logotipo

img_google
Camino de servidumbre.
Reflexiones.
Acerca de
El viejo principio, el que no trabaje no comerá ha sido reemplazado por uno nuevo: El que no obedezca no comerá. L.Trotsky 1937.
Sindicación
 
"Del idealista ingenuo y virtuoso al fanático, con frecuencia, solo hay un paso.”
Cuaderno de bitácora:

Capítulo IV: La “inevitabilidad” de la planificación.
Para muchos de los defensores de la planificación, no es que esta sea deseable sino que es inevitable; las circunstancias nos llevan a ella. Los cambios tecnológicos eliminan, según ellos, espontáneamente la competencia (idea que es pura propaganda). Cerraría por tanto el argumento, que si el cambio tecnológico elimina la competencia, la única elección que queda será entre los monopolios privados o la producción dirigida por el gobierno (“concentración de la industria” marxista.)

Pero podemos preguntarnos si la expansión de los monopolios en los 50 años anteriores al estudio de esta obra, han sido consecuencia, como defienden los colectivistas, del progreso tecnológico, o por el contrario son el fruto de determinadas políticas realizadas.

La argumentación en favor de ser una consecuencia del progreso técnico se apoya fundamentalmente en tres puntos:

- “La superioridad de la gran empresa respecto a la pequeña por los métodos modernos de producción en masa (costes unitarios decrecientes). Las grandes empresas expulsan a las pequeñas.”
Pero este argumento menosprecia efectos en sentido opuesto como refleja el estudio del “Temporary National Economic Committe”. Las condiciones de eficiencia óptima se consiguen antes de someter toda la oferta. Mientras que, por otro lado, si se ha observado que los aspirantes a monopolio solicitan y obtienen asistencia del poder estatal.
Esa evolución inevitable no se corresponde con la realidad, como se demuestra al observar que esa concentración se ha dado en primer lugar en países de industrialización joven (respecto a la perspectiva del momento y en comparación con Inglaterra) como Estados Unidos o Alemania, a partir de políticas deliberas. (Fueron “experimentos planificadores” los que dieron origen a esos monopolios.)

- “La complejidad que trae consigo el progreso tecnológico”. Contra lo que se puede argumentar que aunque haya aspectos complejos que la competencia no resuelve, como pueden ser los servicios públicos, lo normal es que a la complejidad se la pueda hacer frente más fácilmente desde la descentralización. Y para coordinar esa descentralización hace falta información, que al no poder esta ser recogida y suministrada con rapidez por ningún centro, se hará necesario un sistema que recoja los efectos de las actuaciones de los individuos. Es decir, que refleje y guíe estas actuaciones, y esto no es más ni menos que “el sistema de precios” en un régimen de competencia. El sistema es valido solo si la competencia funciona, si el precio sirve como guía de adaptación y no puede ser controlado. Es por tanto un mecanismo impersonal de “transmisión de las informaciones importantes”.

- “No es que la tecnología destruya la competencia, sino que hay tecnologías que sería imposible utilizar en competencia ( solo serían susceptibles de uso en caso de conferirlas a monopolios.)”
Contra este argumento, no nos basta con exponer que si una técnica es la mejor, debe ser capaz de mantenerse en un sistema de competencia, ya que en este argumento suelen quedar confundidos la excelencia técnica y la conveniencia social. En algunos casos, la “normalización” obligatoria o la prohibición de sobrepasar un cierto número de derivados, permitirá más producción y más barata. Pero no se puede legitimar la planificación en la obtención de estas ventajas particulares, que además en la mayoría de los casos se consiguen, igualmente en competencia, una vez que el avance técnico posterior supera las dificultades. Sacrificar esa ganancia inmediata es el precio de la libertad; se podrá pagar más, pero a cambio se disfrutará de variedad y libertad de elección. Y al mismo tiempo esa variedad y libertad serán las que nos permitan el progreso material. Ya que es imposible prever de cual de todas las variedades surgirá algo mejor, y si hacemos que estas desaparezcan perdemos esa senda.
Y aunque no fuese así siempre, no podemos considerar el progreso como algo exógeno a nosotros y utilizarlo para destruir un bien tan preciado como la libertad.

La planificación une a casi a todos los idealistas ingenuos que entregan su vida a un solo quehacer, y “del idealista ingenuo y virtuoso al fanático, con frecuencia, solo hay un paso.”
 
El colectivismo
Cuaderno de bitácora:

Capitulo III: Individualismo y colectivismo.

A la hora de referirnos al socialismo, es habitual caer en la confusión sobre el propio concepto; confusión que precisamente viene a alimentar a su desarrollo y expansión. Por tanto es necesario, previo a cualquier otro análisis, esclarecer absolutamente este punto.

Por socialismo se pueden entender tanto el ideal de justicia social que se persigue como el método empleado para alcanzarlo; que no sería otro que la abolición de la empresa y propiedad privada, y la instauración de una “economía planificada”.

Existen por tanto personas que se hacen llamar socialistas, únicamente conforme a la primera acepción expuesta y no se plantean de modo alguno cual es el camino ni el medio para alcanzar esa justicia social que desean . Pero en cuanto se va más a allá, y se pretende la consecución real del ideal, y no tenerlo presente como una mera esperanza, como lo es para la mayoría de socialistas, el medio pasa a ser tan esencial como el propio fin. Este hecho nos revela, que habrá personas que aun compartiendo los fines del socialismo, se opongan de forma clara a los medios debido a los peligros que acarrea. Con lo que el debate, aún existiendo también en el ámbito de los fines, se centra fundamentalmente en los medios.

Pero la confusión se agrava aún más, cuando en la práctica los defensores de los medios argumentan que los que defienden tan solo los fines, realmente no los valoran. Y porque, al mismo tiempo, el medio que estos defienden puede ser tanto un instrumento para sus fines, como para muchos otros. ( La planificación podrá estar igualmente al servicio de una “distribución de la renta justa” o al de otra orientada al beneficio de la élite)

Ciertamente, Hayek plantea, que puede parecer abusivo utilizar la palabra socialismo para describir tan solo medios, cuando esa misma palabra representa un último fin ideal concreto para muchas personas. Se plantea así, el uso del término colectivismo como el método que podrá emplearse para muy diversos fines, con lo que el socialismo sería una de las muchas variantes de este colectivismo. Pero no se puede olvidar que al ser el socialismo un tipo de colectivismo, todo lo que se diga respecto a este último será igualmente válido para el primero.

Es fundamental, en esta lucha por esclarecer y superar las ambigüedades de los términos, hacer igualmente una referencia al concepto de planificación. Es innegable que cualquier individuo, en el simple discurrir de su vida y a la hora de tomar decisiones, con el sano objetivo de procurarse lo que desea, elabora planes, pero no podemos confundir esta planificación personal, con la planificación que defiende los entusiastas de la “sociedad planificada”, que entre otras cosas desprecian esa elaboración de planes individuales.

Estos planificadores pretenden la centralización plena de toda actividad económica y por tanto la elaboración de un único plan que dirija de forma consciente todos los medios y recursos de la economía para encaminarlos a un fin determinado.

Por tanto la discusión no está en la planificación en si misma (entendida como la actuación en previsión y raciocinio), sino en a quién se encomienda esta: a todos y cada uno de los individuos por separado, o a un ente superior que elabore un único plan al que se someterán todos. Se trata de elegir entre un poder coercitivo que vele por crear las condiciones favorables para la mejor elaboración de los planes de los individuos, u otro que organice y dirija racionalmente toda la actividad siguiendo un modelo conscientemente elaborado.

Por último, es importante hacer un aclaración, respecto a la oposición a la planificación, que en ningún caso debe confundirse con una “dogmática actitud de laissez faire”. Que los liberales defiendan el libre juego de las fuerzas del mercado para la mejor coordinación de la acción humana, no implica para nada defender que hay que dejar las cosas tal cual están. El ideario liberal propone la libre elección en competencia como el sistema más eficiente, pero no niega (sino que forma parte igualmente de ese ideario) ni que para su buen funcionamiento el ordenamiento jurídico es básico, y al ser este el resultado de una creación humana no esta libre de defectos y necesarias rectificaciones; ni que allí donde es imposible crear esas condiciones para el buen funcionamiento del mercado sea necesaria la búsqueda de otras posibles vías.

Y no hay que olvidar además, que la concepción de la superioridad del sistema de competencia, respecto al resto conocidos, no se debe tan solo a que es el más eficiente entre estos, sino que además es el único que coordina las actividades sin la coerción de autoridad alguna sobre las decisiones individuales de cada uno de nosotros.

Si tenemos presente esto, y la mejora que del sistema de competencia se puede lograr con la adecuada complementación, se puede determinar que habrá cierto tipo de intervención coercitiva que puede ser positiva (siempre que se cumplan una serie de requisitos, como ceñirse únicamente a los métodos de producción, que el efecto sea igual para todos y no se utilicen como fin de manipulación de precios o cantidades) como en el caso de la prohibición de sustancias venenosas, la limitación de horas de trabajo, o la implantación de ciertas consideraciones sanitarias. Si bien será necesaria la evaluación acerca si el bien social obtenido es superior al coste en el que se incurre.

Pero no tendrá justificación alguna, cualquier intervención coercitiva que restrinja la libertad de los individuos para comprar, vender o para elegir su producción. Ni aquella que manipule precios o cantidades, ya que de otra forma se estaría alterando y dirigiendo las decisiones de los individuos.

Critica en este punto Hayek, el hecho de que muchos de los estudios realizados acerca del mercado hayan puesto énfasis únicamente en los aspectos negativos de este, y no en el estudio de aquellas exigencias positivas que mejorarían notablemente su desarrollo y resultados (y que en muchos casos pueden y/o deben estar cubiertas por el Estado). Cabe apuntar en este sentido las instituciones (como puede ser el dinero), la información, el sistema legal, etc.

Por último, el sistema de competencia deja abierta la puerta a otras posibles soluciones como en el caso de ciertos bienes públicos o las en las externalidades negativas en las que la solución de competencia afecte notablemente a bienestar social.

Pero el apunte de estas excepciones no debe confundirnos y guiarnos hacia la acción de la autoridad en todo el gran conjunto restante, que deberá operar, como hemos visto, bajo los designios del mercado.

Es necesario, para finalizar, que debe huirse igualmente de formulas intermedias entre sistema de competencia y la planificación central, ya que si bien es cierto que el primero es capaz de soportar cierta intervención, el progresivo deterioro del sistema de competencia nos llevaría a una situación intermedia que podríamos calificar como de organización sindicalista o “corporativa” industrial, con lo que se dejaría al individuo a merced de estos monopolios, y tampoco se verían satisfechas las demandas de los defensores de la planificación.

Planificación y competencia son alternativos e incompatibles, cualquier intento de combinación entre ellos solo conduciría a un resultado peor, que si solo existiese uno de ellos. (A no ser, como ya hemos citado que se trate de planificación a favor de la competencia, y no de la que será objeto de estudio en toda la obra, que es aquella que va en su contra y pretende sustituirla.)


 
La utopía
Cuaderno de bitácora:


Capítulo II: La gran utopía.

Es curioso como, aun a pesar de las advertencias citadas en el capítulo anterior, el socialismo no solo consiguió que se olvidasen los principios liberales , sino que incluso condujo al convencimiento de que sus consecuencias eran las contrarias a las que se nos advertía, y todo ello bajo la bandera de la libertad de la que por definición no puede estar más que en contra.

Ya los primeros socialistas, sostenían que su ideario solo podría llevarse a cabo bajo un fuerte Gobierno dictatorial, y consideraban la libertad de pensamiento como mal fundamental del siglo XIX . Los ideales democráticos no influirán en el socialismo hasta los albores de la revolución de 1848, pero dado sus antecedentes, tuvo que idear promesas de “nueva libertad”, para identificar su proyecto con el anhelo supremo de libertad. Pero como ilustra la cita de De Tocqueville:

“La democracia extiende la esfera de la libertad individual; el socialismo la restringe. La democracia atribuye todo valor posible al individuo; el socialismo hace de cada hombre un simple agente, un simple número. La democracia y el socialismo solo tienen en común una palabra: igualdad. Pero adviértase la diferencia: mientras la democracia aspira a la igualdad en la libertad, el socialismo aspira a la igualdad en la coerción y la servidumbre”

Libertad y socialismo son incompatibles, y por tanto el uso que de la palabra libertad hacen los socialistas obedece a un cambio en el significado de esta. Si la libertad política había significado, libertad frente al poder opresor y arbitrario, la posibilidad de libre elección; la nueva libertad propugnada por los socialistas es libertad frente a la indigencia, supresión del apremio de las circunstancias, o lo que es lo mismo calificar de libertad al viejo deseo de distribución igualitaria de la riqueza, con lo que no se estaría hablando realmente de libertad sino poder o riqueza.

De esta forma, la misma palabra fue utilizada por liberales y socialistas, con la percepción por parte de pocos, de las notables diferencias que existían entre la usada por unos y por otros. Y sin preguntarse la posibilidad de compatibilidad entre ambas.

No extraña por tanto, que la libertad se haya convertido en un instrumento más de propaganda para el socialismo, con un autentico éxito, consiguiendo incluso atraer para si, liberales cegados por las promesas de “nueva libertad”. Es tal la fuerza de la manipulación de la palabra y de la propaganda, que los socialistas han sido incluso capaces de usurpar el nombre del tradicional partido liberal.

Sin embargo, la mera observación de la realidad del momento, con fascistas por un lado y comunistas por otro, ha desmantelado la falsa creencia de que se trataban de polos opuestos, para plantear la cuestión acerca de si ambas tiranías son el resultado de la misma tendencia. Varios son los casos, de observadores, que aun siendo simpatizantes del socialismo, como pueden ser Max Eastman, o W.H. Chamberlain, han terminando rindiéndose a la evidencia de que el socialismo, lejos de ser un camino de libertad, es el camino hacia dictadura. Y como plantea F.A. Voigt, “el marxismo ha llevado al fascismo y al nacionalsocialismo, porque, en todo lo esencial, es fascismo y nacionalsocialismo” .

En este sentido no es menos esclarecedora la historia de muchos de los intelectuales fascistas y nazis, que comenzaron su andadura bajo la concepción de socialistas, así como en el caso de sus militantes de base. Siendo estos últimos razón de choque entre los movimientos debido a la gran facilidad por ejemplo de los jóvenes para pasar de uno a otro. El reclutamiento entre nazis, fascistas o comunista que provoca enfrentamientos, obedecía a la similitud entre ellos; pero el verdadero enemigo, que era común para todos, era liberalismo y el sistema democrático.
 
Unidos por el dolor y en la defensa de la libertad.


 
El camino abandonado.
Cuaderno de bitácora:

Hoy presento el resumen del primer capítulo de "Camino de Servidumbre", que como ya anuncie iré publicando poco a poco. Muchos de los capítulos tienen una vigencia absoluta y estoy seguro que se prestarán a todo tipo de comentarios sobre la actualidad.


Camino de Servidumbre, como ya hemos expuesto en el punto anterior, es el resultado de un profunda preocupación por parte de Hayek, ante la deriva de acontecimientos que habían llevado a Europa y al Mundo al horror de la guerra. El totalitarismo se extendió por Europa, pero no como algo fortuito sino como el resultado de todo un desarrollo previo, que en el momento de escribir su libro, Hayek apreciaba que se estaba reproduciendo igualmente en los países que ahora luchaban por la libertad.

Es cierto, que los peores temores de Hayek acerca de la implantación del totalitarismo en Gran Bretaña no se dieron, pero esto no resta interés a una obra, que por otro lado, describe perfectamente como tanto una democracia, o unos valores que podemos calificar como nobles, pueden degenerar y pervertirse hasta convertirse en el peor de los males si se pierden otros referentes tan o más importantes como la libertad.

Hemos visto igualmente como Keynes, aun compartiendo su teoría, expuso que en sus planteamientos Hayek confundía los asuntos morales con los materiales. Pero aun siendo cierto que “Camino de servidumbre” es un compendio de economía, derecho, moral y política para hacer frente a la argumentación a favor de la planificación, no lo es menos que esa confusión, argumentada por Keynes, no es tal, y que es necesario el abordar la cuestión desde tan amplias perspectivas, ya que si la economía es una ciencia de hombres, tan importante será entonces lo material como lo moral.



Capítulo I: El camino abandonado.
Escribe Hayek esta obra durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial y en sus primeras reflexiones nos alerta de cómo el conflicto no es fruto una generación espontánea, sino el resultado del abandono de los ideales Europeos, pero fundamentalmente ingleses y holandeses, de libertad que guiaron el progreso de sus pueblos en tiempos pasados. Senda que no solo han seguido Alemania, Italia o Rusia, sino que se descubre, aunque a distancia, también en Inglaterra.

El olvido de que sin libertad económica no existe ni libertad personal, ni política ha puesto rumbo en Europa al Socialismo, olvidando las advertencias que ya en el siglo XIX hicieron pensadores liberales como Lord Acton o De Tocqueville, acerca de cómo el socialismo es sinónimo de esclavitud. Pero no solo se ha perdido la tradición liberal del siglo XIX, heredada de las ideas de Smith, Hume, Cobden, Bright , sino también el individualismo fundamental de Erasmo, Montaigne, Cicerón, Pericles, es decir todo aquello que se desarrolló desde las bases del Cristianismo, Grecia y Roma y que se alcanzó por primera vez de manera plena durante el Renacimiento.

Estas bases y el desarrollo del comercio permitieron la evolución progresiva y expansión del individualismo por gran parte del continente europeo, y desde allí al Nuevo Mundo y Oriente. Camino hacia la libertad individual que permitió no solo el establecimiento de un orden complejo de actividades económicas, sino también y de manera asombrosa, el desarrollo de la ciencia.

Pero con el éxito creció la ambición, que aunque lícita, desatada puede convertirse en destructora de aquello que permitió alcanzar tales cotas de bienestar. El deseo de mayor y más rápido crecimiento, considerando que los principios que propiciaron ese camino son más bien un obstáculo al desarrollo futuro, promueve su destrucción y la búsqueda del nuevo orden que abocó a Europa al conflicto.

Pero la causa liberal ha sido igualmente dañada por el propio dogmatismo de algunos de los autodenominados liberales, por su insistencia en toscas reglas como el laissez-faire, ignorando que nada tiene que ver con el pensamiento liberal el aceptar pasivamente las instituciones tal como son. Aquellas toscas reglas iniciales del pensamiento liberal debían tomarse como el comienzo del aprendizaje hacia las posibilidades de avance, y no como una fe inamovible.

“La conducta del liberal con la sociedad es como la del jardinero que cultiva una planta, el cual, para crear las condiciones más favorables a su desarrollo, tiene que conocer cuanto le sea posible acerca de su estructura y funciones”

Así, la ambición sin límites, el ansia por un crecimiento mas rápido, la demagogia utilizando fraseología liberal para justificar privilegios, estaban llevando a inexorablemente al debilitamiento de los viejos principios liberales. Y nace así la idea, con centro en Alemania y desde allí al resto de Europa, de la necesidad de un nuevo orden que abandona por completo la tradición individualista fundadora de la civilización occidental.
 
Wolfang Amadeus Mozart
Cuaderno de bitácora:

Hoy toca una reseña cultural. Este pasado viernes tuve la suerte de poder asistir a mi primera opera: “La Flauta Mágica” y frente todo lo malo que podría decir de las condiciones para verla, podría contraponer lo magnifico de la obra y de la interpretación que superaban con mucho los inconvenientes.

Es cierto que aquello mas que un auditorio era una especie de teatro al aire libre en el que las butacas eran sustituidas por sillas de plástico propias de cualquier terraza veraniega de piscina y que los subtítulos eran demasiado pequeños como para seguir con fluidez la obra. Pero como decía, no es menos cierto, que “La Flauta Mágica” es una obra maestra y con una buena interpretación (tanto por parte de tenores, sopranos, etc, como por la de la orquesta) dejan en mera anécdota los puntos negativos.

Aun con fragmentos tan conocidos como el inicio instrumental o el Aria de Papageno, creo que casi todos estaríamos de acuerdo en que el Aria de la Reina de la Noche es sin duda la más popular. (Sino recuerdo mal, podemos escucharla en la película de Milos Forman, “Amadeus”) Y escucharla en directo es simplemente espectacular.

Solo me queda por tanto recomendar sinceramente el arte de la opera y en especial esta maravilla, de la que os dejo el resumen para aquellos que deseen tener una idea del argumento.


Primer acto:
Tres Hadas, sirvientes de la Reina de la Noche, salvan al príncipe Tamino de una serpiente y anuncian a su señora la llegada del joven. Papageno, al servicio de la Reina, se envanece delante de Tamino, y le dice que ha matado a la serpiente simplemente con sus manos.

Para castigarle de su fanfarronería las tres Hadas le ponen una cerradura en la boca y al tiempo muestran a Tamino un retrato de Pamina, hija de la Reina, y éste, al verla, queda prendado de ella.

Entonces la Reina decide ir al encuentro de Tamino prometiéndole la mano de su hija si consigue terminar con los conjuros de Sarastro, que impone su fuerza en el Templo del Sol.

Para que ayude a Tamino en su empeño las tres Hadas deciden quitarle el candado a Papageno, quien debe prometer no mentir más, y entregan a Tamino una flauta mágica, al tiempo que unos ángeles les indican el camino para llegar al Reino de Sarastro.

En el Palacio de Sarastro, Monostatos impide huir a Pamina. De pronto aparece Papageno y ambos creen que ven visiones. Sin embargo Papageno consigue explciar a Pamina que el príncipe Tamino, hasta entonces desconocido para ella, se ha enamorado con solo ver su retrato y que la Reina apoya este amor.

Los tres ángeles acompañan a Tamino hasta el Templo y éste, poseído por el afán de venganza trata de entrar, pero se lo impide un gran Sacerdote, quien le indica que Sarastro no es un ser malvado sino un profeta de sabiduría y el guardián de la luz.

Por su parte Papageno y Pamina buscan a Tamino, siendo sorprendidos por Monostatos. Entonces Papageno recurre a su magia para que vengan a rescatarles.

Sarastro entra en escena cuando Pamina intenta huir y se lo permite, castigando a Monostatos; además anuncia a Tamino y Pamina que su amor triunfará cuando superen las duras pruebas que les aguardan.



Segundo acto:

Sarastro reúne al consejo de Sabios y les dice que quiere tener en ese consejo a Tamino, cuando supere todas las pruebas.

La primera prueba es el silencio: Tamino y Papageno no deben pronunciar palabra dentro del Templo. La Reina de la Noche trata inútilmente hacerles hablar.

Monostatos, al mismo tiempo, trata de aproximarse a una adormecida Pamina pero su madre, la Reina de la Noche, lo impide. Luego exige a su hija que apuñale a Sarastro para apoderarse del Templo del Sol.

Tamino y Papageno prosiguen su camino y se encuentran con una especie de bruja que insiste en que ella tiene un amante llamado Papageno, pero antes de decir su nombre desaparece entre los rayos de una tormenta.

Pamina aparece atraída por la flauta que tañe Tamino, pero éste elude cualquier cruce de palabras entre ellos. Papageno le imita y desesperada, Pamina desaparece.

Ya convencidos los Sabios de la fuerza mental de Tamino, Sarastro permite que se encuentren Pamina y Tamino liberando a Papageno de su silencio.

Entonces aparece la vieja bruja, y de sus ropajes surge la joven y bella Papagena, que sin explicación alguna desaparece nuevamente.

Dos desconocidos tientan a Tamino con la prueba del fuego y el agua, pero Pamina le acompaña y gracias a la flauta mágica superan todas las pruebas. Sin embargo no encuentran a Papagena, mientras Papageno llora de tristeza tratando de ahorcarse.

Los angelitos, que aparecen nuevamente, le recuerdan que tiene unas campanillas mágicas. Al conjuro de las primeras notas Papagena reaparece. La pareja baila feliz, prometiéndose en matrimonio y decidiendo cuantos hijos tendrán.

Ayudada por el pérfido Monostatos la Reina de la Noche entra en el templo, pero en ese instante aparece Sarastro, que la castiga enviándola nuevamente al reino de las tinieblas de donde salió.

Sarastro anuncia la victoria del bien sobre el mal, al tiempo que introduce en el círculo de la luz al príncipe Tamino y a la princesa Pamina que son recibidos y aclamados por sus nuevos compañeros: Los Hombres Sabios.


Nota: Rebuscando por internet he encontrado que director sueco Ingmar Bergman (“El Séptimo Sello”, “Persona”) en 1975 realizó una versión cinematográfica.