Porque sueño…
Espero la noche para envolverme en terciopelo. Taparme hasta el último milímetro, cubrirme la cabeza y los sentidos con la suavidad negra y cálida que amortigua los sonidos y las inclemencias. La espero ansiosamente, mientras terminan las prisas, las voces cansadas al final de la jornada. Y con ellas me voy acabando yo también, para terminar vacía de todo y parar de morir sólo por un momento.
El manto está roto, el terciopelo hendido por lo más ridículo del mundo. El silencio violado por el sonido atronador de la moto de las tres cuarenta y cinco. Les molesta el silencio. Les asusta, diría yo. Me hiere los oídos y mi ira crece y decrece en una oleada de impotencia y frustración. Ahora soy yo quien se asusta por dar cabida a esa ira en un pecho que intenta respirar acompasadamente.
Mi carne y mi sangre son meras interferencias. Mis sentidos, un ancla que me encadena al cieno del fondo. Flotar al pairo, quizá hinchar las velas de aire de otro mundo…
La televisión, los comentarios, compartir a la fuerza. No hay más espacio, al menos aquí fuera. Tironean, me resisto. Me aferro con uñas y dientes pero no consigo más que desgarrar el terciopelo que al final cae a mis pies, vencido.
A ti, forastero… gracias.

Comentario:
Dulces sueños trastillo. Si quieres te arropo, o te susurro una nana, o simplemente te miro desde mi ventana mientras el sueño venga a llamar a tu cama...
Un beso... Y grácias a ti siempre por dejarnos mirar tus sueños.
Un beso... Y grácias a ti siempre por dejarnos mirar tus sueños.





