Bajo el designio de un poder arbitrario.
Cuaderno de bitácora:
Capítulo VIII: ¿Quién a quién?
Una de las objeciones que suelen esgrimirse contra la competencia es decir que esta es ciega (atributo que hay que recordar que tradicionalmente se considera positivo para la justicia). Pero si esto es así, es como decir que ni se puede saber de antemano quién obtendrá fortuna o desgracia, ni que esta se dé conforme a la opinión de alguien. Nuestro resultado vendrá determinado por nuestra capacidad y la suerte. Los resultados no obedecerán a la idea de justicia de alguien y por tanto nos están sometidos a su voluntad.
Es cierto que en un régimen de competencia, el pobre, por el hecho de serlo, tiene más restringida sus oportunidades pero esto no le resta libertad. Un hombre que herede una propiedad tendrá mayor posibilidad de enriquecerse que un pobre, pero el sistema de libertades es el único donde este último puede por si solo, y no por favores de poderosos, alcanzar esa riqueza sin que además nadie pueda impedírselo.
En este análisis la diferencia de oportunidades viene dada por la propiedad privada o la herencia que puede recibir un individuo; lo que ha llevado a la mayor parte de socialistas a plantear que su ideal de justicia se alcanzaría con la abolición de las rentas privadas procedentes de la propiedad. Pero esta postura olvida que de otorgarse toda la propiedad de los medios de producción al Estado, las decisiones de este estarían determinando todas las rentas. Se crea así un poder que no existe en las sociedades con régimen de competencia. Cuando la propiedad estar dividida entre muchos poseedores nadie tiene el poder para determinar esas rentas .
El sistema de propiedad privada es garantía de libertad tanto para el que posee propiedades como para el que no, porque se evita así el que alguien tenga poder completo sobre las personas.
Por otro lado, en relación a la percepción de injusticias, que se dan en los dos sistemas (aunque bajo las tesis planificadoras se piense lo contrario), la reacción de las gentes es distinta cuando asocia estas a fuerzas impersonales, que cuando las asocia al designio de alguien. Las personas no asumen igual “lo que le puede ocurrir a cualquiera” que lo que es fruto de la decisión de la autoridad. En definitiva, bajo la planificación los individuos sabrían que las desigualdades no responden a un mecanismo impersonal sino al antojo de la autoridad, con lo que sus empeños se dirigirán especialmente a ganar el favor de esta.
En el momento que el Estado asume la planificación no habrá cuestión social o económica que no sea política, en el sentido de depender de la persona que ostente el poder, su ideología, etc. Esto nos lleva al título de este capítulo, ¿Quién a quién?, frase atribuida a Lenin, que pone de manifiesto una cuestión central ¿quién planifica a quién?. En definitiva, identificar a aquel llamado a decidir sobre los demás, que no puede ser otro que el poder supremo.
La planificación exigirá la creación de una opinión común sobre los valores esenciales, que según los padres del socialismo se conseguirían a través de la educación. Pero la realidad ha demostrado que el conocimiento no tiene porque crear nuevos valores éticos y no se tienen porque compartir los mismos preceptos morales por el hecho de ser más ilustrado. De ahí la necesidad por parte de los socialistas de crear instrumentos de adoctrinamiento. (Nazis y fascistas apenas tuvieron que inventar nada en este sentido ya que los socialistas los pusieron en marcha con anterioridad). “No fueron los fascistas, sino los socialistas, quienes comenzaron a reunir a los niños desde su más tierna edad en organizaciones políticas, para asegurarse que crecieran como buenos proletarios”, o en organizar deportes, clubs para evitar la “contaminación” de otras opiniones.
Respecto a la relación fascismo y nazismo con los partidos socialistas, se puede plantear en términos de que los primeros son fruto de los últimos por la forzosa lucha entre grupos sociales rivales. El socialismo prima al obrero industrial frente a otros seguidores de la causa , que al ver empeorar su posición relativa encuentran “refugio en estas nuevas facciones”. Todos tienen en común el odio al capitalismo y el deseo de que sea el Estado el que asigne a cada persona su posición en la sociedad, pero se diferencian en la idea de ordenación de los diferentes grupos o clases. (Mismos métodos pero al servicio de clases diferentes.)





