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Mi vida es una Telecomedia.
Cuando tu vida seria una serie para cualquier cadena de televisión, hay que contarlo.
Acerca de
Todo el mundo te mira. Eres el centro de atención. Te suceden las situaciones más cómicas que te pueden suceder. Tus amigos y relaciones son raritys en peligro de extinción. Cuidado. Hay una cámara grabándote. Es mi vida.
Sindicación
 
A ver si cubriéndolo con una capa de tono un pelín estúpido, resulta la historia un poco más llevadera:

Juanito era un niño normal, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco.
Juanito era como la media, moreno y ojos marrones.
Juanito no destacaba físicamente, aunque tenía un sentido del gusto más desarrollado que los niños de su edad.
Juanito no se comía ni una rosca.
Juanito obtenía buenos resultados académicos, pero no porque fuese un portento, sino porque intentaba dar siempre lo mejor de sí mismo.
Juanito tenía unas cualidades muy justas, mas la ironía, el sarcasmo, el humor y la inteligencia eran las que más destacaban en él.
Juanito era de los que "sino puedes convencer, confunde"
Juanito era de esas personas que, de vez en cuando, le gustaba sentirse especial, a sabiendas de que nunca lo sería.
Ay Juanito, Pobre Juanito.

Aunque bien es cierto que cada casa es un mundo y que de puertas para dentro la gente con la cual vives es totalmente diferente a como se muestra (y nunca mejor dicho) en el ambiente público, Juanito estaba a disgusto con la gente con la cual vivía ("a disgusto" quizá no sea la expresión más adecuada, pero "odiar" no es el verbo que define de manera precisa los sentimientos de Juanito)

En la bonita casa del bosque en la que Juanito pasaba (o tenía que pasar) más tiempo del que le gustaría, también vivía una niña que siempre vivía a la sombra del mencionado, pero que no se aparece en esa historía debido a que no aporta nada relevante.

En ese apacible lugar, también cohabitaba (que no convivía) un señor que no dedicó demasiado tiempo a Juanito, quizá porque la labor de padre se le quedaba grande, o porque quizá nunca se vio viviendo en una bonita casa del bosque. A veces Juanito se preguntaba si la culpa era suya, pero Juanito (¡oh Juanito!) era sólo un niño.

Pero como en todo cuento infantil que se precie, siempre hay un personaje malvado, una bruja que mediante su infelicidad y frustración intentaba que los planes, ilusiones y sueños de las personas que le rodean acabaran por truncarse o, en su defecto, estuvieran recubiertos de hiel.

Esa bruja tenía look de señorona (con lo cual poco más hay que describir) y tenía mentalidad de señorona (ídem).
Esa bruja se llamaba Paquita.

Paquita no era feliz, o al menos era es lo que demostraba
Paquita era de esas personas a las que les gusta mentirse a sí mismas con frases como “no me arrepiento de lo que hago”, “tengo la conciencia muy tranquila”, “yo tengo La Razón” o “Ya vendrás arrepintiéndote de tus actos”
Paquita no era feliz, o al menos eso era lo que demostraba, y no quería que los demás lo fueran.
Paquita era de las de “o jugamos todos o pinchamos la pelota”
Paquita estaba amargada ya que había acabado viviendo la vida que nunca (o casi nunca) hubiera querido vivir.
Paquita hacía que Juanito se sintiera mal.
Ay Paquita, maldita Paquita.


El placer de Paquita (o al menos esa era la intención que se evidenciaba a los ojos de Juanito) era hacer que Juanito se hiciera culpable de las situaciones que ella provocaba, que no le gustaban o que, simplemente, no existían pero ella, en su mundo de yupi-señorona, le gustaba imaginar.

Las hadas del bosque cuentan que Juanito consiguió liberarse y apartarse de la bruja, al menos a suficiente distancia como para que no le afectasen sus poderes malignos.
De Paquita se cuenta que no cambio, que siguió como siempre y que nunca fue capaz de reconocer sus errores y, por ende, pedir perdón por ellos.


Si usted, querido lector (y utilizo el término “querido” no como una simple fórmula de cortesía con la persona que se encuentra al otro lado de este texto, adorándolo, maldiciéndolo o, simplemente, leyéndolo, sino que, después de haber aguantado hasta aquí, ya es, de alguna manera u otra, querido por este aficionado a la escritura) se compadece de Juanito envíe un sms al 7777 poniendo JUANITO espacio y su nombre (coste sms 1,20 € impuestos indirectos no incluidos)

Bromas aparte, esta historia (que no es tal, ya que a fin de cuentas no se narra nada en particular) habla sobre la infelicidad en todo su extensión y definciones posibles.
¿Lo más bonito, mágico y, la la vez, triste de todo esto? Pues que hay muchos Juanitos en esta vida.
Juanitos que callan y tragan. Juanitos que callan y lloran. Juanitos que no se callan, pero que también lloran. Juanitos que fingen que todo es perfecto. Juanitos que dicen “hasta nunca” y se van de la misma manera que llegaron, con esa normalidad que les caracterizaba, esa normalidad que quizá no era tal, que quizá nadie intentó (o supo) ver por debajo de ella.

Paquitas (que son camaleónicas, ya que son imposibles de distinguir a simple vista) también hay muchas, y seguirán existiendo mientras haya Juanitos (partimos de la base que sin Paquitas no hay Juanitos) y siempre, siempre estarán ahí porque ¿Qué sería de los cuentos infantiles (o no tan infantiles) sin la figura del un antagonista?


¿Van a contar tu mayor secreto, ese que siempre has salvaguardado de la mejor manera posible, y te da igual? Eso es que algo raro pasa.
 
Comentario:
Hola
No hablo español bien, pero quería preguntarle si sus lectores estarían interesados en esta oferta?
Gracias

http://www.miodestino.co.uk/blog/2008/01/10/%c2%a1competicion-de-la-ropa-interior-del-dia-de-valentines-anunciada-ahora-entre/
 
Comentario:
Querido.. y esta aparicion que me haces despues de taaanto tannntoooo taaaaanto tiempo a que es debio???? aparte de a una Paquita???
No