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Reflexiones de un trasto
Están locos estos humanos
Acerca de
Soy una ballesta, por si no te has puesto las gafas para mirar la foto.
Sindicación
 
Aranna XXIV

Fue precisamente eso lo que llamó la atención de Falmarin respecto a la humana que acababa de conocer. Cuando le fue presentada le miró directamente a los ojos, y ahora lo había vuelto a hacer. Aquel gesto le provocaba cierta inquietud. Necesitaba desconcertarla, hacerla sentirse insegura.

-¿Fuerte? No, demasiado malo -contestó ella.- Pensaba que los de tu raza tenían un paladar lo suficientemente refinado como para no tolerar semejante atrocidad.

La tajante respuesta de la humana le hizo enfurecer, pero no iba a darle la satisfacción de demostrárselo. Su condición de elfo le daba ciertas ventajas por encima de los humanos con los que convivía. Su carácter reservado y su inquietante aspecto habían formado en torno a él un halo de misterio que resultaba, cuando menos, desestabilizador. Por eso nadie osaba cuestionar sus razones ni poner objeciones a sus afilados comentarios que, aunque cargados de sabiduría, a veces podían resultar demasiado dolorosos quizá por la agria manera en la que solía exponerlos.

Falmarin iba a fulminar a la hechicera con una aguda réplica pero se quedó con las ganas, cosa que le indignó aún más.
Alexi había llamado la atención de Aranna, instándola a que se acercara.

- Hola, yo soy Alexi. ¿Y tú? -le dijo.

- Soy Aranna -contestó ella inclinándose sobre la barra todo lo que podía.

Ante la sorpresa de la muchacha, Alexi le espetó dos sonoros besos en sendas mejillas.

- Encantado. Esta gente tiene la mala costumbre de no presentarme a nadie, ¿sabes? Oye, ¿tu amigo se va a beber el tapón? -preguntó, señalando a Neithan con el pulgar. A la hora de la invitación le había contado como uno más, por lo que sobraba un cubilete.

- Creo que no.
- ¡Pues me lo bebo yo! -y, acto seguido, se lo encajó entre pecho y espalda-. Bueno, te dejo que tengo que dar una vuelta. Ya sabes, para recoger vasos y eso.

Alexi desapareció por una puerta situada tras el mostrador. A Aranna le llamó la atención la palidez de su rostro. Parecía no haber visto la luz del sol en mucho tiempo.

Los “falúos” seguían pegando saltos al compás de la música. Leuba comenzó a tirar de la manga de Ferdinand, que conversaba animadamente con Brun.

- Un momento, mujer.

- ¡Es que llevas media hora diciéndome eso! -protestó ella.
Ferdinand rodeó la cintura de la chica.

- Está bien. Nosotros nos vamos, Brun.

- De acuerdo -dijo él-. Ya verás como al final encontramos la solución.

- ¡Claro! -dijo Ferdinand con sorna-. A lo mejor descubrimos un tesoro.

La palabra “tesoro” actuó como un resorte en el hobbit, que inmediatamente quiso estar al tanto.

- ¿Tesoro? ¿Qué tesoro? -dijo.

Brun y Ferdinand se echaron a reír.

- ¡Joder, Hathu! Pareces un enano -bromeó Brun.

El hobbit se sobresaltó y automáticamente se llevó las manos a la cara, como si fuese a aparecerle súbitamente una espesa barba. Su amigo captó el gesto, y le dijo condescendiente:

- ¡No, hombre! Lo digo por lo del tesoro. Ya sabes: los enanos, el oro... -intentó explicar Brun.

- ¿Qué? -preguntó el hobbit encogiéndose de hombros.

- Olvídalo, no hay tesoro -concluyó el joven dándole unas palmaditas en la espalda.

Ferdinand y Leuba se tropezaron al salir con Gargund, el hijo del Maestro Herrero, y Warin, guardiana del Templo de las Sacerdotisas de la Misericordiosa y Benevolente Diosa Tharwidean. Aranna se percató de que había cambiado su atuendo de guerrera por otro más apropiado para la ocasión: un hermoso vestido azul con un ceñidor bordado de plata. Un generoso escote remataba la prenda y realzaba la tersura de su piel. Aranna recordó el rollo de seda púrpura. Ahora agradecía a Neithan que hubiese escogido por ella. Se habría sentido como una boya luminosa en medio del mar.

Una vez intercambiados los saludos de rigor, decidieron salir de aquel antro e ir a otro lugar.

- ¿Dónde vamos ahora? -preguntó Aranna a Hathu.

- ¡A “LA DIOSA MADRE” !.*

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*N. de la A.:<i> “LA DIOSA MADRE” era el nombre de la taberna con más éxito de toda Villamarcha. Se llamaba así en memoria del navío de un famoso descubridor -muy devoto, por cierto- que, según cuenta la leyenda, terminó sus días en aquel mismo lugar por no se sabe qué turbio asunto relacionado con un huevo.
 
Comentario:
Es curioso... no sé si las cosas cambian de significado con el tiempo, o si esperan el tiempo preciso para tomar su verdadero significado.

Ná... que la cani siempre termina haciéndome pensar cosas raras. Ya la pillaré, ya...
 
Comentario:
(Dichosas asociaciones de ideas... Nah, que estoy más guapa callada que haciendo conjeturas sobre qué fue primero, si el huevo o la gallina; sobre si fue (o es, si es que es algo, y si no es Todo)Dios o Diosa; sobre las "X" tumbas de Colón; sobre si el bacalao es tan sano como lo pintan... así que, en esta ocasión, no voy a comentar nada a mi trasto. Ya se lo diré...)
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