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Camino de servidumbre.
Reflexiones.
Acerca de
El viejo principio, el que no trabaje no comerá ha sido reemplazado por uno nuevo: El que no obedezca no comerá. L.Trotsky 1937.
Sindicación
 
La utopía
Cuaderno de bitácora:


Capítulo II: La gran utopía.

Es curioso como, aun a pesar de las advertencias citadas en el capítulo anterior, el socialismo no solo consiguió que se olvidasen los principios liberales , sino que incluso condujo al convencimiento de que sus consecuencias eran las contrarias a las que se nos advertía, y todo ello bajo la bandera de la libertad de la que por definición no puede estar más que en contra.

Ya los primeros socialistas, sostenían que su ideario solo podría llevarse a cabo bajo un fuerte Gobierno dictatorial, y consideraban la libertad de pensamiento como mal fundamental del siglo XIX . Los ideales democráticos no influirán en el socialismo hasta los albores de la revolución de 1848, pero dado sus antecedentes, tuvo que idear promesas de “nueva libertad”, para identificar su proyecto con el anhelo supremo de libertad. Pero como ilustra la cita de De Tocqueville:

“La democracia extiende la esfera de la libertad individual; el socialismo la restringe. La democracia atribuye todo valor posible al individuo; el socialismo hace de cada hombre un simple agente, un simple número. La democracia y el socialismo solo tienen en común una palabra: igualdad. Pero adviértase la diferencia: mientras la democracia aspira a la igualdad en la libertad, el socialismo aspira a la igualdad en la coerción y la servidumbre”

Libertad y socialismo son incompatibles, y por tanto el uso que de la palabra libertad hacen los socialistas obedece a un cambio en el significado de esta. Si la libertad política había significado, libertad frente al poder opresor y arbitrario, la posibilidad de libre elección; la nueva libertad propugnada por los socialistas es libertad frente a la indigencia, supresión del apremio de las circunstancias, o lo que es lo mismo calificar de libertad al viejo deseo de distribución igualitaria de la riqueza, con lo que no se estaría hablando realmente de libertad sino poder o riqueza.

De esta forma, la misma palabra fue utilizada por liberales y socialistas, con la percepción por parte de pocos, de las notables diferencias que existían entre la usada por unos y por otros. Y sin preguntarse la posibilidad de compatibilidad entre ambas.

No extraña por tanto, que la libertad se haya convertido en un instrumento más de propaganda para el socialismo, con un autentico éxito, consiguiendo incluso atraer para si, liberales cegados por las promesas de “nueva libertad”. Es tal la fuerza de la manipulación de la palabra y de la propaganda, que los socialistas han sido incluso capaces de usurpar el nombre del tradicional partido liberal.

Sin embargo, la mera observación de la realidad del momento, con fascistas por un lado y comunistas por otro, ha desmantelado la falsa creencia de que se trataban de polos opuestos, para plantear la cuestión acerca de si ambas tiranías son el resultado de la misma tendencia. Varios son los casos, de observadores, que aun siendo simpatizantes del socialismo, como pueden ser Max Eastman, o W.H. Chamberlain, han terminando rindiéndose a la evidencia de que el socialismo, lejos de ser un camino de libertad, es el camino hacia dictadura. Y como plantea F.A. Voigt, “el marxismo ha llevado al fascismo y al nacionalsocialismo, porque, en todo lo esencial, es fascismo y nacionalsocialismo” .

En este sentido no es menos esclarecedora la historia de muchos de los intelectuales fascistas y nazis, que comenzaron su andadura bajo la concepción de socialistas, así como en el caso de sus militantes de base. Siendo estos últimos razón de choque entre los movimientos debido a la gran facilidad por ejemplo de los jóvenes para pasar de uno a otro. El reclutamiento entre nazis, fascistas o comunista que provoca enfrentamientos, obedecía a la similitud entre ellos; pero el verdadero enemigo, que era común para todos, era liberalismo y el sistema democrático.
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