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En el Ojo del Huracán
Frente borrascoso procedente del Norte. Posibles turbulencias.
Acerca de
Nací en 1984 en un hospital del extrarradio sin las mínimas garantías sanitarias, razón por la cual (creo) fui un niño tonto y algo lento, hasta que, a los nueve años, y mientras repostábamos nuestro Seat Marbella en una gasolinera, le pedí a mi padre que me comprase el disco de Milikito que, entre películas húngaras de rubicundas actrices y sucias bolsas de cubitos de hielo, asomaba timorato en un estante giratorio. Ignoro si fue el azar, o si estaba predestinado a tan elevados propósitos, pero aquellas letras, meditadas y profundas, mensaje subliminal y moraleja incluídas, que rezumaban sabiduría, me abrieron los ojos, y desde entonces, soy un hombre nuevo.
Sindicación
 
Violenta sensibilidad
Y seguimos con los puñetazos...

Esta noche ha sido la primera vez que me he quedado en vela a causa de la Gala de los Oscar. Claro que, en mi condición de tipo humilde, me he tenido que conformar con escucharla por la radio, ya que uno no puede permitirse el Plus (también es cierto que te ahorras escuchar a la Siñeriz).
Y bueno, qué decir... que ha merecido la pena. Ha ganado quien lo merecía.
En realidad, de las candidatas no he visto más que "Million Dollar Baby". Más que suficiente. Hacía mucho tiempo que no me enganchaba tanto una película, y eso que adiviné el final palabra por palabra, incluyendo el significado de las dos palabras mágicas. Pero ni eso fue suficiente para quitarme el buen sabor de boca (pese a la dureza) que me llevé tras salir de la sala. Y es que nunca había invertido tan bien los 5 €uros en el cine.

También confieso que tengo una especial debilidad por Clint Eastwood. Hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere, lleva al espectador justo a donde desea llevarle. Parece increíble que el duro Harry Callaghan, aquel que dudaba si había disparado cinco o seis veces su Magnum 44, o el Morris que puso Alcatraz patas arriba tenga tanta sensibilidad y maestría detrás de las cámaras. Magistral.




 
I've got the power.
A ti, que lees esto. Sí, a ti. Te voy a partir la cara, despreciable hijo de la gran puta. Morderé uno por uno los dedos de tus pies hasta astillarte las falanges, deleitándome al ver la sangre correr. Te machacaré a patadas, me encanta patear las costillas de ratas inmundas como tú, que serás el siguiente. Y una vez vea hundida con virulencia la punta de mi pie en tu piel, comenzaré a verme por fin realizado. Es algo que siempre he deseado. ¡Dios, cómo me gusta! Esos rasguños serán un buen destino para la bolsa de sal que tengo en mis manos. Y cuando sufras, cuando las lágrimas se deslicen lentamente por tus mejillas mientras tus mandíbulas en tensión den fe de tu dolor, sólo entonces, estaré en pleno clímax.



Sé que no llego a asustar, ni a impresionar siquiera. No entro en el prototipo del matón de barrio, ni me asemejo a ninguna humanización de un rottweiller. Sin embargo, yo tampoco puedo renunciar a la violenta esencia humana, es algo innato a todos nosotros, lo reconozcamos o no. Todos querríamos patear hasta la extenuación a ese vecino que nos machaca con la minicadena a la hora de la siesta, a esa profesora que se recogija al ver que tienes que tirarte un año más escuchando la mierda que escupe por la boca, al jefe que te amarga la rutina, a esa niña pija que presume de rimmel y te mira por encima del hombro, o al pelirrojo con el que te cruzas a diario en el parque, por eso, por ser pelirrojo.

¿Cuántas veces en tu vida te has puesto a pegar puñetazos al aire, en la solitud de tu habitación?

Es una reacción irracional, a veces de excitación, a veces de liberación. Incluso, a veces, de pura desesperanza. Las fibras de los músculos se contraen, como en un intento de contener toda la furia que llevan dentro. Y se manifiestan en toda su dimensión. ¡Zas! Ni una descarga eléctrica es tan fulminante. Los electrones no sienten, no sufren, no odian. ¡Zas! El brazo se extiende, los muñones se aproximan a la pared, sientes esa sensación de poder, de dominación de tu entorno. ¡Zas! Ya van tres. Acabas de romperle el tabique. Crochet lateral. Gancho de derecha. Otro golpe enérgico. ¡Zas! I've got the power. Yeah, yeah, oh, oh. ¡Zas! Eres invencible. ¡Zas! Tus ojos se inyectan en sangre. Ya estás alcanzando el clímax. ¡Zas! Una extraña sensación te invade. Una sensación rara... contradictoria. El nervio braquial no tarda en informarte: Sí, muchacho, acabas de pegarle una hostia a la pared, y te has levantado la piel de los nudillos. Ahora eres tú el que sangras, el que sufres. ¿Quieres un poco de sal?.

Entonces te das cuenta de que no es lo tuyo. Un poco de algodón empapado en agua oxigenada, una gasa esterilizada, y a sufrir en silencio tu vulnerabilidad. Jódete.


 
El chistecillo de marras
Estaba esperando el momento con impaciencia. Ya venía gestando buenas dosis de inquietud según veía el especial informativo de la madrugada del sábado al domingo... ¿cuál sería la primera gracieta a propósito del incendio del madrileño Edificio Windson?

Por fortuna, no he tenido que esperar demasiado para ver saciada mi curiosidad, y comprobar que el mismo lunes ya estaba en la calle el ingenioso chistecillo en alusión a la idoneidad de tan colosal pebetero de cara a la candidatura olímpica de Madrid.

Todo un alarde de ironía bien medida, a añadir a esa selecta lista Forbes del chiste negro y chusco español, donde podrá figurar al lado de esas desternillantes consideraciones sobre la elevada natalidad de Biescas, la afición de Irene Villa por el fútbol en cierto estadio valenciano, y similares.

Dicho esto, voy a potar un poco.
 
¿Qué es la Fe?
Muchas veces escucho a gente muy religiosa, dogmática (y no hablo de ninguna doctrina en concreto), hablar de la Fe como la guía de sus creencias.
Es habitual escuchar eso de "soy creyente, y aunque hay muchas cosas que encuentro inexplicables, todo es cuestión de Fe".

Y yo me pregunto: ¿Es lo mismo tener Fe que autoconvencerse? ¿Es la Fe algo que nace de forma espontánea, o es, por contra, algo provocado?

Desde luego, si la Fe que esta gente dice tener es la Fe verdadera, confieso que tengo confundido el término desde el principio de los tiempos...

 
¿Existe un complot de Vicente Fox contra mi persona?
En absoluto me considero racista o etnicista, pero hay situaciones que le dan a uno que pensar en ocasiones...

Hacía bastante tiempo que no abría el Messenger, y hoy lo he hecho por un instante. Resulta que alguien me había agregado, y yo, educado como soy, he aceptado.
Cuál no es mi sorpresa al ver la fructífera conversación que ha surgido de esta mi misteriosa interlocutora, cuya dirección ocultaré por pura condescendencia:



No sé si se podrá leer bien (me he visto obligado a reducir el tamaño para poder alojarla aquí), pero en cualquier caso, es la cuarta vez que se me reproduce esta situación desde el pasado verano, siempre con interlocutores presuntamente mexicanos...
 
Morales distraídas...
No salgo de mi asombro...

LEER NOTICIA

Sinceramente, después de leer esto, ya no sé qué creer, ni en qué creer...

Que sí, que vale, que es un oficio muy respetable, honrado y necesario, incluso solidario y misericordioso con los más necesitados, pero obligar por Ley a una persona a ofrecer servicios en un bar de luces a fin de no perder el subsidio me parece el colmo de la hijoput...

(perdón... es que he tenido un lapsus... aún no lo he asimilado bien...)



A ver si he entendido bien... resulta que la tía esta lleva un año en el paro, y como no encuentra trabajo, tiene que aceptar lo que le caiga. ¿No? Pero claro, no era suficiente cabronada con ofrecerle un trabajo como barrendera o limpiadora de pescado, no... le ofrecen, es decir, le obligan a ser fulana, porque la prostitución está legalizada en Alemania. Vamos, que para cobrar los cuatro duros que le corresponden a todos los parados, ella además tiene que perder la propiedad de su chichi. Al más puro estilo mafioso eslavo.

¿Para cuándo incluímos el funambulismo o la doma de cobras entre esos admirables oficios obligatorios? Eh, que son oficios respetables, honrados y qué coño, también hacen feliz a la gente, no hay más que ver esas tiernas sonrisas werther's original entre los más jóvenes espectadores del circo... seguro que miles de esforzados padres de familia estarían encantados de trabajar sobre un cable de 1 mm. de espesor sobre las hoces del Duratón... y sin correr el peligro de que tus hijos estén predestinados a llevar un "hijodeputa" como inseparable e indisoluble adjetivo calificativo.

Conocida es la denominación de "mujeres de moral distraída" para definir a las rameras, pero... ¿quién tiene más distraída la moral y el sentido común?