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Reflexiones de un trasto
Están locos estos humanos
Acerca de
Soy una ballesta, por si no te has puesto las gafas para mirar la foto.
Sindicación
 
Mal Mayor

Cuando era pequeña, mi familia y yo íbamos al Mar Menor a bañarnos. Era una playa ideal para los niños. Te cansabas de caminar antes de que el mar te cubriese. Recuerdo que no me gustaba porque en su fondo había algas, y su tacto me era desagradable en la planta de los pies. Pero el agua cálida y tranquila compensaba aquel inconveniente.

Algas en el Mar Menor. Y caballitos de mar, y berberechos, y cangrejos ermitaños con su concha a cuestas… Me ponía mis gafas de bucear y me zambullía en busca de algún monstruo marino que al final resultaba ser mi hermano agarrándome un pie.

Ahora los monstruos se han vuelto mucho más espantosos de lo que podría haber imaginado en mis juegos de niña. Devoran todo a su paso, emponzoñan el agua y la tierra sin pudor y sin escrúpulos. Y lo peor de todo, están manejados por seres que deberían ser desterrados de la especie humana.

A pesar de que el Mar Menor ha sido dotado de cinco figuras de protección (cuatro de ellas internacionales) como son “Zona de Especial Protección para las Aves” (ZEPA), “Lugar de Importancia Comunitaria” (LIC), “Zona Especialmente Protegida de Interés para el Mediterráneo” (ZEPIM), “Humedal de Importancia Internacional Ramsar” y “Espacio Natural Protegido”, la Comunidad Autónoma junto con algunos ayuntamientos siguen haciendo proyectos que afectan gravemente a este entorno.

Más de lo mismo: Ampliación de los puntos de amarre de embarcaciones deportivas dentro de la laguna, desarrollo de planes urbanísticos en zonas protegidas, creación de campos de Golf eliminando zonas de cultivo y ecosistemas, ampliación de las playas drenando arena del fondo y cargándose las praderas de posidonia, construcción de diques ilegales…

Sin contar con los vertidos de las depuradoras que van a parar a sus aguas, incrementándose en época de vacaciones por el aumento de la población. Y todavía quieren hacer miles de viviendas más. A eso hay que sumar los residuos de las aguas de riego del Campo de Cartagena, cargados de fertilizantes, que son un manjar para nuestras amigas las medusas.

Y para colmo, la Comunidad Autónoma ha ampliado la carretera que atraviesa un parque natural para facilitar el acceso a una nueva marina deportiva y establecimientos comerciales en pleno corazón del Parque, incluyendo un gran hotel en zona de dominio público.

Gente que solía ir a veranear en los sectores más afectados está vendiendo sus casas. Ya no se bañan allí porque sufren erupciones en la piel, y los malos olores y los insectos que acuden hacen cada día más insoportable la estancia. Así que no sé qué pasará con las urbanizaciones y las zonas residenciales. Están pensadas como segundas residencias, principalmente para clientes extranjeros. Según Greenpeace, en los últimos cinco años la Consejería de Obras Públicas de Murcia ha autorizado la construcción de 195.000 viviendas. Una de cada tres nuevas residencias va asociada a un campo de golf. Ahí es nada.

Me da verdadera lástima que nuestro entorno sea cubierto por césped y lagos artificiales. Me entristece ver cómo se enturbian las aguas de este mar singular, mientras se ignoran los gritos de protesta y no se mueve un dedo para poner solución.

Mientras, el Mar Menor se muere.




Playa de Los Urrutias
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