Aranna XXIX
A las afueras del pueblo, y frente a una de las vías más transitadas de la zona, se levantaba uno de los focos de información más importante de toda Villamarcha. Los establos públicos albergaban las monturas de los más variopintos personajes. Ango, la mano derecha del dueño de tan lucrativo negocio, era el encargado de recibir a los clientes y de invitarles a una jarra de cerveza o sidra para refrescar las gargantas resecas por el polvo del camino. En ese momento de abandono al que se entregaba agradecido el viajero, Ango desplegaba sus artes para el interrogatorio. Así conseguía enterarse de lo que pasaba en el resto del mundo (conocido) en cuestiones de “relaciones sociales”. Matrimonios de conveniencia, escándalos sexuales... Los cotilleos de Villamarcha estaban bien, pero les faltaba el glamour de la Corte. Entre la gente importante los líos de faldas cobran dimensiones desconocidas. Aunque tampoco despreciaba el enterarse de quién había sido la última damisela víctima de Brun, por ejemplo. O a qué mancebo había conquistado Alexi últimamente.
Después de un duro día de trabajo, Ango cenaba frente a su mujer en la pequeña pero acogedora casita que el propietario había construido para ellos cerca de los establos. Sólo tenía dos habitaciones: el salón y el dormitorio. La primera servía de cocina y comedor, a la que se añadía la función de aula. Norna, mujer inteligente e instruida, enseñaba a leer y a escribir a algunos niños del pueblo, con lo que sacaba algunos Úros extra o, al menos, algún que otro saco de patatas. La otra habitación... bueno, pues eso. Era un dormitorio. No creo que haga falta explicar para qué sirven los dormitorios.
Norna escuchaba divagar a su esposo entre bocado y bocado.
- ¡Y dicen que le curó el hombro al hijo de Smyer Retales cuando se lo sacó de su sitio! ¿Pero sabes qué es lo más interesante?
Norna negó con la cabeza.
- Pues que siempre va acompañada de un fantasma negro que la sigue a todos lados. ¡Imagínate!
Ango estudió el fino y pálido rostro de su esposa buscando una reacción, pero ella se limitó a mirarle enarcando las cejas en un gesto de completa incredulidad.
- ¡Que sí, mujer!
- ¡Y tú vas y te lo crees! –se burló ella.
- Pues claro, me lo ha dicho Ferdinand. Me lo encontré ayer cerca del embarcadero. Además, dice que él la conocía antes de que se fuera de la casa de la Abuela y que siempre había sido un poco rara.
Norna conocía el significado de aquel brillo en los ojos de ave rapaz que la escrutaban desde el caballete imponente de la nariz que los separaba. Había encontrado otra de sus “historias interesantes”.
- ¿Y cómo quieres que sea? Se crió con una vieja chiflada, recuérdalo.
- Eso sí –masculló removiendo con la cuchara los restos del estofado.
- Anda, deja ya de marear las sobras y no le des más vueltas al asunto –le reprendió con fingida severidad mientras retiraba los platos-. Además, ya tendremos oportunidad de conocerla cuando...
El repiquetear de los cascos de caballos al galope interrumpió la frase. Escucharon. Se acercaban a la casa. Ambos se interrogaron con la mirada. Al cabo de un momento golpearon la puerta. Ango se acercó y abrió el pequeño ventanuco que servía de mirilla mientras Norna, recelosa, terminaba de recoger la mesa.
- Son Guardianas del Templo –dijo para tranquilizar a su mujer, y les franqueó la entrada.
- Disculpad que os molestemos a estas horas, señor. ¿Podríais indicarnos el camino hacia el Templo de la Misericordiosa y Benevolente Diosa Tharwidean? –dijo una de ellas.
- Sí, claro. Está en la otra punta del pueblo. Seguid esta calzada y lo encontraréis enseguida –señaló Ango mientras diseccionaba a ambas mujeres con la mirada-. Tal vez queráis hospedar a vuestros caballos en los establos. Es tarde, pero podría hacer una excepción.
- Os lo agradecemos, pero debemos llegar cuanto antes.
Si Ango hubiese podido levantar las orejas, lo habría hecho. ¿A qué venían esas prisas?
- ¿Es que hay algún problema en el Templo? –la pregunta sonó tímida pero anhelante a la vez.
Norna, que escuchaba desde el fondo de la habitación, puso los ojos en blanco. Su esposo había encontrado otro tema en el que centrar su interés.
- Llevamos un mensaje para la Madre Priora –respondió la guardiana-. Ahora, si nos disculpáis, debemos cumplir nuestro encargo. Gracias por la información.
Ango se quedó apoyado en el quicio de la puerta, observándolas volver grupas y enfilar la calzada que cruzaba Villamarcha de punta a punta. Norna había terminado de fregar los platos y los estaba colocando en la alacena.
- Cierra ya la puerta, que hace frío –dijo ella sin volverse.
El encargado de los establos públicos obedeció sin rechistar, pero su mente bullía torturada por la irreprimible curiosidad que lo invadía. ¿Qué sería tan importante como para no poder esperar ni un segundo?
Comentario:
Cotillas... XD
Besazos
Besazos
Comentario:
Está claro que no somos los únicos curiosos ni de éste ni de los otros mundos.
Un besazo trasto.
Un besazo trasto.
Comentario:
Dichosa empatía... me siento cual encargado de establos de Villamarcha.
Besazo, Trasto.
Besazo, Trasto.





