Reflexión a regañadientes
Sé que llevo tiempo sin asomar por aquí. No me he olvidado de mi pequeño rincón, ni he dejado de reflexionar. ¡Qué más quisiera yo!
Es sólo que, intentando buscar un tema, termino cansada de hacer slalom entre cascotes y cadáveres. Así que me rindo y lo voy dejando para otro día. Me vuelvo a asomar a la ventana que me muestra el mundo y sigo viendo lo mismo.
Cascotes de vidas reducidas a escombros.
Cadáveres cubiertos de glorias efímeras, que sirven de alimento a los carroñeros y aún a los que se alimentan de sus sobras.
Cambio mi ángulo de visión.
Otra vez lo mismo, pero esta vez de forma literal. La Muerte hace su trabajo eficazmente, pero no es ella quien decide dónde ni a quién dar el golpe de gracia.
Cierro los ojos ante eso. La visión me dura lo que a los seres humanos: un segundo.
Justo lo que se tarda en accionar el mando a distancia. Una buena dosis de publicidad y todo vuelve a su cauce.
Desaparecen los asesinos jactanciosos, las víctimas de la implacable Naturaleza, las miserias cotidianas convertidas en testimonios sobre avaricias, rencores y envidias.
Todo desaparece entre lucecitas doradas y mensajes de paz envueltos en papel de regalo.
No sirve de nada desgañitarse intentando que oigan. El hilo musical del centro comercial ahoga cualquier palabra que no encaje en el entrañable ambiente, y los sordos voluntarios avanzan felices con su minusvalía.
De todas formas tampoco sabría qué decirles. Y aunque lo supiese, dudo que pudiese servir de algo. Así que sigo observando y reflexionando. Quizá a mí sí me pueda ser útil a la hora de decidir qué hago con la parte infinitesimal del Cosmos que me corresponde.
Es sólo que, intentando buscar un tema, termino cansada de hacer slalom entre cascotes y cadáveres. Así que me rindo y lo voy dejando para otro día. Me vuelvo a asomar a la ventana que me muestra el mundo y sigo viendo lo mismo.
Cascotes de vidas reducidas a escombros.
Cadáveres cubiertos de glorias efímeras, que sirven de alimento a los carroñeros y aún a los que se alimentan de sus sobras.
Cambio mi ángulo de visión.
Otra vez lo mismo, pero esta vez de forma literal. La Muerte hace su trabajo eficazmente, pero no es ella quien decide dónde ni a quién dar el golpe de gracia.
Cierro los ojos ante eso. La visión me dura lo que a los seres humanos: un segundo.
Justo lo que se tarda en accionar el mando a distancia. Una buena dosis de publicidad y todo vuelve a su cauce.
Desaparecen los asesinos jactanciosos, las víctimas de la implacable Naturaleza, las miserias cotidianas convertidas en testimonios sobre avaricias, rencores y envidias.
Todo desaparece entre lucecitas doradas y mensajes de paz envueltos en papel de regalo.
No sirve de nada desgañitarse intentando que oigan. El hilo musical del centro comercial ahoga cualquier palabra que no encaje en el entrañable ambiente, y los sordos voluntarios avanzan felices con su minusvalía.
De todas formas tampoco sabría qué decirles. Y aunque lo supiese, dudo que pudiese servir de algo. Así que sigo observando y reflexionando. Quizá a mí sí me pueda ser útil a la hora de decidir qué hago con la parte infinitesimal del Cosmos que me corresponde.
Comentario:
Yo creo que nos hemos impermeabilizado emocionalmente para que los sufrimientos ajenos no nos afecten mas allá de resultar ligeramente perturbadores y usamos aquello que los medios nos brindan para distraer nuestra conciencia.
Hoy es la navidad, mañana el carnaval, mas tarde la semana santa, etc.
Lo que pasa es que mas de uno ya tenemos suficiente con lo nuestro como para andar adoptando úlceras de estómago por los demás, el " que cada palo aguante su vela" es la letra de nuestro himno...deberían tenerlo en cuenta a la hora de elegir una.
Besos Trasto
Hoy es la navidad, mañana el carnaval, mas tarde la semana santa, etc.
Lo que pasa es que mas de uno ya tenemos suficiente con lo nuestro como para andar adoptando úlceras de estómago por los demás, el " que cada palo aguante su vela" es la letra de nuestro himno...deberían tenerlo en cuenta a la hora de elegir una.
Besos Trasto
Comentario:
... Es que no hay manera de avanzar sin utilizar, en dosis individuales personalizadas, la anestesia que cada cual precisa para conservar la poca consciencia que tengamos, de haberla, y seguir adelante sin que los estímulos externos interfieran en los objetivos propios. Sin olvido y sin presencia, con todo en la memoria desfilando ante lo que, las más de las veces, merece: tu, mi, su, más reverencial indiferencia.
Y a otra cosa.
Besazo, Trasto.
Y a otra cosa.
Besazo, Trasto.





