Wolfang Amadeus Mozart
Cuaderno de bitácora:
Hoy toca una reseña cultural. Este pasado viernes tuve la suerte de poder asistir a mi primera opera: “La Flauta Mágica” y frente todo lo malo que podría decir de las condiciones para verla, podría contraponer lo magnifico de la obra y de la interpretación que superaban con mucho los inconvenientes.
Es cierto que aquello mas que un auditorio era una especie de teatro al aire libre en el que las butacas eran sustituidas por sillas de plástico propias de cualquier terraza veraniega de piscina y que los subtítulos eran demasiado pequeños como para seguir con fluidez la obra. Pero como decía, no es menos cierto, que “La Flauta Mágica” es una obra maestra y con una buena interpretación (tanto por parte de tenores, sopranos, etc, como por la de la orquesta) dejan en mera anécdota los puntos negativos.
Aun con fragmentos tan conocidos como el inicio instrumental o el Aria de Papageno, creo que casi todos estaríamos de acuerdo en que el Aria de la Reina de la Noche es sin duda la más popular. (Sino recuerdo mal, podemos escucharla en la película de Milos Forman, “Amadeus”) Y escucharla en directo es simplemente espectacular.
Solo me queda por tanto recomendar sinceramente el arte de la opera y en especial esta maravilla, de la que os dejo el resumen para aquellos que deseen tener una idea del argumento.
Primer acto:
Tres Hadas, sirvientes de la Reina de la Noche, salvan al príncipe Tamino de una serpiente y anuncian a su señora la llegada del joven. Papageno, al servicio de la Reina, se envanece delante de Tamino, y le dice que ha matado a la serpiente simplemente con sus manos.
Para castigarle de su fanfarronería las tres Hadas le ponen una cerradura en la boca y al tiempo muestran a Tamino un retrato de Pamina, hija de la Reina, y éste, al verla, queda prendado de ella.
Entonces la Reina decide ir al encuentro de Tamino prometiéndole la mano de su hija si consigue terminar con los conjuros de Sarastro, que impone su fuerza en el Templo del Sol.
Para que ayude a Tamino en su empeño las tres Hadas deciden quitarle el candado a Papageno, quien debe prometer no mentir más, y entregan a Tamino una flauta mágica, al tiempo que unos ángeles les indican el camino para llegar al Reino de Sarastro.
En el Palacio de Sarastro, Monostatos impide huir a Pamina. De pronto aparece Papageno y ambos creen que ven visiones. Sin embargo Papageno consigue explciar a Pamina que el príncipe Tamino, hasta entonces desconocido para ella, se ha enamorado con solo ver su retrato y que la Reina apoya este amor.
Los tres ángeles acompañan a Tamino hasta el Templo y éste, poseído por el afán de venganza trata de entrar, pero se lo impide un gran Sacerdote, quien le indica que Sarastro no es un ser malvado sino un profeta de sabiduría y el guardián de la luz.
Por su parte Papageno y Pamina buscan a Tamino, siendo sorprendidos por Monostatos. Entonces Papageno recurre a su magia para que vengan a rescatarles.
Sarastro entra en escena cuando Pamina intenta huir y se lo permite, castigando a Monostatos; además anuncia a Tamino y Pamina que su amor triunfará cuando superen las duras pruebas que les aguardan.

Segundo acto:
Sarastro reúne al consejo de Sabios y les dice que quiere tener en ese consejo a Tamino, cuando supere todas las pruebas.
La primera prueba es el silencio: Tamino y Papageno no deben pronunciar palabra dentro del Templo. La Reina de la Noche trata inútilmente hacerles hablar.
Monostatos, al mismo tiempo, trata de aproximarse a una adormecida Pamina pero su madre, la Reina de la Noche, lo impide. Luego exige a su hija que apuñale a Sarastro para apoderarse del Templo del Sol.
Tamino y Papageno prosiguen su camino y se encuentran con una especie de bruja que insiste en que ella tiene un amante llamado Papageno, pero antes de decir su nombre desaparece entre los rayos de una tormenta.
Pamina aparece atraída por la flauta que tañe Tamino, pero éste elude cualquier cruce de palabras entre ellos. Papageno le imita y desesperada, Pamina desaparece.
Ya convencidos los Sabios de la fuerza mental de Tamino, Sarastro permite que se encuentren Pamina y Tamino liberando a Papageno de su silencio.
Entonces aparece la vieja bruja, y de sus ropajes surge la joven y bella Papagena, que sin explicación alguna desaparece nuevamente.
Dos desconocidos tientan a Tamino con la prueba del fuego y el agua, pero Pamina le acompaña y gracias a la flauta mágica superan todas las pruebas. Sin embargo no encuentran a Papagena, mientras Papageno llora de tristeza tratando de ahorcarse.
Los angelitos, que aparecen nuevamente, le recuerdan que tiene unas campanillas mágicas. Al conjuro de las primeras notas Papagena reaparece. La pareja baila feliz, prometiéndose en matrimonio y decidiendo cuantos hijos tendrán.
Ayudada por el pérfido Monostatos la Reina de la Noche entra en el templo, pero en ese instante aparece Sarastro, que la castiga enviándola nuevamente al reino de las tinieblas de donde salió.
Sarastro anuncia la victoria del bien sobre el mal, al tiempo que introduce en el círculo de la luz al príncipe Tamino y a la princesa Pamina que son recibidos y aclamados por sus nuevos compañeros: Los Hombres Sabios.
Nota: Rebuscando por internet he encontrado que director sueco Ingmar Bergman (“El Séptimo Sello”, “Persona”) en 1975 realizó una versión cinematográfica.
Hoy toca una reseña cultural. Este pasado viernes tuve la suerte de poder asistir a mi primera opera: “La Flauta Mágica” y frente todo lo malo que podría decir de las condiciones para verla, podría contraponer lo magnifico de la obra y de la interpretación que superaban con mucho los inconvenientes.
Es cierto que aquello mas que un auditorio era una especie de teatro al aire libre en el que las butacas eran sustituidas por sillas de plástico propias de cualquier terraza veraniega de piscina y que los subtítulos eran demasiado pequeños como para seguir con fluidez la obra. Pero como decía, no es menos cierto, que “La Flauta Mágica” es una obra maestra y con una buena interpretación (tanto por parte de tenores, sopranos, etc, como por la de la orquesta) dejan en mera anécdota los puntos negativos.
Aun con fragmentos tan conocidos como el inicio instrumental o el Aria de Papageno, creo que casi todos estaríamos de acuerdo en que el Aria de la Reina de la Noche es sin duda la más popular. (Sino recuerdo mal, podemos escucharla en la película de Milos Forman, “Amadeus”) Y escucharla en directo es simplemente espectacular.
Solo me queda por tanto recomendar sinceramente el arte de la opera y en especial esta maravilla, de la que os dejo el resumen para aquellos que deseen tener una idea del argumento.
Primer acto:
Tres Hadas, sirvientes de la Reina de la Noche, salvan al príncipe Tamino de una serpiente y anuncian a su señora la llegada del joven. Papageno, al servicio de la Reina, se envanece delante de Tamino, y le dice que ha matado a la serpiente simplemente con sus manos.
Para castigarle de su fanfarronería las tres Hadas le ponen una cerradura en la boca y al tiempo muestran a Tamino un retrato de Pamina, hija de la Reina, y éste, al verla, queda prendado de ella.
Entonces la Reina decide ir al encuentro de Tamino prometiéndole la mano de su hija si consigue terminar con los conjuros de Sarastro, que impone su fuerza en el Templo del Sol.
Para que ayude a Tamino en su empeño las tres Hadas deciden quitarle el candado a Papageno, quien debe prometer no mentir más, y entregan a Tamino una flauta mágica, al tiempo que unos ángeles les indican el camino para llegar al Reino de Sarastro.
En el Palacio de Sarastro, Monostatos impide huir a Pamina. De pronto aparece Papageno y ambos creen que ven visiones. Sin embargo Papageno consigue explciar a Pamina que el príncipe Tamino, hasta entonces desconocido para ella, se ha enamorado con solo ver su retrato y que la Reina apoya este amor.
Los tres ángeles acompañan a Tamino hasta el Templo y éste, poseído por el afán de venganza trata de entrar, pero se lo impide un gran Sacerdote, quien le indica que Sarastro no es un ser malvado sino un profeta de sabiduría y el guardián de la luz.
Por su parte Papageno y Pamina buscan a Tamino, siendo sorprendidos por Monostatos. Entonces Papageno recurre a su magia para que vengan a rescatarles.
Sarastro entra en escena cuando Pamina intenta huir y se lo permite, castigando a Monostatos; además anuncia a Tamino y Pamina que su amor triunfará cuando superen las duras pruebas que les aguardan.

Segundo acto:
Sarastro reúne al consejo de Sabios y les dice que quiere tener en ese consejo a Tamino, cuando supere todas las pruebas.
La primera prueba es el silencio: Tamino y Papageno no deben pronunciar palabra dentro del Templo. La Reina de la Noche trata inútilmente hacerles hablar.
Monostatos, al mismo tiempo, trata de aproximarse a una adormecida Pamina pero su madre, la Reina de la Noche, lo impide. Luego exige a su hija que apuñale a Sarastro para apoderarse del Templo del Sol.
Tamino y Papageno prosiguen su camino y se encuentran con una especie de bruja que insiste en que ella tiene un amante llamado Papageno, pero antes de decir su nombre desaparece entre los rayos de una tormenta.
Pamina aparece atraída por la flauta que tañe Tamino, pero éste elude cualquier cruce de palabras entre ellos. Papageno le imita y desesperada, Pamina desaparece.
Ya convencidos los Sabios de la fuerza mental de Tamino, Sarastro permite que se encuentren Pamina y Tamino liberando a Papageno de su silencio.
Entonces aparece la vieja bruja, y de sus ropajes surge la joven y bella Papagena, que sin explicación alguna desaparece nuevamente.
Dos desconocidos tientan a Tamino con la prueba del fuego y el agua, pero Pamina le acompaña y gracias a la flauta mágica superan todas las pruebas. Sin embargo no encuentran a Papagena, mientras Papageno llora de tristeza tratando de ahorcarse.
Los angelitos, que aparecen nuevamente, le recuerdan que tiene unas campanillas mágicas. Al conjuro de las primeras notas Papagena reaparece. La pareja baila feliz, prometiéndose en matrimonio y decidiendo cuantos hijos tendrán.
Ayudada por el pérfido Monostatos la Reina de la Noche entra en el templo, pero en ese instante aparece Sarastro, que la castiga enviándola nuevamente al reino de las tinieblas de donde salió.
Sarastro anuncia la victoria del bien sobre el mal, al tiempo que introduce en el círculo de la luz al príncipe Tamino y a la princesa Pamina que son recibidos y aclamados por sus nuevos compañeros: Los Hombres Sabios.
Nota: Rebuscando por internet he encontrado que director sueco Ingmar Bergman (“El Séptimo Sello”, “Persona”) en 1975 realizó una versión cinematográfica.





