Sobre la libertad y la seguridad.
Cuaderno de bitácora:
Capítulo IX: Seguridad y Libertad.
Cuando se habla de libertad efectiva es habitual condicionar esta tanto a la “libertad económica” como a la seguridad económica. Pero sobre esta última es necesaria la matización y realizar distinciones, ya que de otro modo la propia seguridad será amenaza para la propia libertad.
Distingue Hayek dos clases de seguridad: la limitada y la absoluta. La primera de ellas sería la legítimamente deseada y alcanzable por todos y por tanto no es un privilegio. La segunda, en un sociedad libre, no se puede lograr por todos y solo se puede otorgar como privilegio a casos muy concretos como a los jueces como garante de su independencia.
La seguridad limitada será aquella que permite una certidumbre acerca del sustento mínimo parar las personas, mientas la absoluta sería asegurar un determinado nivel de vida concreto para una persona o grupo en comparación con otro.(La limitada será un complemento al mercado; la absoluta la eliminación de este.)
La seguridad limitada no está reñida con la sociedad moderna libre. El nivel de riqueza alcanzado permite cubrir para todos un mínimo de alimentos, vestido, albergue; y nada impide tampoco al Estado ser garante de seguridad para los ciudadanos frente a la incertidumbre presente por posibles adversidades de la vida como por ejemplo la enfermedad, los accidentes o las catástrofes naturales.
La seguridad absoluta vuelve a ser en definitiva un tipo de demanda de remuneración justa bajo criterios subjetivos y no del esfuerzo o resultados para la sociedad. Y de aceptarse conlleva importantes consecuencias. La certidumbre de ingresos total no puede alcanzarse sino se suprime la libertad de decisión sobre la ocupación. Y si la certidumbre de ingresos se otorga a un solo grupo, este pasa a disfrutar un privilegio obteniendo una remuneración que por asegurada no tiene que responder ni a su esfuerzo ni a la utilidad para los demás miembros de la sociedad. De esta manera disfrutan de un privilegio a costa de los demás y así la seguridad del resto disminuye. No sería extraño por tanto que los que no disfruten de esas garantías comiencen a reivindicarlas; y de ir consiguiéndolas harían aumentar nuevamente las diferencias entre los privilegiados y los que carecen de estas prebendas que verían disminuir su seguridad.
“Si se garantiza a alguien un trozo fijo de la distribución de una tarta de tamaño variable, la proporción correspondiente al resto tiene que fluctuar proporcionalmente más que la tarta entera.”
Si la remuneración deja de tener relación con la utilidad efectiva, esta remuneración responderá a la opinión de la autoridad que arbitrariamente puede remunerar el mismo trabajo realizado por dos individuos cualesquiera de manera distinta ; en definitiva quedar manos del favor de la autoridad y eliminar la libertad. Y sin perder de vista además, la transformación que se provoca en la sociedad respecto a la consideración de las actividades que están impregnadas de riesgo económico, como es sin duda la actividad empresarial, que quedan menospreciadas. Con lo que no sería sorprendente la preferencia de la juventud por la posición segura a sueldo frente al riesgo empresarial.
Un ejemplo de la victoria del ideal de seguridad frente a la libertad es Alemania, donde ya una gran parte del pueblo se consideraba funcionario y no independiente. Si se alcanza una situación en la cual la posición social se consigue casi exclusivamente siendo un sirviente a sueldo del Estado, y es menospreciada cualquier otra posible actividad que no garantice los ingresos o no permita entrar en la jerarquía estatal, la preferencia por la libertad perderá inevitablemente terreno frente a la seguridad, ya que la alternativa a la seguridad será la precariedad. Es decir, se elevaría enormemente el precio de la libertad.
El estado debe proporcionar la seguridad de los ciudadanos frente a las grandes privaciones e incertidumbres no asumibles por las persona pero su acción nunca puede destruir la libertad individual ni obstruir la competencia en el mercado.
Un mínimo de seguridad es incuestionablemente necesaria para el mantenimiento de la libertad, para que el riesgo de la libertad no sea mayor al que cualquiera de nosotros sería capaz de asumir, pero no debe caerse en el error de colocar la seguridad por encima de la libertad.





