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El unicornio existe
Aunque encuentre obstáculos
Acerca de
...intento siempre avanzar, guardando una pequeña porción de esperanza y de sueños, aprendiendo de caídas, curándome las heridas, respirando, mirando el mar, reposando, escuchando música, buscando mi sonrisa... aquí espero encontrar también la tuya, que escuches y hables si quieres... que esto no sea sólo mi refugio sino el tuyo... La puerta está abierta...
Sindicación
 
Un relato: La versión de la secretaria
Escribí esto hace más de un año. Respondía a otro relato que me envió alguien que conocí, que desapareció de mi vida y que va dejando de ser fantasma. Un divertido relato, divertido por entretenido y que me llevó a un mundo que siempre me ha fascinado: la novela negra. Con un beso furtivo a Sam Spade, un guiño a Raymond Chandler y cía.

Enfrente suyo estaba ella. El pelo rubio platino, lacio, cayéndole sobre los hombros con una suave caricia... Los ojos de un suave color miel, bien perfilados y grandes le miraban, mientras sus sensuales y carnosos labios se movían mientras cantaba con su voz algo rota, ligeramente grave, una canción de desamor... El cuerpo, las algo exageradas curvas en ciertas partes de él, se movían justamente ceñidas por el vestido negro, de amplia abertura en un costado que dejaba insinuar que había más allá de las piernas... Pero no la miraba, no exactamente... Compuso una mueca de decepción...

- No puedo creerlo
- Lo siento mucho, cariño- realmente Laverne mostraba compasión.
- Bueno... ¿qué es lo que sabes? ¿Por qué?
- La chica no siempre tuvo tanta suerte, ¿sabes? Pero es lista, mucho, y astuta... y sobre todo, es muy fría... Ha luchado por lo que quería...
- Yo no entraba en el paquete, por lo visto.
- Querido, tú eres un peón más... alguien a quien ha querido poner a su servicio y para sus propósitos... Llegó aquí, hace años, y enseguida se hizo con la “amistad” de Eve, la cantante que había en ese momento... Es aquella de allí, esa que tiene la botella tan agarrada que parece que forme parte de su cuerpo.

Joe siguió la mirada de su secretaria. Era una mujer con el pelo muy estropeado, mal recogido en un moño, cubierto de canas, con viejas ropas sucias, superpuestas unas encima de otras, arrugas y manchas en las caras y las manos. No soltaba la botella que iba vaciando en un vaso a una velocidad excesivamente rápida.

- Aparenta ser más vieja de la edad que tiene en realidad. Te sorprendería... En su época era una belleza. Y cantaba mejor que tu...- se calló a tiempo, mientras miraba a Joe, pero él volvió a quién tenía justo enfrente suyo- Bien, el caso es que ella se ganó su confianza enseguida. Eve la llevaba a todas partes, le enseñó cosas y le contó secretos que nadie más supo... Laura se mostraba siempre solícita, humilde, sencilla, inocente... ¿te suena?... Pero sólo es fachada, claro. En una de las fiestas a que Eve la llevó, pudo, por fin, conocer a Mr.Clark, el dueño de este local y de muchos negocios más, como sabes... Clark, un vejestorio capaz de perder los sesos por una mujer... y si esta era una dulce niña rubia, apenas sin despertar a la vida, aún más... Supo seducirle... Bueno, claro, eso ya lo sabes: Laura es alguien capaz de utilizar todas sus armas, es capaz de saber en dos segundos cuál es la mejor forma para conseguir a un hombre... Reconozco que en eso la envidio... aunque, a mí me gustan los hombres, no los peleles...
- Ahorrate tus celos, querida.
- Sigo. Lógicamente, consiguió convertirse en el objeto de deseo de Clark y llevó a la ruina a Eve. Con su dulce ingenuidad, la fue volviendo loca, la indujo a la bebida y aprovechó ciertos secretos para que la pobre Eve acabara en la calle, borracha y arruinada, despreciada por el hombre que se lo había dado todo... Y consiguió no sólo ser la estrella del local sino convertirse en su dueña al casarse con Clark. Pero la ambición es rubia y se llama Laura... Y también, por lo visto, era capaz de tener sentimientos. Conoció a Marius, uno de los gansters más crueles, aunque ella no estaba tan al tanto de su mala fama. Fue mutuo, claro. Aunque fue peligroso; Clark era mucho más poderoso que Marius y además, era un socio... un socio al que deseaba liquidar para poder ocupar su lugar. En el fondo, para él fue muy positivo que Laura quisiera estar con Marius por amor- pronunció esas palabras casi escupiendo-. Y Laura que adivinaba el futuro de su amante no se lo pensó mucho. Pero necesitaban un plan y ahí entraste tú, mi vida. Supongo que te escogieron por tu pasado, a veces pasa factura, ¿no? Bueno, la cuestión es que lo calcularon todo bastante bien. Haciendo desaparecer la joya más valiosa que Clark tenía, contratándote a ti porque eres el mejor, también el más discreto y el que tenía peor pasado que cualquier otro detective de la ciudad. Por un lado, podría ser fácil corromperte y por otro lado, sería fácil hacerte caer o hacer que pareciera eso mismo. Hasta Clark se fió de ti... Lo siguiente, no hace falta que te lo diga, ¿no?
Laura hizo muy bien su papel contigo, consiguió lo que quería: que tú mataras a Clark y ofrecer un motivo claro: la joya, el dinero que te podía dar en una época en que las cosas no te iban bien, a nivel económico... Un golpe perfecto: Clark muerto, la joya desaparecida, tú pagando y Marius y Laura disfrutando del poder... Es posible que ella incluso acabe también con su flamante nuevo marido...

Joe volvió a mirar la foto que tenía en su mano: Laura besando a Marius y luciendo un precioso broche en el escote de su vestido...

- Ya lo sabes todo: ahora tienes que actuar tú, querido. Es cosa tuya.
- ¿Cómo lo has sabido todo?
- Aunque no te lo parezca, cariño, yo también soy una mujer.- Le guiñó el ojo, pícara.
- Te debo una, preciosa.

Ella se acercó y le besó apasionadamente:
- Ya no me debes nada.

Y se fue de allí, sabiendo que él la observaba alejarse y deseando interiormente que él tuviera la mejor suerte del mundo, porque la iba a necesitar.


 
Ahora ya no importa
Como siempre: las derrotas o las victorias pueden ser olvidadas rápidamente.
Ya no importa que ayer , en la elección de los juegos olímpicos, perdiera cualquier ciudad frente a Londres. Ya no importan los favoritismos.
Desgraciadamente, hay noticias que duelen en el alma. Que recuerdan otros momentos.
Desgraciadamente, callan las voces y hablan las armas, de nuevo.
Desgraciadamente....
 
Show must go on
Mi corazón se puede romper, pero mantengo la sonrisa. Dejaré lo que ocurra al destino. Pero seguiré jugando, aunque pierda. Y a pesar de mis sentimientos, tengo que vivir. Avanzo un paso de gigante y pasitos inciertos. Tengo miedo. Y deseo. Y sueño mi vida en un sueño eterno. Sonrío, aunque mi fondo puede volverse amargo. Callo y aguardo. Espero y pierdo esperanzas... Respiro: el espectáculo debe continuar…



Empty spaces - what are we living for
Abandoned places - I guess we know the score
On and on, does anybody know what we are looking for...
Another hero, another mindless crime
Behind the curtain, in the pantomime
Hold the line, does anybody want to take it anymore
The show must go on,
The show must go on
Inside my heart is breaking
My make-up may be flaking
But my smile still stays on.
Whatever happens, I’ll leave it all to chance
Another heartache, another failed romance
On and on, does anybody know what we are living for?
I guess I’m learning, I must be warmer now
I’ll soon be turning, round the corner now
Outside the dawn is breaking
But inside in the dark I’m aching to be free
The show must go on
The show must go on
Inside my heart is breaking
My make-up may be flaking
But my smile still stays on
My soul is painted like the wings of butterflies
Fairytales of yesterday will grow but never die
I can fly - my friends
The show must go on
The show must go on
I’ll face it with a grin
I’m never giving in
On - with the show -
I’ll top the bill, I’ll overkill
I have to find the will to carry on
On with the -
On with the show -
The show must go on...

 
Surgido de repente: Es de noche
Pasea por las calles. Es de noche. Luces en los escaparates. Mirada triste reflejada. Manos en los bolsillos. Escudriñando el interior de la tienda. Alguien se ríe. A su lado, una pareja joven se para abrazados. Sigue caminando. Un niño en una bicicleta con sus padres detrás, empujando un carrito con otro niño.
Saludos, a la derecha, entre dos amigos. Abrazos al frente. Se ajusta el abrigo. Hace frío. Siente frío.
Le deslumbran las luces. Los coches pasan, ajenos, y se alejan. La ciudad llueve soledad. Oye un saxofon y sólo su música le guía: se han acabado las voces, las risas, las quejas, los cláxons, los timbres: el ruido de la ciudad.
Se sienta en un banco, los brazos cruzados, intentando ahuyentar el frío, retener el calor que aún tenga. Observa, en el paseo, el transcurrir de hombres y mujeres, chicos, niños, ancianos: sus prisas, sus palabras (sueltas, aisladas), sus besos, sus risas. Enfrente suyo, el chico está tocando el saxofon: su hueco abierto a las monedas. Se queda, como si no oyera, como si no viera, seducido por esas notas.
Se va haciendo tarde. Cada vez, en la calle, menos gente, más silencio. La música calla. Como su corazón, ya no grita. Lentamente, se levanta y empieza a caminar. En las sombras, los pasos. En las sombras, otra sombra se difumina.