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El unicornio existe
Aunque encuentre obstáculos
Acerca de
...intento siempre avanzar, guardando una pequeña porción de esperanza y de sueños, aprendiendo de caídas, curándome las heridas, respirando, mirando el mar, reposando, escuchando música, buscando mi sonrisa... aquí espero encontrar también la tuya, que escuches y hables si quieres... que esto no sea sólo mi refugio sino el tuyo... La puerta está abierta...
Sindicación
 
Definitivamente...
Me cambio de blog: el unicornio seguirá existiendo allí.
 
Nuevo año
Cuando vuelva a aparecer (he desaparecido momentaneamente), ya estaremos en el 2006.
Mis mejores deseos y sueños para todos.
Que siempre se tienen que empezar etapas, y el fin de las vacaciones de verano, nuestro cumpleaños (a mí ya me queda menos) y un nuevo años siempre deben darnos fuerzas para continuar y seguir soñando y seguir adelante.
Acabo el año de la mejor forma, en una misma semana he dado rienda suelta a una de mis aficiones favoritas y mi pasión: ir al teatro. Y sabiendo que vuelvo a tener ganas de escribir y que me estoy metiendo poco a poco y de lleno en las que dejé abandonadas hace tiempo. Que quizás, este año, cumpla la ilusión de presentar alguna para ver si resulta que soy buena y puedo verla en un escenario... Parece el cuento de la lechera, pero si uno va con los pies en el suelo y paso a paso, bien firme y segura, y no se para y lucha, todo puede ser realidad.
Al menos, es bonito soñarlo, ¿no?
Acabo el año también, con mi familia, con toda la que tengo, que es poquita, pero es mucha.
Empezaré el año con mis amigas y con los amigos nuevos que se han añadido al grupo.
Acabo y empiezo con ilusión, sabiendo que soy fuerte, que sigo siendo fuerte y que estoy aquí.
Como todos vosotros.
Besos. Y feliz año.
 
Una va buscando sueños...


... Una va buscando sueños. Los sueños olvidados. Los sueños perdidos y eternamente recordados. Sueños viejos. Y sueños nuevos.

Pero, al despertar, se escapan. O esa voz te dice que lograrlos no es tan fácil como cuando dormías... Te miras en el espejo, a tu espejo. Sólo ves tu pasado. Los sueños perdidos. Todo lo que no has vivido. Los fracasos, las frustraciones... Tus lágrimas. Tu soledad. Los recuerdos. Los amigos anclados. Los sentimientos y emociones que añoras... Las risas, las confidencias, las miradas... Los silencios... El sonido lejano de otros mundos: aquéllos que dejaste atrás.
Y ves al conejo blanco al otro lado. Lo ves, mirando el reloj oscilando delante de ti, corre desesperadamente, porque llega tarde. Siempre llega tarde... Se detiene ante ti y sonríe. Se ríe... Los años perdidos... Añoras eso porque te parece tarde. Y el conejo blanco vuelve a correr, tiene demasiada prisa, está impaciente, siempre cree en el fondo que no llegará...

Te recuestas en la cama, cierras los ojos...Es bonito volar. Es bonito ser. Pero el sueño, ¡cuesta tanto hacerlo realidad! Lo intentas, buscando ese sueño, esos sueños.

Sólo el tiempo, el real, el que pasa deprisa y a veces tan lento, el que vivimos, te ofrece la imagen real de ese sueño. El futuro que será presente y, posiblemente, te da más sueño.
Volar, soñar, ser lo que quieras, cómo quieras, cuándo quieras. ¡Es tan fácil!
Vivir, a veces, parece acercarse a la palabra imposible.
Despiertas y de nuevo estás frente al espejo.Te miras. Al otro lado, el conejo blanco te muestra tu reloj, parece amenazarte, observas su movimiento como el de un péndulo, observas cómo sus manecillas se mueven sin cesar, como cada paso hacia delante parece alejarte cada vez más de la vida, de tus sueños, de tus anhelos, deseos, esperanzas... Pero sonríes. Llegarás.

Y una va buscando sueños...

Y caminando por el boulevar de los sueños rotos.
 
FELIZ NAVIDAD
Que es lo que hay en estas fechas, a pesar de todo. Desde aquí, mi felicitación navideña.
A veces, cuesta recordar que hay que tener esperanza y que hay que creer y luchar por los sueños. Creo que más allá de otros significados, Navidad siempre significará esperanza. No dejes de creer que algo es posible, no dejes de luchar por conseguir lo que quieres, no te hundas, sonríe y busca tu presente.




Busca en el cielo tu estrella
Síguela donde quiera que te lleve...
y busca cualquier momento,
cualquier excusa para empezar de nuevo...
o para seguir haciendo el camino...


Tras el sonido de una campana.
A los pies de un árbol. En un pesebre.


Encuentras tu regalo:

ESPERANZA.
 
No hay voz.
He establecido este paréntesis porque lo creía necesario. No quiero herir sensibilidades, pero es una realidad que existe. No quiero aguar la fiesta a nadie: Ante todo, considero que hay que vivir cada uno su propia vida, pero pensar en uno mismo o luchar por por ser feliz y conseguir los sueños, no significa mirar a otro lado, ignorar o no darle importancia.



Esto sólo es un miserable susuro que, al menos, permanecerá aquí mientras continúe con este blog. Después de los hechos terribles de los que tuvimos noticia a principios de semana, hecho que indigna al menos internamente, veía mi post navideño como algo vacío y demasiado repentino.
Es la realidad que golpeó salvajemente, en forma de violencia, en forma de falta de valores, en forma de miseria, de abandono y soledad, de enajenación y dejadez. En forma de indiferencia, también.
Porque todos caminamos por calles donde los mendigos muestran su mano pidiendo dinero. Volvemos de una noche de juerga y vemos en un cajero o a la entrada del metro cerrado o en los bancos de los parques y los vemos durmiendo. El miércoles, al volver de la fiesta de Navidad del casal donde colaboro, dentro del metro había dos discutiendo cuál era el mejor camino de hacer trasbordo. Me pareció divertida tal discusión.
Pero nadie sabe quién se esconde o qué historias se esconden tras esas capas de ropa, mugre, abandono, soledad y, quizás locura. Nadie piensa, nadie recuerda que alguna vez, esas personas quizá nacieron en una familia normal, y hubo amor y mimos, a pesar de estrecheces. O que ni siquieran pueden vivir dignamente porque su precario trabajo a penas les da para sobrevivir diariamente.
Nadie piensa. Y a pesar de la indignación, el horror, y la crueldad: nadie clama. Nadie sale a la calle a manifestarse por la muerte de una pobre indigente sin voz. No hay voces, ni caceloradas, ni pancartas...
No más violencia. No más muerte. No más falta de valores. No más falta de valores y respeto por la vida de los demás.
 
Solas - Carmen Alborch
Un libro de cabecera. Un libro a tener siempre presente en la mente, una vez lo lees, junto a unos pocos más. O, al menos, su idea fundamental y que se expresa al final de la sipnosis que aquí incluyo: vivir sola no es estar sola. Un libro que había estado en mi mente y que saqué de la biblioteca (aunque sé que lo acabaré comprando) para ver si me convencía que mi reciente fracaso, que mi estado de ánimo se podría superar rápidamente. Una primera parte de Historia y una segunda del presente así lo confirman. Fue el intento de buscar consuelo. Lo fue. Y es una lectura imprescindible para conocer y para crecer. Sobre todo, para crecer. Que, a veces, los libros son más que entretenimientos. Y que los libros siempre deberían estar dispuestos a enseñarnos algo. Pues eso: un libro para crecer como mujer y como persona.


"Las mujeres solas no nos conformamos. Vivimos acompañadas mientras nos sentimos queridas, mientras se mantiene el deseo, mientras perduran la complicidad y el respeto. Pero cuando no existe sincronización con nuestra pareja, preferimos estar solas sin resignarnos al desamor. En cualquier caso, no somos militantes de la soledad."

Con estas palabras abre Carmen Alborch su libro sobre la soledad, sobre la plenitud y los sinsabores de una experiencia casi siempre positiva. Desde su vivencia, pero sin olvidar que formamos parte de una cultura y de una historia particular, nos habla de los profundos cambios que han sufrido las mujeres educadas para ser, sobre todo, esposas y madres; de la lucha por salir del anonimato doméstico hacia las esferas públicas; de la buena salud del feminismo y sus protagonistas; del sueño de la equidad; del valor inigualable de la amistad entre mujeres; del dilema de la maternidad; de las relaciones contingentes como alternativa al matrimonio y de la sexualidad de las mujeres solas.
(Una obra diferente que se ha convertido en un gran éxito dentro y fuera de nuestras fronteras. Una obra audaz que rompe estereotipos y que concluye que vivir sola no es estar sola.)
 
Pongamos que hablamos de...
Nada como me alivien desde un post de uno de mis blogs favoritos, La manzana prohibida que Sabina también existe, que sigue vivo, afortunadamente, que sigue siendo capaz de emocionar y de hablar de historias reales cómo las que vivimos cada día, reflejando nuestros sentimientos, haciendo que estos surjan a flor de piel... No hace mucho, ya apostillé al final de uno de mis posts, que en ciertos momentos me iba por los tejados cómo un gato sin dueño... Hace unos meses, puede que fuera el año pasado, escribí este relato en homenaje a alguien a quién admiro. No recuerdo cuándo lo descubrí, seguramente fue gracias a su pirata cojo y a su pacto entre caballeros y desde entonces lo he seguido. Con sus pros y sus contras, yo siempre defenderé a este poeta nacido del pueblo de mi madre, capaz de hacerte amar Madrid, primo del nano (que es nostre) y situándonos al otro lado del espejo. Nos sobran los motivos...



Pues que quiere que le diga... Que si, que ya lo sé, que es una canalla, pero estoy loquita por sus huesos...
No sé cuanto tiempo hace que lo conozco... Puede que poco, puede que mucho. Aunque vivo sin él no sé vivir sin él. ¿Se entiende?
Es difícil, pero la vida lo es. La mía, mucho, la suya aún más.
Siempre llega aquí de noche o de madrugada... Siempre cierra el bar o lo abre. Antes de irse de juerga o después de una noche de borrachera y mujeres.
Que sí, que ya lo sé: es un mujeriego. Que sí, que también: no está enamorado. No, lo ha estado muchas veces, pero de mí no lo está. Pero, ¿quién manda en el corazón?
Pero sí soy su amiga, su única amiga. Me lo dice muchas veces: a pesar de que eres mujer, te considero mi amiga.
Con su voz ronca, rota por el tabaco y las malas noches, que para él no son malas, pero para su cuerpo y su alma posiblemente sí lo son.
Nunca van juntas la palabra mujer y la palabra amiga.

Pues eso: que me llamo Soledad y que nunca me falta su compañía. Que en sus noches de soledad, hastío, abandono soy yo quien le calienta la cama. Y nunca piensa en mí. Pero cada noche o cada madrugada siempre se deja caer por aquí. Y se sienta en la barra, cerquita de mí, sin querer nunca volver a su calle de la melancolía, allí donde siempre ha parecido vivir... donde no habita el olvido porque deja una huella en su colchón y en las paredes de su casa. ¡Ay! que sé que se enfrenta a sí mismo, que frente al espejo o frente a mí, llora y se reprocha y se lamenta, pero siempre acaba siendo él. Y que yo lo único que siento es nostalgia por añorar lo que nunca jamás ha sucedido ni sucederá.
A veces, en mis tardes libres, lo he visto paseando por las calles de su amado Madrid, de mi viejo y gastado Madrid mientras yo siempre me encuentro en el bulevar de los sueños rotos. Sabiendo que para mí no hay noches de boda, pero para él tampoco, no crea. Que es demasiado libre y demasiado independiente, en el fondo, aunque se lamente siempre de que le robaron su mes de abril... No, no piensa en mí, siempre viene y me explica sus historias, somos distintos pero, en el fondo, tan iguales... A mí hace años que también me robaron el mes de abril y como ya no creo que exista no me preocupo... Pero, ¿y qué? yo sigo haciendo y diciendo lo que quiero, que para eso esta boca es mía. Y que nadie se meta, porque mi vida es mía y sólo le pertenece a él, aunque no quiera, aunque no haga nada, aunque esté siempre lejos de mí a pesar de venir todas las noches y quedarse aquí, en la barra, tan cerca de mí.
Que será canalla y será trasnochador y mujeriego y solitario... sí, pero es un hombre y yo una mujer. Y no hacen falta palabras.


Que nunca te roben el mes de abril
que si lo han hecho
que nunca más te lo vuelvan a robar.
Múdate de calle, espera el siguiente tranvía
y cógelo.
No le pidas a la soledad más amistad de la que debe darte.
Y aunque te enfrentes a ti mismo, nunca seas demasiado duro.
Pero sigue, aunque sea de vez en cuando, tus consejos.

 
La metáfora del tren como vida


Si lo pienso bien... mi vida transcurre como un viaje en tren. A veces, alguien sube a mi vagón y me acompaña un trecho; otras, yo me bajo y doy un vistazo demasiado rápido por un paraje desconocido.

Y vuelvo a subir al tren con la sensación de no haber visto nada en realidad, muchas cosas, muy intensas, no parar de un lado a otro.. pero sin captar la esencia, sin descubrir secretos, sin acercarme demasiado a quién habita, sintiendo que sólo he visto fachada, los monumentos, lo que se ve a simple vista... y sentándome de nuevo, mientras el tren vuelve a ponerse en marcha y me alejo de la escena llena de preguntas y de deseos que apago, deseos de quedarme más tiempo en ese lugar que ya se va alejando de mi vista y, pronto, sólo será pasado.

Subo al tren y en mi vagón casi siempre aparecen mis amigas y de vez en cuando, ahora mismo como sombras, los chicos que hemos empezado a conocer. Pero hay días en que, como hoy, hasta ellas se desvanecen. Y yo sigo aquí, mirando por la ventana un paisaje en penumbra que no sé cómo dibujar y pintar.
Encima del asiento los libros que leo a sorbos ("La reina del sur" y "Solas"). Encima de la mesa, los papeles que he sacado del cajón con historias empezadas y no acabadas (relato, alguna novela, una obra de teatro: personajes solitarios enfrentados a situaciones diferentes). Como esas despedidas que llegan con el silencio, sin decir adiós, simplemente callan las voces, ya no suenan los teléfonos, ya nadie te escribe... y tú te dispones en tu tiempo de soledad a mirar por la ventana ese paisaje en penumbras...
 
I will survive
Primero fue el grito. Y luego saltó a la pista. Se convirtió ante los ojos de todos. Se convertía siempre ante los ojos de quienes lo conocían. La persona tímida y tranquila era un torbellino en la pista, moviéndose al ritmo de la música, sin mirar a nadie, disfrutando y riéndose, divertida, bailando con sus amigas y sin fijarse en algunos ojos que la miraban llenos de deseo pero sin atreverse a acercarse. Esa música fue como el pistoletazo de salida hacia una noche más, otra noche en la discoteca, en la que empezaba a bailar y ya no podía parar.
Toda la noche bailando, sintiendo que la música penetraba en su alma y la exorcizaba de demonios, la devolvía a la vida y a la diversión, a la sonrisa que a veces se ocultaba durante semanas, al olvido y a la paz.
Sólo tenía que sonar la música y ante ella: sobrevivía.
 
¿Sabes una cosa, Penélope?
Esto es un rescate... Y algo que creé en algunos de esos momentos en que sentí que dependía demasiado de unos sentimientos... de unos sentimientos hacia alguien que en realidad apenas había tenido cabida en mi realidad... No quiero ser la Penélope de Ulises, ni quiero ser la Penélope de Serrat. Quiero seguir adelante y dejar el lastre, aunque siempre duele perder la costumbre. Pero hay vida, siempre hay vida. Después de estas palabras que escribí, pensé que era un buen punto de partida para una creación... aún está pendiente, aún tendría que perfilar esa creación...

¿Sabes una cosa, Penélope? Por mucho que mires hacia el mar, por mucho que te quedes ahí sentada, por mucho que llores, que ruegues, clames, por muchos silencios… él no volverá. No volverá. O puede que sí, pero ¿cuándo? Deja ya de pensar en él: él no piensa en ti, eso es seguro. Vivirá su vida, la vive lejos, sin ti, con otras. Y tú, deberías dejar de mirar a ese horizonte imposible y vente conmigo. Vámonos y divertámonos. Hay otros hombres ahí, ¿sabes? y están para nosotras. Y nadie, absolutamente nadie merece que tú y yo lloremos.
Si tuviera un hijo y muriera, lloraría. Pero, ¿por un hombre?... Lo hice durante mucho tiempo, durante años, pero un día no quise llorar más. Y me levanté y empecé a vivir cada día, luchando por cerrar heridas y por olvidarme de todas las falsas historias que siempre me inculcaron de pequeña.

Nosotras podemos vivir solas. Y podemos ser felices solas. Yo aprendo eso cada día. Con un hombre, no era feliz, no estaba bien. Sí, puede que haya alguien que sí nos trate bien. Pero, para cuidarnos no necesitamos a nadie. Nos tenemos que cuidar nosotras solas, ¿quién lo va a hacer mejor?

Así que Penélope, deja de mirar ese mar, que tu Ulises no va a volver. Tu Ulises no va a aparecer. Y si aparece, después de tanto tiempo, si pasan años… ¿qué derechos puede tener sobre ti?

¿Te vienes? La noche es joven y nosotras tenemos mucho que vivir todavía.
 
Suspiro resignado





Sentada sobre el muro balanceaba sus pies mientras miraba el agua bajo sus pies y, de vez, en cuando levantaba la cabeza hacia el horizonte en un suspiro resignado.
El viento jugaba con su negro pelo. Sentía ganas de llorar, pero no podía.
Lo oyó a su espalda. Oyó su andar lento y arrastrado, el soplido de su respiración: cómo siempre llegaba cargando lo que un principio le pareció maleta de sueños y papel mágico.
Mirando a sus pies balancéandose bajo las olas, vio cómo él abría el caballete, colocaba el lienzo y abría el maletín. El silencio era el momento que se tomaba para saber qué perspectiva dibujar. El silencio era el momento que se tomaba en recorrer con su mirada la espalda de ella bajo la blusa.
Y luego, el pincel sobre el lienzo… cómo sus blancos dedos sobre la piel morena, frágil e inocente, dulce…dulce como el azúcar.
Lo había visto trabajar muchas veces. Lo observó con curiosidad y detalle la primera vez que él pisó el muelle frente al malecón, con su caballete, su lienzo y sus pinturas y su aire de fascinado y despistado, su torpeza y timidez. Lo observó empezar a trazar líneas incomprensibles y cómo poco a poco la pintura tomaba forma y parecía cobrar vida: más allá de la realidad, en aquél lienzo blanco se dibujó un mundo casi inexistente para ella.
Y sonrió, le sonrió, cuando él le regaló ese cuadro. Sonreía cuando lo veía aparecer y siempre traía algo para ella: comida, caramelos, palabras, caricias. Y aún sonreía, la primera vez que entró por la puerta de la habitación del hotel donde se alojaba…
Creyó que era diferente. Creyó que con su aire de niño tímido y dulce, sería simplemente un buen amigo, alguien que no se comportaría igual que a los demás hombres que siempre se acercaban al malecón o a la calle de su casa en busca de sexo.
Creyó que aquella persona era tan sensible cómo ella. Que sólo venía a pintar. No creyó que él también querría dejar su marca en cada pedazo de su piel: una huella más de su miserable destino.
Mientras ella seguía el recorrido del agua rompiendo en el muro, la fuerza del mar rabiando contra lo que le impedía seguir moviéndose, la furia de quién odia… notó el silencio seco del pincel. El fin. Y las manos sobre sus hombros, las manos en sus pechos, aprisionándolos con fuerza, y la boca sobre su cuello.
Sólo eso y él empezó a recoger sus cosas. Echó a andar y ella le siguió, como siempre a aquélla hora. Sin sonreír. Con la sensación de seguir en el malecón, con los pies balanceándose y el sonido del mar mezclado con los jadeos y el sofoco de los gritos de ella.
Sentada sobre el muro balanceaba sus pies mientras miraba el agua bajo sus pies y, de vez, en cuando levantaba la cabeza hacia el horizonte en un suspiro resignado.
 
Still I'm sad - Yardbirds


See the stars come falling down from the sky,
Gently passing, they kiss your tears when you cry.
See the wind come softly blow your hair from your face,
See the rain hide away in disgrace.

Still I'm sad.

For myself my tears just fall into dust,
Day will dry them, night will find they are lost.
Now I find the wind is blowing time into my heart,
Let the rain fall, for we are apart.

How I'm sad,
How I'm sad,
Oh, how I'm sad.

 
Quedará otoño


Puede que algún día llegue el olvido. Puede que lentamente se aposente en la mente y gane terreno a la memoria y la tristeza, al deseo y al sueño de lo que nunca se podrá lograr.
Puede que un día, mires y ya no veas. Entonces, sabrás que has olvidado.
Y sólo te quedará en el corazón un aire ausente que no sabrás a qué pertenece. Te quedará otoño.
 
Al llegar el día




Con los ojos cerrados, intentaba recordar dónde estaba. Notó un olor ajeno al suyo y oyó una respiración. Sentía la tibieza de los primeros rayos que se escapaba por las rendijas de las persianas y el calor del cuerpo que dormía a su lado. Abrió despacio los ojos, sin moverse, para verlo allí, junto a ella.
El cuerpo deseado, desnudo bajo las sábanas. Su rostro, pegado al suyo. Su mano en su torso, rodeándola. Sintió deseos de besar esa boca que se ofrecía apetecible y apacible ante sus ojos. Y sonrió. Sonrío triste.
Se dio la vuelta y se levantó de la cama, con cuidado. Desnuda, sus pies notaron el frío suelo y anduvieron con un leve sonido sobre las baldosas. Ante la puerta, antes de ir hacia el lavabo, vio el dibujo de su cuerpo bajo aquéllas sábanas.
En el lavabo intentaba recapacitar en lo que había pensado. Intentaba escaparse de la desesperación que comenzaba a embargarle e intentaba retener los recuerdos de pasión de la noche de sexo vivida junto al hombre que siempre había permanecido ajeno a sus sentimientos.
Sintió el calor recorriéndole el cuerpo. Quería volver a revivir esa noche. Quería en ese momento y querría después. Querría durante un tiempo imposible de definir.
Volvió, aterida de frío, a la habitación y a refugiarse bajo las sábanas que conservaban la calidez, a buscar el cuerpo caliente que la amparó y la empezó a llenar de besos, de miradas furtivas, de manos que empezaban a tocar cada parte de su cuerpo, de la lengua que recorría su boca y bajó por su cuello, parándose en sus pechos. La boca y la lengua, juguetonas, con sus pezones, sus dientes mordiendo, la lengua lamiendo, la boca mamanda y ella retorciéndose en un extásis de placer, tiritando del placer infinito sintiendo húmeda su vagina.
Ella agarrando el pene, jugando con él, llevándolo a su boca, disfrutando de su sabor y su tacto, lamiéndolo y besándolo dulce. Sintiéndose única en un juego, sin contemplar la cara extasiada de él que gemía de placer.
Y el abrazo, el fuerte abrazo, las piernas de ella intentando rodear la amplia espalda de él. Sus brazos y sus manos recorriendo la espalda, buscando el culo, sintiendo su pene dentro de ella, los movimientos, jugar al mismo movimiento, jugar a distintos y a diferentes velocidades. A quedarse un rato, jadeando y pegados, sintiéndose unidos. Y volviendo al juego, al empuje y al movimiento de nuevo.
Hasta llegar al final. Hasta recogerse en su pecho y sentir las dulces caricias de él. Y sentir su olor y su cuerpo, su respiración. Saber, orgullosa, que durante esa noche había sido suya. Sólo suya.
Entonces, sonó el teléfono. Y él la miró con infinita tristeza. Volvieron a la realidad. Se miraron y el la besó dulce y largamente y la abrazó y la estrechó contra si con más fuerza. El teléfono seguía llamando. Y él se levantó con desgana a contestar.
Ella se quedó allí, tumbada en la cama, con la sensación de olvido y de fracaso, de abandono y de tristeza. Se quedó allí, mientras todo le daba vueltas. Las dudas y las mentiras. Lo logrado y lo perdido en un mismo momento. Su decisión de vivir esa noche junto a un imposible. Las sonrisas y las palabras.
No quiso que pasara más el tiempo sin poder disfrutar de ese cuerpo, sin que su cuerpo gozara con el del otro.
Pero la mañana había llegado. El teléfono había sonado. Y ella dejó que mientras oía las palabras lejanas hablando, las lágrimas fueran brotando sin poderlas contener.
La imagen de él la vislumbró de pie ante la puerta, borrosa y tuvo miedo de perderla para siempre.
 
Reflexión final


Expresé un deseo el 25 de julio, cuando apenas sí hacía tres o cuatro días que lo conocí por primera vez. Preguntándome si estaba ante el inicio de algo y experimentando durante agosto un inexplicable silencio. Aceptando las palabras cuando corté el silencio para saber, en septiembre, acabado ya el verano. Con la sensación de no entender y sólo aceptar unas palabras que desconciertan. Cuando me habló, en ese momento, no sabía si habría algo más. Me habló y yo hubiera dejado que pasaran los días, arrastrando una nueva frustración y siguiendo adelante, olvidándome de su existencia. Pero, por alguna extraña razón, él fue persistente, porque se puso en contacto y volvió a aparecer. Siguió apareciendo en mi vida, cada semana. En ese momento, pensaba, creía que sí era posible ser sólo amigos, algo que él me ofrecía.
Octubre se ha depositado y ha acabado llenándome de una mezcla de sentimientos que, es posible, permanezcan durante un tiempo más, aunque los guarde en lo más hondo de mi corazón, en aquél lugar adonde sólo acudiré al oir alguna canción, alguna frase o cuando vuelva a enfrentarme, de nuevo, a alguna otra oportunidad y con ella, surja el miedo a repetir, a volver al círculo, a perder el equilibrio y caer.
Intentamos ser amigos, intenté creer que podíamos sólo ser amigos, pero conocerlo más, estar y sentirme cerca de él, sentirlo sólo mío y para mí en los momentos en que nos encontramos hizo que me gustara más, que me “enamorara” o creyera estarlo. Ahora, no sé si estaba o estoy enamorada o sólo he querido creerlo. Pero no niego ni negaré que me gustó, que ahora aún me puede gustar…Sentí celos la noche que no paró de hablar de una de mis amigas, a pesar de que él me acaparó y jugaba a un doble juego, creo. No darme espacio, no acercarse a mi amiga, pese a que hubiera podido, hablarme cerca, rodearme por la cintura, en algún momento, cogerme la mano, quizás confundí gestos. Pero sentí celos, porque sabía que la chica en la que se había fijado, no era para él, ella nunca se fijaría. Sentí celos cuando días después me preguntó si yo les prepararía una cita, aunque yo ya sabía que la respuesta era que no, porque ella no estaba interesada, simplemente. Y sentí ganas de escapar. Y sólo podía pensar, aunque en realidad, ni siquiera he hecho caso a mis pensamientos. Y he hablado mucho de todas mis dudas y miedos. Y he intentando aceptar.
Y el día a día seguía. Y nuestros encuentros seguían. Encontrarmelo a la salida del trabajo, cualquier día. Cenas. Compras juntos. Saber y tener consciencia de que está solo. Saber que tú también te sientes sola a veces. Querer algo nuevo, algo de ilusión, algo diferente y que se escape de la rutina que a veces agobia. Y sentir cómo un día te coge la mano. Disfrutar de una tarde inesperada en la que él te rodea por la cintura y caminais así, durante unas horas, como una pareja, juntos, muy juntos. Y que todo derive en otro día, un beso furtivo. Y al día siguiente, en besos y más besos y algún momento apasionado en su coche, sin querer nada más, porque habeis hablado y te ha planteado dudas.
Octubre ha acabado. Y con él, de nuevo, las palabras han sido el final de una historia que sigue siendo inexplicable para mí. Hablamos. Y, de nuevo, surgieron la mismas palabras que escribí el 1 de septiembre. Volví a revivir lo mismo. Pero esta vez, sé que no hay vuelta atrás. Porque esta vez algo se ha roto y ya no volveré a caer. Esta vez, yo voy a tomar el control, aunque no sé si debería volverlo a ver, volver a ver a alguien que tiene dudas o miedo, o que no sabe lo que quiere, o que sólo juega. No sé si él querrá volverme a ver. Pero, no, no volveré a caer…
Una vez, solamente una vez,
ya lo ves,
y no fueron mis pies, que fueron mis manos
las que se enredaron una vez,