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En el Ojo del Huracán
Frente borrascoso procedente del Norte. Posibles turbulencias.
Acerca de
Nací en 1984 en un hospital del extrarradio sin las mínimas garantías sanitarias, razón por la cual (creo) fui un niño tonto y algo lento, hasta que, a los nueve años, y mientras repostábamos nuestro Seat Marbella en una gasolinera, le pedí a mi padre que me comprase el disco de Milikito que, entre películas húngaras de rubicundas actrices y sucias bolsas de cubitos de hielo, asomaba timorato en un estante giratorio. Ignoro si fue el azar, o si estaba predestinado a tan elevados propósitos, pero aquellas letras, meditadas y profundas, mensaje subliminal y moraleja incluídas, que rezumaban sabiduría, me abrieron los ojos, y desde entonces, soy un hombre nuevo.
Sindicación
 
Héroes Anónimos (España Va Bien)
Nunca ha sido el señor Aznar santo de mi devoción. Nunca. Sin embargo, hay veces en los que hay que rendirse ante la evidencia. Y es que, por más que siempre he sido reacio a los optimismos baratos, los hechos no hacen sino atestiguar que España va bien. ¡Qué digo bien! ¡De puta madre!.

No hay otro modo de explicar, sino, lo que a diario nos encontramos en la parte inferior de nuestras pantallas televisivas, en cualquier programa de esos mal llamados “magacines de entretenimiento”.

“kristina no t preokupes. Jessy bcn”
“pako y maria aceis muy wna preja ls 2”
“nacho keremos 1 ijo tuyo”
“lucia ers la mjor. kike TQM”
“viva ecuador”


No son más que unos pocos ejemplos del amplio abanico de sesudos comentarios con el que, al módico precio de 1€ más IVA, nos deleitan anónimos y magnánimos conciudadanos, para quienes el dinero no parece suponer un problema que les impida realizar tamaño bien a la sociedad.

Me imagino la cara de satisfacción por el deber bien cumplido del ecuatoriano de turno tras ver cómo sus innumerables esfuerzos entre hortalizas ejidenses se traducen en tan emotiva consigna en favor de su depauperada patria. Siento envidia sana por esos héroes anónimos.

Envidia siento también por la Jessy. Ni los más allegados a Cristina habían conseguido, durante años, alegrar a la muchacha, acomplejada por su perenne acné y sus 53 kilos de más. Pero durante su aparición en el Diario de Vanessa, las abreviadas palabras de aliento de la Jessy fueron un soplo de aire fresco que le permitieron no volver a preocuparse nunca mais por sus taras físicas. Comenzó a amarse a sí misma, y ahora Cristina se ha convertido a la religión del bienaventurancismo, dedicando monacalmente su tiempo a desear salud y prosperidad vía sms a todos aquellos que se encuentran en la situación en la que ella se encontraba, y que por obra y gracia de la Jessy consiguió dejar atrás.

Aunque no es menor la envidia que siento por quienes, con su generoso pulgar, consiguen estabilizar parejas al borde del precipicio. Estoy seguro que cuando ese Paco y esa María, al borde de la separación tras varios meses de agrias discusiones por el cobro de las exclusivas, se ponen a repasar concienzudamente en el hotel los mensajes anónimos que les han dirigido los televidentes, recibiendo de ese modo el calor popular, deciden aparcar sus diferencias y se ponen inmediatamente a engendrar hijos, que acaso en un futuro puedan sentir tanto amor y calor de parte de los que el Kike, a buen seguro, engendrará esa misma noche con su amada, que con el corazón en la manó le brindó, la noche anterior, ese emotivo y cargado de sentimiento “TQM”, una declaración de amor sincero en toda regla, de las que ya no quedan.

Señores, estamos rodeados de héroes anónimos.



Para que luego digan que los españoles no llegamos a fin de mes, o que somos insolidarios... ¡tamaña osadía! Cómo se pueden llegar a decir semejantes falacias, cuando salta a la vista que nos sobra el dinero, y además, ese dinero que nos sobra, lo usamos para regalar amor y bondad por pura afición...

Desde luego, para mí es una prueba suficiente de lo que decía al principio: España va muy pero que muy bien. Congratulémonos.

 
El Lehendakari de todos y todas los y las ciudadanos y ciudadanas vascos y vascas


Después de ver, o mejor dicho, sufrir, la comparecencia de este individuo en el informativo de Telecinco, sólo he podido sacar en claro, entre el asco y la vergüenza ajena, algo que ya sabía: a mí ese miserable no me representa.
 
Miseria Humana (Capítulo III): Los Pseudo
No sé si todos los tópicos se cumplirán con la misma eficacia, pero lo cierto es que, en el caso del que dice que a las personas nos gusta aparentar, da en el clavo.
De hecho, tal es la obsesión por aparentar, que como en cualquier otra afición convertida en obsesión, aparecen incluso disfunciones y desviaciones.

Dentro de estas desviaciones, a mí me llama especialmente la atención la de los pseudo-ignorantes, cuya ignorancia tiene en la ostentación su única razón de ser, y resulta difícil de comprender, toda vez que ese afán de aparentar siempre se asocia con virtudes, no con defectos. Y, desde luego, la ignorancia no es una virtud. Pero ellos quieren parecer ignorantes, y lo parecen.

Esta clase de gente es la que dice "no sé" a todo. Aunque en realidad lo sepan, parecen avergonzarse de saber algo, es como si una voz interna les incitase a ello.
Y no contentos con ello, centran sus mofas en quien sí lo sabe, que pasa a ser objeto de los más variopintos adjetivos descalificativos.

Aunque se pueden encontrar individuos de todo pelaje, este grupo es especialmente numeroso entre las chicas post-adolescentes, más identificadas con el papel de Barbie Cabezahueca, adalid del éxito social, que con el de Marie Curie (cosa lógica, teniendo en cuenta que la principal fuente de ¿información? es la televisión).
Casi todas quieren ser la "chica popular" del instituto de Alabama, idealizando esa excitante vida de minifaldas, monosílabos, pompones y capitán cachas del equipo de béisbol.
Pero no echemos la culpa, como siempre, a los yanquis. En España tenemos nuestro propio modelo, el modelo "humildeysensillo", el del que se labra un futuro en televisión a base de hacer gala de ignorancia y palurdez. ¿Dónde está Palencia? Pues no sé, jejeje, debe ende caer por Murcia o asín, jijiji.
Por supuesto, también hay que alardear en voz alta de ser "humilde y sensillo" y de "tener un corasón asín de grande", que en boca de otro sonaría pretencioso, pero en boca del gañán que ha ganado el último Gran Hermano (el Juanjo ese, el taxista del kilométrico tabique nasal) o del Bustamante, unido a la continua e incesante mención a sus humildes y nobles oficios anteriores, pues resulta hasta convincente, produciendo una mezcla de ternura y compasión entre los menos avezados telespectadores, es decir, la gran mayoría.
Y de ahí, al estrellato.



Y claro, viendo el éxito fácil, extrapolable a cualquier otro ámbito, pues son muchos los que quieren ser el Juanjo de turno

Sin embargo, también está muy extendida la otra cara de la moneda. La del pseudo-intelectual.
A mí, francamente, no sé cuál de los dos modelos me resulta más irritante.

Porque el pseudo-intelectual es repelente, y no porque alardee de sus conocimientos, sino porque, precisamente, se nota tanto que carece de ellos que te entran unas irrefrenables ganas por estamparle tus nudillos en la mandíbula, como si de un rito iniciático zulú se tratase.
Y no menciono por casualidad a los zulú. Si los he mencionado es, precisamente, porque el pseudo-intelectual no tiene ni puta idea de si los zulú son una tribu sudafricana o la vivienda típica de los esquimales de la estepa colombiana, tan solo sabe que esa palabra le recuerda a los Documentales de La 2. Y el pseudo-intelectual tiene el deber moral de autoproclamarse voraz consumidor de nutritivos Documentales de La 2. Al fin y al cabo, es lo que se supone que debe ver un intelectual, ¿no?

El pseudo-intelectual también da buena cuenta del irrefrenable aumento de ventas de discos de música clásica, como atestigua la lista de AFIVE. Mozart, Beethoven, son su debilidad. Bueno, en realidad, conoce a Mozart porque ¿quién no lo conoce?. Y a Beethoven porque... es el perro más famoso del cine.
Acaso, con un poco de suerte, el pseudo-intelectual ve el Concierto de Año Nuevo de Viena y se queda con que ese instrumento marrón con cuerdas se llama violín, y el que es un poco más grande, viola, que le suena a descampado de Vallecas y le hace esbozar una leve sonrisa maliciosa, jejeje.
Pero oye, se supone que un intelectual escucha música clásica, y no los berridos de esos locos de las guitarras... además, en Saber y Ganar sólo preguntan de música clásica, así que será de eso lo que hay que escuchar, ¿no?



Pero lo más triste de todo es que el pseudo-ignorante y el pseudo-intelectual son exactamente iguales, igual de mediocres. Ambos utilizan el televisor para ver las Crónicas Marcianas, ambos utilizan la minicadena para poner a Bisbal a todo volumen, y si te descuidas, ambos leen la Superpop.

Manda huevos...
 
I have a dream
Tengo un sueño. Un sueño que se me aparece todas las noches. Sueño con una Euskadi libre. Libre de verdad.

Libre de caciquismos. Libre de pluralísimos plenos municipales de domingo al mediodía comiendo rabas en la taberna del pueblo. Libre de funcionarios de batzoki que atienden las ventanillas del Ayuntamiento.

Libre de efigies de Sabino a las cuales venerar. Libre de hematíes de primera y de segunda. Libre de apelativos, de calificativos.

Libre de ikastolas que ensalzan a Txirrita y niegan a Cervantes, que ensalzan a Biarritz y niegan a Laredo. Libre de ikastolas de pago con capilla incorporada. Libre de ikastolas que sólo enseñan a odiar.

Libre de miradas despectivas. Libre de "Ceda el Pasos". Libre de "apellidos de toda la vida". Libre de pleitesías.

Libre de presuntas culturas de txistu y tamboril, de hacha y oriundísimos troncos de roble. Libre de soberanas piedras arrastradas por autodeterminados bueyes.

Libre de agitadores de árboles con camisa de leñador y botas de monte. Libre de recogedores de nueces con camisa almidonada y zapatos de charol, perdón, txarol. Libre de la monopolización de causas e identidades.

Libre de silencio forzado. Libre de tantas cosas más...

Pero, sobre todo, sueño con una Euskadi libre de las cadenas que hoy la tienen presa. Y no en cárceles muy lejanas, precisamente.
 
Miseria Humana (Capítulos I y II)
Las colas kilométricas abrazan tres manzanas. Marabuntas humanas, armadas de paciencia, haciendo frente a los chuzos de punta que caen del cielo. Sin embargo, la fila india sigue inalterable...

No se trata de la embajada del Ecuador, que podría serlo perfectamente. Se trata de la entrada del Corte Inglés, que los niños de los Serranos ya están anunciando las Rebajas.

Y entonces, al recibir la señal del guardia jurado, comienza la carrera de la miseria humana, a golpe de codazo y empujón. Busco carroña a buen precio. Apártese, vejestorio, que esto no es el autobús público.

En primera línea, una niña de inocente mirada y aún más inocentes coletitas estilo Britney Spears (si es que las visten como putas...) sujeta con la firmeza que sus delgados brazos le permiten la muñeca de su madre, ahora convertida en buitre de cuello rojo, con los ojos inyectados en sangre.

Al fondo, una señora talludita y bien emperifollada, embutida en un vestido de seda italiana, busca otra nueva ganga. De seda, por supuesto, que Isabel Preysler viste seda, y todos sabemos lo elegante que es. Por eso la señora siempre ha vestido de seda.
Lo que nadie le ha dicho es que, en realidad, se trata de placenta de gusano.

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En otro orden de cosas, ayer asistimos a un nuevo espectáculo esperpéntico de odio y rencor contenido (e infundado), dirigido implícitamente por el mayor odiador de España, Federico Jiménez Losantos, cuya firma lleva, inequívocamente.

Resulta que en Madrid se celebraba una manifestación contra el terrorismo, y aquellos que pretenden monopolizar la causa antiterrorista, escuchando los cantos de sirena de su gurú de las ondas, lo convirtieron en un auténtico bochorno para los demócratas.

Felicidades, don Federico. Lo ha conseguido.

Ahora siga con su labor de ir poco a poco legitimando, con sus odios, a aquellos que pretenden, al igual que usted y los suyos, monopolizar otra causa, 500 kilómetros al norte de su despacho radiofónico.

Todos le estaremos eternamente agradecidos. No le quepa la menor duda. Aunque ya sé que a usted, las dudas, nunca le caben. Y no precisamente por ausencia física de espacio donde almacenarlas.

PS: Leo sin sorpresa la última perla de este individuo, que se comenta por sí sola:.


 
Parece que aún fue ayer
Parece que aún fue ayer cuando escribí mi último artículo en este blog. Y sin embargo, ya han pasado casi cuatro meses...

En realidad, no fue un abandono voluntario, o sí, quién sabe. Hubo muchos factores que influyeron en ello, como la ausencia de conexión a internet en mi nueva residencia estudiantil, un propósito de ir poco a poco desenganchándome... pero en realidad, creo que fue más bien miedo. Miedo a la rutina.
Miedo a que algo que me gusta, como es la escritura, terminase convirtiéndose en algo mecánico, automático, poco menos que una obligación, con lo cual perdería toda su razón de ser.
No me gusta ponerme delante de una pantalla y preguntarme: ¿sobre qué escribo hoy? Al final, resulta que escribes textos insulsos, superficiales, incluso tendenciosos, sin ningún valor, que luego releídos, producen sonrojo, cuando no puro asco.
Prefiero mil veces esperar a que las ideas fluyan de forma natural, sin calzador, y aprovechar ese instante para plasmarlas sobre el papel, o en su defecto, sobre las teclas del ordenador.

Siempre existen banalidades sobre las que escribir. Mil circunstancias de la vida cotidiana que son merecedoras de, al menos, un breve comentario o reflexión. Pero escribir sobre todas ellas le convierten a uno en banal, o cuando menos, esclavo de la banalidad.

Soy perfectamente consciente de que cualquier chascarrillo más o menos acertado es más ameno que este auto-pseudo-sermón que estoy pariendo en estos instantes, pero es lo que me pide el cuerpo, y además, es una breve introducción de mis intenciones para con este blog, testigo de piedra que tal vez no merezca caer en el olvido de forma tan cruel. O sí.

Es por ello que, de ahora en adelante, este blog será esporádicamente actualizado, de modo que no me comprometo a nada, ya no sólo con los potenciales lectores, sino conmigo mismo.
Sólo quiero que lo que aquí escriba, no me produzca agrias sensaciones al ser releído. Con eso me conformo.

Así que, aunque sea de un modo diferente, y como el turrón El Almendro, este blog vuelve a casa por Navidad.
Si queréis bajaros la canción "Vuelve a casa, vuelve", mandad un mensaje al 7575 con la palabra TONO ALMENDRO, POLITONO ALMENDRO si es un móvil polifónico.
La recaudación irá a parar a Telefónica, como siempre.