¡HASTA CON LA COLA MATAN!
Cuando pensamos en el riesgo que supone un toro bravo para aquellos que se ponen frente a ellos, ya sea durante su manejo en una ganadería o para torearlos en una plaza de toros, solemos pensar en las astas (cuernos) del animal y en las cornadas que con ellas pueden propinar como único peligro.
Pero además de cornadas los toros también pisan, dan golpes con el testud, y teniendo en cuenta que se trata de animales de gran voluminosidad, fuerza y peso (podríamos estar hablando de 500 ó 600 kg), pueden provocar heridas de consideración o contusiones que en el peor de los casos pueden llegar a ser mortales.
Otro de los accidentes frecuentes provocados por el ganado bravo se produce cuando derriban el caballo haciendo caer a tierra a su jinete, y en relación a esto he encontrado una anécdota que quiero compartir. A partir de un mal entendido se crea una situacion un poco cómica y exagerada respecto a la peligrosidad de un toro. Pero será mejor que juzgueis vosotros mismos.
"El picador Andrés Castaño (Cigarrón) de la cuadrilla de Emilo Torres (Bombita), murió desgraciadamente en la plaza de San Sebastián a consecuencia de la caída que le produjo un toro en 1901, y cuando leía la noticia otro torero se hallaba escuchando el también picador Rafael Alonso (el Chato), quien al oir que la muerte de su compañero la originó un colapso, entendió que era un colazo, no pudiendo dejar de hacer esta reflexión:
- ¡Marditos toros¡ ¡Hasta con la cola matan!
Pero además de cornadas los toros también pisan, dan golpes con el testud, y teniendo en cuenta que se trata de animales de gran voluminosidad, fuerza y peso (podríamos estar hablando de 500 ó 600 kg), pueden provocar heridas de consideración o contusiones que en el peor de los casos pueden llegar a ser mortales.
Otro de los accidentes frecuentes provocados por el ganado bravo se produce cuando derriban el caballo haciendo caer a tierra a su jinete, y en relación a esto he encontrado una anécdota que quiero compartir. A partir de un mal entendido se crea una situacion un poco cómica y exagerada respecto a la peligrosidad de un toro. Pero será mejor que juzgueis vosotros mismos.
"El picador Andrés Castaño (Cigarrón) de la cuadrilla de Emilo Torres (Bombita), murió desgraciadamente en la plaza de San Sebastián a consecuencia de la caída que le produjo un toro en 1901, y cuando leía la noticia otro torero se hallaba escuchando el también picador Rafael Alonso (el Chato), quien al oir que la muerte de su compañero la originó un colapso, entendió que era un colazo, no pudiendo dejar de hacer esta reflexión:
- ¡Marditos toros¡ ¡Hasta con la cola matan!





