Aranna XXXII
La posada de Karl hervía de actividad aquel viernes. Incluso había dos huéspedes en las habitaciones de arriba. El fuego de la chimenea ardía alegremente y la mayoría de las mesas estaban ocupadas. Aquel había sido un buen año para Villamarcha. La pesca era abundante, el comercio floreciente y los campos habían sido generosos. El invierno no les había cogido por sorpresa, y quien más y quien menos tenían sus necesidades cubiertas.
Arenisca había decidido salir aquella noche después de media hora de súplicas por parte de Trágala. A Arenisca no le gustaba el “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN” ni la gente que solía frecuentarlo, pero estaba dispuesta a hacer un sacrificio por su amiga.
Formaban una extraña pareja. Arenisca era una de las pocas mujeres de la raza de los Enanos que quedaban en la comarca.
Principalmente eran un pueblo vinculado a las montañas, algo que no abundaba por aquellas tierras. En su interior construían, o mejor dicho, esculpían sus enormes palacios subterráneos con inmensas salas y kilométricos pasillos. A pesar de que muy pocos superaban el metro cincuenta, tenían especial predilección por los techos altos.
Trágala era humana y bastante bárbara. No, no es que fuese por ahí arrancando cabezas, sino que cuando alguien la miraba solía pensar: esta chica es bárbara. ¿Que qué era lo que inducía a la gente a tener este extraño concepto? Quizá podría deberse a su atuendo, principalmente compuesto de cuero negro. Todo el mundo coincidía en que una fusta y unas botas de tacón de aguja serían los complementos ideales junto con un buen par de grilletes.
Iban de camino hacia la posada cuando una voz llamó su atención. Arenisca buscó instintivamente el mango de su hacha de doble hoja, pero su mano se cerró sobre la empuñadura de una larga y mortífera daga. El hacha le había parecido excesiva para acudir a una reunión de amigos, pero aún así echaba de menos su peso colgando de la cadera. Trágala llevaba una espada al cinto, pero no la tanteó. Había reconocido la voz de Musolette que caminaba hacia ellas con aire desenvuelto, con la larga y rizada melena ondeando al viento y la falda del vestido sujeta con una mano. Con la otra remolcaba a un rubio galán envuelto en terciopelo granate. Una vez hechos los saludos de rigor, entraron todos al “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN”.
Arenisca había decidido salir aquella noche después de media hora de súplicas por parte de Trágala. A Arenisca no le gustaba el “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN” ni la gente que solía frecuentarlo, pero estaba dispuesta a hacer un sacrificio por su amiga.
Formaban una extraña pareja. Arenisca era una de las pocas mujeres de la raza de los Enanos que quedaban en la comarca.
Principalmente eran un pueblo vinculado a las montañas, algo que no abundaba por aquellas tierras. En su interior construían, o mejor dicho, esculpían sus enormes palacios subterráneos con inmensas salas y kilométricos pasillos. A pesar de que muy pocos superaban el metro cincuenta, tenían especial predilección por los techos altos.
Trágala era humana y bastante bárbara. No, no es que fuese por ahí arrancando cabezas, sino que cuando alguien la miraba solía pensar: esta chica es bárbara. ¿Que qué era lo que inducía a la gente a tener este extraño concepto? Quizá podría deberse a su atuendo, principalmente compuesto de cuero negro. Todo el mundo coincidía en que una fusta y unas botas de tacón de aguja serían los complementos ideales junto con un buen par de grilletes.
Iban de camino hacia la posada cuando una voz llamó su atención. Arenisca buscó instintivamente el mango de su hacha de doble hoja, pero su mano se cerró sobre la empuñadura de una larga y mortífera daga. El hacha le había parecido excesiva para acudir a una reunión de amigos, pero aún así echaba de menos su peso colgando de la cadera. Trágala llevaba una espada al cinto, pero no la tanteó. Había reconocido la voz de Musolette que caminaba hacia ellas con aire desenvuelto, con la larga y rizada melena ondeando al viento y la falda del vestido sujeta con una mano. Con la otra remolcaba a un rubio galán envuelto en terciopelo granate. Una vez hechos los saludos de rigor, entraron todos al “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN”.
Comentario:
Será un placer. :o)
Saludos del trasto.
Saludos del trasto.
Comentario:
Hola,
He estado leyendo tu blog y creo que podriamos enlazar el tuyo con el mio. Si quieres visitalo y si te interesa envíame un correo o deja un comentario y nos enlazamos.
saludos!!
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