Primavera
La otra noche fui a tirar la basura y se me cayó encima de golpe. Hala, toda la Primavera ahí, cual luchador de sumo. El aire ése que se te mete por todos los sitios y te hace vibrar como un diapasón…
-Pero una nota que no es la tuya – dice mi Num.
- No. Mi nota suena a otoño. A recogerse, a esperar el frío. A cosa que se asienta, no a calores a destiempo ni a galopes de corazones desbocados.
Miré al cielo nada más desprenderme de la bolsa y aguzé el oído, escuchando.
Sí… se oye.
Esa quietud molesta, de algo que se revuelve impaciente, tiene un sonido especial. Imaginé las yemas en las ramas de los árboles. Los capullos incipientes asomados a la intemperie y obligados a arriesgarse, por nacer a destiempo, a morir prematuramente.
Arriba ellas, cabezas de alfiler iridiscentes tachonando la noche, se burlaban de mi desazón.
Me fui a casa renegando de mis átomos danzarines y sintiéndome como un oso que pide cinco minutos más para hibernar.
No sé dónde irá Perséfone con tanta prisa.

-Pero una nota que no es la tuya – dice mi Num.
- No. Mi nota suena a otoño. A recogerse, a esperar el frío. A cosa que se asienta, no a calores a destiempo ni a galopes de corazones desbocados.
Miré al cielo nada más desprenderme de la bolsa y aguzé el oído, escuchando.
Sí… se oye.
Esa quietud molesta, de algo que se revuelve impaciente, tiene un sonido especial. Imaginé las yemas en las ramas de los árboles. Los capullos incipientes asomados a la intemperie y obligados a arriesgarse, por nacer a destiempo, a morir prematuramente.
Arriba ellas, cabezas de alfiler iridiscentes tachonando la noche, se burlaban de mi desazón.
Me fui a casa renegando de mis átomos danzarines y sintiéndome como un oso que pide cinco minutos más para hibernar.
No sé dónde irá Perséfone con tanta prisa.

Comentario:
Hay mil formas de describir una sensación, pero sólo una forma de sentirla. Créeme, que sé de qué hablas.
Otro beso.
Otro beso.
Comentario:
Ya lo creo que gritó el viento… debe de estar enfadado por la llegada de la Primavera, y quien no.
En mi nuevo pueblo –y que raro se me hace decir que ya no soy madrileño; yo, que he sido criado en pleno centro de Madrid, en la calle Toledo, junto a la Plaza de la Cebada, a caballo entre el Rastro, las Vistillas, el Palacio Real y el Parque del Buen Retiro… ¡¡¡si me destetaron a ritmo de chotis!!!-, Rivas, una de esa localidades dormitorio en lo que todo es “bonito”, con muchas casas –como las de antes, independientes y con varias plantas y patio, de esas que ahora anglofonamente llamamos “chalets”- y muchos “espacios verdes”… pues eso, en mi nueva localidad he sentido el poder y la belleza del viento esa noche que tu dices Ballesta, he visto un mar embravecido movido por Eolo en las copas de un olivar, he oído las trompetas de Jericó en el silbido del viento entre las ramas de unos pinos alpinos… por un momento me he sentido un nórdico medieval en la proa de un drakkar cruzando el Mar del Norte a la búsqueda de aventuras en el confín del mundo dispuesto a robar el oro y las mujeres de los débiles habitantes del sur… pero solo ha sido un momento, el viento, traidor, cambió, y con él el sueño, la ilusión, se evaporó.
Me veo como el de aquella canción de Alberto Pérez, esa en que el narrador se quedaba ido mirando el cielo y buscando en él nubes, cúmulos y estratos… deseando volver a sentir la lluvia que le trajo un tórrido amor… o como en mi caso un sueño que cabalga en el viento.
En mi nuevo pueblo –y que raro se me hace decir que ya no soy madrileño; yo, que he sido criado en pleno centro de Madrid, en la calle Toledo, junto a la Plaza de la Cebada, a caballo entre el Rastro, las Vistillas, el Palacio Real y el Parque del Buen Retiro… ¡¡¡si me destetaron a ritmo de chotis!!!-, Rivas, una de esa localidades dormitorio en lo que todo es “bonito”, con muchas casas –como las de antes, independientes y con varias plantas y patio, de esas que ahora anglofonamente llamamos “chalets”- y muchos “espacios verdes”… pues eso, en mi nueva localidad he sentido el poder y la belleza del viento esa noche que tu dices Ballesta, he visto un mar embravecido movido por Eolo en las copas de un olivar, he oído las trompetas de Jericó en el silbido del viento entre las ramas de unos pinos alpinos… por un momento me he sentido un nórdico medieval en la proa de un drakkar cruzando el Mar del Norte a la búsqueda de aventuras en el confín del mundo dispuesto a robar el oro y las mujeres de los débiles habitantes del sur… pero solo ha sido un momento, el viento, traidor, cambió, y con él el sueño, la ilusión, se evaporó.
Me veo como el de aquella canción de Alberto Pérez, esa en que el narrador se quedaba ido mirando el cielo y buscando en él nubes, cúmulos y estratos… deseando volver a sentir la lluvia que le trajo un tórrido amor… o como en mi caso un sueño que cabalga en el viento.
Comentario:
Precisamente esta noche el viento grita con todas sus fuerzas y zarandea todo a su paso. No puedo dejar de pensar en los últimos coletazos de un dragón azul.
¿Ves? Tú tampoco estás solo, bicho raro.
Un beso del trasto.
¿Ves? Tú tampoco estás solo, bicho raro.
Un beso del trasto.
Comentario:
Si, maldita Primavera, estación boba donde las haya que atonta los sentidos con fatuos calores. Echo de menos el crudo Invierno con sus heladas, sus nieves, sus paisajes de otro mundo en blanco y negro, sus recogimientos en el hogar al resguardo de sus inclemencias, la calidez de la manta y el crepitar de la lumbre mientras oyes el grito del viento que enfadado se queda fuera. Y a su estación hermana, el Otoño, de colores calidos y vientos helados, de árboles pelados y suelos alfombrados de colores bajo cielos de plomo fundido.
Si, soy un bicho raro, odio la playa en verano –y que hermosa esta La Mar en Otoño-, reniego de tostarme como un pincho moruno al sol, de sudar como un cosaco en el desierto rodeado de gente por todas partes.
Si, opino lo que tu Ballesta… ¡¡¡Pardiez!!! Me voy a la cueva…
Si, soy un bicho raro, odio la playa en verano –y que hermosa esta La Mar en Otoño-, reniego de tostarme como un pincho moruno al sol, de sudar como un cosaco en el desierto rodeado de gente por todas partes.
Si, opino lo que tu Ballesta… ¡¡¡Pardiez!!! Me voy a la cueva…
Comentario:
Cuánto me alegra saber que no estoy sola.
Otro besazo, Num.
Otro besazo, Num.
Comentario:
Yo tampoco sé dónde va, ni dónde nos arrastra. Sé que se lleva el ambiente frío que despeja las vías respiratorias, y el calor de las noches de invierno. Pero ya ves... salvo dos, el resto de mortales la alaba por ello.
Un besazo.
Un besazo.





