Esta tarde
he ido a pedir cita al psicólogo. Voy por el seguro médico. Fui en Octubre al psiquiatra para que él considerara oportuno un tratamiento con el psicólogo. Después de contarle mis penas, decidió que yo “sólo” tenía un trastorno de carácter, que era histriónica y tal. Tardé un mes y medio en decidirme a ir al seguro para solicitar la autorización. Me la dieron en dos días. Desde entonces hasta hoy me he puesto excusas para no pedir cita. Por fin iré, el 17 me toca.
He estado todo el día deprimida. El examen era de dibujo, así que mi mente estaba libre para entretenerse en mi felicidad inalcanzable... A pesar de eso no me ha salido del todo mal.
He llegado a casa y Amalia no estaba. Flipo conmigo. Cada vez me descubro más miedos. Más y con raíces más profundas. Supongo que ya he hablado de mi “carencia afectiva”, y mi gran miedo a la soledad. Miedo que no sé cómo se creó, pero seguro que viene de mi madre, porque tanto ella como mi hermano la temen. Siempre tuve mejores amigas, con las que mantuve una relación muy íntima y exclusiva, como las relaciones que la gente tiene con sus novios. Siento si me repito, pero necesito escribirlo otra vez. Detrás de una mejor amiga siempre vino otra, hasta llegar a Antonio, mi primer novio formal. Él sustituyó el papel de ellas, pasó a ser mi mejor amigo durante casi dos años y medio. Cuando lo dejamos no tenía a nadie. Durante un año no tuve ni mejor amiga ni novio, y más o menos sobreviví. Intenté buscar nuevas “mejores amigas”, y encontré dos personas que, en principio, daban el perfil. Yo esperaba cosas de ellas que no me dieron (porque tampoco tenían por qué hacerlo), así que acabé enfadándome con ambas por tonterías. La sicóloga me dijo respecto a eso que las rechacé porque ellas no me querían como yo esperaba, que tenía la necesidad de agradar a todos, de que todos me quisieran, y si no lo hacían, les echaba de mi vida. Quizás eso es lo que me está pasando con Amalia, como ella no se comporta como yo espero y no me da el cariño que me gustaría recibir, empieza a “caerme mal” y me distancio de ella para que su no-amor no me haga más daño del que ya me ha hecho. Cuando hablaba de falta de autoestima, se refería a eso, a mi necesidad de ser querida (y de serlo de forma activa, la pasividad no me vale).
NO SÉ CÓMO SOLUCIONAR ESO.
Me agobia, me agobia, me agobia.
Lloro, lloro, lloro.
Mi primera sicóloga me enseñó que cambiando mis pensamientos podía cambiar mis sentimientos. Gracias a eso dejé de tener ansiedad, dejé de entristecerme y enfadarme, con un par de trucos solucionó todos los problemas que yo veía. La segunda me enseñó a vivir más el día a día, a decidirme a continuar con la carrera y a no arrepentirme de mis decisiones. Yo pensé que ya lo tenía todo claro, que ya había aprendido lo suficiente como para ser feliz aunque quedara pendiente el tema de mi relación con mi madre. Me equivocaba. Cómo se soluciona una carencia afectiva? Lo que pasó en la infancia no se puede modificar. Necesito a una persona cerca de mí siempre. Deberían ser mis padres, ellos son los únicos que me pueden dar amor incondicional, pero no me llevo bien con ellos. Tal vez si analizo detenidamente el por qué de mi miedo. Qué puede pasar si estoy sola? A qué temo exactamente? Seguro que el psicólogo me pregunta esas cosas, y yo no sabré qué responder, porque mi miedo es irracional. Cómo el de las agujas. Les tengo miedo desde pequeña, pero en los últimos dos o tres años el miedo a aumentado muchísimo. Puede ser un desplazamiento de un montón de problemas interiores hacia un “problemita” que puedo controlar, eso de lo que hablaba Lucía Etxebarría en su blog no hace mucho. Canalizar mis miedos hacia uno controlable. Antes no me desmayaba con las agujas, ni lloraba al hacerme un pequeño corte, como hago ahora. Se me ha ido de las manos. Quizás pretendo con este miedo llamar la atención, que los demás se vuelquen más conmigo, que mi padre me acompañe a hacerme un análisis de sangre y se quede conmigo mucho tiempo después hasta que se me pasa el yu-yu. Creo que acabo de descubrir el motivo. Y si el siquiatra tenía razón y soy histriónica? Mi sicóloga (mi sicóloga = mi última sicóloga) me dijo que no lo era cuando yo se lo planteé. Debo de serlo, o al menos utilizo mi miedo a las agujas para llamar la atención y que los demás me quieran y me cuiden. Vale, pero cómo lo soluciono? El primer paso es darse cuenta del problema y reconocerlo.
Todas estas cosas se las cuento también a Elsa y a Amalia, les cuento mis problemas sicológicos con mucha normalidad, y no debería de hacerlo. Confiaba en ellas, confío en ellas, pero luego hacen algunos comentarios que me hieren. Alguna vez Elsa me ha dicho algo parecido a “es que LuLu, yo no soy como tú, a mi no me cuesta ser feliz”, y Amalia habla sobre “tus traumas” como si fueran suyos.
He estado todo el día deprimida. El examen era de dibujo, así que mi mente estaba libre para entretenerse en mi felicidad inalcanzable... A pesar de eso no me ha salido del todo mal.
He llegado a casa y Amalia no estaba. Flipo conmigo. Cada vez me descubro más miedos. Más y con raíces más profundas. Supongo que ya he hablado de mi “carencia afectiva”, y mi gran miedo a la soledad. Miedo que no sé cómo se creó, pero seguro que viene de mi madre, porque tanto ella como mi hermano la temen. Siempre tuve mejores amigas, con las que mantuve una relación muy íntima y exclusiva, como las relaciones que la gente tiene con sus novios. Siento si me repito, pero necesito escribirlo otra vez. Detrás de una mejor amiga siempre vino otra, hasta llegar a Antonio, mi primer novio formal. Él sustituyó el papel de ellas, pasó a ser mi mejor amigo durante casi dos años y medio. Cuando lo dejamos no tenía a nadie. Durante un año no tuve ni mejor amiga ni novio, y más o menos sobreviví. Intenté buscar nuevas “mejores amigas”, y encontré dos personas que, en principio, daban el perfil. Yo esperaba cosas de ellas que no me dieron (porque tampoco tenían por qué hacerlo), así que acabé enfadándome con ambas por tonterías. La sicóloga me dijo respecto a eso que las rechacé porque ellas no me querían como yo esperaba, que tenía la necesidad de agradar a todos, de que todos me quisieran, y si no lo hacían, les echaba de mi vida. Quizás eso es lo que me está pasando con Amalia, como ella no se comporta como yo espero y no me da el cariño que me gustaría recibir, empieza a “caerme mal” y me distancio de ella para que su no-amor no me haga más daño del que ya me ha hecho. Cuando hablaba de falta de autoestima, se refería a eso, a mi necesidad de ser querida (y de serlo de forma activa, la pasividad no me vale).
NO SÉ CÓMO SOLUCIONAR ESO.
Me agobia, me agobia, me agobia.
Lloro, lloro, lloro.
Mi primera sicóloga me enseñó que cambiando mis pensamientos podía cambiar mis sentimientos. Gracias a eso dejé de tener ansiedad, dejé de entristecerme y enfadarme, con un par de trucos solucionó todos los problemas que yo veía. La segunda me enseñó a vivir más el día a día, a decidirme a continuar con la carrera y a no arrepentirme de mis decisiones. Yo pensé que ya lo tenía todo claro, que ya había aprendido lo suficiente como para ser feliz aunque quedara pendiente el tema de mi relación con mi madre. Me equivocaba. Cómo se soluciona una carencia afectiva? Lo que pasó en la infancia no se puede modificar. Necesito a una persona cerca de mí siempre. Deberían ser mis padres, ellos son los únicos que me pueden dar amor incondicional, pero no me llevo bien con ellos. Tal vez si analizo detenidamente el por qué de mi miedo. Qué puede pasar si estoy sola? A qué temo exactamente? Seguro que el psicólogo me pregunta esas cosas, y yo no sabré qué responder, porque mi miedo es irracional. Cómo el de las agujas. Les tengo miedo desde pequeña, pero en los últimos dos o tres años el miedo a aumentado muchísimo. Puede ser un desplazamiento de un montón de problemas interiores hacia un “problemita” que puedo controlar, eso de lo que hablaba Lucía Etxebarría en su blog no hace mucho. Canalizar mis miedos hacia uno controlable. Antes no me desmayaba con las agujas, ni lloraba al hacerme un pequeño corte, como hago ahora. Se me ha ido de las manos. Quizás pretendo con este miedo llamar la atención, que los demás se vuelquen más conmigo, que mi padre me acompañe a hacerme un análisis de sangre y se quede conmigo mucho tiempo después hasta que se me pasa el yu-yu. Creo que acabo de descubrir el motivo. Y si el siquiatra tenía razón y soy histriónica? Mi sicóloga (mi sicóloga = mi última sicóloga) me dijo que no lo era cuando yo se lo planteé. Debo de serlo, o al menos utilizo mi miedo a las agujas para llamar la atención y que los demás me quieran y me cuiden. Vale, pero cómo lo soluciono? El primer paso es darse cuenta del problema y reconocerlo.
Todas estas cosas se las cuento también a Elsa y a Amalia, les cuento mis problemas sicológicos con mucha normalidad, y no debería de hacerlo. Confiaba en ellas, confío en ellas, pero luego hacen algunos comentarios que me hieren. Alguna vez Elsa me ha dicho algo parecido a “es que LuLu, yo no soy como tú, a mi no me cuesta ser feliz”, y Amalia habla sobre “tus traumas” como si fueran suyos.
Comentario:
Eso es, la solución empieza por darnos cuenta del problema...este desequilibrio sano es sinónimo entenderse y de ser fiel a uno mismo sabiendo lo que se lleva dentro...En el momento que se sabe donde está el hueco uno puede empezar a llenarlo, no? Besos linda.





