Aranna XXXIII
La posada estaba en todo lo suyo. El fuego ardía en la gran chimenea al constante cuidado de Prajt, y Karl y Lara se afanaban en atender a los clientes. En la mesa del fondo, como de costumbre, un grupo bastante escandaloso berreaba una canción de moral dudosa:
- De agujeritos, ¡qué, qué!, de agujeritos...
La voz de Sanghayando el Grande resonaba por encima de las de sus compañeros de juerga, y se habría lanzado a la ejecución del baile típico correspondiente si no hubiese sido porque una hembra de gigante lo miraba sonriendo.
Aranna acompañaba con las palmas porque no se sabía la letra. Al parecer el hobbit tampoco, pero él no se arredraba ante aquel inconveniente y cantaba a voz en grito algo parecido a:
- ...itos, aom...araaaagas de aoojeritos... paque... aaaaches... treeeeeito...
Una ráfaga de aire puro removió el humo concentrado en el salón, tras la cual entraron tres humanos y una enana. Seguidamente se dirigieron hasta la mesa donde se encontraban los individuos más escandalosos del local. Después de los saludos de rigor, se iniciaron las presentaciones. Aranna les fue presentada como una antigua amiga. Ella, a su vez, se encargó de presentar a Lalaith. El grupo de recién llegados se comportó de un modo frío y distante. La hechicera lo achacó a que podían resultar un poco extraños, tanto el hada-gigante como ella misma y su acompañante, así que se dedicó a observar en silencio.
Lalaith parecía haber hecho buenas migas con Sanghayando, que parecía más alegre y dicharachero que nunca. Sus amigos le lanzaban miraditas de complicidad. Aranna se vio volviendo a casa con la única compañía de Neithan.
Karl aprovechaba los momentos de calma para sentarse con ellos y charlar un rato. Odiaba aquel negocio tan esclavo. Sus amigos no tardarían en irse y él tendría que quedarse allí, sirviendo cerveza a individuos de lo más variopinto con infinita paciencia y eterna sonrisa. Algún día se desharía de la posada, pero no lo veía llegar nunca.
Hathu se entretenía pellizcando insistentemente el codo de Musolette mientras Garry, su acompañante, reía la broma ignorante del significado erótico-festivo que tenía aquel gesto para el hobbit.
Ango y su esposa ponían al corriente de todos los chismes ocurridos durante la semana a Ferdinand y Leuba, cosa que Aranna agradecía sobremanera. Nada más llegar, había sido sometida a un exhaustivo interrogatorio por parte del encargado de los establos públicos.
Los demás charlaban animadamente, incluido Falmarin, que parecía haber salido de su habitual estado de abstracción. Aquella noche hacía honor a los de su raza. El resplandor élfico que emanaba de su cuerpo parecía haberse intensificado, lo que llamaba la atención de Aranna. Neithan también parecía haberse dado cuenta y no le perdía de vista. Cualquier concentración anómala de energía le ponía nervioso.
Prajt había sido reclamado en las caballerizas, y allá que se fue rápidamente temeroso de la escoba asesina de Lara, farfullando no sé qué de problemas. A Ango no se le escapó el hecho y volvía la cabeza insistentemente hacia la puerta. A los pocos minutos su curiosidad tuvo la ansiada recompensa. Un caballero entró en la posada envuelto en una amplia capa de color grana. Miró a su alrededor unos instantes y seguidamente se encaminó con paso decidido a la mesa más concurrida de toda la sala. Con un enérgico movimiento de su brazo se echó la capa hacia atrás, dejando al descubierto una armadura tan plateada y resplandeciente que hizo entrecerrar los ojos al personal allí presente, que tampoco perdía detalle. Sobre su pecho un Grifo en rojo, símbolo de la Orden de Caballería a la que pertenecía. Se quitó los guanteletes conforme llegaba junto a sus amigos, a los que fue abrazando uno a uno. Un beso en el dorso de la mano para las damas acompañado de una cortés reverencia.
A Aranna le temblaron las rodillas. Tragó saliva cuando el caballero se acercó para darse a conocer. Era sencillamente perfecto.
- Permitid que me presente, mi señora. Soy Siegfrid del Valle Profundo, caballero de la Orden del Grifo. A vuestro servicio.
La hechicera tuvo que hacer un gran esfuerzo por no salir corriendo. Decididamente aquella vida no era para ella. ¡Un caballero de brillante armadura se acababa de poner a su servicio! Sonrió para sus adentros. Por unos instantes se había sentido una princesita. Pero enseguida recobró la compostura.
- Aranna –se presentó. Lamentablemente no podía decir más, aunque le habría gustado añadir alguna coletilla que la hiciese parecer más importante a los ojos de tan noble presencia.
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Esto apenas es el principio de una historia que aún continúa. A ellos y a vosotros, gracias.
- De agujeritos, ¡qué, qué!, de agujeritos...
La voz de Sanghayando el Grande resonaba por encima de las de sus compañeros de juerga, y se habría lanzado a la ejecución del baile típico correspondiente si no hubiese sido porque una hembra de gigante lo miraba sonriendo.
Aranna acompañaba con las palmas porque no se sabía la letra. Al parecer el hobbit tampoco, pero él no se arredraba ante aquel inconveniente y cantaba a voz en grito algo parecido a:
- ...itos, aom...araaaagas de aoojeritos... paque... aaaaches... treeeeeito...
Una ráfaga de aire puro removió el humo concentrado en el salón, tras la cual entraron tres humanos y una enana. Seguidamente se dirigieron hasta la mesa donde se encontraban los individuos más escandalosos del local. Después de los saludos de rigor, se iniciaron las presentaciones. Aranna les fue presentada como una antigua amiga. Ella, a su vez, se encargó de presentar a Lalaith. El grupo de recién llegados se comportó de un modo frío y distante. La hechicera lo achacó a que podían resultar un poco extraños, tanto el hada-gigante como ella misma y su acompañante, así que se dedicó a observar en silencio.
Lalaith parecía haber hecho buenas migas con Sanghayando, que parecía más alegre y dicharachero que nunca. Sus amigos le lanzaban miraditas de complicidad. Aranna se vio volviendo a casa con la única compañía de Neithan.
Karl aprovechaba los momentos de calma para sentarse con ellos y charlar un rato. Odiaba aquel negocio tan esclavo. Sus amigos no tardarían en irse y él tendría que quedarse allí, sirviendo cerveza a individuos de lo más variopinto con infinita paciencia y eterna sonrisa. Algún día se desharía de la posada, pero no lo veía llegar nunca.
Hathu se entretenía pellizcando insistentemente el codo de Musolette mientras Garry, su acompañante, reía la broma ignorante del significado erótico-festivo que tenía aquel gesto para el hobbit.
Ango y su esposa ponían al corriente de todos los chismes ocurridos durante la semana a Ferdinand y Leuba, cosa que Aranna agradecía sobremanera. Nada más llegar, había sido sometida a un exhaustivo interrogatorio por parte del encargado de los establos públicos.
Los demás charlaban animadamente, incluido Falmarin, que parecía haber salido de su habitual estado de abstracción. Aquella noche hacía honor a los de su raza. El resplandor élfico que emanaba de su cuerpo parecía haberse intensificado, lo que llamaba la atención de Aranna. Neithan también parecía haberse dado cuenta y no le perdía de vista. Cualquier concentración anómala de energía le ponía nervioso.
Prajt había sido reclamado en las caballerizas, y allá que se fue rápidamente temeroso de la escoba asesina de Lara, farfullando no sé qué de problemas. A Ango no se le escapó el hecho y volvía la cabeza insistentemente hacia la puerta. A los pocos minutos su curiosidad tuvo la ansiada recompensa. Un caballero entró en la posada envuelto en una amplia capa de color grana. Miró a su alrededor unos instantes y seguidamente se encaminó con paso decidido a la mesa más concurrida de toda la sala. Con un enérgico movimiento de su brazo se echó la capa hacia atrás, dejando al descubierto una armadura tan plateada y resplandeciente que hizo entrecerrar los ojos al personal allí presente, que tampoco perdía detalle. Sobre su pecho un Grifo en rojo, símbolo de la Orden de Caballería a la que pertenecía. Se quitó los guanteletes conforme llegaba junto a sus amigos, a los que fue abrazando uno a uno. Un beso en el dorso de la mano para las damas acompañado de una cortés reverencia.
A Aranna le temblaron las rodillas. Tragó saliva cuando el caballero se acercó para darse a conocer. Era sencillamente perfecto.
- Permitid que me presente, mi señora. Soy Siegfrid del Valle Profundo, caballero de la Orden del Grifo. A vuestro servicio.
La hechicera tuvo que hacer un gran esfuerzo por no salir corriendo. Decididamente aquella vida no era para ella. ¡Un caballero de brillante armadura se acababa de poner a su servicio! Sonrió para sus adentros. Por unos instantes se había sentido una princesita. Pero enseguida recobró la compostura.
- Aranna –se presentó. Lamentablemente no podía decir más, aunque le habría gustado añadir alguna coletilla que la hiciese parecer más importante a los ojos de tan noble presencia.
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Esto apenas es el principio de una historia que aún continúa. A ellos y a vosotros, gracias.
Comentario:
Día a dia la historia continua. Siempre hay cambios y cosas que contar. Sea cual sea la forma en que lo hagas, a ti grácias.
Un besazo Trastillo... Y otro para la "hechicera".
Un besazo Trastillo... Y otro para la "hechicera".
Comentario:
Jo...
Es lo que tiene: cuando llegas a un grifo con tanta sed... cortan el agua.
Lo he visto, te lo aseguro, el grifo con gotita incluida colgando.
Siempre, todo, continúa, bien seas protagonista o mero espectador. Gracias por hacérnoslo llegar. Ahora, a pensar de nuevo ( venga, estás tardando ).
Besazo, Trasto.
Es lo que tiene: cuando llegas a un grifo con tanta sed... cortan el agua.
Lo he visto, te lo aseguro, el grifo con gotita incluida colgando.
Siempre, todo, continúa, bien seas protagonista o mero espectador. Gracias por hacérnoslo llegar. Ahora, a pensar de nuevo ( venga, estás tardando ).
Besazo, Trasto.





