Encerrado en la habitación
Hoy es un día de esos que cualquiera que haya estudiado comprende. Esos días en el que agobio de un examen te obliga (te obligas tú mismo sería mejor decir) a encerrarte en la habitación. Te coges tu botellita de agua, pones en orden la mesa con todo lo necesario y adelante, al toro.
Hoy me ha tocado un día de esos, y es que de aquí al día 6 de julio toca dar el callo como nunca. Y es que realmente acojona, porque mis relaciones con las asignaturas relacionadas con el Derecho y la Sociología son de un amor-odio que en estos tiempos terminan siempre, irremediablemente en odio. Por lo tanto, he decidido que me encerraba en la habitación y así ha sido. Hacía tanto calor por la noche que a las 6 y media ya estaba hasta las narices de la cama y me he levantado. Subo la ventana y la calle desierta a excepción de una tía de unos 16 años echando los hígados (vivo justo en la zona de marcha y a una esquina de una de las discotecas principales de Santiago, Apolo). Uno es tan despistado que la vista se le va multitud de veces a la calle... donde todo sigue tan tranquillo como siempre: el dueño de la librería que abre, los pubs que cierran, las cafeterías que abren, la gente que como loca corre a la biblio (sólo abren dos los sábados, y la gente hace cola para ir a estudiar, ¡¡indecente!!).
Ya a media mañana, con un buen tazón de café tomado las ventanas de los edificios colindantes comienzan a levantarse. Y ya tenemos las mismas vistas de siempre: la viejecita de enfrente todo el día por la ventana (la tía tiene chanado a todo el vecindario, fijo), las plantas de maría de los de enfrente cada vez más esbeltas (serán cabrones...), la tienda de bocatas que abre y que obliga a todo el vecindario a cerrar las ventanas porque el olor a fritanga sube hasta un tercer piso...
Pero eso no es lo peor. Después de comer y encender el ordenador un ratillo y estar hablando un ratillo aquí con los amiguetes vuelves al tajo y empieza la mala leche. La gente que ya no está estudiando sale de cañitas por la calle, la gente de instituto va de sesión de tarde a Apolo (dicen que no venden alcohol por la tarde, serán cachondos los tíos)... Vamos, que uno tiene que hacer uso de todas sus fuerzas y seguir ahí con los puñeteros modos en que se hace un tratado internacional, en como son las políticas públicas de la Unión Europea (un putiferio).
Y hasta ahora. Y dentro de un ratito a dormir que mañana toca otra, que el miércoles toca examen.
Hoy me ha tocado un día de esos, y es que de aquí al día 6 de julio toca dar el callo como nunca. Y es que realmente acojona, porque mis relaciones con las asignaturas relacionadas con el Derecho y la Sociología son de un amor-odio que en estos tiempos terminan siempre, irremediablemente en odio. Por lo tanto, he decidido que me encerraba en la habitación y así ha sido. Hacía tanto calor por la noche que a las 6 y media ya estaba hasta las narices de la cama y me he levantado. Subo la ventana y la calle desierta a excepción de una tía de unos 16 años echando los hígados (vivo justo en la zona de marcha y a una esquina de una de las discotecas principales de Santiago, Apolo). Uno es tan despistado que la vista se le va multitud de veces a la calle... donde todo sigue tan tranquillo como siempre: el dueño de la librería que abre, los pubs que cierran, las cafeterías que abren, la gente que como loca corre a la biblio (sólo abren dos los sábados, y la gente hace cola para ir a estudiar, ¡¡indecente!!).
Ya a media mañana, con un buen tazón de café tomado las ventanas de los edificios colindantes comienzan a levantarse. Y ya tenemos las mismas vistas de siempre: la viejecita de enfrente todo el día por la ventana (la tía tiene chanado a todo el vecindario, fijo), las plantas de maría de los de enfrente cada vez más esbeltas (serán cabrones...), la tienda de bocatas que abre y que obliga a todo el vecindario a cerrar las ventanas porque el olor a fritanga sube hasta un tercer piso...
Pero eso no es lo peor. Después de comer y encender el ordenador un ratillo y estar hablando un ratillo aquí con los amiguetes vuelves al tajo y empieza la mala leche. La gente que ya no está estudiando sale de cañitas por la calle, la gente de instituto va de sesión de tarde a Apolo (dicen que no venden alcohol por la tarde, serán cachondos los tíos)... Vamos, que uno tiene que hacer uso de todas sus fuerzas y seguir ahí con los puñeteros modos en que se hace un tratado internacional, en como son las políticas públicas de la Unión Europea (un putiferio).
Y hasta ahora. Y dentro de un ratito a dormir que mañana toca otra, que el miércoles toca examen.
Comentario:
Valor y al toro!!
Hay que estudiar JOJONES!!
Hay que estudiar JOJONES!!
Comentario:
Buah, esto es lo peor que le puede pasar a un estudiante, estar en una zona concurrida. Yo al vivir en un pueblo no es tan grave, pero vivo en una calle muy transitada y al lado mismo tengo la piscina municipal. Veo la gente como se baña, incluso la agua...Madre mía, es un horror. Por suerte notengo clases :)
En fin, suerte tio, y que sea leve.
En fin, suerte tio, y que sea leve.





