¡¡Qué hemos hecho!!
Decía Fukuyama que el mundo estaba en paz. Que con la caída del Muro de Berlín y del último gobierno soviético presidido por MIhail Gorbachov el mundo había superado la peor de las pesadillas. Que se había producido "El Fin de la Historia".
Tristemente se equivocó. En tanto se lo ha acabado apuntando Huntington y su "Choque de las Civilizaciones" tras innumerables cruces dialécticos que se han podido seguir por El Mundo y El País. Pero han sido los hechos, la realidad, lo que le han dado la razón.
Huntington nos decía que era utópico pensar en un mundo unipolar, globalizado. Que esa misma globalización sería la causante. Que las raíces culturales y religiosas enfrentadas sustituirían a los soviets y el Tratado Comunista . Y así ha sido. Cuando más globalizados estamos, más nos disgregamos. La Balsa de Piedra de Saramago ha aumentado sorprendentemente hasta albergar a todo Occiedente y se ha separado sin remisión de toda tierra civilizada.
Hemos intentado imponer por la fuerza unas creencias basadas en otra religión (siempre por medio...), hemos provocado masacres apocalípticas en África por nuestro pérfido sueño imperialista que nos llevó a dividir África entre los europeos a golpe de escuadra y cartabón. No hemos hecho nada por el tercer mundo salvo sacar tajada monetaria y empresarial. En definitiva, hemos utilizado un imperialismo, no por invasión, sino por aplastamiento económico y... ¡¡qué hemos hecho!!
Esta escala de egoísmo imperialista nos ha llevado a justificar una guerra con burdas mentiras pero con ganacias económicas y energéticas; no hemos hecho nada por Palestina por sus relaciones con la mayor potencia mundial y sus ayudas militares y de inteligencia facilitadas, hemos dejado que paramilitares pagados por petrolíferas extranjeras campen a sus anchas por Nigeria (y es sólo un ejemplo) haciendo sus propias recalificaciones de terrenos y estableciendo "su" ley. Y esto es sólo la punta del iceberg que hundió, tras partir en dos, al Titanic.
Escribo esto tras volver a ver las imágenes del surcoreano atrapado por Al Qaeda. Me han sobre cogido como creo que nunca una imagen de una guerra (quizá menos que la del niño que muere acurrucado con su padre cuando son ametrallados a bocajarro en Gaza a manos del ejército israelí, pero era diferente). Hasta tal extremo ha llegado nuestra sangre fría que ver el sábado el cadáver del estadounidense degollado no nos altera el ánimo. El ver la masacre de Madrid sí significaba algo. Era un: "están aquí"; o un: "era mi hermano/padre/hijo...". Pero cuando en Bagdag mueren 200 personas lo que vemos son 20 segundos de televisión. Sin más. Lo vemos normal. El mismo día del 11-S se produjo otro 11-S. A la misma hora que unos terroristas suicidad cual kamikazes se estrellaban contra el World Trade Center en la India una empresa sufría un vertido de pesticida en un río. Causó la muerte a más gente que en la Zona Cero. Sin embargo, los medios de comunicación lloraron por Occidente, el hermano pobre no tenía nada que ofrecerles en la mesa a la hora de comer.
Sin embargo las imágenes del surcoreano muestran el rostro de alguien involucrado en una situación que no controla, que le supera. Que ve como todos los sueños de cualquiera de nosotros le han volado en el fatídico momento en el que su coche fue detenido a punta de fusil en mitad de una carretera. Es, si el 0.5% de posibilidades que se le pueden dar a una negociación en estos casos falla, el rostro de un muerto.
No se puede confiar en los sentimientos de un terrorista para apelar a su salvación. Simplemente porque pensar en que tengas sentimientos es caer en la ensoñación. Como ejemplo cabe recordar una de las conversaciones de Fernando Reinares con etarras encarcelados en Los Patriotas de la Muerte. Habían tenido secuestrado durante mucho tiempo a un empresario vasco. Durante el cautiverio el roce hizo que surtiera una amistad. El secuestrado les hacía la comida para todos, charlaban, veían el fútbol (compartían el mismo equipo)... Un día llegó un mensaje: "hay que matarlo". Y pese a las vivencias y amistad de meses lo hicieron. Ni lo dudaron ni se arrepientes hoy en día: "era un enemigo". Imaginaron pues si un etarra llega hasta este punto por unos fines políticos, adonde llegará alguien con unos fines religiosos tan extremos como los miembros de Al Qaeda y sin nada que perder y mucho que ganar. Sólo nos queda esperar que el 0.5% de posibilidades sea suficiente.
Mientras tanto si nada cambia, o no lo hacemos cambiar, Márquez seguirá teniendo la oprtunidad de grabar el desplome de muchos puentes en este Territorio Comanche en el que vivimos.
Tristemente se equivocó. En tanto se lo ha acabado apuntando Huntington y su "Choque de las Civilizaciones" tras innumerables cruces dialécticos que se han podido seguir por El Mundo y El País. Pero han sido los hechos, la realidad, lo que le han dado la razón.
Huntington nos decía que era utópico pensar en un mundo unipolar, globalizado. Que esa misma globalización sería la causante. Que las raíces culturales y religiosas enfrentadas sustituirían a los soviets y el Tratado Comunista . Y así ha sido. Cuando más globalizados estamos, más nos disgregamos. La Balsa de Piedra de Saramago ha aumentado sorprendentemente hasta albergar a todo Occiedente y se ha separado sin remisión de toda tierra civilizada.
Hemos intentado imponer por la fuerza unas creencias basadas en otra religión (siempre por medio...), hemos provocado masacres apocalípticas en África por nuestro pérfido sueño imperialista que nos llevó a dividir África entre los europeos a golpe de escuadra y cartabón. No hemos hecho nada por el tercer mundo salvo sacar tajada monetaria y empresarial. En definitiva, hemos utilizado un imperialismo, no por invasión, sino por aplastamiento económico y... ¡¡qué hemos hecho!!
Esta escala de egoísmo imperialista nos ha llevado a justificar una guerra con burdas mentiras pero con ganacias económicas y energéticas; no hemos hecho nada por Palestina por sus relaciones con la mayor potencia mundial y sus ayudas militares y de inteligencia facilitadas, hemos dejado que paramilitares pagados por petrolíferas extranjeras campen a sus anchas por Nigeria (y es sólo un ejemplo) haciendo sus propias recalificaciones de terrenos y estableciendo "su" ley. Y esto es sólo la punta del iceberg que hundió, tras partir en dos, al Titanic.
Escribo esto tras volver a ver las imágenes del surcoreano atrapado por Al Qaeda. Me han sobre cogido como creo que nunca una imagen de una guerra (quizá menos que la del niño que muere acurrucado con su padre cuando son ametrallados a bocajarro en Gaza a manos del ejército israelí, pero era diferente). Hasta tal extremo ha llegado nuestra sangre fría que ver el sábado el cadáver del estadounidense degollado no nos altera el ánimo. El ver la masacre de Madrid sí significaba algo. Era un: "están aquí"; o un: "era mi hermano/padre/hijo...". Pero cuando en Bagdag mueren 200 personas lo que vemos son 20 segundos de televisión. Sin más. Lo vemos normal. El mismo día del 11-S se produjo otro 11-S. A la misma hora que unos terroristas suicidad cual kamikazes se estrellaban contra el World Trade Center en la India una empresa sufría un vertido de pesticida en un río. Causó la muerte a más gente que en la Zona Cero. Sin embargo, los medios de comunicación lloraron por Occidente, el hermano pobre no tenía nada que ofrecerles en la mesa a la hora de comer.
Sin embargo las imágenes del surcoreano muestran el rostro de alguien involucrado en una situación que no controla, que le supera. Que ve como todos los sueños de cualquiera de nosotros le han volado en el fatídico momento en el que su coche fue detenido a punta de fusil en mitad de una carretera. Es, si el 0.5% de posibilidades que se le pueden dar a una negociación en estos casos falla, el rostro de un muerto.
No se puede confiar en los sentimientos de un terrorista para apelar a su salvación. Simplemente porque pensar en que tengas sentimientos es caer en la ensoñación. Como ejemplo cabe recordar una de las conversaciones de Fernando Reinares con etarras encarcelados en Los Patriotas de la Muerte. Habían tenido secuestrado durante mucho tiempo a un empresario vasco. Durante el cautiverio el roce hizo que surtiera una amistad. El secuestrado les hacía la comida para todos, charlaban, veían el fútbol (compartían el mismo equipo)... Un día llegó un mensaje: "hay que matarlo". Y pese a las vivencias y amistad de meses lo hicieron. Ni lo dudaron ni se arrepientes hoy en día: "era un enemigo". Imaginaron pues si un etarra llega hasta este punto por unos fines políticos, adonde llegará alguien con unos fines religiosos tan extremos como los miembros de Al Qaeda y sin nada que perder y mucho que ganar. Sólo nos queda esperar que el 0.5% de posibilidades sea suficiente.
Mientras tanto si nada cambia, o no lo hacemos cambiar, Márquez seguirá teniendo la oprtunidad de grabar el desplome de muchos puentes en este Territorio Comanche en el que vivimos.





