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La sonrisa Élfica
Risas, opiniones y vivencias
Acerca de
Me llamo Elwing, que en élfico significa "Rocio de Estrellas". Fui así llamada por el hogar donde nací; "Lanthir Lamath"; La Cascada del Eco de las Voces.Mi padre es el gran Dior "Heredero de Thingol" y señor de Doriath, de donde yo escapé en el Silmaril y me casé con Eärendil, Rey de Valinor. Uno de mis hijos es Elrond, señor de Rivendel y custodia del Vilya: Uno de los Tres Anillos Élficos; "El Anillo del Aire" o "Anillo de Zafiro" . Fui feliz en Valinor, aun que sufrí las tristezas de las almas y las desgracias del mundo. Y así sigo, en mi pequeño Edén, intentando paliar el dolor, luchando contra la injusticia, abogando por los puros de corazón, y guardando el Vilya junto con toda la alegria de la vida. Ahora te invito a compartir mi sonrisa.
Sindicación
 
La más Hermosa Sonrisa Élfica!!!

El 1 de Febrero fue el cumpleaños de mi encanto de niño… Y fui a felicitarle… reconozco que en principio me hice algo la loca, mientras saludaba al resto (a él siempre le dejo para lo ultimo) le miraba de reojillo.
Estaba decaído y muy tristón (por motivos personales varios, que luego me explicó) y cuando al fin terminé de saludar a los demás, según me acerqué a él, le felicité…
Hubo un cambio tan radical en su rostro, en su gesto!!!
Todo mi cuerpo quedó petrificado de emoción observando la amplia sonrisa que se dibujaba en sus labios, en sus ojos, fue como si absolutamente todo su cuerpo sonriera, como si todos y cada uno de sus poros, de repente, sonrieran!
Cuando se recobró, pero ya sin perder la sonrisa, y sin dejar de mirarme fijamente con esas dos cucarachas ardientes que tiene dentro de las cuencas, me dijo, en un emotivo susurro:

-Te has acordado…-
Y siguió sonriéndome mientras me cogía de los hombros (como acostumbra ha hacer) para besarme las mejillas.

Yo no pude hacer más que devolverle la sonrisa, los inocentes besos, y la mirada intensa y cargada de renovada emoción.

Claro que ni se me ocurrió decirle que había ido hasta allí solo para verle y felicitarle!!!

Que ha que viene esto…
Cada vez que me siento triste, o decaída, pienso en aquella sonrisa, y un rallito de luz ilumina mi nublada mente…
En otras ocasiones, aquella hermosa sonrisa viene a mi mente por si sola, sin que yo la llame, a hacerme compañía, a llenarme el alma de grata calidez…(Grata a pesar de estos sofocantes calores!!!)
 
Amor:

Que palabra tan grande, cuanto significado implícito… Amor.
Realmente es una de las palabras más poderosas que existen.
Por amor, cambiamos radicalmente nuestras vidas, por amor morimos, por amor matamos, por amor luchamos, por amor hacemos cosas enormes… Bien sean buenas o malas.
Por amor… Amor, sí, el amor nos despierta o nos duerme, nos da vida o nos la quita, por amor vivimos, soñamos, sufrimos, nos llenamos de alegre euforia o desesperada desazón… Amor?

Que en realidad es solamente una reacción química de nuestro cerebro, provocada en un momento determinado por una serie de agentes externos que desencadenan la producción de determinadas sustancias en nuestro cerebro… Y si no me creen, lean, lean a continuación este articulo sacado de una revista científica…

EL AMOR ES UNA FÓRMULA QUÍMICA ESPLENDOROSA
El título suena poco romántico pero resulta que enamorarse es más un asunto de laboratorio que de misterio inexplicable. Hace algunos años se empezó a estudiar el amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas de diversa intensidad.
La feniletilamina (uno de los neurotransmisores más simples) es una sustancia identificada hace un siglo, pero hasta hace relativamente poco los científicos comenzaron a asociarla con el sentimiento de amor. Es una molécula natural, semejante a la anfetamina, y se supone que su producción en el cerebro pueda desencadenarse por eventos tan simples como un intercambio de miradas.
Esa asociación surgió de la teoría propuesta por los doctores Donald F. Klein y Michael Lebowitz, del Instituto Siquiátrico del Estado de Nueva York, quienes se dieron cuenta que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina y especularon que esa sustancia podría ser la principal responsable de las sensaciones y cambios fisiológicos que experimentamos cuando estamos enamorados.
Los médicos llevaron a cabo un estudio con pacientes que manifestaban una depresión síquica causada por una desilusión amorosa y les llamó la atención su compulsión por comer grandes cantidades de chocolate —que es especialmente rico en feniletilamina—, por lo que dedujeron que su adicción debía ser una especie de “automedicación” para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de esa sustancia.
Es decir, cuando nos enamoramos el cerebro produce feniletilamina a gran escala, lo que nos hace ver el mundo color de rosa y sentir que flotamos. Pero también, en ese estado, entre seis y 20 partes del cerebro se muestran inactivas, según un estudio realizado por el neurólogo inglés Andreas Bartels, miembro del University College de Londres, quien sometió a hombres y mujeres a una resonancia magnética para medir su actividad cerebral mientras pensaban y veían fotos de sus parejas. Para comparar este estado con el normal hicieron la misma prueba mientras hablaban de amigos y veían fotos de desconocidos. Y resultó que mientras hablaban de sus parejas disminuía la actividad de las áreas de la depresión y el desánimo, por ejemplo.
También hay una explicación científica respecto del “amor a primera vista”. Algunos investigadores afirman que liberamos continuamente productos químicos volátiles llamados feromonas, a través de los miles de millones de poros de la piel e incluso del aliento, y que existen evidencias de que los seres humanos se pueden comunicar con señales bioquímicas inconscientes.
Es decir, las feromonas son capaces de transmitir señales de interés sexual, lo que provoca que dos personas desconocidas se vean y queden flechadas por ese cupido químico.
Los que sustentan esto se basan en estudios que demuestran la utilización de las feromonas por especies tan diversas como las mariposas, hormigas, lobos, elefantes y simios. Las feromonas producen reacciones químicas que resultan en sensaciones placenteras. Así, a medida que nos vamos haciendo “adictos”, cuanto más prolongada es su ausencia más nos sentimos enamorados. La ansiedad que provoca la pasión sería, por lo tanto, el síntoma más claro del síndrome de abstinencia de feromonas.
La doctora Donatella Marazziti, siquiatra de la Universidad de Pisa, Italia, piensa que las personas “enfermas de amor” realmente están enfermas: sufren de un trastorno obsesivo compulsivo. Sin duda, pasión y sicosis obsesivo compulsiva comparten diversos aspectos comunes, ya que “ambos estados están asociados a bajos niveles cerebrales de serotonina, una sustancia química fabricada por el cuerpo que nos ayuda a lidiar con situaciones estresantes”.
Pero, como canta José José, “el amor acaba”. O, en palabras de Óscar Wilde, “la única diferencia entre un capricho y un amor eterno es que el capricho dura más”.
Según la profesora Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York, “los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses”. Hazan entrevistó y estudió a cinco mil personas de 37 culturas diferentes y descubrió que el amor posee un “tiempo de vida” lo suficientemente largo para que la pareja se conozca, copule y tenga un descendiente. “En términos de la evolución —dice— no necesitamos de corazones palpitantes y sudor frío en las manos; la manera más confiable para que una pareja de cualquier especie se reproduzca es mantenerlos en un mismo espacio durante cierto tiempo”.
La investigadora identificó que, al lado de la ya mencionada feniletilamina, la dopamina y la oxcitocina también intervienen en el amor. Estas sustancias químicas son relativamente comunes en el cuerpo humano pero solamente son encontradas juntas en las etapas iniciales de la conquista. Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a sus efectos y la pasión se desvanece gradualmente. La pareja, entonces, se encuentra ante una disyuntiva: separarse o encontrar placer en formas más serenas de relacionarse como pueden ser el compañerismo, el afecto, la tolerancia y los intereses en común, que no producen excitación pero sí seguridad y sentido de la pertenencia.
En este caso entran en acción otras sustancias: las endorfinas, que son compuestos químicos naturales con una estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos, los que confieren la sensación de bienestar. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, ya que dejamos de recibir la dosis cotidiana de narcóticos.
Pero, bueno, no hay que olvidar que para enfrentar los tiempos de depresión amorosa podemos recurrir fácilmente (((jeje, lo de las bolas chinas es cosa mia))) a unos deliciosos chocolates, que nos ayudarán a compensar la baja en el nivel de feniletilamina. Para casos graves, cuando los chocolates no basten, están las sicoterapias y los antidepresivos. Y, mientras podamos, disfrutemos de esas maravillosas sustancias bioquímicas que nos hacen felices.


Vaya, que fortuito parece así, es decir, que con que te pillen en el momento apropiado y dispongan de una serie de factores que realmente nada tienen que ver con el aspecto físico o incluso con el comportamiento hacia ti… Pues ya esta, tu cerebro comienza a producir hormonas como si estuviera haciendo “huelga a la japonesa” y ya estas, como un autómata obsesionado e idiotizado.
Y pensar que algo tan simple pueda complicarnos la vida de tal manera???
Amor…