arredraban fácilmente. Así que, después de haberse tomado el primer trago en la taberna de Karl, fueron a cubrir el segundo objetivo de la noche.
Alexi hizo una primera evaluación cuando los vio entrar. Los de siempre. ¡No, un momento! Faltaba Hathu, el hobbit. “Qué raro -pensó-, éste es de los que nunca fallan”.
Su preocupación duró poco. Al cabo de un rato la puerta de la taberna se abrió y Alexi no dio crédito a sus ojos. Allí estaba Hathu ¡acompañado de la bruja y de su demonio! Aquel hobbit nunca dejaría de sorprenderle. Iba a acercarse a ellos pero tuvo que atender a una pandilla de “falúos” que entraron detrás de la pareja.

Los “falúos” eran unos seres con aspecto humano, pero su comportamiento hacía plantearse serias dudas al respecto. Curiosamente les gustaba reunirse en “EL BAKALAO FELIZ” atraídos por su delirante música, que les hacía entrar en una especie de trance. Aquella cuadrilla inclasificable solía consumir bebidas que ellos llamaban “BEINFíTER” o “JEINEKÉR”. El jefe de la cuadrilla de músicos pertenecía a esta tribu. Su canción favorita era una que él denominaba “BREINJíAR” en su extraño dialecto.

Cuando Aranna entró en la taberna pensó en salir corriendo. En el “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN” se había sentido más o menos cómoda. Conocía el lugar y a sus dueños. Pero ahora estaba pisando territorio desconocido. Hathu la animaba a acercarse al resto del grupo empujándola suavemente. Neithan, tras ellos, permanecía alerta.

Los ojos de la hechicera se acostumbraron a la oscuridad del lugar, iluminado escasamente con antorchas sujetas a las paredes. Al cabo de unos segundos distinguió la enorme silueta de Sanghayando el Grande, con su cabeza casi rozando el alto techo. Junto a él, Brun se esforzaba para que Ferdinand consiguiera entenderle a pesar de la estridente música y del bullicio de los demás clientes. Leuba permanecía junto a Ferdinand visiblemente molesta, a juzgar por los brazos cruzados sobre el pecho y el golpetear nervioso de su pie contra el suelo.

Cuando estaba a escasos pasos del grupo, a Aranna le dio un vuelco el corazón. Pensó que Neithan había desaparecido para aparecer unos metros más allá, junto a sus amigos, pero volvió la cabeza y comprobó que seguía tras ella.

Se había confundido. Quizá porque aquel personaje iba vestido de negro, y porque sus ojos, tan verdes como los de Neithan, refulgieron cuando se fijaron en ella por un breve instante.

 
Comentario:
Así es: lo que crispa a unos, hechiza a otros. Y es cierto que nada es lo que parece, ni es verdad, ni es mentira... y que, a veces, todo depende del calibre de la bolinga que lleves encima, que, a su vez, depende de la compañía.
Pero, sobre todo, del superviviente que queda para contar la historia, un tiempo después, solitario y ebrio ya, sin remedio, de por vida.
Un besazo en raro ( aclaro el idioma por si no me entendías el beso ).
 
Comentario:
Tan pronto cruces de miradas, ejemmm...
Pd: Sólo como anecdota, yo prefiero esa otrabebida muy parecida a la "JEINEKÉR" pero de otras tierras, creo que la llaman "maullido de gato".
No