Un voto de castidad
El mundo del cine se configura, al igual que de otras artes, de un gran número de experiencias complementarias entre si. Y al igual que la historia es una carretera que puede seguir avanzando hacia el horizonte gracias a los kilómetros que deja atrás, el cine es un arte que puede elaborar nuevos discursos y puede trazar nuevos caminos narrativos, sólo si tiene en cuenta los que ya se han trazado anteriormente.
Y esto es precisamente lo que sucedió con un movimiento cinematográfico que surgió en Europa hace diez años. Cuando el grupo de locos que lo integraban, se proclamaron como un conjunto de directores que querían hacer algo diferente con una cámara, con la luz, con el pensamiento... algunos pensaron que no iban a ver sus películas ni en el salón de su casa a la hora de la siesta. Pero, como suele suceder en estos casos, aquellos que ponían trabas a la inventiva se equivocaron por su desconfianza en el progreso. Ese conjunto de locos de la cámara no sólo hicieron películas que se vieron fuera del salón de su casa, sino que configuraron un movimiento que hizo que, de nuevo, muchos reflexionaran sobre las bases de la estructura narrativa de un film.
El nombre del movimiento, Dogma 95, y su voto, el de castidad.
Esto que aparentemente parece tan poco apetecible, no es más que una declaración de intenciones. Una declaración de sus intenciones. Cuando, en la primavera del año 1995 se juntaron 3 directores daneses y firmaron lo que se llamó el Voto de Castidad, la única intención que existía en ese papel era la de buscar la libertad. Los directores: Lars Von Trier, Thomas Vinterberg y Soren Kragh-Jacobsen. Su objetivo: mostrar que no es necesario seguir los patrones Hollywoodienses para hacer buen cine, ya que ese concepto, según ellos, hacía mucho tiempo que, en la meca del cine , había perdido su definición.
Así, y aunque parezca paradójico, trataron de insuflar nuevos aires de libertad a la producción cinematográfica, sometiéndola a un reglamento muy severo que dictaminaba desde el tipo de película que se podía utilizar, únicamente 35mm, hasta el tratamiento de la luz, la banda sonora o los movimientos de cámara. Pero no es la única paradoja que alberga este movimiento.
Actualmente tanto Lars Von Trier, como cualquiera de los demás directores de cine que se adscribieron al movimiento, se identifican con sus películas, empatizan con ellas de tal forma, que cualquiera que haya visto, por ejemplo, Dancing in the dark, puede deducir que es de Trier si ha visto Breaking the waves (ninguna de estas dos películas pertenece al denominado movimiento Dogma). O lo que es lo mismo, a estos directores se les han traspasado los esquemas que se crearon tras la Nouvelle Vague y el denominado cine de autor. Pero es esto lo que precisamente querían destruir. Además de situarse contra Hollywood tanto por la divergencia en contenidos, como por la crítica a los sistemas de financiación y por lo tanto a imposibilidad de que pueda hacer cine aquel que lo desee, se posicionan contra la autoría de los films.
Dogma 95 pretende la democratización completa del arte cinematográfico, y piensa que la vía de conseguirlo se obtiene al someterlo a unas normas que minimicen los costes y que por lo tanto lo pongan al alcance de cualquiera. Así y sólo así se conseguirá que el cine se aleje del acomodamiento burgués en el que está situado y sea, por fin, calificable como un sistema de expresión libre, interesante y fértil.
Pero también es cierto que la pretensión de crear un cine libre, les lleva a afirmar que su objetivo es tratar de contar "la verdad". Por ello necesitan suprimir, no sólo una gran parte de los elementos formales que rodean sus películas, sino también el propio concepto de creador, prohibiendo la firma de sus propias películas. Pero este objetivo, en cuanto se analiza, se muestra poco posible, ya que el propio manifiesto está definiendo de una forma tan clara a sus creadores que, al se un grupo minoritario dentro de la industria cinematográfica mundial, les está caracterizando como autores.
Y esto es precisamente lo que sucedió con un movimiento cinematográfico que surgió en Europa hace diez años. Cuando el grupo de locos que lo integraban, se proclamaron como un conjunto de directores que querían hacer algo diferente con una cámara, con la luz, con el pensamiento... algunos pensaron que no iban a ver sus películas ni en el salón de su casa a la hora de la siesta. Pero, como suele suceder en estos casos, aquellos que ponían trabas a la inventiva se equivocaron por su desconfianza en el progreso. Ese conjunto de locos de la cámara no sólo hicieron películas que se vieron fuera del salón de su casa, sino que configuraron un movimiento que hizo que, de nuevo, muchos reflexionaran sobre las bases de la estructura narrativa de un film.
El nombre del movimiento, Dogma 95, y su voto, el de castidad.
Esto que aparentemente parece tan poco apetecible, no es más que una declaración de intenciones. Una declaración de sus intenciones. Cuando, en la primavera del año 1995 se juntaron 3 directores daneses y firmaron lo que se llamó el Voto de Castidad, la única intención que existía en ese papel era la de buscar la libertad. Los directores: Lars Von Trier, Thomas Vinterberg y Soren Kragh-Jacobsen. Su objetivo: mostrar que no es necesario seguir los patrones Hollywoodienses para hacer buen cine, ya que ese concepto, según ellos, hacía mucho tiempo que, en la meca del cine , había perdido su definición.Así, y aunque parezca paradójico, trataron de insuflar nuevos aires de libertad a la producción cinematográfica, sometiéndola a un reglamento muy severo que dictaminaba desde el tipo de película que se podía utilizar, únicamente 35mm, hasta el tratamiento de la luz, la banda sonora o los movimientos de cámara. Pero no es la única paradoja que alberga este movimiento.
Actualmente tanto Lars Von Trier, como cualquiera de los demás directores de cine que se adscribieron al movimiento, se identifican con sus películas, empatizan con ellas de tal forma, que cualquiera que haya visto, por ejemplo, Dancing in the dark, puede deducir que es de Trier si ha visto Breaking the waves (ninguna de estas dos películas pertenece al denominado movimiento Dogma). O lo que es lo mismo, a estos directores se les han traspasado los esquemas que se crearon tras la Nouvelle Vague y el denominado cine de autor. Pero es esto lo que precisamente querían destruir. Además de situarse contra Hollywood tanto por la divergencia en contenidos, como por la crítica a los sistemas de financiación y por lo tanto a imposibilidad de que pueda hacer cine aquel que lo desee, se posicionan contra la autoría de los films.
Dogma 95 pretende la democratización completa del arte cinematográfico, y piensa que la vía de conseguirlo se obtiene al someterlo a unas normas que minimicen los costes y que por lo tanto lo pongan al alcance de cualquiera. Así y sólo así se conseguirá que el cine se aleje del acomodamiento burgués en el que está situado y sea, por fin, calificable como un sistema de expresión libre, interesante y fértil.
Pero también es cierto que la pretensión de crear un cine libre, les lleva a afirmar que su objetivo es tratar de contar "la verdad". Por ello necesitan suprimir, no sólo una gran parte de los elementos formales que rodean sus películas, sino también el propio concepto de creador, prohibiendo la firma de sus propias películas. Pero este objetivo, en cuanto se analiza, se muestra poco posible, ya que el propio manifiesto está definiendo de una forma tan clara a sus creadores que, al se un grupo minoritario dentro de la industria cinematográfica mundial, les está caracterizando como autores.
Un universo propio
¿Qué es? ¿Qué es? Hay luces de color.... o de caramelo, o de luciérnagas, o incluso luces formadas por estrellas. Todo es posible. La imaginación no tiene límites para él cuando se trata de plasmar en celuloide sus sentimientos y sus ideas. ¿Quién es él? Tim Burton.
Burton es el niño prodigio de la dirección del cine, maestro de la luz y de la oscuridad, de los muñecos, los juguetes y los monstruos, capaz de tocar nuestro lado más sensible con un muchacho con tijeras en lugar de dedos y de hacernos reír con fantasmas de otro mundo.
Tim Burton sería un personaje perfecto de sus propias películas: oscuro, individualista, genial... todo un caso perdido para el pensamiento único de la cultura norteamericana.
Creador de un mundo absolutamente personal y fascinante, Burton dejó de ser el enfant terrible de la Disney para convertirse en un visionario y extravagante escultor de pesadillas animadas en imagen real. Hollywood le adora cuando rueda la taquillera Batman, pero teme al sarcástico autor de Ed Wood o Mars Attacks!. Nació en Burbank, California, allá por 1958. Introvertido, callado, con una afición inusual por el color negro, Burton estuvo inmerso desde su niñez en el mundo del cine, al que tenía a la vuelta misma de la esquina (en Burbank se encuentran los estudios Disney). Para que nos hagamos una idea de la posterior influencia que tuvo el lugar donde se hacía mayor, diremos que Burbank es el prototipo, la quintaesencia del suburbio americano que tanto ha explotado Burton en películas como Eduardo Manostijeras o Ed Wood: un escenario tan recurrente en su filmografía como los paisajes tenebrosos o las casas encantadas.

Burton destacaba por su habilidad en las artes plásticas: el dibujo, la pintura y las películas, con especial predilección por las películas de Godzilla, los filmes de terror de la productora inglesa Hammer, en los años 60, y el trabajo del creador de efectos especiales Ray Harryhausen, pionero en la técnica del Stop-Motion (se coloca una figura de plástico. Se saca una toma. Se mueve un poco. Toma. Otro poco. Toma... hasta crear un movimiento completo cuando unimos el conjunto). Así, en 1979, tras graduarse en el CalTech de California, pasó a formar parte de la plantilla de animadores de Disney, lo cual no terminaba de hacerle mucha gracia, dado que para lograr un segundo de película animada, el dibujante debía repetir 24 veces la misma imagen. Afortunadamente, algún genio de los estudios le ascendió a artista conceptual (que viene a ser como un empleado en el departamento creativo), con lo que Burton pudo terminar de explotar sus habilidades y empezar a dar forma a su manera de ver el mundo a través de su propia creación artística.
Pero las cosas no le fueron demasiado bien. Su único trabajo fue en el film Taron y el Caldero Mágico (The Black Cauldron), que ha resultado ser la “película maldita” de Disney. Sin embargo, el talento de Burton no fue aplastado vilmente por el gran estudio: hablamos de otra época donde la gente que hacía algo distinto no terminaban en películas “indies” donde, a fuerza de explotar sus ideas, se terminaban quemando. Al contrario: la Disney, en esos momentos capitaneada por el hijo de su fundador, Roy Eisner, concedió a Burton la posibilidad de realizar pequeños cortos de prueba que son pequeñas joyitas como Vincent o Frankenweenie.
En ambos cortos, Burton deja una muestra gráfica de cómo es. Son un tributo a sus principales inspiradores, Vincent Price y Edgar Allan Poe. La estética que nos sumerge en estos relatos ya nos muestra lo que después se ha denominado el "universo Burtoniano". El surrealismo, la tenebrosidad, figuras desfiguradas, espirales cuadros, escaleras imposibles... un mundo propio que en sus posteriores largometrajes se ha ido desarrollando y reforzando.
Vincent es, entre los dos cortos, el más personal

La Disney le dio 60.000 dólares para que pudiera realizarlo. Narrado por una de las personas a las que más admira el genial director, Vincent Price, es un homenaje explicito a este actor. Burton siempre ha declarado una especial predilección por las películas de terror de serie B de los años 50 y por los cuentos que inspiraron su infancia, que al contrario que las historias conservadoras, familiares y tradicionales de la Disney, se sumergían en un mundo de inconsciente y surrealismo, en el que el terror, el suspense y lo fantasmagórico eran los adjetivos convencionales.
1983. Entra Stephen King. Tras ver Frankenweenie, King se pone en contacto con Bonnie Lee, ejecutiva de Warner Bros, estudio con el que Burton ha estado muy unido durante casi dos terceras partes de su carrera como director, la cual se lo presenta al actor Paul Reubens, que pensaba llevar a la gran pantalla una adaptación de su famosísimo personaje televisivo para niños Pee-Wee Herman. La película La gran aventura de Pee-Wee (Pee Wee’s Big Adventure, 1985) fue un éxito sorpresa, pero se ha convertido, con el paso de los años, en otra película de la que Burton prefiere no oír hablar mucho.
Su siguiente película no dejo indiferente a nadie. 1988, se estrena Beetlejuice. Una película que se llama "zumo de escarabajo" no puede ser un film tradicional. Y no lo era. La unión del mundo de los vivos y con el de los muertos en una comedia inquietante hizo que la carrera de aquel pequeño dibujante de Tod y Toby se definiera definitivamente.

Después los murciélagos abandonaron las páginas de cómic que llevaban habitando tantos años para adentrarse en el mundo del celuloide sobrevolando una Gotham City de alcantarilla. Algunos acusan a estas películas (Batman y Batman Returns) de ser, junto con El Planeta de los simios, sus obras más comerciales, en las que tanto el guión como la dirección están hechas pensando en la taquilla. Pero en el caso de los murciélagos voladores la realidad es algo distinta. Y esa realidad se verifica al comparar estas dos películas con las otras dos posteriores que se hicieron sobre este cómic por la Warner pero con otro director a su cargo. Burton se negó a alargar más esta historia que creía suficiente don dos películas. La Warner no estaba de acuerdo y le encargo el proyecto a Schumacher. La conclusión es clara. En las dos primeras películas sí que estaba patente la visión de Tim Burton.
Pero estas dos películas no fueron seguidas. Entre ambas el director tuvo tiempo de hacer una de las obras más importantes de su carrera. Un cuento de hadas poco tradicional, en el que la magia se mezcla con una sutil crítica a la sociedad norteamericana y lo gótico se materializa en la más estética más dulce jamás creada. La historia de un ser marginal desde sus comienzos, de un ser inexistente para la sociedad hasta por su forma de existir y de una sociedad que prefiere la alienación de sus individuos ya que, con esta, resaltan los que son propicios a resaltar y no aquellos que han sido condenados, por las circunstancias de su vida a ser diferentes. Todavía no he citado el nombre de la película, pero es casi innecesario. Eduardo Manostijeras es una película que te llena de principio a fin. Es una historia en la que los personajes principales están en una constante evolución, que contrasta con la parálisis social, al igual que contrasta el castillo en el que habita Eduardo con la zona residencial en la que convive la representante de AVON. Un lugar amplio y oscuro se contrapone a un barrio plano, de colores pastel, insulso y de apariencias.

Por todo ello Eduardo Manostijeras se ha convertido en una de las películas más admiradas de este autor. Además cuenta con la colaboración de su alabado Vincent Price, todo un orgullo para Burton. Pero la carrera continúa.
Como ya se ha citado anteriormente, las influencias que más marcaron a Burton poco tienen que ver con las grandes obras del cine clásico norteamericano y mucho más tienen que ver con un universo gótico y tenebroso reflejado en los cuentos de Poe.
Si este reportaje empezaba con una frase cuanto menos particular era por algo. "¿Qué es? ¿Qué es?, hay luces de color... " continuaría diciendo: "¿Qué es?. Parecen algodón" Estas frases se corresponden a los versos con los que comienza la pieza musical central de Pesadilla antes de Navidad. Una película que habla sobre lo importante que es disfrutar de la vida en su conjunto, ya que el limitarse a un único aspecto de la misma lleva directamente a la infelicidad. Burton describe un mundo, el de Halloween en el que sus extraños habitantes se pasan la vida preparando el día de celebración de los difuntos. Cuando llega ese día lo disfrutan y el círculo vuelve a empezar. Jack, el protagonista tanto de la historia como de la ciudad de Halloween es diferente. No se conforma con lo que tienen y ansía mejorar. Se va de la ciudad y llega al mundo de la Navidad. Aquí sus habitantes son iguales que los del mundo de Halloween pero en versión navideña. Jack decide incorporar aspectos de esta nueva cultura a la suya, aunque no lo haga del mejor modo posible (secuestra a Santa Claus), para mejorar la forma de vida de los suyos. Una fábula de animación para adultos
En 1994 Burton dirige la que para una gran parte de sus fans es su mejor película. El director sorprende a todo el mudo con Ed Wood. Película que trata de homenajear la vida del peor director de cine de la historia. La magnífica interpretación de Jhonny Deep, junto con el delirante guión, hacen de Ed Wood un delicia para aquellos espectadores que se divierten con las películas ácidas y positivas. De nuevo un personaje marginal que lucha por conseguir lo que más quiere a pesar de su notable carencia de talento. Burton vuelve a tocar la fibra sensible del espectador con la que no casualmente es la película menos estética del director y la más profunda.

La sátira de este creador (tal y como el se define en sus entrevistas) no tiene límites, y lo demuestra en una de las películas más polémicas de los últimos años. En 1996 obtiene un reparto de lujo que cuenta entre sus nombres a actores como Jack Nicholson, Pierce Brosnan, Michael J. Fox o Glenn Close. Tras una época de extremo fervor alienígena en Hollywood, en la que la necesidad de reafirmación del patriotismo norteamericano no dejaba lugar a dudas, Burton sorprende a todos con una bofetada al orgullo de la bandera. Se estrena Mars Attacks!. Es su comedia más lograda, gracias a un guión de Jonathan Gems que mete constantemente el dedo en la llaga. El look Burtoniano al que en el año 96 ya estamos acostumbrados desaparece, pero no así su homenaje a las década dorada de los 50-60 y las películas de terror de serie B.
En los últimos años, el director se ha hecho todavía más popular (si es que era posible). Con Sleepy Hollow (1999) metió a medio mundo en un universo gótico, pero esta vez no de animación, sino con actores de carne y hueso. Los monos de remake de El planeta de los simios le han traído algunos quebraderos de cabeza, ya que está considerada su peor película. Muchos dicen que se vendió a la taquilla, aunque Burton asegura que su único objetivo al hacer la película era hacer algo nuevo. Contar la historia desde otra óptica. Con un final circular en el que todo fuera posible y con un nivel de autocrítica (de la raza humana) bastante elevado. Asegura que trataba de darle la vuelta a la narración habitual deshumanizando al héroe y que lo último que quería era que la gente pensara que esto era un remake. Como se puede comprobar, al menos esto último le salió mal.

Pero salvado el bache de los monos, Burton nos volvió a cautivar con otra película animalesca al menos en el nombre. Big Fish, es de nuevo, un cuento de los que Burton sabe narrar. Una historia mágica, conmovedora, optimista.... una fábula de las que no hay que perderse.
En Agosto se estrenará su próxima creación. Charlie y la fábrica de Chocolate. De nuevo una película que cuenta con la interpretación de su muso Jhonny Deep. ¿Qué sabor de boca nos dejará? Seguro que uno muy dulce.
Burton es el niño prodigio de la dirección del cine, maestro de la luz y de la oscuridad, de los muñecos, los juguetes y los monstruos, capaz de tocar nuestro lado más sensible con un muchacho con tijeras en lugar de dedos y de hacernos reír con fantasmas de otro mundo.
Tim Burton sería un personaje perfecto de sus propias películas: oscuro, individualista, genial... todo un caso perdido para el pensamiento único de la cultura norteamericana.
Creador de un mundo absolutamente personal y fascinante, Burton dejó de ser el enfant terrible de la Disney para convertirse en un visionario y extravagante escultor de pesadillas animadas en imagen real. Hollywood le adora cuando rueda la taquillera Batman, pero teme al sarcástico autor de Ed Wood o Mars Attacks!. Nació en Burbank, California, allá por 1958. Introvertido, callado, con una afición inusual por el color negro, Burton estuvo inmerso desde su niñez en el mundo del cine, al que tenía a la vuelta misma de la esquina (en Burbank se encuentran los estudios Disney). Para que nos hagamos una idea de la posterior influencia que tuvo el lugar donde se hacía mayor, diremos que Burbank es el prototipo, la quintaesencia del suburbio americano que tanto ha explotado Burton en películas como Eduardo Manostijeras o Ed Wood: un escenario tan recurrente en su filmografía como los paisajes tenebrosos o las casas encantadas.

Burton destacaba por su habilidad en las artes plásticas: el dibujo, la pintura y las películas, con especial predilección por las películas de Godzilla, los filmes de terror de la productora inglesa Hammer, en los años 60, y el trabajo del creador de efectos especiales Ray Harryhausen, pionero en la técnica del Stop-Motion (se coloca una figura de plástico. Se saca una toma. Se mueve un poco. Toma. Otro poco. Toma... hasta crear un movimiento completo cuando unimos el conjunto). Así, en 1979, tras graduarse en el CalTech de California, pasó a formar parte de la plantilla de animadores de Disney, lo cual no terminaba de hacerle mucha gracia, dado que para lograr un segundo de película animada, el dibujante debía repetir 24 veces la misma imagen. Afortunadamente, algún genio de los estudios le ascendió a artista conceptual (que viene a ser como un empleado en el departamento creativo), con lo que Burton pudo terminar de explotar sus habilidades y empezar a dar forma a su manera de ver el mundo a través de su propia creación artística.
Pero las cosas no le fueron demasiado bien. Su único trabajo fue en el film Taron y el Caldero Mágico (The Black Cauldron), que ha resultado ser la “película maldita” de Disney. Sin embargo, el talento de Burton no fue aplastado vilmente por el gran estudio: hablamos de otra época donde la gente que hacía algo distinto no terminaban en películas “indies” donde, a fuerza de explotar sus ideas, se terminaban quemando. Al contrario: la Disney, en esos momentos capitaneada por el hijo de su fundador, Roy Eisner, concedió a Burton la posibilidad de realizar pequeños cortos de prueba que son pequeñas joyitas como Vincent o Frankenweenie.
En ambos cortos, Burton deja una muestra gráfica de cómo es. Son un tributo a sus principales inspiradores, Vincent Price y Edgar Allan Poe. La estética que nos sumerge en estos relatos ya nos muestra lo que después se ha denominado el "universo Burtoniano". El surrealismo, la tenebrosidad, figuras desfiguradas, espirales cuadros, escaleras imposibles... un mundo propio que en sus posteriores largometrajes se ha ido desarrollando y reforzando.
Vincent es, entre los dos cortos, el más personal

La Disney le dio 60.000 dólares para que pudiera realizarlo. Narrado por una de las personas a las que más admira el genial director, Vincent Price, es un homenaje explicito a este actor. Burton siempre ha declarado una especial predilección por las películas de terror de serie B de los años 50 y por los cuentos que inspiraron su infancia, que al contrario que las historias conservadoras, familiares y tradicionales de la Disney, se sumergían en un mundo de inconsciente y surrealismo, en el que el terror, el suspense y lo fantasmagórico eran los adjetivos convencionales.
1983. Entra Stephen King. Tras ver Frankenweenie, King se pone en contacto con Bonnie Lee, ejecutiva de Warner Bros, estudio con el que Burton ha estado muy unido durante casi dos terceras partes de su carrera como director, la cual se lo presenta al actor Paul Reubens, que pensaba llevar a la gran pantalla una adaptación de su famosísimo personaje televisivo para niños Pee-Wee Herman. La película La gran aventura de Pee-Wee (Pee Wee’s Big Adventure, 1985) fue un éxito sorpresa, pero se ha convertido, con el paso de los años, en otra película de la que Burton prefiere no oír hablar mucho.
Su siguiente película no dejo indiferente a nadie. 1988, se estrena Beetlejuice. Una película que se llama "zumo de escarabajo" no puede ser un film tradicional. Y no lo era. La unión del mundo de los vivos y con el de los muertos en una comedia inquietante hizo que la carrera de aquel pequeño dibujante de Tod y Toby se definiera definitivamente.

Después los murciélagos abandonaron las páginas de cómic que llevaban habitando tantos años para adentrarse en el mundo del celuloide sobrevolando una Gotham City de alcantarilla. Algunos acusan a estas películas (Batman y Batman Returns) de ser, junto con El Planeta de los simios, sus obras más comerciales, en las que tanto el guión como la dirección están hechas pensando en la taquilla. Pero en el caso de los murciélagos voladores la realidad es algo distinta. Y esa realidad se verifica al comparar estas dos películas con las otras dos posteriores que se hicieron sobre este cómic por la Warner pero con otro director a su cargo. Burton se negó a alargar más esta historia que creía suficiente don dos películas. La Warner no estaba de acuerdo y le encargo el proyecto a Schumacher. La conclusión es clara. En las dos primeras películas sí que estaba patente la visión de Tim Burton.
Pero estas dos películas no fueron seguidas. Entre ambas el director tuvo tiempo de hacer una de las obras más importantes de su carrera. Un cuento de hadas poco tradicional, en el que la magia se mezcla con una sutil crítica a la sociedad norteamericana y lo gótico se materializa en la más estética más dulce jamás creada. La historia de un ser marginal desde sus comienzos, de un ser inexistente para la sociedad hasta por su forma de existir y de una sociedad que prefiere la alienación de sus individuos ya que, con esta, resaltan los que son propicios a resaltar y no aquellos que han sido condenados, por las circunstancias de su vida a ser diferentes. Todavía no he citado el nombre de la película, pero es casi innecesario. Eduardo Manostijeras es una película que te llena de principio a fin. Es una historia en la que los personajes principales están en una constante evolución, que contrasta con la parálisis social, al igual que contrasta el castillo en el que habita Eduardo con la zona residencial en la que convive la representante de AVON. Un lugar amplio y oscuro se contrapone a un barrio plano, de colores pastel, insulso y de apariencias.

Por todo ello Eduardo Manostijeras se ha convertido en una de las películas más admiradas de este autor. Además cuenta con la colaboración de su alabado Vincent Price, todo un orgullo para Burton. Pero la carrera continúa.
Como ya se ha citado anteriormente, las influencias que más marcaron a Burton poco tienen que ver con las grandes obras del cine clásico norteamericano y mucho más tienen que ver con un universo gótico y tenebroso reflejado en los cuentos de Poe.
Si este reportaje empezaba con una frase cuanto menos particular era por algo. "¿Qué es? ¿Qué es?, hay luces de color... " continuaría diciendo: "¿Qué es?. Parecen algodón" Estas frases se corresponden a los versos con los que comienza la pieza musical central de Pesadilla antes de Navidad. Una película que habla sobre lo importante que es disfrutar de la vida en su conjunto, ya que el limitarse a un único aspecto de la misma lleva directamente a la infelicidad. Burton describe un mundo, el de Halloween en el que sus extraños habitantes se pasan la vida preparando el día de celebración de los difuntos. Cuando llega ese día lo disfrutan y el círculo vuelve a empezar. Jack, el protagonista tanto de la historia como de la ciudad de Halloween es diferente. No se conforma con lo que tienen y ansía mejorar. Se va de la ciudad y llega al mundo de la Navidad. Aquí sus habitantes son iguales que los del mundo de Halloween pero en versión navideña. Jack decide incorporar aspectos de esta nueva cultura a la suya, aunque no lo haga del mejor modo posible (secuestra a Santa Claus), para mejorar la forma de vida de los suyos. Una fábula de animación para adultos
En 1994 Burton dirige la que para una gran parte de sus fans es su mejor película. El director sorprende a todo el mudo con Ed Wood. Película que trata de homenajear la vida del peor director de cine de la historia. La magnífica interpretación de Jhonny Deep, junto con el delirante guión, hacen de Ed Wood un delicia para aquellos espectadores que se divierten con las películas ácidas y positivas. De nuevo un personaje marginal que lucha por conseguir lo que más quiere a pesar de su notable carencia de talento. Burton vuelve a tocar la fibra sensible del espectador con la que no casualmente es la película menos estética del director y la más profunda.

La sátira de este creador (tal y como el se define en sus entrevistas) no tiene límites, y lo demuestra en una de las películas más polémicas de los últimos años. En 1996 obtiene un reparto de lujo que cuenta entre sus nombres a actores como Jack Nicholson, Pierce Brosnan, Michael J. Fox o Glenn Close. Tras una época de extremo fervor alienígena en Hollywood, en la que la necesidad de reafirmación del patriotismo norteamericano no dejaba lugar a dudas, Burton sorprende a todos con una bofetada al orgullo de la bandera. Se estrena Mars Attacks!. Es su comedia más lograda, gracias a un guión de Jonathan Gems que mete constantemente el dedo en la llaga. El look Burtoniano al que en el año 96 ya estamos acostumbrados desaparece, pero no así su homenaje a las década dorada de los 50-60 y las películas de terror de serie B.
En los últimos años, el director se ha hecho todavía más popular (si es que era posible). Con Sleepy Hollow (1999) metió a medio mundo en un universo gótico, pero esta vez no de animación, sino con actores de carne y hueso. Los monos de remake de El planeta de los simios le han traído algunos quebraderos de cabeza, ya que está considerada su peor película. Muchos dicen que se vendió a la taquilla, aunque Burton asegura que su único objetivo al hacer la película era hacer algo nuevo. Contar la historia desde otra óptica. Con un final circular en el que todo fuera posible y con un nivel de autocrítica (de la raza humana) bastante elevado. Asegura que trataba de darle la vuelta a la narración habitual deshumanizando al héroe y que lo último que quería era que la gente pensara que esto era un remake. Como se puede comprobar, al menos esto último le salió mal.

Pero salvado el bache de los monos, Burton nos volvió a cautivar con otra película animalesca al menos en el nombre. Big Fish, es de nuevo, un cuento de los que Burton sabe narrar. Una historia mágica, conmovedora, optimista.... una fábula de las que no hay que perderse.
En Agosto se estrenará su próxima creación. Charlie y la fábrica de Chocolate. De nuevo una película que cuenta con la interpretación de su muso Jhonny Deep. ¿Qué sabor de boca nos dejará? Seguro que uno muy dulce.
Let´s the show begin!!!
Música, risa, surrealismo, erotismo... todo se confunde en este disparatado relato de mediados de los años 70 que sigue estando de la más completa actualidad.
The Rocky Horror Picture Show fue, es y seguirá siendo un referente dentro de las comedias musicales, tanto para sus admiradores como para sus detractores.

En 1975 Jim Sharman rodó su mayor locura cinematográfica. Algunos, tras su estreno, la calificaron de una película nefasta que iba a ser ignorada completamente por el público. Ahora, 30 años después, se puede asegurar que esas predicciones no sólo no se cumplieron, sino que en contra de todo lo esperado, este gran Show ha hecho reír y disfrutar a tres generaciones diferentes.
Pero The Rocky Horror es más que un simple film.
Desde su estreno ha congregado a un numerosísimo grupo de fieles, devotos seguidores que viernes tras viernes se acercan a las representaciones que de esta película se hacen en Londres, Paris, New York, Los Angeles, Munich, Tokyo, Sidney, Toronto... vestidos como los personajes. Cantan, bailan, lanzan arroz en el momento de la boda y despliegan sus paraguas cuando a Janet Weiss (Susane Sarandon) y a Brad Majors ( Barry Bostwick) les cae la terrible tormenta nocturna en medio del bosque.
No todas las películas han conseguido algo parecido; es más, son muy pocas las que han conseguido convertirse en narraciones intemporales que empatizan con el público y consiguen no sólo llenar cines (que cada vez es más difícil) sino desbordar teatros. The Rocky Horror Picture Show es más que una película, es una experiencia que no deja a nadie indiferente. O la odias, o la amas para siempre.
The Rocky Horror Picture Show fue, es y seguirá siendo un referente dentro de las comedias musicales, tanto para sus admiradores como para sus detractores.

En 1975 Jim Sharman rodó su mayor locura cinematográfica. Algunos, tras su estreno, la calificaron de una película nefasta que iba a ser ignorada completamente por el público. Ahora, 30 años después, se puede asegurar que esas predicciones no sólo no se cumplieron, sino que en contra de todo lo esperado, este gran Show ha hecho reír y disfrutar a tres generaciones diferentes.
Pero The Rocky Horror es más que un simple film.
Desde su estreno ha congregado a un numerosísimo grupo de fieles, devotos seguidores que viernes tras viernes se acercan a las representaciones que de esta película se hacen en Londres, Paris, New York, Los Angeles, Munich, Tokyo, Sidney, Toronto... vestidos como los personajes. Cantan, bailan, lanzan arroz en el momento de la boda y despliegan sus paraguas cuando a Janet Weiss (Susane Sarandon) y a Brad Majors ( Barry Bostwick) les cae la terrible tormenta nocturna en medio del bosque.
No todas las películas han conseguido algo parecido; es más, son muy pocas las que han conseguido convertirse en narraciones intemporales que empatizan con el público y consiguen no sólo llenar cines (que cada vez es más difícil) sino desbordar teatros. The Rocky Horror Picture Show es más que una película, es una experiencia que no deja a nadie indiferente. O la odias, o la amas para siempre.
Der Untergang
Simplemente magnífica.
Este es el nombre que el director alemán Oliver Hirschbiegel ha elegido para su última película. La traducción al castellano es El Hundimiento. La últimas horas de Hitler y del nacionalsocialismo alemán.
La película cuenta en 150 minutos las últimas horas del jefe militar e ideológico de la alemania nazi, su fracaso militar y, junto con él, su fracaso personal y el de todos los que le rodeaban.
La narracion de la película está extremadamente cuidada. La mayoría de la película transcurre en el bunquer en el que la cúpula del ejercito alemán planeaba sus estrategias y es brillante la forma que tiene el director de trasmitir las sensaciones que este bunquer inspira. La más destacable de todas es el sonido.
La utilización de la banda sonora es fundamental, ya que con ella viajamos dentro del espacio fílmico. Dentro del bunquer sólo hay silencio. La frialdad, la angustia y la decadencia adquieren su signifaco más relevante con el silencio, con la ausencia de notas y de melodia que acompañen al espectador durante la narración. De esta forma la película, en contra de lo que se ha dicho desde su estreno, no es una justificación del dictador, ni una humanización del mismo. O bueno, quizás esto último si sea cierto, pero esto no implica que esa humanización dote de connotaciones positivas a su figura, ya que la decadencia, la miseria y la barbarie también son atributos de la humanidad.
Este es el nombre que el director alemán Oliver Hirschbiegel ha elegido para su última película. La traducción al castellano es El Hundimiento. La últimas horas de Hitler y del nacionalsocialismo alemán.
La película cuenta en 150 minutos las últimas horas del jefe militar e ideológico de la alemania nazi, su fracaso militar y, junto con él, su fracaso personal y el de todos los que le rodeaban.
La narracion de la película está extremadamente cuidada. La mayoría de la película transcurre en el bunquer en el que la cúpula del ejercito alemán planeaba sus estrategias y es brillante la forma que tiene el director de trasmitir las sensaciones que este bunquer inspira. La más destacable de todas es el sonido.
La utilización de la banda sonora es fundamental, ya que con ella viajamos dentro del espacio fílmico. Dentro del bunquer sólo hay silencio. La frialdad, la angustia y la decadencia adquieren su signifaco más relevante con el silencio, con la ausencia de notas y de melodia que acompañen al espectador durante la narración. De esta forma la película, en contra de lo que se ha dicho desde su estreno, no es una justificación del dictador, ni una humanización del mismo. O bueno, quizás esto último si sea cierto, pero esto no implica que esa humanización dote de connotaciones positivas a su figura, ya que la decadencia, la miseria y la barbarie también son atributos de la humanidad.
Bienvenidos
Hola!!!!
Je,je,je... no sabes donde te estas metiendo... ¡Que es broma!
He aqui una nueva pagina sobre cine independiente...lo que surja.
Lee, disfuta y dejate llevar por los sonidos, imágenes y nuevas historias que llegan desde una dimensión menos conocida del mundo del celuloide.
Comienza la aventura y .... no tengas miedo a experimentar!!!!!!!!!!
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