Aranna IV
El respetable dueño del “PRECAUCIÓN, PRECAUCIÓN” fue a limpiar la mesa de sus amigos, pero se lo pensó mejor y se sentó con ellos. Los sábados había mucho trabajo a primera hora y estaba agotado. A esas alturas de la noche, la gente había emigrado a las tabernas que quedaban más cerca de la playa donde seguía bebiendo y bailando hasta el amanecer, al son de músicos enloquecidos que se esforzaban en interpretar al volumen más alto posible los últimos éxitos en cuestión de música popular.
Brun interrogaba a Hathu sobre lo sucedido arriba. El hobbit, más que explicar nada, se deshacía en conjeturas imposibles sobre los últimos años en blanco de Aranna. Hathu vivía en su propio mundo, quizá como sistema de defensa ante el modo de vivir humano donde los Hobbits apenas tenían cabida. El trasiego de aquel pueblo era demasiado para la relajada existencia que las familias Hobbits acostumbraban a llevar, así que la mayoría de ellas emigraron al interior donde abundaban las huertas y todo era más sosegado. Pero algunas se adaptaron y se las arreglaron para sobrevivir entre el bullicio.
Hathu estaba directamente en su salsa. Tenía una facilidad asombrosa para entablar amistad con cualquiera de los seres que le rodeaban, cualidad que compartía con su viejo amigo Brun. Pero lo que Brun conseguía debido a su personalidad carismática, su atractivo físico y un pico de oro, Hathu lo lograba gracias a su simpatía, su ingenuidad -algo muy difícil de encontrar por aquellos pagos- y su encantadora forma de “meter la pata”, fruto de su completa carencia de picardía y de su nula habilidad para captar las palabras con doble sentido. Todo eso, y su tremenda facilidad para sonrojarse, le hacían ser alguien tan sumamente cándido y dulce que se colaba en el corazón de aquel que le conocía. Lo que no excluye que, en determinadas ocasiones, dieran ganas de meterle la cabeza en un cubo de agua. Sobre todo cuando metía la pata.
Brun acababa de adornar su mejor camisa -blanca y de amplias mangas- con una espectacular mancha de vino, cosa que le sucedía bastante a menudo. Karl iba a levantarse para buscar un poco de agua cuando oyeron unos pasos que descendían por la escalera. Si ésta fuera una historia más o menos decente, cuando nuestros amigos hubiesen girado la cabeza se habrían encontrado con una hermosa dama vestida de blanco, con sus brillantes tirabuzones rubios flotándole sobre los hombros y un porte digno de una reina. Pero se tuvieron que conformar con algo menos. Aranna trataba de alisar las arrugas de su túnica verde mientras bajaba. Sus cabellos -de un vulgar color castaño- todavía estaban húmedos y le mojaban la espalda. Un cuervo miraba altanero desde su hombro izquierdo a todos los presentes. Se le ocurrían millones de cosas horribles en las que transformarse, pero su compañera le había hecho prometer que no lo haría, y le pidió que tratara de relajarse.
Un pensamiento surcó los negros entresijos de aquella mente hecha de caos y oscuridad, y dos palabras se formaron para ser transportadas telepáticamente al cerebro de la hechicera:
-“Muy graciosa”.
La verdad es que aquello era como pedirle a la Muerte que se tomara unas vacaciones.
Brun interrogaba a Hathu sobre lo sucedido arriba. El hobbit, más que explicar nada, se deshacía en conjeturas imposibles sobre los últimos años en blanco de Aranna. Hathu vivía en su propio mundo, quizá como sistema de defensa ante el modo de vivir humano donde los Hobbits apenas tenían cabida. El trasiego de aquel pueblo era demasiado para la relajada existencia que las familias Hobbits acostumbraban a llevar, así que la mayoría de ellas emigraron al interior donde abundaban las huertas y todo era más sosegado. Pero algunas se adaptaron y se las arreglaron para sobrevivir entre el bullicio.
Hathu estaba directamente en su salsa. Tenía una facilidad asombrosa para entablar amistad con cualquiera de los seres que le rodeaban, cualidad que compartía con su viejo amigo Brun. Pero lo que Brun conseguía debido a su personalidad carismática, su atractivo físico y un pico de oro, Hathu lo lograba gracias a su simpatía, su ingenuidad -algo muy difícil de encontrar por aquellos pagos- y su encantadora forma de “meter la pata”, fruto de su completa carencia de picardía y de su nula habilidad para captar las palabras con doble sentido. Todo eso, y su tremenda facilidad para sonrojarse, le hacían ser alguien tan sumamente cándido y dulce que se colaba en el corazón de aquel que le conocía. Lo que no excluye que, en determinadas ocasiones, dieran ganas de meterle la cabeza en un cubo de agua. Sobre todo cuando metía la pata.
Brun acababa de adornar su mejor camisa -blanca y de amplias mangas- con una espectacular mancha de vino, cosa que le sucedía bastante a menudo. Karl iba a levantarse para buscar un poco de agua cuando oyeron unos pasos que descendían por la escalera. Si ésta fuera una historia más o menos decente, cuando nuestros amigos hubiesen girado la cabeza se habrían encontrado con una hermosa dama vestida de blanco, con sus brillantes tirabuzones rubios flotándole sobre los hombros y un porte digno de una reina. Pero se tuvieron que conformar con algo menos. Aranna trataba de alisar las arrugas de su túnica verde mientras bajaba. Sus cabellos -de un vulgar color castaño- todavía estaban húmedos y le mojaban la espalda. Un cuervo miraba altanero desde su hombro izquierdo a todos los presentes. Se le ocurrían millones de cosas horribles en las que transformarse, pero su compañera le había hecho prometer que no lo haría, y le pidió que tratara de relajarse.
Un pensamiento surcó los negros entresijos de aquella mente hecha de caos y oscuridad, y dos palabras se formaron para ser transportadas telepáticamente al cerebro de la hechicera:
-“Muy graciosa”.
La verdad es que aquello era como pedirle a la Muerte que se tomara unas vacaciones.
Comentario:
Mi estimado NiBuenoNiMalo: No hay nada que perdonar, al contrario. Te agradezco que hayas contado conmigo para lo del "meme", y que me consideres una de tus blogueros favoritos. De vez en cuando me paso por los blogs de mis "compañeros" de lista y me gusta ver en qué andan.
Gracias por ese lugar privilegiado, junto a a la ventana. Es mucho más agradable que mi alcayata de la pared. JAJAJA!! Como le decía a Num, gracias a vosotros estoy releyendo la historia con nuevos ojos. No te preocupes que poquito a poco iré colgando el resto de la historia hasta donde me quedé.
¡Y por supuesto que te lo permito! Un beso artesano especial para ti. ;o)
Gracias por ese lugar privilegiado, junto a a la ventana. Es mucho más agradable que mi alcayata de la pared. JAJAJA!! Como le decía a Num, gracias a vosotros estoy releyendo la historia con nuevos ojos. No te preocupes que poquito a poco iré colgando el resto de la historia hasta donde me quedé.
¡Y por supuesto que te lo permito! Un beso artesano especial para ti. ;o)
Comentario:
¿Sabes?, lo de ser un poco brujo no es del todo broma, no sé por que pero me imaginaba que tu no contestarias al "meme", pero como dije, no quería obligar a nadie a contestar, sólo dejé latente la curiosidad que tengo por algunos de mis blogueros favoritos, nada mas. (Pero perdona de todas formas).
Ahora, lo de los objetos inanimados no me vale, jaja, que se te nota latir el corazoncito desde aquí. Además, los trastos siempre están en el desván, y yo te tengo en una ventana, como se tiene a las flores que se riegan a diario.
Además, ya nos lo estás contando a tu manera, con el "precaución, precaución", la historia de Aranna, y ese cuervo (Guardián y condena) y quién sabe lo que nos deparará la siguiente entega, jaja.
Aquí estamos impacientes querida Ballesta.
Un beso...si me lo permites.
Ahora, lo de los objetos inanimados no me vale, jaja, que se te nota latir el corazoncito desde aquí. Además, los trastos siempre están en el desván, y yo te tengo en una ventana, como se tiene a las flores que se riegan a diario.
Además, ya nos lo estás contando a tu manera, con el "precaución, precaución", la historia de Aranna, y ese cuervo (Guardián y condena) y quién sabe lo que nos deparará la siguiente entega, jaja.
Aquí estamos impacientes querida Ballesta.
Un beso...si me lo permites.
Comentario:
Lo más interesante de esto, para mí, es leer la historia a traves de ojos ajenos.
Respecto a la canción del verano... me temo que la decencia, como tú dices, también se toma sus vacaciones. JAJAJA!! Qué bueno cuando llega septiembre.
Me alegro de que te haya gustado. Un beso, micaniwapa.
Respecto a la canción del verano... me temo que la decencia, como tú dices, también se toma sus vacaciones. JAJAJA!! Qué bueno cuando llega septiembre.
Me alegro de que te haya gustado. Un beso, micaniwapa.
Comentario:
Resultará que estas cosas pasan ( porque pasan, no me cabe duda ) por escuchar "la canción del verano". Yo la he pedido, y he pedido, durante 41 años que se vaya de vacaciones pero... ahí sigue, y seguirá hasta que, con o sin cuervo, la decencia se instale entre nosotros.
( Y como de La Verdad no sabemos nada, seguiremos enjugando sangre sudor y lágrimas con el pañuelo de la deprimencia )
De las entregas de esta historia que has hecho hasta ahora, ésta es la que más me ha gustado.
Gracias.
Un besazo, Trasto.
( Y como de La Verdad no sabemos nada, seguiremos enjugando sangre sudor y lágrimas con el pañuelo de la deprimencia )
De las entregas de esta historia que has hecho hasta ahora, ésta es la que más me ha gustado.
Gracias.
Un besazo, Trasto.





