DEL LENGUAJE C, AL PUNTO G...O COQUETEOS CON EL FETICHISMO.
Al menos en una ocasión, he comentado lo perezosa que soy para las sesiones de autoservicio sexual, y que tal vez se deba a que el conocimiento en solitario de mi cuerpo ocurrió muy temprano o porque un día leí una celebre frase “ el placer a solas no es placer” y esta ha debido grabarse en mi memoria, para que a mi, las mencionadas prácticas, me aburran.
Sin embargo, uno de lo momentos que siempre recuerdo, es mi primer “Gran Orgasmo” auto inducido, en modo digital. En ese momento me pareció lo máximo y lo fue, mucho más por la sorpresiva manera, como lo obtuve.
No recuerdo la edad con exactitud, pero digamos que 20. Aproximadamente a las 3 am, me encontraba en el salón del piso que compartía con tres compañeras de la universidad cuando decidí aprovechar mi falta de sueño y hojear ( y ojear) un libro de programación orientada a objetos, cuya lectura venía posponiendo, con las más variadas excusas.
Después de llevar bastante tiempo, entretenida en revisión de rutinas y garabateando algoritmos, el libro absorbió todo mi interés y aunque necesitaba dormir, seguía sin pizca de sueño, por lo cual termine de acostarme en el sofá. Mientras leía, recurrí a una rutina que siempre he utilizado, cuando deseo conciliar el sueño. Esta consiste en acariciar la cara interna de mi brazos y recorrer con la punta de lo dedos, los costados de mi torso, desde la cintura, hasta la altura de lo pechos. Este masaje me relaja de manera rápida y efectiva, además no suele producirme ningún tipo de reacción sexual.
El punto es que, esa madrugada, además de acariciar parte de mi cuerpo, comencé a acariciar mi vientre por debajo del pijama, para luego bajar mi mano y palpar lentamente los pelitos que, amenazaban con hacer una nueva aparición en mis zonas íntimas.
Continué durante largo rato con mi labor, mientras mi atención continuaba en el libro que sostenía encima de mi estómago, pero cada vez era más consciente de las reacciones que, involuntariamente y sin ningún tipo de concentración estaba provocando. Sentía como mi piel se iba erizando y observé a través de mi camiseta como mis pechos respondían a aquel estímulo de una manera que, parecían pedir a gritos ser acariciados.

Mi mano derecha tocaba y se atrevía a ir a lugares más íntimos y por qué no decirlo, bastante húmedos, mientras la izquierda se empeñaba en sostener un libro, cuya presencia había pasado por alto, por lo que en ese momento lo aparte y coloque en el suelo, para dedicarme a complacer a las zonas que requerían mi atención.
Pequeños y deliciosos espasmos, se expandían en todas direcciones, cuando me entregué en cien por ciento a responder a cada una de las sensaciones y a ejecutar las instrucciones de mi cuerpo, cambiando movimientos , ritmo, a medida que esas señales me lo indicaban, hasta que segundo después se produjo el Gran O, aquel orgasmo que me pareció infinito, que no había sido buscado y que hasta esos momentos, era la sensación más intensa generada por mi cuerpo y por un juego de caricias tan inocentes.
Tengo que decirles que, le tomé especial cariño al libro y en tono de broma, “en aquellos entonces” le comenté al alguien muy especial que me hacía falta tener el libro cerca, debido a las increíbles fantasías sexuales que visualizaba con el autor.
Esta experiencia la recordé y comente en una conversación reciente, para llegar a la conclusión que tal vez debería probar eso de la masturbación con alguna lectura técnica, para ver si cambio mi actitud hacia el hecho de hacerme deditos en solitario y que estos “rituales” dejen de darme pereza o me parezcan aburridos.
Sin embargo, uno de lo momentos que siempre recuerdo, es mi primer “Gran Orgasmo” auto inducido, en modo digital. En ese momento me pareció lo máximo y lo fue, mucho más por la sorpresiva manera, como lo obtuve.
No recuerdo la edad con exactitud, pero digamos que 20. Aproximadamente a las 3 am, me encontraba en el salón del piso que compartía con tres compañeras de la universidad cuando decidí aprovechar mi falta de sueño y hojear ( y ojear) un libro de programación orientada a objetos, cuya lectura venía posponiendo, con las más variadas excusas.
Después de llevar bastante tiempo, entretenida en revisión de rutinas y garabateando algoritmos, el libro absorbió todo mi interés y aunque necesitaba dormir, seguía sin pizca de sueño, por lo cual termine de acostarme en el sofá. Mientras leía, recurrí a una rutina que siempre he utilizado, cuando deseo conciliar el sueño. Esta consiste en acariciar la cara interna de mi brazos y recorrer con la punta de lo dedos, los costados de mi torso, desde la cintura, hasta la altura de lo pechos. Este masaje me relaja de manera rápida y efectiva, además no suele producirme ningún tipo de reacción sexual.
El punto es que, esa madrugada, además de acariciar parte de mi cuerpo, comencé a acariciar mi vientre por debajo del pijama, para luego bajar mi mano y palpar lentamente los pelitos que, amenazaban con hacer una nueva aparición en mis zonas íntimas.
Continué durante largo rato con mi labor, mientras mi atención continuaba en el libro que sostenía encima de mi estómago, pero cada vez era más consciente de las reacciones que, involuntariamente y sin ningún tipo de concentración estaba provocando. Sentía como mi piel se iba erizando y observé a través de mi camiseta como mis pechos respondían a aquel estímulo de una manera que, parecían pedir a gritos ser acariciados.

Mi mano derecha tocaba y se atrevía a ir a lugares más íntimos y por qué no decirlo, bastante húmedos, mientras la izquierda se empeñaba en sostener un libro, cuya presencia había pasado por alto, por lo que en ese momento lo aparte y coloque en el suelo, para dedicarme a complacer a las zonas que requerían mi atención.
Pequeños y deliciosos espasmos, se expandían en todas direcciones, cuando me entregué en cien por ciento a responder a cada una de las sensaciones y a ejecutar las instrucciones de mi cuerpo, cambiando movimientos , ritmo, a medida que esas señales me lo indicaban, hasta que segundo después se produjo el Gran O, aquel orgasmo que me pareció infinito, que no había sido buscado y que hasta esos momentos, era la sensación más intensa generada por mi cuerpo y por un juego de caricias tan inocentes.
Tengo que decirles que, le tomé especial cariño al libro y en tono de broma, “en aquellos entonces” le comenté al alguien muy especial que me hacía falta tener el libro cerca, debido a las increíbles fantasías sexuales que visualizaba con el autor.
Esta experiencia la recordé y comente en una conversación reciente, para llegar a la conclusión que tal vez debería probar eso de la masturbación con alguna lectura técnica, para ver si cambio mi actitud hacia el hecho de hacerme deditos en solitario y que estos “rituales” dejen de darme pereza o me parezcan aburridos.
TERAPIA ANTI DESEOS DE SER MADRE...UNA SOLA SESIÓN.
Ayer recibí la inesperada visita de una conocida. La verdad siempre sus visitas son inesperadas, afortunadamente nunca viene con grande problemas, sólo pequeñas crisis adolescentes, a pesar de sus treinta y tantos, y sus tres encantadores niños ( lease con tono irónico), de tres, dos y un año.
Después de saludar, dijo:
-No les des mucha confianza, que los estoy amaestrando, a ver si un día se comportan fuera de casa.
-Que exagerada!
Juro por Dios, que la próxima vez , que escuche algo parecido, hago caso y me callo...corta fue lo que se quedó!
A los angelitos en cuestión, los conocía de haberlos visto por la calle, uno a uno y en compañía de ambos padres y sí, me habían parecido inquietos, pero ayer, después de venir en manada, y estar tres eternas horas, viéndolos saltar en los sofás, arrastrase por el suelo, gritar de manera ensordecedora, coger cuanto objeto les dio la gana y lanzarlo, llegué a la conclusión que eran algo INSOPORTABLES, pero sin el “algo” y en mayúsculas.
Debo decir que tengo mucha paciencia con los niños, que casi ninguno me parece fastidioso...pero lo de ayer, seguramente era una señal divina, una prueba a mi tolerancia o alguna voz que gritaba algún mensaje acerca de mis dudas sobre si puedo ser o no, una buena madre...pero claro con el escándalo, no podía oír el mensaje celestial...ni terrenal.
Poco a poco, desapareció, la diplomacia, junto con mi perdida paciencia, seguida muy de cerca, de lo que yo, hasta ayer, creía que se podía llamar, instinto maternal y que fue sustituido por un incontrolable deseo de tomarme una docena de valium o pedirle que por favor, los atara de una vez, pero sólo pude decir:
-y...alguien te ayuda a atenderlos cuidarlos...controlarlos?
-si, una señora muy buena.
-ahh...y se queda con los tres...al mismo tiempo???
-si, en su casa.
-ahh, (coño, que cómoda, si ni trabaja) a los tres!...y no te da pena con la buena mujer...o sí y le pagas un tratamiento psiquiátrico?
-jajaja.
Juro , que intenté reírme, pero no me parecía gracioso, no lo era. Miraba todo lo que habían regado y lo que la madre intentaba recoger, mientras conversaba (...).
Estoy consciente que para una madre, su hijos son un tesoro y le parecerán criaturas adorables...pero yo pensaba en que ojalá que ella y su marido, siempre hayan tenido relaciones sexuales plenas, porque yo para ese momento, lo único que veía de bueno en esos niños era , el método natural de fecundación, con sus caricias, sus orgasmos...y bueno, para un buen gusto...menos mal que existen los anticonceptivos, porque sino, se me quitan hasta las ganas de hacer “prácticas procreadoras” .

Cuando yo estaba a punto de llorar y con deseos de salir corriendo desnuda por la calle, llegó el momento de la despedida y me suelta otra perla :
-Bueno nena, paso otro día, pero sola y hablamos mejor. Seguiré amaestrando a estos bichos.
-Si pero, mejor en tu casa...
Después de saludar, dijo:
-No les des mucha confianza, que los estoy amaestrando, a ver si un día se comportan fuera de casa.
-Que exagerada!
Juro por Dios, que la próxima vez , que escuche algo parecido, hago caso y me callo...corta fue lo que se quedó!
A los angelitos en cuestión, los conocía de haberlos visto por la calle, uno a uno y en compañía de ambos padres y sí, me habían parecido inquietos, pero ayer, después de venir en manada, y estar tres eternas horas, viéndolos saltar en los sofás, arrastrase por el suelo, gritar de manera ensordecedora, coger cuanto objeto les dio la gana y lanzarlo, llegué a la conclusión que eran algo INSOPORTABLES, pero sin el “algo” y en mayúsculas.
Debo decir que tengo mucha paciencia con los niños, que casi ninguno me parece fastidioso...pero lo de ayer, seguramente era una señal divina, una prueba a mi tolerancia o alguna voz que gritaba algún mensaje acerca de mis dudas sobre si puedo ser o no, una buena madre...pero claro con el escándalo, no podía oír el mensaje celestial...ni terrenal.
Poco a poco, desapareció, la diplomacia, junto con mi perdida paciencia, seguida muy de cerca, de lo que yo, hasta ayer, creía que se podía llamar, instinto maternal y que fue sustituido por un incontrolable deseo de tomarme una docena de valium o pedirle que por favor, los atara de una vez, pero sólo pude decir:
-y...alguien te ayuda a atenderlos cuidarlos...controlarlos?
-si, una señora muy buena.
-ahh...y se queda con los tres...al mismo tiempo???
-si, en su casa.
-ahh, (coño, que cómoda, si ni trabaja) a los tres!...y no te da pena con la buena mujer...o sí y le pagas un tratamiento psiquiátrico?
-jajaja.
Juro , que intenté reírme, pero no me parecía gracioso, no lo era. Miraba todo lo que habían regado y lo que la madre intentaba recoger, mientras conversaba (...).
Estoy consciente que para una madre, su hijos son un tesoro y le parecerán criaturas adorables...pero yo pensaba en que ojalá que ella y su marido, siempre hayan tenido relaciones sexuales plenas, porque yo para ese momento, lo único que veía de bueno en esos niños era , el método natural de fecundación, con sus caricias, sus orgasmos...y bueno, para un buen gusto...menos mal que existen los anticonceptivos, porque sino, se me quitan hasta las ganas de hacer “prácticas procreadoras” .

Cuando yo estaba a punto de llorar y con deseos de salir corriendo desnuda por la calle, llegó el momento de la despedida y me suelta otra perla :
-Bueno nena, paso otro día, pero sola y hablamos mejor. Seguiré amaestrando a estos bichos.
-Si pero, mejor en tu casa...
CUESTION DE FEELING
Nuevamente frente a mi, con tu mirada que roba y seduce, con tu sonrisa de siempre. Parece que imaginas que no ha transcurrido ningún día desde que mis ojos dejaron de buscarte en cada esquina y tus brazos dejaron de esperarme.
Parece que han pasado sólo horas desde que entendí que la distancia, no era sólo una variable de la física, que también podía estar en mi mente y recordarme que podía ayudarme a olvidar y a recordar, de manera descontrolada.
Cuando noté con desazón, que tu cuerpo estaba junto al mío y podía echarte de menos, que mientras tus manos dibujaban maravillosas formas, que hacian arder mi piel, mis sentidos se debatían entre el infinito placer que me proporcionaban y el dolor de las heridas, que aún permanecían intactas y con un ligero toque, podían dejar escapar torrentes de lágrimas.
Cuando entendí que el amor podía no ser, la cosa más fuerte del mundo, que el mio no estaba intacto, aun cuando era tan grande que podía durar para muchos años, pero que tenía un gran adversario en la desconfianza, que mi capacidad de “no remover la mierda” era menor que la tuya.
Cuando supe que nada era, ni sería igual, por más que lo intentara, decidi apagar la luz, salir y caminar, despacio, como si de esa manera pudiera recoger cada uno de los pasos que me habían llevado a esa situación.

A pesar de todo, no puedo aceptar que lo catalogues de rencor, porque esa palabra pesaría demasiado en mi alma y prefiero no gastar ni una milésima de tiempo en aplicarla, simplemente “perdono, pero no puedo olvidarlo” trillado? sí, además dicen, que si no olvidamos es porque no hemos perdonado, eso me parece mentira, porque los recuerdos siempre permanecen en nuestra memoria. Siempre podemos recordar un beso o una lagrima, una caricia o un grito, un abrazo o un rechazo, una mirada cariñosa o una acusadora, una ilusión o una decepción...
Podemos estar con una persona, seguir amándola, saber que nos ama, pero aún así, sentir que es insuficiente, sentir que ya no está a nuestro lado, que se ha ido, que nos ha dejado, podemos pasar una vida intentando hacer funcionar una relación, que no nos enriquece a ninguno de los dos.
Aprendí que es mucho más fácil soportar una distancia física, que una distancia espiritual, que al menos nuestras piedras grandes, debían ser iguales, que realmente nadie es la tapadera del frasco de nadie y que la mejor manera de caminar juntos, es mirar en la misma dirección.
PD. Hay cosas que no se pueden (o no se deben) olvidar, pero pueden desterrarse a un rincón, desde donde solo salen, cuando algún "inoportuno" las remueve. Lo bueno es notar que, no afectan en absoluto.
Parece que han pasado sólo horas desde que entendí que la distancia, no era sólo una variable de la física, que también podía estar en mi mente y recordarme que podía ayudarme a olvidar y a recordar, de manera descontrolada.
Cuando noté con desazón, que tu cuerpo estaba junto al mío y podía echarte de menos, que mientras tus manos dibujaban maravillosas formas, que hacian arder mi piel, mis sentidos se debatían entre el infinito placer que me proporcionaban y el dolor de las heridas, que aún permanecían intactas y con un ligero toque, podían dejar escapar torrentes de lágrimas.
Cuando entendí que el amor podía no ser, la cosa más fuerte del mundo, que el mio no estaba intacto, aun cuando era tan grande que podía durar para muchos años, pero que tenía un gran adversario en la desconfianza, que mi capacidad de “no remover la mierda” era menor que la tuya.
Cuando supe que nada era, ni sería igual, por más que lo intentara, decidi apagar la luz, salir y caminar, despacio, como si de esa manera pudiera recoger cada uno de los pasos que me habían llevado a esa situación.

A pesar de todo, no puedo aceptar que lo catalogues de rencor, porque esa palabra pesaría demasiado en mi alma y prefiero no gastar ni una milésima de tiempo en aplicarla, simplemente “perdono, pero no puedo olvidarlo” trillado? sí, además dicen, que si no olvidamos es porque no hemos perdonado, eso me parece mentira, porque los recuerdos siempre permanecen en nuestra memoria. Siempre podemos recordar un beso o una lagrima, una caricia o un grito, un abrazo o un rechazo, una mirada cariñosa o una acusadora, una ilusión o una decepción...
Podemos estar con una persona, seguir amándola, saber que nos ama, pero aún así, sentir que es insuficiente, sentir que ya no está a nuestro lado, que se ha ido, que nos ha dejado, podemos pasar una vida intentando hacer funcionar una relación, que no nos enriquece a ninguno de los dos.
Aprendí que es mucho más fácil soportar una distancia física, que una distancia espiritual, que al menos nuestras piedras grandes, debían ser iguales, que realmente nadie es la tapadera del frasco de nadie y que la mejor manera de caminar juntos, es mirar en la misma dirección.
PD. Hay cosas que no se pueden (o no se deben) olvidar, pero pueden desterrarse a un rincón, desde donde solo salen, cuando algún "inoportuno" las remueve. Lo bueno es notar que, no afectan en absoluto.
AQUÍ NO ES BUENO EL QUE AYUDA...
Cuando estaba en el octavo semestre de mi carrera, reprobé una asignatura, la cual era prerrequisito para casi todo el semestre siguiente. Esta asignatura, era cursada conjuntamente por estudiantes de ingeniería en computación (carrera que, debido a una “inesperada” decisión, no terminé) y estudiantes de ingeniería de sistemas (carrera en la que me titulé). La mayoría de los estudiantes reprobados eran estudiantes de sistemas, por lo que los comentarios, tales como “Sistemas es carrera para niñas” o “Claro, es uno de sus profesores habituales, conocen su metodología”.
El examen fue fijado para el siguiente día, a las 4pm, teniendo por delante 22 horas (...) para prepararme, me limité a leer y analizar los temas del único examen reprobado durante el semestre y uno que otro repaso visual a algunos gráficos, sin profundizar mucho.
Diez minutos después de comenzar la evaluación y notar que el examen era analítico, y muy diferente en forma, a los realizados durante el semestre, el profesor anunció, que quien no se sintiera preparado o se creyera incapaz de resolver los planteamientos que conformaban el examen, podía entregar y conservar la nota con la cual había reprobado. El primer personaje entregó su examen, actitud que fue seguida por muchos.
En ese momento, pensé en mi 4,45 de nota previa, la posibilidad de conservar ese 4 y el riesgo de obtener una nota aún más baja, en un examen que hasta ese momento no le encontraba sentido. Me dije a mi misma, que en este caso, [0; 4,49], significaba lo mismo y que no había perdido parte de la noche en leer un libro en un idioma distinto al mío, sólo para levantarme y conservar un reprobado.
Mis amigos abandonaron el aula, y se dedicaron a gritar desde el pasillo contiguo, para que los únicos dos estudiantes de su carrera, hiciéramos lo mismo Era tal el escándalo, que en dos ocasiones, el profesor salió a pedirles que se retiraran.
Sólo quedamos cinco dentro del aula, cuando apenas tenía mi primera respuesta, en tres líneas y una pequeña demostración matemática. Por un impulso, miré de soslayo la hoja de mi compañero más cercano, que estaba de cabo a rabo, cubierta de binarios. Sentí la “necesidad” de borrarlo todo y decidí no quitar la vista de mis folios.

Faltandome sólo tres puntos por desarrollar del examen, miré mi reloj, para comprobar que casi habíamos completado las dos horas. En ese momento, el profesor hizo su segundo anuncio importante de la tarde, “Señores, el examen durará el tiempo que haga falta, mientras alguno de ustedes tenga ideas concretas de solución”.
Todos mis compañeros, que se encontraba afuera, empezaron a “gritarnos” nuevamente que ya bastaba, que saliéramos ya, que teníamos que estudiar otras cosas y que lo que no habíamos hecho en dos horas, no lo haríamos en escasos minutos, que era una tontería permanecer ahí, sólo para reprobar.
Los gritos se confundían con las voces provenientes de los otros pasillos, por ser la hora de la salida de la mayoría de los cursos. No era que esos gritos me desconcentraban, sino que desde el principio me habían estado tentando a hacerles caso y dejar todo por la mitad, pero esa vez sentí, que no había ido a escapar ni a perder, por lo cual decidí imaginar hacer caso omiso y pensar que no había nadie más, ni dentro ni fuera del aula.
Diez minutos después, luego de escribir lo único coherente que se me ocurría para la preguntita de los tres puntos, me levanté y mientras recogía mis cosas, volví a observar a mi compañero de los binarios, quien indudablemente había escrito mucho más que yo.
Al día siguiente, a las 8am, las notas fueron publicadas, al final de la lista el profesor colocó con rotulador la siguiente frase “No se puede diseñar ni decidir, si antes no se analiza y el riesgo, puede ser la mejor opción ” .
Sólo aprobamos el chico de los binarios y yo, seis y siete puntos respectivamente, los tres restantes, así como lo que entregaron al empezar, conservaron su nota previa.
He recordado esta anécdota, porque en el post anterior, la mayoría de los comentarios me aconsejaban que dejara a mi amiga decidir lo que quisiera, que es precisamente lo que he hecho y pienso seguir haciendo. Porque se muy bien, que aunque deseemos lo mejor para alguien a quien amamos, lo que a nosotros nos parezca bueno, para esa persona, puede ser lo contrario. Esa es una de las razones me cuesta dar consejos, si me los piden.
Además, debemos confiar siempre en nuestras capacidades, las voces que oímos a nuestro alrededor, pueden darnos el valor para comernos el mundo y pueden ser las más desalentadoras y menos convenientes. En esos momentos es mejor ser sordos o simplemente prestar atención, sólo a ese susurro interior que nos dice, “adelante que tú puedes con esto”
Desde esa tarde, me comenzaron a caer peor, las personas que intentan limitar los sueños e ilusiones de quienes los rodean, porque si no nos sentimos capaces de apoyar, tampoco debemos intentar hacer desistir a nadie de sus metas. Como dice un canción que me gusta mucho “aquí no es bueno el que ayuda, sino el que no jode, acuérdese”.
El examen fue fijado para el siguiente día, a las 4pm, teniendo por delante 22 horas (...) para prepararme, me limité a leer y analizar los temas del único examen reprobado durante el semestre y uno que otro repaso visual a algunos gráficos, sin profundizar mucho.
Diez minutos después de comenzar la evaluación y notar que el examen era analítico, y muy diferente en forma, a los realizados durante el semestre, el profesor anunció, que quien no se sintiera preparado o se creyera incapaz de resolver los planteamientos que conformaban el examen, podía entregar y conservar la nota con la cual había reprobado. El primer personaje entregó su examen, actitud que fue seguida por muchos.
En ese momento, pensé en mi 4,45 de nota previa, la posibilidad de conservar ese 4 y el riesgo de obtener una nota aún más baja, en un examen que hasta ese momento no le encontraba sentido. Me dije a mi misma, que en este caso, [0; 4,49], significaba lo mismo y que no había perdido parte de la noche en leer un libro en un idioma distinto al mío, sólo para levantarme y conservar un reprobado.
Mis amigos abandonaron el aula, y se dedicaron a gritar desde el pasillo contiguo, para que los únicos dos estudiantes de su carrera, hiciéramos lo mismo Era tal el escándalo, que en dos ocasiones, el profesor salió a pedirles que se retiraran.
Sólo quedamos cinco dentro del aula, cuando apenas tenía mi primera respuesta, en tres líneas y una pequeña demostración matemática. Por un impulso, miré de soslayo la hoja de mi compañero más cercano, que estaba de cabo a rabo, cubierta de binarios. Sentí la “necesidad” de borrarlo todo y decidí no quitar la vista de mis folios.

Faltandome sólo tres puntos por desarrollar del examen, miré mi reloj, para comprobar que casi habíamos completado las dos horas. En ese momento, el profesor hizo su segundo anuncio importante de la tarde, “Señores, el examen durará el tiempo que haga falta, mientras alguno de ustedes tenga ideas concretas de solución”.
Todos mis compañeros, que se encontraba afuera, empezaron a “gritarnos” nuevamente que ya bastaba, que saliéramos ya, que teníamos que estudiar otras cosas y que lo que no habíamos hecho en dos horas, no lo haríamos en escasos minutos, que era una tontería permanecer ahí, sólo para reprobar.
Los gritos se confundían con las voces provenientes de los otros pasillos, por ser la hora de la salida de la mayoría de los cursos. No era que esos gritos me desconcentraban, sino que desde el principio me habían estado tentando a hacerles caso y dejar todo por la mitad, pero esa vez sentí, que no había ido a escapar ni a perder, por lo cual decidí imaginar hacer caso omiso y pensar que no había nadie más, ni dentro ni fuera del aula.
Diez minutos después, luego de escribir lo único coherente que se me ocurría para la preguntita de los tres puntos, me levanté y mientras recogía mis cosas, volví a observar a mi compañero de los binarios, quien indudablemente había escrito mucho más que yo.
Al día siguiente, a las 8am, las notas fueron publicadas, al final de la lista el profesor colocó con rotulador la siguiente frase “No se puede diseñar ni decidir, si antes no se analiza y el riesgo, puede ser la mejor opción ” .
Sólo aprobamos el chico de los binarios y yo, seis y siete puntos respectivamente, los tres restantes, así como lo que entregaron al empezar, conservaron su nota previa.
He recordado esta anécdota, porque en el post anterior, la mayoría de los comentarios me aconsejaban que dejara a mi amiga decidir lo que quisiera, que es precisamente lo que he hecho y pienso seguir haciendo. Porque se muy bien, que aunque deseemos lo mejor para alguien a quien amamos, lo que a nosotros nos parezca bueno, para esa persona, puede ser lo contrario. Esa es una de las razones me cuesta dar consejos, si me los piden.
Además, debemos confiar siempre en nuestras capacidades, las voces que oímos a nuestro alrededor, pueden darnos el valor para comernos el mundo y pueden ser las más desalentadoras y menos convenientes. En esos momentos es mejor ser sordos o simplemente prestar atención, sólo a ese susurro interior que nos dice, “adelante que tú puedes con esto”
Desde esa tarde, me comenzaron a caer peor, las personas que intentan limitar los sueños e ilusiones de quienes los rodean, porque si no nos sentimos capaces de apoyar, tampoco debemos intentar hacer desistir a nadie de sus metas. Como dice un canción que me gusta mucho “aquí no es bueno el que ayuda, sino el que no jode, acuérdese”.
VIVIR COMO UNA GALLINA
En uno de esos libros tan comunes acerca de herramientas de liderazgo, leí hace bastante tiempo, una parábola, donde se contaba la historia de un pichón de águila que había sido encontrado por un campesino, quien utilizó como método para su domesticación, criarlo en el gallinero, por lo cual se comportaba como una gallina. A pesar de tener hermosas y grandes alas, era incapaz de volar y se conformaba con los granos que su dueño, le dejaba caer en el suelo.
Hoy mientras conversaba con un amiga y me hablaba de su relación, basada en encuentros intensos y esporádicos, pensé en la historia que había leído, en la manera como se había conformado con lo que a mi, realmente me resulta muy poco, tan poco, que sólo me parece una pobre relación de conveniencias, donde ella no es más que un complemento para él.
Una relación que lo hace sentir fuerte, poderoso, dominante. Sin embargo, ella me hablaba de “calidad de tiempo y no cantidad”, me describía los instantes maravillosos que pasan juntos, la pasión que brota de cada uno de sus poros cuando el la toca y le dice que la quiere, que la necesita, que sin ella no podría vivir. Entonces, me pareció ver a la mujer segura que siempre ha sido y pensé que de verdad se siente satisfecha con eso y que de paso, es feliz.

Me sentí un poco mal por pensar, que ella para él, no es más que un aliciente, una poción de vitalidad, cuando en realidad es una mujer profesional, culta, preparada, muy atractiva, joven, independiente económicamente, que merece otro tipo de relación un hombre que seque sus lágrimas cuando llore, la mime cuando cada veintiocho días se le alboroten las hormonas, la aliente cuando vea el miedo en sus ojos, la acaricie mientras planifican lo ajetreado del siguiente día, la enseñe a ver situaciones eróticas, donde hasta hoy, solo ha visto tedio.
Alguien que maximice esos instantes de felicidad y le demuestre, que poco no significa bueno, ni mucho tiene por qué ser malo.
Una persona que la haga sentir protegida, que pueda ayudarla a desplegar sus alas, para que cuando desee volar alto, sola o acompañada no se conforme con posarse, de vez en cuando, en pequeñas ramas, sintiendo que le darán seguridad.

Reconozco, que me he dejado llevar por mi percepción de los hechos, por lo que quizás, ella no necesita ni quiere nada de lo que yo, deseo para ella.
Hoy mientras conversaba con un amiga y me hablaba de su relación, basada en encuentros intensos y esporádicos, pensé en la historia que había leído, en la manera como se había conformado con lo que a mi, realmente me resulta muy poco, tan poco, que sólo me parece una pobre relación de conveniencias, donde ella no es más que un complemento para él.
Una relación que lo hace sentir fuerte, poderoso, dominante. Sin embargo, ella me hablaba de “calidad de tiempo y no cantidad”, me describía los instantes maravillosos que pasan juntos, la pasión que brota de cada uno de sus poros cuando el la toca y le dice que la quiere, que la necesita, que sin ella no podría vivir. Entonces, me pareció ver a la mujer segura que siempre ha sido y pensé que de verdad se siente satisfecha con eso y que de paso, es feliz.

Me sentí un poco mal por pensar, que ella para él, no es más que un aliciente, una poción de vitalidad, cuando en realidad es una mujer profesional, culta, preparada, muy atractiva, joven, independiente económicamente, que merece otro tipo de relación un hombre que seque sus lágrimas cuando llore, la mime cuando cada veintiocho días se le alboroten las hormonas, la aliente cuando vea el miedo en sus ojos, la acaricie mientras planifican lo ajetreado del siguiente día, la enseñe a ver situaciones eróticas, donde hasta hoy, solo ha visto tedio.
Alguien que maximice esos instantes de felicidad y le demuestre, que poco no significa bueno, ni mucho tiene por qué ser malo.
Una persona que la haga sentir protegida, que pueda ayudarla a desplegar sus alas, para que cuando desee volar alto, sola o acompañada no se conforme con posarse, de vez en cuando, en pequeñas ramas, sintiendo que le darán seguridad.

Reconozco, que me he dejado llevar por mi percepción de los hechos, por lo que quizás, ella no necesita ni quiere nada de lo que yo, deseo para ella.
MIEDO A ESTAR SOLOS Y MIEDO A ESTAR ACOMPAÑADOS.
Como seres humanos, muchas veces nos resistimos a los cambios, a esa necesidad de romper patrones de comportamiento, que pueden estar incidiendo, en nuestro presente y nuestro futuro.
Es posible que nos acostumbremos tanto, a una presencia o a una ausencia, hasta el punto de sentirnos incapaces de acabar con nuestra situación actual, aun sabiendo que podemos estar mejor, si tan sólo hacemos algunos cambios.
Esa resistencia a los cambios, en numerosas oportunidades, nos hace perder la libertad, traicionar nuestros códigos, nuestras leyes y nuestros deseos, convirtiéndose en un miedo absurdo, que no nos permite actuar con naturalidad, que no nos permite dejarnos llevar, haciéndonos perder la libertad. Esa libertad, que no existe sino en nuestra mente cuando nos sentimos dueños de poder escoger lo que creemos conveniente, sin pensar si es bueno o malo, si mejor o peor…o simplemente divagar, si estamos mejor solos o acompañados.
Ayer, mientras conversaba con una amiga, me confesó que a veces, tenía mucho miedo de comprometerse con alguien, porque no quería romper sus esquemas, su forma de vivir, su independencia, el hacer y decir, sólo cuando quiere y desea. Sin embargo, en otras oportunidades, podía extrañar la compañía de una persona con quien compartir ese día a día, sus triunfos y sus derrotas, sus alegrías y sus tristezas alguien que te apoye y a quien apoyar, pero ese miedo al cambio, siempre le ha hecho descartar cualquier intención o cualquier oportunidad.

Esta es otra historia común, muchas personas se acostumbran tanto a vivir en pareja, que aunque la situación se torne insostenible, son incapaces de aceptar que no funciona y que deberían tomar caminos diferentes, tal vez, opuestos. Otras en cambio, se acostumbran a la soledad y a la libertad emocional, que esta les ocasiona, llegando incluso a desearla.
No pertenezco a ninguno de estos ejemplos particulares, aunque ciertamente me identifico con el segundo y quizás he sentido mucho miedo de cambiar de “situación emocional”, cuando lo que me gustaría es dejar de un lado la razón y dejarme seducir por la locura del momento, actuar como si no existiera un pasado ni un futuro, sólo un presente y creer realmente, que puedo quitar lo que no me guste, en el momento que me plazca.
Sería mucho más fácil, presionar una tecla y seguir una sencilla instrucción de editar/escapar/borrar y “voilà” ya no recuerdo nada, he olvidado todo lo que no me gusta, incluso algunos archivos que contenían miedos… pero entonces, ¿qué es lo que he olvidado? ¿Qué es lo que he superado?.
Seguramente, en lugar de disfrutar a plenitud, perderíamos el tiempo intentando recordar, a que le tuvimos tanto miedo o preguntándonos, si presionamos la tecla correcta en el momento adecuado.
Es posible que nos acostumbremos tanto, a una presencia o a una ausencia, hasta el punto de sentirnos incapaces de acabar con nuestra situación actual, aun sabiendo que podemos estar mejor, si tan sólo hacemos algunos cambios.
Esa resistencia a los cambios, en numerosas oportunidades, nos hace perder la libertad, traicionar nuestros códigos, nuestras leyes y nuestros deseos, convirtiéndose en un miedo absurdo, que no nos permite actuar con naturalidad, que no nos permite dejarnos llevar, haciéndonos perder la libertad. Esa libertad, que no existe sino en nuestra mente cuando nos sentimos dueños de poder escoger lo que creemos conveniente, sin pensar si es bueno o malo, si mejor o peor…o simplemente divagar, si estamos mejor solos o acompañados.
Ayer, mientras conversaba con una amiga, me confesó que a veces, tenía mucho miedo de comprometerse con alguien, porque no quería romper sus esquemas, su forma de vivir, su independencia, el hacer y decir, sólo cuando quiere y desea. Sin embargo, en otras oportunidades, podía extrañar la compañía de una persona con quien compartir ese día a día, sus triunfos y sus derrotas, sus alegrías y sus tristezas alguien que te apoye y a quien apoyar, pero ese miedo al cambio, siempre le ha hecho descartar cualquier intención o cualquier oportunidad.

Esta es otra historia común, muchas personas se acostumbran tanto a vivir en pareja, que aunque la situación se torne insostenible, son incapaces de aceptar que no funciona y que deberían tomar caminos diferentes, tal vez, opuestos. Otras en cambio, se acostumbran a la soledad y a la libertad emocional, que esta les ocasiona, llegando incluso a desearla.
No pertenezco a ninguno de estos ejemplos particulares, aunque ciertamente me identifico con el segundo y quizás he sentido mucho miedo de cambiar de “situación emocional”, cuando lo que me gustaría es dejar de un lado la razón y dejarme seducir por la locura del momento, actuar como si no existiera un pasado ni un futuro, sólo un presente y creer realmente, que puedo quitar lo que no me guste, en el momento que me plazca.
Sería mucho más fácil, presionar una tecla y seguir una sencilla instrucción de editar/escapar/borrar y “voilà” ya no recuerdo nada, he olvidado todo lo que no me gusta, incluso algunos archivos que contenían miedos… pero entonces, ¿qué es lo que he olvidado? ¿Qué es lo que he superado?.
Seguramente, en lugar de disfrutar a plenitud, perderíamos el tiempo intentando recordar, a que le tuvimos tanto miedo o preguntándonos, si presionamos la tecla correcta en el momento adecuado.
LA PRÓXIMA VEZ O UNA HISTORIA COMÚN
Sólo te habías planteado una sesión de sexo, de buen sexo, en fin, un encuentro sin secuelas, sin llamadas posteriores, sin “te quiero” ni “te amo”, sólo con cabida para dos cuerpos llenos de deseo y dos bocas que degustaban del placer, cada vez con más ansiedad.
Están sudorosos y exhaustos, y se miran una y otra vez. Buscas una explicación, una respuesta, al cúmulo de cosas que estás sintiendo en este momento y que no sólo se deben a la situación.
No quieres separarte de ese cuerpo que te envuelve, te sientes segura y deseas no tener que hacerlo nunca. Sientes su respiración, esta despierto, acaricia tu cabello y tampoco hace el menor intento por separarse. No tienes idea del motivo de sus pensamientos, sientes un ligero beso en la mejilla, también sin palabras.

Ahora la distancia los separa, pero su pensamiento está con él. Han hecho el amor, lo han pasado bien, ha sido maravilloso.
Han transcurrido pocas horas desde que se despidieron y no has dejado de sentir tu piel, el roce de cada caricia, cada beso, cada humedad cada sabor y cada gesto. Recuerdas el sonido de cada uno de los halagos, la música, la brisa, sus palabras y sus susurros.
El acaba de llamar, sólo para desearte un buen día y aún así, no ha dejado pasar la oportunidad para decirte lo mucho que te ha pensado mientras observa tu ausencia en su cama, que añora el olor de tu cuerpo que ha impregnado las sabanas que acabaron por cubrir sus cuerpos, conservando el calor que desprendían y que la próxima vez, no te dejará marchar.
-¿La próxima vez?
-Si, la próxima vez.
Y en la agonía de una sala de espera, has apuntado todos los detalles en un “cuaderno de cuadritos”, por si alguna vez los olvidas y tan sólo deseas recordarlos...Ahora que me lo preguntas, no se decirte que pasará, tal vez leyendo el cuaderno...puedas saberlo.
PD. Espero que al leer, algunos trozos de esa historia, te diga algo. El cuaderno está disponible.
Están sudorosos y exhaustos, y se miran una y otra vez. Buscas una explicación, una respuesta, al cúmulo de cosas que estás sintiendo en este momento y que no sólo se deben a la situación.
No quieres separarte de ese cuerpo que te envuelve, te sientes segura y deseas no tener que hacerlo nunca. Sientes su respiración, esta despierto, acaricia tu cabello y tampoco hace el menor intento por separarse. No tienes idea del motivo de sus pensamientos, sientes un ligero beso en la mejilla, también sin palabras.

Ahora la distancia los separa, pero su pensamiento está con él. Han hecho el amor, lo han pasado bien, ha sido maravilloso.
Han transcurrido pocas horas desde que se despidieron y no has dejado de sentir tu piel, el roce de cada caricia, cada beso, cada humedad cada sabor y cada gesto. Recuerdas el sonido de cada uno de los halagos, la música, la brisa, sus palabras y sus susurros.
El acaba de llamar, sólo para desearte un buen día y aún así, no ha dejado pasar la oportunidad para decirte lo mucho que te ha pensado mientras observa tu ausencia en su cama, que añora el olor de tu cuerpo que ha impregnado las sabanas que acabaron por cubrir sus cuerpos, conservando el calor que desprendían y que la próxima vez, no te dejará marchar.
-¿La próxima vez?
-Si, la próxima vez.
Y en la agonía de una sala de espera, has apuntado todos los detalles en un “cuaderno de cuadritos”, por si alguna vez los olvidas y tan sólo deseas recordarlos...Ahora que me lo preguntas, no se decirte que pasará, tal vez leyendo el cuaderno...puedas saberlo.
PD. Espero que al leer, algunos trozos de esa historia, te diga algo. El cuaderno está disponible.
SIN MIRAR HACIA ABAJO
Mis ojos no desean perder ningún detalle de los movimientos de ese hombre, que apenas empieza su recorrido. Contengo la respiración en cada paso, para no permitir que el ruido del aire al salir de mis pulmones, pueda desviar su atención del reto que tiene por delante. Supongo que todos pensarán lo mismo, y que de una u otra manera, sienten nervios, porque el ambiente está muy tenso.
No me sorprende, lo he visto hacerlo antes. Para él, es sólo una rutina, por eso no estoy impresionada, aunque no dejo de sentir esa suerte de vértigo ajeno, en mi estómago.
Él sabe perfectamente la distancia que debe recorrer, sin mirar hacia abajo y que lo único importante, es evitar caer. Si lo consigue tiene el éxito garantizado. Dejo de prestarle atención y mi pensamiento vuela, muy lejos de ese lugar, donde sólo estoy yo, no tengo encima una gran carpa, ni cientos de personas cooperando para que pueda concentrarme, aunque caiga, yo si puedo continuar.
En ese momento, el repentino ruido de los aplausos, me hace sacudir mi cabeza, como si de esa manera ahuyentara toda mi reflexión. El equilibrista saluda a su público y yo sigo pensando en la palabra riesgo.

Hace pocos días le dije a una amiga, que la persona con quien está “saliendo” me parecía muy equilibrado. Se sorprendió y me dijo, que si las locuras que él decía / hacia, denotaban algún equilibrio.
Le respondí que si, que en mi diccionario personal, una de mis definiciones dice, que una persona equilibrada, es aquella que agrega a su vida, las dosis justas de locura y razón, para hacer realidad sus sueños, vivir de la manera que desea, ser feliz y no permitir que nadie interfiera… y eso, es justamente lo que él hace. Lo que realmente quise decirle, es que se arriesgara, que se decidiera a caminar por esa cuerda, que el equilibrio esta dentro de ella y que todo lo demás es sólo física…además, ¿qué es para ti, el equilibrio?
No me sorprende, lo he visto hacerlo antes. Para él, es sólo una rutina, por eso no estoy impresionada, aunque no dejo de sentir esa suerte de vértigo ajeno, en mi estómago.
Él sabe perfectamente la distancia que debe recorrer, sin mirar hacia abajo y que lo único importante, es evitar caer. Si lo consigue tiene el éxito garantizado. Dejo de prestarle atención y mi pensamiento vuela, muy lejos de ese lugar, donde sólo estoy yo, no tengo encima una gran carpa, ni cientos de personas cooperando para que pueda concentrarme, aunque caiga, yo si puedo continuar.
En ese momento, el repentino ruido de los aplausos, me hace sacudir mi cabeza, como si de esa manera ahuyentara toda mi reflexión. El equilibrista saluda a su público y yo sigo pensando en la palabra riesgo.

Hace pocos días le dije a una amiga, que la persona con quien está “saliendo” me parecía muy equilibrado. Se sorprendió y me dijo, que si las locuras que él decía / hacia, denotaban algún equilibrio.
Le respondí que si, que en mi diccionario personal, una de mis definiciones dice, que una persona equilibrada, es aquella que agrega a su vida, las dosis justas de locura y razón, para hacer realidad sus sueños, vivir de la manera que desea, ser feliz y no permitir que nadie interfiera… y eso, es justamente lo que él hace. Lo que realmente quise decirle, es que se arriesgara, que se decidiera a caminar por esa cuerda, que el equilibrio esta dentro de ella y que todo lo demás es sólo física…además, ¿qué es para ti, el equilibrio?
MUJERES Y MÁS MUJERES
Hoy me levanto, apago el televisor, leo un sms, me escandalizo por el estado de mi cabello, subo a la báscula y veo que sigue igual, reviso el estado de mis cejas. Me meto en la ducha y mientras dejo correr el agua, recuerdo la fecha y me doy cuenta, que nos unen tantas cosas, a pesar de que somos tan distintas.
Tus principios no son los mios. No tenemos los mismo gustos, ni si quiera el mismo color de cabellos. No nacimos ni crecimos en el mismo sitio, puede ser, que ni hablemos los mismos idiomas.
Ni siquiera conozco tu religión, si es que crees en alguna. Tampoco tengo idea cual es tu estilo de ropa, ni como debe ser “tu hombre perfecto”
Tú tienes, quizás tengas hijos, yo no. Puede que seas de letras y aunque yo soy de ciencias, puedo entenderte y comprenderte, incluso podemos llegar a la misma conclusión, sin habernos hablado, podemos coincidir y podemos tener criterios opuestos.
Ambas, podemos estar enamoradas, dolidas, podemos sacrificarnos, luchar, ser fieles o infieles, llorar y reir, sufrir perdonar y volver a amar, todas somos capaces de hacerlo, una y otra vez, sin importar el orden o el tamaño del sufrimiento.
Puedo oirte, ver tus ojos o simplemente leerte e intuir como te sientes, puedo jugar a adivinar lo que esconden tus palabras, lo que dices y lo que realmente necesitas decir, porque en el fondo, tengo tu misma esencia, aunque esto no es facil de observar. Ambas somos mujeres.

Tú, que eres hombre (sabe que los adoro), no digo que estés incapacitado, para ninguna de esas cosas , pero hoy es nuestro día, el día de la mujer, así que aunque pases de fechas, seas un romántico empedernido todo el año, o simplemente los detalles no sean tu fuerte, hoy tienes un excelente pretexto para demostrar tu cariño de manera especial, con un gesto, una palabra o un sencillo y muy barato abrazo. Si no lo necesitas, mejor.
Porque las mujeres somos, del tamaño del compromiso que tenemos por delante, les deseo (y me deseo) un feliz día a todas, las que aman y las amadas, las tristes y las felices, las que entregan y las que reciben, las que luchan y las que quieren rendirse, las solas y las acompañadas, en fin a todas las mujeres.
A todos los chicos, besen, apoyen, amen, quieran a esa mujer que tienen cerca. No importa quien sea.
Les regalo mis dos estrofas favoritas de uno, que le ha escrito a todas las “mujeres” (de R.Arjona)Mujeres
Que hubiera escrito Neruda
Que habria pintado Picasso
Si no existieran musas
Como ustedes
Dicen que fue una costilla
Hubiese dado mi columna vertebral, por verlas andar
Despues de hacer el amor hasta el tocador y sin voltear
Sin voltear, sin voltear
Tus principios no son los mios. No tenemos los mismo gustos, ni si quiera el mismo color de cabellos. No nacimos ni crecimos en el mismo sitio, puede ser, que ni hablemos los mismos idiomas.
Ni siquiera conozco tu religión, si es que crees en alguna. Tampoco tengo idea cual es tu estilo de ropa, ni como debe ser “tu hombre perfecto”
Tú tienes, quizás tengas hijos, yo no. Puede que seas de letras y aunque yo soy de ciencias, puedo entenderte y comprenderte, incluso podemos llegar a la misma conclusión, sin habernos hablado, podemos coincidir y podemos tener criterios opuestos.
Ambas, podemos estar enamoradas, dolidas, podemos sacrificarnos, luchar, ser fieles o infieles, llorar y reir, sufrir perdonar y volver a amar, todas somos capaces de hacerlo, una y otra vez, sin importar el orden o el tamaño del sufrimiento.
Puedo oirte, ver tus ojos o simplemente leerte e intuir como te sientes, puedo jugar a adivinar lo que esconden tus palabras, lo que dices y lo que realmente necesitas decir, porque en el fondo, tengo tu misma esencia, aunque esto no es facil de observar. Ambas somos mujeres.

Tú, que eres hombre (sabe que los adoro), no digo que estés incapacitado, para ninguna de esas cosas , pero hoy es nuestro día, el día de la mujer, así que aunque pases de fechas, seas un romántico empedernido todo el año, o simplemente los detalles no sean tu fuerte, hoy tienes un excelente pretexto para demostrar tu cariño de manera especial, con un gesto, una palabra o un sencillo y muy barato abrazo. Si no lo necesitas, mejor.
Porque las mujeres somos, del tamaño del compromiso que tenemos por delante, les deseo (y me deseo) un feliz día a todas, las que aman y las amadas, las tristes y las felices, las que entregan y las que reciben, las que luchan y las que quieren rendirse, las solas y las acompañadas, en fin a todas las mujeres.
A todos los chicos, besen, apoyen, amen, quieran a esa mujer que tienen cerca. No importa quien sea.
Les regalo mis dos estrofas favoritas de uno, que le ha escrito a todas las “mujeres” (de R.Arjona)
Que hubiera escrito Neruda
Que habria pintado Picasso
Si no existieran musas
Como ustedes
Dicen que fue una costilla
Hubiese dado mi columna vertebral, por verlas andar
Despues de hacer el amor hasta el tocador y sin voltear
Sin voltear, sin voltear
“LEVÁNTATE MAÑANA Y COMIENZA”
Nuevamente la misma idea, la misma espera y el mismo sin sabor de saber que no llega, siguen sudando mi manos y de soslayo, miro por enésima vez el reloj, sólo para constatar que el tiempo sigue transcurriendo, a pesar de mi empeño, de no darle importancia.
Una vez más me levanto y recorro el poco espacio, que conforma mis dominios. Seco una vez más, el sudor de mis manos con el pantalón. Cuantas veces me repetía mi madre, que no debía hacer eso, pero en ese tiempo, mis manos no solían sudar, era más bien un reflejo, una forma de canalizar mis estados nerviosos o tal vez una mala costumbre, aprendida de quien sabe quien.
Se que estoy ansiosa y no puedo evitarlo. Ahora miro en el calendario , los días que han transcurrido, con cada una de las notas y los dibujitos, que no se bien que significan, pero que por alguna razón están ahí, algún sentido tuvieron en su momento, como algún sentido tiene que yo continúe esperando, lo que a estas altura, no tengo claro si llegará.
El sonido seco de mis tacones al golpear el piso, es la banda sonora de mi espera. Se que debería ponerme más cómoda, pero de esta manera. es como mejor me siento. Me imagino que son mis nudillos contra una puerta que no se abrirá, porque sencillamente, no me atrevo realmente a llamar.
Aspiro hondo, como si quisiera absorberlo todo y sólo consigo oler esa esencia, que inunda mi mundo, que no se si es buena o mala, pero que de la misma manera que un día me embriaga, otro simplemente me marea, para luego impedirme que la siga percibiendo.
Me acerco a la ventana y pienso en mis balcones, la brisa, las vistas, que eran tan importantes y que siempre buscaba tener. Me doy cuenta que las he perdido. Apago la luz y vuelvo a tener miedo, por el mismo motivo de antes, no por la oscuridad.
Noto una enorme sensación de vacío y recuerdo los consejos, y las anécdotas de las que he extraído tantas y tantas enseñanzas, con las que he formado las coordenadas de un mapa, que aún no completo, pero que tengo que empezar a usar cuanto antes, sin dejar pasar un día más.

Me dejo acariciar por esas frases, ese ejemplo, esas risas. Intento contagiarme de ese positivismo y de ese espíritu emprendedor y logro sonreír, cosa que no había hecho en muchas horas. Ya no es cuestión de evaluar, sino de decidir y ejecutar, tienes razón: “lo que te falta es empezar”.
Una vez más me levanto y recorro el poco espacio, que conforma mis dominios. Seco una vez más, el sudor de mis manos con el pantalón. Cuantas veces me repetía mi madre, que no debía hacer eso, pero en ese tiempo, mis manos no solían sudar, era más bien un reflejo, una forma de canalizar mis estados nerviosos o tal vez una mala costumbre, aprendida de quien sabe quien.
Se que estoy ansiosa y no puedo evitarlo. Ahora miro en el calendario , los días que han transcurrido, con cada una de las notas y los dibujitos, que no se bien que significan, pero que por alguna razón están ahí, algún sentido tuvieron en su momento, como algún sentido tiene que yo continúe esperando, lo que a estas altura, no tengo claro si llegará.
El sonido seco de mis tacones al golpear el piso, es la banda sonora de mi espera. Se que debería ponerme más cómoda, pero de esta manera. es como mejor me siento. Me imagino que son mis nudillos contra una puerta que no se abrirá, porque sencillamente, no me atrevo realmente a llamar.
Aspiro hondo, como si quisiera absorberlo todo y sólo consigo oler esa esencia, que inunda mi mundo, que no se si es buena o mala, pero que de la misma manera que un día me embriaga, otro simplemente me marea, para luego impedirme que la siga percibiendo.
Me acerco a la ventana y pienso en mis balcones, la brisa, las vistas, que eran tan importantes y que siempre buscaba tener. Me doy cuenta que las he perdido. Apago la luz y vuelvo a tener miedo, por el mismo motivo de antes, no por la oscuridad.
Noto una enorme sensación de vacío y recuerdo los consejos, y las anécdotas de las que he extraído tantas y tantas enseñanzas, con las que he formado las coordenadas de un mapa, que aún no completo, pero que tengo que empezar a usar cuanto antes, sin dejar pasar un día más.

Me dejo acariciar por esas frases, ese ejemplo, esas risas. Intento contagiarme de ese positivismo y de ese espíritu emprendedor y logro sonreír, cosa que no había hecho en muchas horas. Ya no es cuestión de evaluar, sino de decidir y ejecutar, tienes razón: “lo que te falta es empezar”.
Y TÚ, ¿QUÉ POSICIÓN OCUPAS EN EL RANKING?
Yo no lo sé y lo mejor, es que no me quita el sueño. “No estoy de acuerdo, eso no es cierto”, este fue el comentario de un amigo, cuando le comenté, que acababa de leer un estudio sexual (no recuerdo la página), en el cual concluían, que la vida sexual de las parejas habituales, en España, era muy pobre y que francamente estos datos, no me parecían muy acertados. Seguidamente me pregunta, que si los comparo con los venezolanos, como los veo yo en la lista, del uno al diez (1-10). Aquí debo decir que aparte de no gustarme las comparaciones, el tamaño de mi muestra poblacional, no me aporta suficiente base para hacerlo (…).
Todos sabemos que, sexo es sexo, tanto en España como en Venezuela, pero una comparación podría resultar poco objetiva, porque cada sitio tiene sus costumbres, como estilos de vida diferentes. Un ejemplo de esto, son los horarios laborales (y de estudios), son tan distintos, que cualquier comparación, donde se toque las preferencias en cuanto al momento del encuentro, no serían del todo equitativas. Ante la pregunta, que titula este post, mi respuesta fue simplemente “no lo se, pero el sexo, me gusta sentirlo y disfrutarlo”.
Reconozco mi “necesidad” de darle vueltas a todo, y entré a la red a buscar a “vuelo de pájaro” un estudio sexual parecido, pero aplicado a venezolanos. No encontré ningún análisis cuantitativo. Lo más reciente fue una entrevista, donde se le preguntaba al “experto”, que lugar ocupaba el venezolano en el ranking. A lo que respondió “el venezolano es sumamente erótico y muy activo e intenso sexualmente, pero que en las consultas, había notado un descenso en la frecuencia”.
Ambos informes han sido presentados por especialistas.Están hablando de gente que asiste a terapias de pareja y es obvio, que algún problema notaran para asistir a ellas, ¿no?
Yo he conversado mucho de estos temas, con personas de distintas nacionalidades, y lo que he observado, es que hay quien es muy cerrado, para hablar abiertamente de sexo con su pareja y decirle claramente lo que le gusta, lo que le disgusta o lo que le gustaría que hicieran y donde.
Algunas personas, con las cuales tengo o he tenido mucha confianza, me han dicho, que les disgusta hacer ciertas cosas en la cama, pero que a sus parejas, les encanta y por eso lo hacen, casi por obligación, pero no se atreven a decirlo.
También he oído a mujeres que se quejan de que sus maridos, sólo se preocupan por acabar y que luego de acabar el acto, les toca culminar en “modo digital” o quedarse frustradas y tampoco dicen nada, ni de manera sutil.
Hombres que se quejan de que sus mujeres, se limitan a esperar la penetración y preguntar en pleno acto “¿ya? y que para follar así, se van al “modo manual” con más frecuencia.
Esto me da mucho que pensar, y me pregunto si inevitablemente las parejas caen en estas situaciones con el tiempo o sencillamente siempre ha sido así, pero pasada la emoción de los primeros meses (o años), el asunto se nota o empeora.
Por qué el corte de muchas personas a pedirle o sencillamente a comunicarles a sus parejas lo que desean de su vida sexual, las cosas que desean hacer. Se de algunos que tardan años en hablar y disfrutan de verdaderos renacimientos sexuales. Otros, no lo hacen nunca y la relación, termina por irse de paseo, junto con las ganas y el deseo.

Todo lo dicho anteriormente, no incluye a las personas, que no han aceptado el sexo como algo natural en la vida, que no es solo para procrear y menos para cumplir y otro tanto, que no hacen más que “horrorizarse” ante la sola mención de una mamada o de un polvo rapidito, situaciones muy normales, en una pareja sexualmente activa. Estas actitudes, no dejan de sorprenderme e incluso, escandalizarme, porque para mí, pareja (no rollete) es sinónimo de confianza, comunicación, dialogo, complicidad y respeto.
Es cierto que soy de las que no se callan ni debajo del agua (menos en la cama…), pero porque alguien sea poco conversador, no quiere decir que no pueda intimar verbalmente con su pareja y buscar un equilibrio, entre lo que desea cada uno y lo que el otro quiere o puede dar…y aquí no se trata de un gran sacrificio, de luchar, ni de competir.
PD1. De acuerdo al primer estudio, las relaciones sexuales de los españoles son poco frecuentes, preferiblemente de noche, los fines de semana y en la cama.
PD2. Según el segundo estudio consultado, la mujer venezolana se desempeña mejor en la "cama", que en la actividad política". :-# Afortunadamente, no tengo aspiraciones políticas! ;-)
PD3. La única característica cuantitativa que pude comparar de dos estudios, es que el tamaño promedio del pene de los españoles, es mayor, que el de los venezolanos. :-O
Todos sabemos que, sexo es sexo, tanto en España como en Venezuela, pero una comparación podría resultar poco objetiva, porque cada sitio tiene sus costumbres, como estilos de vida diferentes. Un ejemplo de esto, son los horarios laborales (y de estudios), son tan distintos, que cualquier comparación, donde se toque las preferencias en cuanto al momento del encuentro, no serían del todo equitativas. Ante la pregunta, que titula este post, mi respuesta fue simplemente “no lo se, pero el sexo, me gusta sentirlo y disfrutarlo”.
Reconozco mi “necesidad” de darle vueltas a todo, y entré a la red a buscar a “vuelo de pájaro” un estudio sexual parecido, pero aplicado a venezolanos. No encontré ningún análisis cuantitativo. Lo más reciente fue una entrevista, donde se le preguntaba al “experto”, que lugar ocupaba el venezolano en el ranking. A lo que respondió “el venezolano es sumamente erótico y muy activo e intenso sexualmente, pero que en las consultas, había notado un descenso en la frecuencia”.
Ambos informes han sido presentados por especialistas.Están hablando de gente que asiste a terapias de pareja y es obvio, que algún problema notaran para asistir a ellas, ¿no?
Yo he conversado mucho de estos temas, con personas de distintas nacionalidades, y lo que he observado, es que hay quien es muy cerrado, para hablar abiertamente de sexo con su pareja y decirle claramente lo que le gusta, lo que le disgusta o lo que le gustaría que hicieran y donde.
Algunas personas, con las cuales tengo o he tenido mucha confianza, me han dicho, que les disgusta hacer ciertas cosas en la cama, pero que a sus parejas, les encanta y por eso lo hacen, casi por obligación, pero no se atreven a decirlo.
También he oído a mujeres que se quejan de que sus maridos, sólo se preocupan por acabar y que luego de acabar el acto, les toca culminar en “modo digital” o quedarse frustradas y tampoco dicen nada, ni de manera sutil.
Hombres que se quejan de que sus mujeres, se limitan a esperar la penetración y preguntar en pleno acto “¿ya? y que para follar así, se van al “modo manual” con más frecuencia.
Esto me da mucho que pensar, y me pregunto si inevitablemente las parejas caen en estas situaciones con el tiempo o sencillamente siempre ha sido así, pero pasada la emoción de los primeros meses (o años), el asunto se nota o empeora.
Por qué el corte de muchas personas a pedirle o sencillamente a comunicarles a sus parejas lo que desean de su vida sexual, las cosas que desean hacer. Se de algunos que tardan años en hablar y disfrutan de verdaderos renacimientos sexuales. Otros, no lo hacen nunca y la relación, termina por irse de paseo, junto con las ganas y el deseo.

Todo lo dicho anteriormente, no incluye a las personas, que no han aceptado el sexo como algo natural en la vida, que no es solo para procrear y menos para cumplir y otro tanto, que no hacen más que “horrorizarse” ante la sola mención de una mamada o de un polvo rapidito, situaciones muy normales, en una pareja sexualmente activa. Estas actitudes, no dejan de sorprenderme e incluso, escandalizarme, porque para mí, pareja (no rollete) es sinónimo de confianza, comunicación, dialogo, complicidad y respeto.
Es cierto que soy de las que no se callan ni debajo del agua (menos en la cama…), pero porque alguien sea poco conversador, no quiere decir que no pueda intimar verbalmente con su pareja y buscar un equilibrio, entre lo que desea cada uno y lo que el otro quiere o puede dar…y aquí no se trata de un gran sacrificio, de luchar, ni de competir.
PD1. De acuerdo al primer estudio, las relaciones sexuales de los españoles son poco frecuentes, preferiblemente de noche, los fines de semana y en la cama.
PD2. Según el segundo estudio consultado, la mujer venezolana se desempeña mejor en la "cama", que en la actividad política". :-# Afortunadamente, no tengo aspiraciones políticas! ;-)
PD3. La única característica cuantitativa que pude comparar de dos estudios, es que el tamaño promedio del pene de los españoles, es mayor, que el de los venezolanos. :-O
PERSEGUIR O ANHELAR
Desde antes de la fecundación, somos competidores. De Pequeños,aprendemos a competir, bien sea de manera espontánea o no. Muchas veces conseguimos sobresalir del grupo, podemos ser el mejor o el peor, incluso formar parte de la media o del montón.
Hay personas que van por la vida juntando medallas, sin importarles cuanto tengan que hacer para sobresalir, para obtener la tan ansiada distinción.
Muchos son los competidores, y pocos los que logran cruzar la meta en posición privilegiada, algunos incluso, nunca llegan a cruzarla, abandonan la carrera en el camino, caen y son incapaces de levantarse, quizás por la falta de estimulo, de motivación o sencillamente, creen, que no merece la pena el sacrificio.
Es cierto, que la vida es una constante lucha, que hay que hacer nuestro mejor esfuerzo y dar lo mejor de nosotros mismos, por lo que queremos. Sin embargo, a veces, es muy difícil saber en que posición de la lista estamos, si en el numero uno o al final.

Cuantas veces me he preguntado que tanto he luchado por conseguir esas medallas, cuánto he luchado por alcanzar lo que deseo y si alguna vez, he debido pasar por encima de alguien, de forma consciente e inconsciente. Si nuestro sacrificio ha sido justo, o si sólo hicimos un amago de lucha…
¿Cuantas veces alguien habrá obtenido una gran victoria a expensas de mi propia derrota?
Cuando hablo con alguien y en esa conversación, mezcla amor, cariño, con sacrificio, con luchas y batallas, no puedo hacer más que adueñarme de sus reflexiones y comenzar a divagar, haciéndome tantas preguntas, de las cuales, muchas veces no se la respuesta y otras, prefiero ignorarla.
Hay personas que dicen que han hecho tonterías, estupideces, sacrificios, en fin cosas que nunca hubieran hecho, de no tener como principal fuente de motivación al “amor más grande del mundo”. Yo prefiero no darles un nombre a estas “cosas” que hacemos, y que para nosotros, están plenamente justificadas.
El amor requiere riesgos, aparte de sacrificios, que por mucha experiencia que tengamos, no se puede hablar de certeza en las reacciones, las emociones, los sentimientos y todo aquello, que es tangible, sólo para nuestro corazón.
¿Cuántas veces el temor a perder, ha vencido tus ganas de luchar?
¿Qué es lo más grande que has hecho en nombre del amor?
Hay personas que van por la vida juntando medallas, sin importarles cuanto tengan que hacer para sobresalir, para obtener la tan ansiada distinción.
Muchos son los competidores, y pocos los que logran cruzar la meta en posición privilegiada, algunos incluso, nunca llegan a cruzarla, abandonan la carrera en el camino, caen y son incapaces de levantarse, quizás por la falta de estimulo, de motivación o sencillamente, creen, que no merece la pena el sacrificio.
Es cierto, que la vida es una constante lucha, que hay que hacer nuestro mejor esfuerzo y dar lo mejor de nosotros mismos, por lo que queremos. Sin embargo, a veces, es muy difícil saber en que posición de la lista estamos, si en el numero uno o al final.

Cuantas veces me he preguntado que tanto he luchado por conseguir esas medallas, cuánto he luchado por alcanzar lo que deseo y si alguna vez, he debido pasar por encima de alguien, de forma consciente e inconsciente. Si nuestro sacrificio ha sido justo, o si sólo hicimos un amago de lucha…
¿Cuantas veces alguien habrá obtenido una gran victoria a expensas de mi propia derrota?
Cuando hablo con alguien y en esa conversación, mezcla amor, cariño, con sacrificio, con luchas y batallas, no puedo hacer más que adueñarme de sus reflexiones y comenzar a divagar, haciéndome tantas preguntas, de las cuales, muchas veces no se la respuesta y otras, prefiero ignorarla.
Hay personas que dicen que han hecho tonterías, estupideces, sacrificios, en fin cosas que nunca hubieran hecho, de no tener como principal fuente de motivación al “amor más grande del mundo”. Yo prefiero no darles un nombre a estas “cosas” que hacemos, y que para nosotros, están plenamente justificadas.
El amor requiere riesgos, aparte de sacrificios, que por mucha experiencia que tengamos, no se puede hablar de certeza en las reacciones, las emociones, los sentimientos y todo aquello, que es tangible, sólo para nuestro corazón.
¿Cuántas veces el temor a perder, ha vencido tus ganas de luchar?
¿Qué es lo más grande que has hecho en nombre del amor?