Aranna III
Sanghayando el Grande era uno de los pocos gigantes que quedaban en aquellas tierras. Sus antepasados eran temibles: grandes como montañas y fuertes como... como... Bueno, da lo mismo. Muy, muy fuertes. Pero con el tiempo fueron degenerando hasta llegar a convertirse en lo que era Sanghayando. Medía más de tres metros de altura, y aunque no era muy alto para los de su especie, para un humano normal y corriente parecía enorme. Ni que decir tiene que para un hobbit era algo inmenso. Por regla general su carácter era pacífico y alegre hasta que se mosqueaba, algo común en todos sus congéneres. Hacer enfadar a un gigante era firmar una sentencia de muerte, aunque provocar en él ciertos sentimientos de afecto también supone jugarse la vida si no eres de su mismo tamaño, claro. El caso es que no le dejaron levantar a Aranna del suelo por si se le ocurría estrecharla entre sus brazos.
Fue el propio Karl quien se encargó de llevarla hasta la habitación, en el piso de arriba, sujetándola por la cintura. Detrás de ellos iba el trasgo cargado con los bultos de la hechicera. El bastón le producía un desagradable hormigueo en la palma de la mano y estaba deseando soltarlo. No le gustaba aquella mujer, con sus extrañas ropas y sus trucos de magia. Estaba seguro de que traería complicaciones. De momento ya había recibido dos escobazos de Lara por habérsele quemado el cochinillo, pero aquella terrorífica aparición le había hecho huir como alma que lleva el diablo con el consiguiente abandono del apetitoso asado. Nada más entrar en el cuarto, dejó caer todo lo que llevaba como si le quemara la piel. Karl le envió a calentar agua para llenar una tina situada en el centro de la estancia, y el trasgo casi le agradeció aquella tarea con tal de perderla de vista por un rato.
Aranna se dejó caer en la cama. Se echó hacia atrás y respiró profundamente. Karl se acercó a ella con la intención de ayudarla a desprenderse de sus botas, pero ella se incorporó y, apoyándose con los codos en el lecho, le dijo:
-Te aconsejo que no lo hagas.
-Me parece que te voy a hacer caso -concedió el posadero entre risas-. No quiero que me asustes con otro juego de manos.
Aranna sonrió amargamente.
-Últimamente no he hecho otra cosa. La Magia...
-¡Vamos, Aranna! ¿Después de todo este tiempo me vas a decir que sigues creyendo en esas tonterías?
La hechicera se mordió la lengua para no contestar. La Orden Del Dragón, el Cónclave, incluso la guerra contra la Oscuridad carecían de sentido en aquel lugar. El campo de batalla quedaba muy lejos, y nadie era capaz de imaginar que un día estuvo a punto de no amanecer.
-¿Sabes, Karl? Ojalá nunca tengas que darme la razón.
-No pienso hacerlo, créeme.
Brun, Hathu, Sanghayando, Ferdinand y Leuba eran los únicos clientes que quedaban en el “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN”. Habían vuelto a sentarse en la mesa del fondo y esperaban el regreso de Karl para preguntarle por la recién llegada, pero éste se retrasaba. El hobbit vio la figura menuda del trasgo dirigirse hacia la escalera con dos cubos humeantes y, sin pensárselo dos veces, le cortó el paso en el primer escalón.
-¡Hola! ¿Dónde vas tan cargado? -le preguntó.
-Mi amo dice que Prajt llevo agua caliente a mujer -respondió el trasgo con la voz más desagradable del mundo-, y si Prajt no prisa amo castiga.
La criatura hizo ademán de esquivar a Hathu, pero éste agarró los dos cubos y se los arrebató de las manos.
-Deja, yo los subiré y le diré a tu amo que no te castigue -dijo mientras comenzaba a ascender.
Prajt le dedicó una mirada asesina, pero por otra parte se sintió aliviado al no tener que encontrarse de nuevo con “ella”.
Karl preparaba los utensilios para el baño cuando vio aparecer por la puerta entreabierta la cabeza sonriente del hobbit. Aranna, ya más repuesta, revisaba su equipaje en busca de algo medio limpio para ponerse.
-¿Se puede? -preguntó el hobbit-. Traigo agua caliente.
-Pasa Hathu -respondió Aranna-. Y bonita excusa para colarse en mi cuarto.
Hathu se sonrojó hasta las orejas.
-Ya, pero es que me muero por saber cómo hiciste el truco de antes. ¿Sabes magia? ¿Y dónde está el lobo? ¿Cómo...?
-¡Si me pongo a contestarte ahora me tendré que bañar en agua fría, Señor Preguntón! -dijo ella con una sonrisa. Se fue hacia él y le dio un abrazo-. Me alegro de estar de nuevo entre vosotros.
-¡Y más que lo vas a estar! Los demás dicen que no se marcharán hasta que bajes.
-Pues será mejor que me dé prisa. Gracias a los dos por todo.
-Te llevaré la cena a su mesa -dijo el posadero mientras arrastraba al hobbit fuera de la habitación.
La puerta se cerró y se hizo el silencio. En ese momento, Aranna se dio cuenta de que aquel siniestro espectro que nunca se separaba de ella había desaparecido. Miró a su alrededor buscándolo. Se preguntó si habría logrado librarse de él con el truco de las mariposas, pero no. Era demasiado sencillo para terminar con un ser tan poderoso. Se concentró unos instantes y percibió su presencia, pero no podía ubicarla exactamente. Decidió aprovechar aquellos momentos de intimidad para disfrutar del deseado baño y comenzó a desnudarse.
Fuera, en el pasillo, lo que parecía ser una sombra humana en tres dimensiones montaba guardia.
Fue el propio Karl quien se encargó de llevarla hasta la habitación, en el piso de arriba, sujetándola por la cintura. Detrás de ellos iba el trasgo cargado con los bultos de la hechicera. El bastón le producía un desagradable hormigueo en la palma de la mano y estaba deseando soltarlo. No le gustaba aquella mujer, con sus extrañas ropas y sus trucos de magia. Estaba seguro de que traería complicaciones. De momento ya había recibido dos escobazos de Lara por habérsele quemado el cochinillo, pero aquella terrorífica aparición le había hecho huir como alma que lleva el diablo con el consiguiente abandono del apetitoso asado. Nada más entrar en el cuarto, dejó caer todo lo que llevaba como si le quemara la piel. Karl le envió a calentar agua para llenar una tina situada en el centro de la estancia, y el trasgo casi le agradeció aquella tarea con tal de perderla de vista por un rato.
Aranna se dejó caer en la cama. Se echó hacia atrás y respiró profundamente. Karl se acercó a ella con la intención de ayudarla a desprenderse de sus botas, pero ella se incorporó y, apoyándose con los codos en el lecho, le dijo:
-Te aconsejo que no lo hagas.
-Me parece que te voy a hacer caso -concedió el posadero entre risas-. No quiero que me asustes con otro juego de manos.
Aranna sonrió amargamente.
-Últimamente no he hecho otra cosa. La Magia...
-¡Vamos, Aranna! ¿Después de todo este tiempo me vas a decir que sigues creyendo en esas tonterías?
La hechicera se mordió la lengua para no contestar. La Orden Del Dragón, el Cónclave, incluso la guerra contra la Oscuridad carecían de sentido en aquel lugar. El campo de batalla quedaba muy lejos, y nadie era capaz de imaginar que un día estuvo a punto de no amanecer.
-¿Sabes, Karl? Ojalá nunca tengas que darme la razón.
-No pienso hacerlo, créeme.
Brun, Hathu, Sanghayando, Ferdinand y Leuba eran los únicos clientes que quedaban en el “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN”. Habían vuelto a sentarse en la mesa del fondo y esperaban el regreso de Karl para preguntarle por la recién llegada, pero éste se retrasaba. El hobbit vio la figura menuda del trasgo dirigirse hacia la escalera con dos cubos humeantes y, sin pensárselo dos veces, le cortó el paso en el primer escalón.
-¡Hola! ¿Dónde vas tan cargado? -le preguntó.
-Mi amo dice que Prajt llevo agua caliente a mujer -respondió el trasgo con la voz más desagradable del mundo-, y si Prajt no prisa amo castiga.
La criatura hizo ademán de esquivar a Hathu, pero éste agarró los dos cubos y se los arrebató de las manos.
-Deja, yo los subiré y le diré a tu amo que no te castigue -dijo mientras comenzaba a ascender.
Prajt le dedicó una mirada asesina, pero por otra parte se sintió aliviado al no tener que encontrarse de nuevo con “ella”.
Karl preparaba los utensilios para el baño cuando vio aparecer por la puerta entreabierta la cabeza sonriente del hobbit. Aranna, ya más repuesta, revisaba su equipaje en busca de algo medio limpio para ponerse.
-¿Se puede? -preguntó el hobbit-. Traigo agua caliente.
-Pasa Hathu -respondió Aranna-. Y bonita excusa para colarse en mi cuarto.
Hathu se sonrojó hasta las orejas.
-Ya, pero es que me muero por saber cómo hiciste el truco de antes. ¿Sabes magia? ¿Y dónde está el lobo? ¿Cómo...?
-¡Si me pongo a contestarte ahora me tendré que bañar en agua fría, Señor Preguntón! -dijo ella con una sonrisa. Se fue hacia él y le dio un abrazo-. Me alegro de estar de nuevo entre vosotros.
-¡Y más que lo vas a estar! Los demás dicen que no se marcharán hasta que bajes.
-Pues será mejor que me dé prisa. Gracias a los dos por todo.
-Te llevaré la cena a su mesa -dijo el posadero mientras arrastraba al hobbit fuera de la habitación.
La puerta se cerró y se hizo el silencio. En ese momento, Aranna se dio cuenta de que aquel siniestro espectro que nunca se separaba de ella había desaparecido. Miró a su alrededor buscándolo. Se preguntó si habría logrado librarse de él con el truco de las mariposas, pero no. Era demasiado sencillo para terminar con un ser tan poderoso. Se concentró unos instantes y percibió su presencia, pero no podía ubicarla exactamente. Decidió aprovechar aquellos momentos de intimidad para disfrutar del deseado baño y comenzó a desnudarse.
Fuera, en el pasillo, lo que parecía ser una sombra humana en tres dimensiones montaba guardia.
Comentario:
estoy empezando a leer esta historia. De hecho, he viajado hasta viejos reinos con reinas que abdicaron, para encontrar sus orígenes... y merece mucho la pena. Me gusta la idea de la maga con el ente poderoso, fiel y malvado que se vuelve parte de ella. Habrá que seguir leyendo, para acabar entendiendo tus nuevos posts. Un beso!
Comentario:
Aunque hubiera entrado en casa del mismísimo diablo, de allí no me mueve nadie si me ofrece una ducha, una cama limpia, y un desayuno caliente por la mañana con un par de aspirinas para ir a trabajar.
Es fácil engancharse con tu historia, y ademas, mis personajes fantásticos favoritos son siempre los arqueros y los magos (Siempre he creido en la magia y en mi puntería), y a tí te toca un poco de cada, y por cierto, no lo analices, seguramente eres tu que me lees con buenos ojos.
Es fácil engancharse con tu historia, y ademas, mis personajes fantásticos favoritos son siempre los arqueros y los magos (Siempre he creido en la magia y en mi puntería), y a tí te toca un poco de cada, y por cierto, no lo analices, seguramente eres tu que me lees con buenos ojos.
Comentario:
Me alegro muchísimo de que esta historia despierte vuestro interés. Creedme, que yo la estoy disfrutando de nuevo porque la voy releyendo al mismo tiempo que vosotros, después de tanto tiempo.
Mi querida num: En mi opinión, la valía de un ser humano depende en gran medida de la capacidad que tenga de mantener su palabra. Incluso en las cosas más sencillas y menos importantes. Yo lo intento ;o)
Mi estimado NiBuenoNiMalo: Espero que no te hayas equivocado de puerta y te hayas encontrado una bruja en paños menores y con muy malas pulgas en esa posada! JAJAJA!! Tus comentarios son siempre bienvenidos, y también tienen un algo que engancha... Tendré que analizar el asunto.
Besos para los dos.
Mi querida num: En mi opinión, la valía de un ser humano depende en gran medida de la capacidad que tenga de mantener su palabra. Incluso en las cosas más sencillas y menos importantes. Yo lo intento ;o)
Mi estimado NiBuenoNiMalo: Espero que no te hayas equivocado de puerta y te hayas encontrado una bruja en paños menores y con muy malas pulgas en esa posada! JAJAJA!! Tus comentarios son siempre bienvenidos, y también tienen un algo que engancha... Tendré que analizar el asunto.
Besos para los dos.
Comentario:
Si yo sé que el agua con azucar no es la única pócima que conoces. Pero no es necesario ningún conjuro para engancharnos.
Hoy mi posada está nublada y movida por el licor, así que aprovecharé que encontré el cerrojo de la puerta para entrar y descansar mis cansados huesos. Mañana prometo leer de nuevo la droga de tu relato y con la calma que viene despues de la tempestad volveré a importunarte con mis humildes comentarios.
Un histamínico beso, mi querida ballesta...
Hoy mi posada está nublada y movida por el licor, así que aprovecharé que encontré el cerrojo de la puerta para entrar y descansar mis cansados huesos. Mañana prometo leer de nuevo la droga de tu relato y con la calma que viene despues de la tempestad volveré a importunarte con mis humildes comentarios.
Un histamínico beso, mi querida ballesta...
Comentario:
Me gusta la gente de palabra. Tú la tienes, la das, y la cumples. Sólo esa certeza me tranquiliza al pensar en la más que posible pulmonía que iba a pillar la pobre ( lo que la faltaba! ), si te descuidaras en continuar con las dosis de Arannamicina prometidas.
Por eso dormiré tranquila ( todo lo tranquila que pueda después de desenterrar el fantasma de las sombra sólidas ).
Gracias, corazón.
Un besazo.
Por eso dormiré tranquila ( todo lo tranquila que pueda después de desenterrar el fantasma de las sombra sólidas ).
Gracias, corazón.
Un besazo.





