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El unicornio existe
Aunque encuentre obstáculos
Acerca de
...intento siempre avanzar, guardando una pequeña porción de esperanza y de sueños, aprendiendo de caídas, curándome las heridas, respirando, mirando el mar, reposando, escuchando música, buscando mi sonrisa... aquí espero encontrar también la tuya, que escuches y hables si quieres... que esto no sea sólo mi refugio sino el tuyo... La puerta está abierta...
Sindicación
 
Rescatando: Perdida en el fondo del color azul


Hubo un día en que se perdió. Y no se supo ni se sabe si fue decisión propia o si el destino le llevó a ello. Pero se perdió y ahora sigue ahí. Está ahí y sabe que no va a salir.
No porque no quiera, sino porque ya no sabe cuál es su verdadera voluntad.
Deambula por parajes, atraviesa diferentes estancias, vive otras vidas... No sabe si es feliz o infeliz. Sabe que no vive.
Pero ya no volverá, porque ha pasado tanto tiempo que no recuerda que una vez hubo otro camino, que una vez había una vida para ella. Se perdió y se quedó.
Y ahora viaja a donde nunca hubiera viajado. Vaga sumida en el sopor, en una neblina extraña a la que está acostumbrada, sin ver la puerta que está permanentemente cerrada. Y su mente se va forjando de recuerdos raros, de recuerdos falsos, de palabras huecas, miradas vacías, besos secos. Pero nada de eso parece perturbarle, nada parece alarmarle.
Anda un camino sin moverse... no existe ningún horizonte, aunque no hayan límites. Conoce a quién quiere, cómo y cuándo ella lo desea. Su piel lleva impresa la huella de los hombres que la han amado, a los que ha amado; las palabras de aquéllos a los que ha admirado. Sus oídos han sido regalados con frecuentes palabras de elogio.
Y pasea por su gran mansión, allí donde a veces, se refugia de tantas vivencias y tantas personas que la rodean diariamente. Allí se pasea por las amplias estancias y siempre acaba por detenerse en su lugar favorito: el gran salón, con una chimenea, todo envuelto en un blanco azulado, con la terraza abierta, las cortinas ondeando con la suave brisa, el ligero calor que lo impregna todo. Y, sin embargo, si ella se sienta en el sillón azul siente un inmenso frío sin que le lleguen apenas la calidez de los rayos de sol. Y entonces, buscando consuelo, llama a todos los que han estado y están siempre con ella, sus amigos. Los llama y los invita... puede hacerlo siempre que quiera. Los invoca y los ve aparecer uno tras otro, se reunen con ella, hablan con ella y entre ellos, la adoran, la rodean, la quieren besar, la quieren conquistar cada uno a su modo. Y ella se deja, se va meciendo dulcemente con las voces y las miradas...
Se perdió y no regresará. Se perdió en su paraíso...
 
Hay finales frustrantes

Mientras disfruto de dos semanitas de vacaciones, ha llegado el final de mi colaboración este año como voluntaria en Art Solidari y el casal con el que se colabora.
La fiesta fin de curso fue el miércoles pasado. Ayer hubo reunión y evaluación final.
Bien, pese a mi entusiasmo inicial, reconozco que ha acabado siendo una tarea dura: en parte, porque ha habido mucho tiempo en que he estado sola (cuando la idea es de dos personas por grupo) y debido a un rechazo de unos chavales adolescentes que acusaron mucho un cambio de local y educadora.
El miércoles, lo reconozco, me marché demasiado pronto con la sensación de no haber hecho nada, una sensación demasiado frustrante y con un sentimiento de soledad infinito.
He pasado malos momentos y sólo en estos últimos tres meses estaba más relajada. Pero frustra que tu intento se haya quedado en nada.
De todas formas, he aprendido mucho. Y sé que voy a continuar. Porque de eso se trata: de luchar contra mi misma, si es necesario. De volver con fuerzas renovadas. Y de seguir haciendo algo en lo que creo. Con nuevas ilusiones.
Dentro de dos meses, más o menos, en septiembre me espera algo nuevo. Y allí estaré.
 
Leyendo: La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón


Llevo años persiguiendo este libro: prácticamente desde que salió. Siempre me dejo llevar por los títulos y son ellos los que me impulsan a comprarlo.
Varios años persiguiéndome como una sombra, por fin el viento (o mi decisión) me ha llevado a tenerlo.
Aprovecho unos días de descanso, de vacaciones, de playa para ir leyéndolo. Reconozco que ya me ha atrapado entre sus páginas. Y hacía tiempo mucho tiempo que un libro no conseguía atraparme. Mis últimos intentos se han quedado en suspense. Sé que este lo acabaré. Y sé que no tardaré más de un semana en lograrlo.
Puede que llegue tarde, pero si aún hay alguien que no lo ha leído, el principio promete:

"Todavía recuerdo aquel amanece en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo los cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en un guinarlda de cobre líquido.
- Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie - advirtió mi padre-. Ni a tu amigo Tomás. A nadie."

Estoy segura que ahora, cuando pasee por las Ramblas, por el Raval, sentiré la voz de Daniel describiendo esas calles.