De cómo se sucedieron los hechos entre el que era mi amo por aquel entonces y un fanfarrón de taberna.
Alardeaba el don juan
de su donaire seguro,
y de escalar dos mil muros
se jactaba el perillán.
Deshacíase en halagos
de sus propias peripecias.
Palabras, por demás, necias
a oídos del parroquiano.
Fue que esta vez yo me hallaba
en brazos de un ballestero,
hombre prudente y somero
que más que hablar, escuchaba.
Aunque la charla tediosa
del don juan filibustero
dolía bajo el sombrero,
para hacer no había otra cosa.
Así que dábamos tregua
al cansancio corporal
aumentando el cerebral
a causa de aquella lengua.
Urdió mi amo una trama
mientras el otro reía,
presumiendo de su hombría
y de su don con las damas.
Marchóse de la posada,
seguímosle sigilosos
por un sendero escabroso
que llevaba a una morada.
¿De quién sería el caserón?
¿De la de cabellos de oro?
¿De la del dulce tesoro
debajo del camisón?
El lenguaraz caballero
encaramóse a la lera,
y subióse a la primera
con movimientos certeros.
Esperamos camuflados
detrás de oportuno seto,
mientras aquél parapeto
ocultaba al espiado.
- Cierto es –pensó mi amo-.
¡No mentía ese rufián,
pues de avezado galán
lleva la estampa ese salto!
Esperamos un instante,
encendiéronse las luces,
y pensamos en las dulces
caricias de los amantes.
Gritos se oyeron entonces
de mujer desaforada,
y de hombre que suplicaba
y lloraba a grandes voces.
Vimos salir otra vez
su cabeza sobre el muro,
pero como estaba oscuro
no distinguimos la tez.
Acto seguido, un rodillo
de los de amasar el pan
salió volando hacia allá
y le dio en el colodrillo.
Cayó el hombre al otro lado,
haciéndose grande daño
a juzgar por los alayos
que pegaba el desdichado.
Salió corriendo mi dueño
temiendo ya por su vida,
que más pequeñas caídas
provocaron grandes duelos.
- ¡Ya te vengo a socorrer!
- ¡Ay! –dijo compungido
el tunante mal herido.-
¡Que en pie no me sé tener!
- ¡Qué tino para escoger!
Qué amante más delicada!
- Anda, no me digas nada…
¡no nos oiga mi mujer!
Que ya has visto qué portento,
qué habilidad prodigiosa
ha cogido la asquerosa
en cuestión de lanzamientos.
de su donaire seguro,
y de escalar dos mil muros
se jactaba el perillán.
Deshacíase en halagos
de sus propias peripecias.
Palabras, por demás, necias
a oídos del parroquiano.
Fue que esta vez yo me hallaba
en brazos de un ballestero,
hombre prudente y somero
que más que hablar, escuchaba.
Aunque la charla tediosa
del don juan filibustero
dolía bajo el sombrero,
para hacer no había otra cosa.
Así que dábamos tregua
al cansancio corporal
aumentando el cerebral
a causa de aquella lengua.
Urdió mi amo una trama
mientras el otro reía,
presumiendo de su hombría
y de su don con las damas.
Marchóse de la posada,
seguímosle sigilosos
por un sendero escabroso
que llevaba a una morada.
¿De quién sería el caserón?
¿De la de cabellos de oro?
¿De la del dulce tesoro
debajo del camisón?
El lenguaraz caballero
encaramóse a la lera,
y subióse a la primera
con movimientos certeros.
Esperamos camuflados
detrás de oportuno seto,
mientras aquél parapeto
ocultaba al espiado.
- Cierto es –pensó mi amo-.
¡No mentía ese rufián,
pues de avezado galán
lleva la estampa ese salto!
Esperamos un instante,
encendiéronse las luces,
y pensamos en las dulces
caricias de los amantes.
Gritos se oyeron entonces
de mujer desaforada,
y de hombre que suplicaba
y lloraba a grandes voces.
Vimos salir otra vez
su cabeza sobre el muro,
pero como estaba oscuro
no distinguimos la tez.
Acto seguido, un rodillo
de los de amasar el pan
salió volando hacia allá
y le dio en el colodrillo.
Cayó el hombre al otro lado,
haciéndose grande daño
a juzgar por los alayos
que pegaba el desdichado.
Salió corriendo mi dueño
temiendo ya por su vida,
que más pequeñas caídas
provocaron grandes duelos.
- ¡Ya te vengo a socorrer!
- ¡Ay! –dijo compungido
el tunante mal herido.-
¡Que en pie no me sé tener!
- ¡Qué tino para escoger!
Qué amante más delicada!
- Anda, no me digas nada…
¡no nos oiga mi mujer!
Que ya has visto qué portento,
qué habilidad prodigiosa
ha cogido la asquerosa
en cuestión de lanzamientos.
Comentario:
Chapeau!.
Moztruos que sois...
Besazos a los dos.
Moztruos que sois...
Besazos a los dos.
Comentario:
no sabia donde dejarte estos cuatro versos mal tirados y al final, aprovechando que el pisuerga pasa por Valladolid, he decidido dejártelos aquí.
Mañanas eternas, madrugadas pálidas,
alboradas teñidas de un azul amargo,
lamentos perdidos, horizonte aciago,
arrecife asesino de las almas cándidas
Navegante anónimo de cabos y jarcias,
devenido en momentos rey del fracaso,
risueño a pesar de vivir el ocaso,
ignorante de todo y maestro de nada.
Negacion de la luz del cielo y de paso
atrapando la vida a dentelladas largas
pecios despreciados,perdidos,hallados,
íntima sensación de tomillos y jaras,
linterna que alumbra rincones opacos,
inmersa en la luz del aura del alma.
santol-javier
Mañanas eternas, madrugadas pálidas,
alboradas teñidas de un azul amargo,
lamentos perdidos, horizonte aciago,
arrecife asesino de las almas cándidas
Navegante anónimo de cabos y jarcias,
devenido en momentos rey del fracaso,
risueño a pesar de vivir el ocaso,
ignorante de todo y maestro de nada.
Negacion de la luz del cielo y de paso
atrapando la vida a dentelladas largas
pecios despreciados,perdidos,hallados,
íntima sensación de tomillos y jaras,
linterna que alumbra rincones opacos,
inmersa en la luz del aura del alma.
santol-javier
Comentario:
como me gusta que sigas
por aquestos derroteros,
de damas y caballeros,
que se acarician la figa.
falta alguna groseria,
digna de palafrenero,
algo de comer las ligas,
o refrotar el plumero.
no se puede pedir todo,
la lírica y el deseo,
lo denredar con los deos,
para.............
sacarse los mokos
jajajajaja
santol-javier
por aquestos derroteros,
de damas y caballeros,
que se acarician la figa.
falta alguna groseria,
digna de palafrenero,
algo de comer las ligas,
o refrotar el plumero.
no se puede pedir todo,
la lírica y el deseo,
lo denredar con los deos,
para.............
sacarse los mokos
jajajajaja
santol-javier





