ORSON WELLES: UNA PASIÓN TAURINA ETERNAMENTE RONDEÑA
No debe ser desconocido para vosotros que muchas de las famosas personalidades de distintas épocas se han confesado aficionados al toreo. Yo había oido hablar de la afición de Camilo José Cela, de la de Goya, e incluso de la de Charles Chaplin. Pero hoy en mi particular búsqueda de algo interesante que ofreceros, casualmente he encontrado una bonita historia que desconocía. Se trata de ORSON WELLES, ese genio del cine y uno de los pioneros del séptimo arte. Su historia me ha sorprendido gratamente porque no me imaginaba que esta gran personalidad pudiera haber sentido una afición tan intensa por el toreo. Ahí va esa historia:

Orson Welles fue uno de esos artistas llegados a España desde Estados Unidos que con el tiempo no sólo supo entender la fiesta, sino que la apreció como un goce máximo de su existencia.
Rodando el ya famoso episodio sobre las corridas de toros de la película "La vuelta al mundo con Orson Welles", en 1955, el actor y director norteamericano conoció a matadores como Antonio Ordoñez, con quien compartiría una amistad eterna.
El amor por el toro y las corridas le hizo desplazarse de forma asidua a España, hasta el punto de asistir en primera fila al legendario espectáculo de "Goyescas" en Ronda (Málaga), ciudad natal de Ordoñez.
El ambiente taurino enbaucó a Welles de tal forma que en una visita a la finca de Ordoñez, tras asomarse a un pozo, le dijo a su amigo Antonio: "cómo me gustaría que entierren mis cenizas en tu pozo, así mi nombre estaría presente en tu jardín para siempre. Un hombre no pertenece a su lugar de nacimiento, sino al lugar donde él escoge morir".
Un ataque cardiaco puso fín a su vida el 10 de octubre de 1985. Un año más tarde, su hija cumplió con el último deseo de su padre: reposar sus cenizas en el jardín de la finca de los Ordoñez, en Ronda.
Una verónica americana con aroma rondeño.
¡Para que veais si puede ser intensa la pasión por el toreo!

Orson Welles fue uno de esos artistas llegados a España desde Estados Unidos que con el tiempo no sólo supo entender la fiesta, sino que la apreció como un goce máximo de su existencia.
Rodando el ya famoso episodio sobre las corridas de toros de la película "La vuelta al mundo con Orson Welles", en 1955, el actor y director norteamericano conoció a matadores como Antonio Ordoñez, con quien compartiría una amistad eterna.
El amor por el toro y las corridas le hizo desplazarse de forma asidua a España, hasta el punto de asistir en primera fila al legendario espectáculo de "Goyescas" en Ronda (Málaga), ciudad natal de Ordoñez.
El ambiente taurino enbaucó a Welles de tal forma que en una visita a la finca de Ordoñez, tras asomarse a un pozo, le dijo a su amigo Antonio: "cómo me gustaría que entierren mis cenizas en tu pozo, así mi nombre estaría presente en tu jardín para siempre. Un hombre no pertenece a su lugar de nacimiento, sino al lugar donde él escoge morir".
Un ataque cardiaco puso fín a su vida el 10 de octubre de 1985. Un año más tarde, su hija cumplió con el último deseo de su padre: reposar sus cenizas en el jardín de la finca de los Ordoñez, en Ronda.
Una verónica americana con aroma rondeño.
¡Para que veais si puede ser intensa la pasión por el toreo!





