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Reflexiones de un trasto
Están locos estos humanos
Acerca de
Soy una ballesta, por si no te has puesto las gafas para mirar la foto.
Sindicación
 
Aranna XXV
El troll que vigilaba la puerta tenía cara de pocos amigos. Miró de reojo al grupo y les dejó entrar. Eran clientes fijos los fines de semana, pero la mujer vestida de negro y el fantasma de los ojos verdes le eran desconocidos. Decidió franquearles el paso. Aquella gente nunca había dado problemas.

El local estaba lleno a rebosar, así que echaron delante a Sanghayando para que abriese el camino. Por fin encontraron un sitio cerca de la barra en el que se podía respirar, así que se acomodaron como pudieron. La música era infinitamente mejor que la de “EL BAKALAO FELIZ”, y la gente bailaba, bebía y se divertía. Aranna procuró acomodarse en un rincón donde no la pisaran demasiado, y Neithan comprobó con asombro cómo allí pasaba desapercibido. Como había dicho el hobbit la noche del alumbramiento del nieto del herrero, por allí pululaban multitud de seres extraños. Así que nadie se fijaba en uno más.

La hechicera se dedicó a observar a la gente que había a su alrededor mientras seguía los compases de la melodía con el pie. De repente se dio cuenta de que Brun, Sanghayando y Falmarin sujetaban sus copas con ambas manos y comenzaban a ejecutar un movimiento de rotación, como si removieran el contenido de una gran marmita con un enorme cucharón. Al mismo tiempo, emitían un extraño sonido. Algo así como:

- ¡HuuuuuUUUUUUWWWWWWOOOOOOooooo...!

Gargund y Warin se miraron con complicidad.

Aranna no pudo aguantar su curiosidad.

- ¿Qué hacen? -preguntó a Hathu.

- Es una especie de conjuro “atrapachicas” -contestó él-. Dicen que cuando hacen eso, todas las chicas guapas del lugar sienten unas ganas irreprimibles de pasar por su lado. Entonces ellos sólo tienen que escoger a una y lanzarse a por ella.

- Ya -dijo la muchacha sin dar crédito a lo que estaba oyendo-. ¿Y funciona?

- Por lo visto sí.

Para sorpresa de la hechicera en ese momento pasó frente a ellos un tropel de muchachitas encantadoras, pero al final del pequeño tumulto el único que desapareció fue Brun.

- Nunca viene ninguna de mi tamaño -se quejó Sanghayando.

Aranna se hizo el firme propósito de repasar sus conocimientos sobre Magia Supersticiosa del Pueblo Llano.

- Casualidad -comentó Neithan.

El fracaso del gigante era comprensible. Buscarle una compañera era algo complicado. Pero el elfo también seguía allí, apoyado en la barra. La muchacha interrogó al hobbit sobre este aspecto.

- Falmarin es... un poco raro. Las asusta. Además, cuando el Maestro actúa no hay posibilidad para los demás.

- ¡Ya lo he visto, ya! -corroboró la muchacha con énfasis-. La verdad es que Brun tiene un encanto irresistible.

La Sombra se removió y pareció estirarse ligeramente.

- Claro -se apresuró a añadir Aranna-, que a mí me da igual. Jugamos juntos de pequeños, ¿sabes? Para mí es como un hermano.

- Oye, que yo no he dicho nada -advirtió el hobbit.

- Ya lo sé, pero me gusta dejar las cosas claras -refunfuñó ella.

- ¡Pues hija, qué mosqueos más tontos te pillas! Me voy a pedir algo para beber.

Aranna se quedó mirando la pequeña figura de Hathu mientras conseguía abrirse paso hasta el mostrador. Intentó llamar la atención de la tabernera dando unos saltitos, pero al final tuvo que ser Falmarin quien le consiguiera una jarra de cerveza. La vida de un hobbit se hacía bastante complicada cuando todo estaba pensado para la Gente Grande.

No