Hoy vuelvo
a querer que se mueran todos los hombres, que nunca hayan existido. El viernes, después de escribir el post, llegó Amalia y estuvimos hablando. No le dije que sentía celos ni nada relacionado con el tema, pero ella intuyó algo y me pidió disculpas por “haber descuidado un poco la relación”. Le dije que no, que qué va... Y no continuamos hablando del tema. De repente me sentí muy bien y entendí que era normal que pasase tiempo con Pedro, que tampoco pasaba tanto y que seguía estando ahí para mí.
Desde entonces hasta anoche estuve bien. Se volvió a ir a dormir a su casa, así que ahora, por la mañana, ella ya no está. Anoche no me podía dormir, pensando en lo sola que estaba en Luz, porque tenía muy pocos amigos y la mayoría se iban el curso que viene. Ahora que Amalia ha encontrado una persona con la que pasar el tiempo, yo debería llenar ese vacío temporal con más gente, pero no conozco a más. Elsa está en Barcelona con su hermanito. No sentía celos desde hacía tantos años... por lo menos cinco o seis, y de repente siento celos hasta de Elsa porque está pasando tiempo con su hermano! Estoy más desequilibrada de lo que pensaba. Al menos esta mañana no lloro.
Como no podía dormirme, telefoneé a Antonio, lo hago desde que empezamos a salir hace más de cuatro años. Su voz me tranquiliza, le oigo hablar y me digo que todo está donde tiene que estar: yo a un lado y él al otro lado de la línea charlando de cualquier cosa durante horas. Pero anoche no me cogió el móvil. Le llamé varias veces. Al final le escribí un mensaje pidiéndole que me llamara, que no podía dormir... y también que si no quería que no, porque tal vez era un poco egoísta por mi parte. Y así lo hizo, no me llamó. Así que llamé a Andrea. Él no es de los de estar dos horas al teléfono como Antonio.. a los cinco minutos ya se estaba despidiendo... Esta noche no me volverá a pasar, esta noche podré dormir, porque viene Andrea y se queda a dormir. Si duermo acompañada no me pasa, nunca tengo insomnio con una persona al lado. Deduzco que todo es miedo a la soledad, deduzco también que si Amalia no anduviese con Pedro, yo no estaría con Andrea.
Desde entonces hasta anoche estuve bien. Se volvió a ir a dormir a su casa, así que ahora, por la mañana, ella ya no está. Anoche no me podía dormir, pensando en lo sola que estaba en Luz, porque tenía muy pocos amigos y la mayoría se iban el curso que viene. Ahora que Amalia ha encontrado una persona con la que pasar el tiempo, yo debería llenar ese vacío temporal con más gente, pero no conozco a más. Elsa está en Barcelona con su hermanito. No sentía celos desde hacía tantos años... por lo menos cinco o seis, y de repente siento celos hasta de Elsa porque está pasando tiempo con su hermano! Estoy más desequilibrada de lo que pensaba. Al menos esta mañana no lloro.
Como no podía dormirme, telefoneé a Antonio, lo hago desde que empezamos a salir hace más de cuatro años. Su voz me tranquiliza, le oigo hablar y me digo que todo está donde tiene que estar: yo a un lado y él al otro lado de la línea charlando de cualquier cosa durante horas. Pero anoche no me cogió el móvil. Le llamé varias veces. Al final le escribí un mensaje pidiéndole que me llamara, que no podía dormir... y también que si no quería que no, porque tal vez era un poco egoísta por mi parte. Y así lo hizo, no me llamó. Así que llamé a Andrea. Él no es de los de estar dos horas al teléfono como Antonio.. a los cinco minutos ya se estaba despidiendo... Esta noche no me volverá a pasar, esta noche podré dormir, porque viene Andrea y se queda a dormir. Si duermo acompañada no me pasa, nunca tengo insomnio con una persona al lado. Deduzco que todo es miedo a la soledad, deduzco también que si Amalia no anduviese con Pedro, yo no estaría con Andrea.
Esta tarde
he ido a pedir cita al psicólogo. Voy por el seguro médico. Fui en Octubre al psiquiatra para que él considerara oportuno un tratamiento con el psicólogo. Después de contarle mis penas, decidió que yo “sólo” tenía un trastorno de carácter, que era histriónica y tal. Tardé un mes y medio en decidirme a ir al seguro para solicitar la autorización. Me la dieron en dos días. Desde entonces hasta hoy me he puesto excusas para no pedir cita. Por fin iré, el 17 me toca.
He estado todo el día deprimida. El examen era de dibujo, así que mi mente estaba libre para entretenerse en mi felicidad inalcanzable... A pesar de eso no me ha salido del todo mal.
He llegado a casa y Amalia no estaba. Flipo conmigo. Cada vez me descubro más miedos. Más y con raíces más profundas. Supongo que ya he hablado de mi “carencia afectiva”, y mi gran miedo a la soledad. Miedo que no sé cómo se creó, pero seguro que viene de mi madre, porque tanto ella como mi hermano la temen. Siempre tuve mejores amigas, con las que mantuve una relación muy íntima y exclusiva, como las relaciones que la gente tiene con sus novios. Siento si me repito, pero necesito escribirlo otra vez. Detrás de una mejor amiga siempre vino otra, hasta llegar a Antonio, mi primer novio formal. Él sustituyó el papel de ellas, pasó a ser mi mejor amigo durante casi dos años y medio. Cuando lo dejamos no tenía a nadie. Durante un año no tuve ni mejor amiga ni novio, y más o menos sobreviví. Intenté buscar nuevas “mejores amigas”, y encontré dos personas que, en principio, daban el perfil. Yo esperaba cosas de ellas que no me dieron (porque tampoco tenían por qué hacerlo), así que acabé enfadándome con ambas por tonterías. La sicóloga me dijo respecto a eso que las rechacé porque ellas no me querían como yo esperaba, que tenía la necesidad de agradar a todos, de que todos me quisieran, y si no lo hacían, les echaba de mi vida. Quizás eso es lo que me está pasando con Amalia, como ella no se comporta como yo espero y no me da el cariño que me gustaría recibir, empieza a “caerme mal” y me distancio de ella para que su no-amor no me haga más daño del que ya me ha hecho. Cuando hablaba de falta de autoestima, se refería a eso, a mi necesidad de ser querida (y de serlo de forma activa, la pasividad no me vale).
NO SÉ CÓMO SOLUCIONAR ESO.
Me agobia, me agobia, me agobia.
Lloro, lloro, lloro.
Mi primera sicóloga me enseñó que cambiando mis pensamientos podía cambiar mis sentimientos. Gracias a eso dejé de tener ansiedad, dejé de entristecerme y enfadarme, con un par de trucos solucionó todos los problemas que yo veía. La segunda me enseñó a vivir más el día a día, a decidirme a continuar con la carrera y a no arrepentirme de mis decisiones. Yo pensé que ya lo tenía todo claro, que ya había aprendido lo suficiente como para ser feliz aunque quedara pendiente el tema de mi relación con mi madre. Me equivocaba. Cómo se soluciona una carencia afectiva? Lo que pasó en la infancia no se puede modificar. Necesito a una persona cerca de mí siempre. Deberían ser mis padres, ellos son los únicos que me pueden dar amor incondicional, pero no me llevo bien con ellos. Tal vez si analizo detenidamente el por qué de mi miedo. Qué puede pasar si estoy sola? A qué temo exactamente? Seguro que el psicólogo me pregunta esas cosas, y yo no sabré qué responder, porque mi miedo es irracional. Cómo el de las agujas. Les tengo miedo desde pequeña, pero en los últimos dos o tres años el miedo a aumentado muchísimo. Puede ser un desplazamiento de un montón de problemas interiores hacia un “problemita” que puedo controlar, eso de lo que hablaba Lucía Etxebarría en su blog no hace mucho. Canalizar mis miedos hacia uno controlable. Antes no me desmayaba con las agujas, ni lloraba al hacerme un pequeño corte, como hago ahora. Se me ha ido de las manos. Quizás pretendo con este miedo llamar la atención, que los demás se vuelquen más conmigo, que mi padre me acompañe a hacerme un análisis de sangre y se quede conmigo mucho tiempo después hasta que se me pasa el yu-yu. Creo que acabo de descubrir el motivo. Y si el siquiatra tenía razón y soy histriónica? Mi sicóloga (mi sicóloga = mi última sicóloga) me dijo que no lo era cuando yo se lo planteé. Debo de serlo, o al menos utilizo mi miedo a las agujas para llamar la atención y que los demás me quieran y me cuiden. Vale, pero cómo lo soluciono? El primer paso es darse cuenta del problema y reconocerlo.
Todas estas cosas se las cuento también a Elsa y a Amalia, les cuento mis problemas sicológicos con mucha normalidad, y no debería de hacerlo. Confiaba en ellas, confío en ellas, pero luego hacen algunos comentarios que me hieren. Alguna vez Elsa me ha dicho algo parecido a “es que LuLu, yo no soy como tú, a mi no me cuesta ser feliz”, y Amalia habla sobre “tus traumas” como si fueran suyos.
He estado todo el día deprimida. El examen era de dibujo, así que mi mente estaba libre para entretenerse en mi felicidad inalcanzable... A pesar de eso no me ha salido del todo mal.
He llegado a casa y Amalia no estaba. Flipo conmigo. Cada vez me descubro más miedos. Más y con raíces más profundas. Supongo que ya he hablado de mi “carencia afectiva”, y mi gran miedo a la soledad. Miedo que no sé cómo se creó, pero seguro que viene de mi madre, porque tanto ella como mi hermano la temen. Siempre tuve mejores amigas, con las que mantuve una relación muy íntima y exclusiva, como las relaciones que la gente tiene con sus novios. Siento si me repito, pero necesito escribirlo otra vez. Detrás de una mejor amiga siempre vino otra, hasta llegar a Antonio, mi primer novio formal. Él sustituyó el papel de ellas, pasó a ser mi mejor amigo durante casi dos años y medio. Cuando lo dejamos no tenía a nadie. Durante un año no tuve ni mejor amiga ni novio, y más o menos sobreviví. Intenté buscar nuevas “mejores amigas”, y encontré dos personas que, en principio, daban el perfil. Yo esperaba cosas de ellas que no me dieron (porque tampoco tenían por qué hacerlo), así que acabé enfadándome con ambas por tonterías. La sicóloga me dijo respecto a eso que las rechacé porque ellas no me querían como yo esperaba, que tenía la necesidad de agradar a todos, de que todos me quisieran, y si no lo hacían, les echaba de mi vida. Quizás eso es lo que me está pasando con Amalia, como ella no se comporta como yo espero y no me da el cariño que me gustaría recibir, empieza a “caerme mal” y me distancio de ella para que su no-amor no me haga más daño del que ya me ha hecho. Cuando hablaba de falta de autoestima, se refería a eso, a mi necesidad de ser querida (y de serlo de forma activa, la pasividad no me vale).
NO SÉ CÓMO SOLUCIONAR ESO.
Me agobia, me agobia, me agobia.
Lloro, lloro, lloro.
Mi primera sicóloga me enseñó que cambiando mis pensamientos podía cambiar mis sentimientos. Gracias a eso dejé de tener ansiedad, dejé de entristecerme y enfadarme, con un par de trucos solucionó todos los problemas que yo veía. La segunda me enseñó a vivir más el día a día, a decidirme a continuar con la carrera y a no arrepentirme de mis decisiones. Yo pensé que ya lo tenía todo claro, que ya había aprendido lo suficiente como para ser feliz aunque quedara pendiente el tema de mi relación con mi madre. Me equivocaba. Cómo se soluciona una carencia afectiva? Lo que pasó en la infancia no se puede modificar. Necesito a una persona cerca de mí siempre. Deberían ser mis padres, ellos son los únicos que me pueden dar amor incondicional, pero no me llevo bien con ellos. Tal vez si analizo detenidamente el por qué de mi miedo. Qué puede pasar si estoy sola? A qué temo exactamente? Seguro que el psicólogo me pregunta esas cosas, y yo no sabré qué responder, porque mi miedo es irracional. Cómo el de las agujas. Les tengo miedo desde pequeña, pero en los últimos dos o tres años el miedo a aumentado muchísimo. Puede ser un desplazamiento de un montón de problemas interiores hacia un “problemita” que puedo controlar, eso de lo que hablaba Lucía Etxebarría en su blog no hace mucho. Canalizar mis miedos hacia uno controlable. Antes no me desmayaba con las agujas, ni lloraba al hacerme un pequeño corte, como hago ahora. Se me ha ido de las manos. Quizás pretendo con este miedo llamar la atención, que los demás se vuelquen más conmigo, que mi padre me acompañe a hacerme un análisis de sangre y se quede conmigo mucho tiempo después hasta que se me pasa el yu-yu. Creo que acabo de descubrir el motivo. Y si el siquiatra tenía razón y soy histriónica? Mi sicóloga (mi sicóloga = mi última sicóloga) me dijo que no lo era cuando yo se lo planteé. Debo de serlo, o al menos utilizo mi miedo a las agujas para llamar la atención y que los demás me quieran y me cuiden. Vale, pero cómo lo soluciono? El primer paso es darse cuenta del problema y reconocerlo.
Todas estas cosas se las cuento también a Elsa y a Amalia, les cuento mis problemas sicológicos con mucha normalidad, y no debería de hacerlo. Confiaba en ellas, confío en ellas, pero luego hacen algunos comentarios que me hieren. Alguna vez Elsa me ha dicho algo parecido a “es que LuLu, yo no soy como tú, a mi no me cuesta ser feliz”, y Amalia habla sobre “tus traumas” como si fueran suyos.
Estoy a mitad de un examen,
es el segundo día, la primera mitad del examen ha sido por la mañana, la segunda es dentro de una hora. Estoy extremadamente deprimida, y ya sé que no es plan, en medio de un examen pensar en ciertas cosas... pero mira. Estoy celosa... Amalia pasa cada vez más tiempo y más noches con Pedro. Elsa se va a Barcelona a ver a su hermano, por su cumple. Eso también me molesta.... no puedo ser así! Sé que todo esto no debería de sentirlo, pero lo siento. Popins me dijo en Octubre que en Febrero estabamos invitadas (ambas) a su cumple, pero no me ha dicho nada ahora, porque me odia... no me quiere ver. Qué mal. Por eso me siento bastante mal, porque pienso lo que él debe de pensar de mí y me asusto. Sigo pensando en Mattia. De vez en cuando hablo por el Messener con Andrea, o por e-mails, y me asusta lo tonto que puede llegar a ser. Y lo falsa que puedo llegar a ser yo. Necesito un sicólogo.
El domingo volviendo a casa por la noche pisé un tierno
“excremento canino”. No me disgusté mucho, por eso de que trae buena suerte, y tenía razón. El lunes vino a Luz Lucía Etxebarría a dar una conferencia (me enteré por casualidad esa misma mañana). Al final de la conferencia hablé un poco con ella –para mí fue muy emocionante-. Pensé que la suerte de la mierda fue lo de la Etxebarría, pero no, la SUERTE (así, con mayúsculas) llegó a la mañana siguiente.
Estaba en el messenger y se conectó Mattia. No coincido en el messenger con él desde verano... así que fue una gran casualidad. Además de no coincidir en el messenger, tampoco sabía nada de él desde hacía meses. Desde finales de septiembre no recibía ningún e-mail suyo. En noviembre fue su cumpleaños y le llamé por teléfono para felicitarle. Le pedí que por favor me escribiera algún e-mail, que quería saber de él. No me contestó. Llegó Navidad y le envié por correo tradicional una felicitación, dónde también le pedía que me escribiera algo para saber al menos si todo iba bien. Tampoco hubo respuesta. Yo estaba bastante enfadada, bueno, enfadada no, ofendida, me sentía poco querida. Sé que él no tiene por qué quererme ya, pero si me quiso en su momento, debería de preocuparse por cómo me van las cosas, mostrar algo de interés, no?
Imaginé que tendría una novia, peor, que habría vuelto con la chica a la que dejó cuando se fue de Erasmus, y que ella era la típica italiana celosa que no le dejaba mantener el contacto conmigo... O simplemente que él se agobia rápido y no quería saber más de locas obsesivas que envían e-mails y cartas sin recibir respuestas... O que pensaba que yo quería volver con él (yéndome a vivir a Italia o haciendo lo que fuese necesario) y como él no estaba dispuesto, no quería darme falsas esperanzas.
Entonces, volvamos a ayer por la mañana, él entra en el chat, yo le saludo, él me dice que lo siente mucho pero que tiene que hacer algo urgente para un examen para el día siguiente (hoy) y que no tiene tiempo de hablar conmigo... que no me ponga así, que no es que no quiera hablar conmigo, es que realmente no tiene tiempo... Le digo que nunca tiene tiempo, que no ha tenido tiempo en cuatro meses para escribirme un e-mail, y el me dice que sí, que me escribió a Gmail.
Gmail es el correo de Google. Me creé esa cuenta allá por mayo o junio junto con él, pero nunca la había usado... Fui allí, abrí el correo y allí estaban, ocho e-mails suyos sin abrir. El primero era de mi primera semana en Irlanda. Si no recuerdo mal me enfadé bastante con él porque tardó un montón en escribirme. Pues bien, no tardó tanto. En otro correo me preguntaba por el número de teléfono de mi familia, porque el que le di debía de ser incorrecto... por eso tampoco me telefoneó. Habían e-mails con fotos adjuntas de cuando estuve en Italia, y después un e-mail muy largo de noviembre y otro de Navidad. Así que la que no contestaba era yo, no él. Después de leerlos le di las gracias, le expliqué lo sucedido y le dije que le quería. Después del “te quiero” añadí un “pero no como antes... vamos que te tengo mucho aprecio”, para no parecer que siento lo que no debería de sentir. Pero le sigo queriendo, y le echo de menos... Me despedí y me fui a casa llorando. No pude dejar de hacerlo en dos horas, era una mezcla de alegría por los e-mails y de tristeza porque todavía le quiero, porque está lejos y porque lo nuestro no podrá ser. Y tal vez tampoco quiero que sea, cuando volví de Italia tenía bien claro que él no era el hombre de mi vida. Pero sí es la persona que más me ha gustado, con quien mejor he estado.
Cambiando totalmente de tema, a mi compañera del pub la van a operar de anginas, así que me han pedido que trabaje las próximas dos semanas los viernes y los sábados. Lo mejor de todo es que voy a trabajar con Amalia! Nos lo pasaremos bien, seguro.
Por otro lado, llevo tres noches seguidas soñando con Popins. No suelo pensar ya en él, pero tengo sueños en los cuales él me quiere. Los sueños tratan sobre nosotros dos y nuestra “historia de amor”. En el sueño empezamos a salir juntos y transcurre mucho tiempo, toda nuestra relación, pero no se ve si rompemos o no, me despierto antes.
Estaba en el messenger y se conectó Mattia. No coincido en el messenger con él desde verano... así que fue una gran casualidad. Además de no coincidir en el messenger, tampoco sabía nada de él desde hacía meses. Desde finales de septiembre no recibía ningún e-mail suyo. En noviembre fue su cumpleaños y le llamé por teléfono para felicitarle. Le pedí que por favor me escribiera algún e-mail, que quería saber de él. No me contestó. Llegó Navidad y le envié por correo tradicional una felicitación, dónde también le pedía que me escribiera algo para saber al menos si todo iba bien. Tampoco hubo respuesta. Yo estaba bastante enfadada, bueno, enfadada no, ofendida, me sentía poco querida. Sé que él no tiene por qué quererme ya, pero si me quiso en su momento, debería de preocuparse por cómo me van las cosas, mostrar algo de interés, no?
Imaginé que tendría una novia, peor, que habría vuelto con la chica a la que dejó cuando se fue de Erasmus, y que ella era la típica italiana celosa que no le dejaba mantener el contacto conmigo... O simplemente que él se agobia rápido y no quería saber más de locas obsesivas que envían e-mails y cartas sin recibir respuestas... O que pensaba que yo quería volver con él (yéndome a vivir a Italia o haciendo lo que fuese necesario) y como él no estaba dispuesto, no quería darme falsas esperanzas.
Entonces, volvamos a ayer por la mañana, él entra en el chat, yo le saludo, él me dice que lo siente mucho pero que tiene que hacer algo urgente para un examen para el día siguiente (hoy) y que no tiene tiempo de hablar conmigo... que no me ponga así, que no es que no quiera hablar conmigo, es que realmente no tiene tiempo... Le digo que nunca tiene tiempo, que no ha tenido tiempo en cuatro meses para escribirme un e-mail, y el me dice que sí, que me escribió a Gmail.
Gmail es el correo de Google. Me creé esa cuenta allá por mayo o junio junto con él, pero nunca la había usado... Fui allí, abrí el correo y allí estaban, ocho e-mails suyos sin abrir. El primero era de mi primera semana en Irlanda. Si no recuerdo mal me enfadé bastante con él porque tardó un montón en escribirme. Pues bien, no tardó tanto. En otro correo me preguntaba por el número de teléfono de mi familia, porque el que le di debía de ser incorrecto... por eso tampoco me telefoneó. Habían e-mails con fotos adjuntas de cuando estuve en Italia, y después un e-mail muy largo de noviembre y otro de Navidad. Así que la que no contestaba era yo, no él. Después de leerlos le di las gracias, le expliqué lo sucedido y le dije que le quería. Después del “te quiero” añadí un “pero no como antes... vamos que te tengo mucho aprecio”, para no parecer que siento lo que no debería de sentir. Pero le sigo queriendo, y le echo de menos... Me despedí y me fui a casa llorando. No pude dejar de hacerlo en dos horas, era una mezcla de alegría por los e-mails y de tristeza porque todavía le quiero, porque está lejos y porque lo nuestro no podrá ser. Y tal vez tampoco quiero que sea, cuando volví de Italia tenía bien claro que él no era el hombre de mi vida. Pero sí es la persona que más me ha gustado, con quien mejor he estado.
Cambiando totalmente de tema, a mi compañera del pub la van a operar de anginas, así que me han pedido que trabaje las próximas dos semanas los viernes y los sábados. Lo mejor de todo es que voy a trabajar con Amalia! Nos lo pasaremos bien, seguro.
Por otro lado, llevo tres noches seguidas soñando con Popins. No suelo pensar ya en él, pero tengo sueños en los cuales él me quiere. Los sueños tratan sobre nosotros dos y nuestra “historia de amor”. En el sueño empezamos a salir juntos y transcurre mucho tiempo, toda nuestra relación, pero no se ve si rompemos o no, me despierto antes.