La Generación de la Hipocondría
Será que me estoy haciendo viejo antes de tiempo, o será que vuelve a aflorar en mí la vena de la compasión, pero lo cierto es que me siento mal, muy mal, con lo que están haciendo con nuestros mayores. Y no hablo de las miserables pensiones que reciben la mayoría, ni tan siquiera de la vergonzosa situación creada en torno a las residencias para la tercera edad. Hablo de algo mucho más grave, que se está fomentando desde la televisión pública. Hablo del programa Saber Vivir.
Es como una ceremonia religiosa. Cada mañana, a eso de las diez en punto, minuto arriba, minuto abajo, el gurú Manuel Torreiglesias asoma el careto por la pantalla de millones de hogares españoles, en los cuales la edad media rara vez baja de los sesenta años, y comienza a relatar a su ansiosa audiencia las pautas a seguir para llevar una vida sana. ¡Y es que no hay derecho! Nos quejamos de que estamos creando una juventud de vagos, maleantes y drogadictos, y omitimos un hecho tanto o más preocupante, y es que estamos creando una tercera edad de hipocondríacos.
Podrán estar sanos y joviales, que se verán viejos y achacosos. Podrán ir a darse un paseo y encontrarse en perfectas condiciones, que en su mente tintineará la palabra taquicardia cada cinco segundos. Se irán a Benidorm o a los bailes de salón, pero a las diez en punto clavadas habrán de tomarse la tensión. Con el tensiómetro de Saber Vivir, of course. “Quince cuatro, nueve dos. La tienes algo alta, Luisa”. “Bueno, es que hemos comido tarde...”. “Nada, nada. Tómate la pastilla inmediatamente”. Y, desde luego, nada de langostinos en Nochevieja, que te ponen el colesterol por las nubes.
Mi abuelo se compró un ordenador hace más de dos años. Tiene dos programas: uno con ciento cincuenta tipos diferentes de solitarios, y otro para hacer tarjetas de visita, cuyos resultados me muestra orgulloso, aunque dudo que le sirvan para nada más que para depositarlas en las urnas de los funerales. Recientemente, puso conexión a Internet, pero tan sólo se ha conectado en dos ocasiones. La primera, para recabar información sobre la taquicardia y la hipertensión. La segunda, sobre la artritis, la diabetes y el espolón.
No sé, a mí me preocupa todo esto. Se supone que, después de toda una vida de trabajo, deberían estar en una época de relax y descanso, de disfrutar al máximo lo que les resta de vida, y en cambio, los tenemos angustiaditos perdidos, acojonados y maniatados. Hipocondríacos, vaya.
Es como una ceremonia religiosa. Cada mañana, a eso de las diez en punto, minuto arriba, minuto abajo, el gurú Manuel Torreiglesias asoma el careto por la pantalla de millones de hogares españoles, en los cuales la edad media rara vez baja de los sesenta años, y comienza a relatar a su ansiosa audiencia las pautas a seguir para llevar una vida sana. ¡Y es que no hay derecho! Nos quejamos de que estamos creando una juventud de vagos, maleantes y drogadictos, y omitimos un hecho tanto o más preocupante, y es que estamos creando una tercera edad de hipocondríacos.
Podrán estar sanos y joviales, que se verán viejos y achacosos. Podrán ir a darse un paseo y encontrarse en perfectas condiciones, que en su mente tintineará la palabra taquicardia cada cinco segundos. Se irán a Benidorm o a los bailes de salón, pero a las diez en punto clavadas habrán de tomarse la tensión. Con el tensiómetro de Saber Vivir, of course. “Quince cuatro, nueve dos. La tienes algo alta, Luisa”. “Bueno, es que hemos comido tarde...”. “Nada, nada. Tómate la pastilla inmediatamente”. Y, desde luego, nada de langostinos en Nochevieja, que te ponen el colesterol por las nubes.
Mi abuelo se compró un ordenador hace más de dos años. Tiene dos programas: uno con ciento cincuenta tipos diferentes de solitarios, y otro para hacer tarjetas de visita, cuyos resultados me muestra orgulloso, aunque dudo que le sirvan para nada más que para depositarlas en las urnas de los funerales. Recientemente, puso conexión a Internet, pero tan sólo se ha conectado en dos ocasiones. La primera, para recabar información sobre la taquicardia y la hipertensión. La segunda, sobre la artritis, la diabetes y el espolón.
No sé, a mí me preocupa todo esto. Se supone que, después de toda una vida de trabajo, deberían estar en una época de relax y descanso, de disfrutar al máximo lo que les resta de vida, y en cambio, los tenemos angustiaditos perdidos, acojonados y maniatados. Hipocondríacos, vaya.
My rabbit is very long
Les invito a que hagan un ejercicio mental y piensen en ese pobre mancebo de Antequera que, de la noche a la mañana, se encuentra en un mundo globalizado, donde todo el mundo se comunica por videoconferencia y hace las compras por Internet. Todo ello en inglés, of course. Y nuestro Paco se acerca un día a la playa, y ve a una sueca de quitar el hipo. Pero claro, ahora ya no vale meterse en la piel de Esteso y gritar “¡Jamonaaaa!”, ahora hay que ser más civilizado, más sofisticado, que estamos en la Era Tecnológica. Así que, arremangándose las patas del bañador y agarrándose los huevos con delicadeza, se acerca a la rubicunda muchacha, y con cara de hondo sentimiento, y una atractiva sonrisa de gentleman inglés, le espeta el latigazo final:“Mi rabbit is very long”. Más chulo que un ocho. Con ese rostro de satisfacción por el trabajo bien hecho.
La sueca, que es de un barrio pijo de Göteborg, le observa, pasmada por tan poco glamour. Él, convencido de que la aludida longitud de su miembro viril será un argumento sólido para llevársela al catre, sonríe nuevamente. Sin embargo, ella, recatada como es, comienza a reír de forma entrecortada, con la mano delante de la boca, a la vez que exclama: “What a gay guy!”. Que vendría a ser algo así como “¡Qué tipo más simpático!”, pero que a los oídos de nuestro amigo, suena a una directa alusión a su poca hombría. Y para más inri, repetida, con recochineo.
Así que nuestro Don Juan patrio se va cabizbajo, totalmente deshecho, a punto de estallar en sollozos. Y todo, porque no sabía que el significado de “rabbit” no es “rabo”, sino “conejo”.
¡Cuánto más sencillo no sería todo si nos comunicásemos todos en castellano!
Y es que, me reconocerán, el castellano le da mil vueltas al inglés. Puede que más, incluso. No sólo por su incuestionable eufonía, sino por su gramática perfecta, su adecuación gráfico-fónica,... por todo, en definitiva. Es la lengua perfecta, nunca me cansaré de decirlo. Y no es que tenga resquemor alguno para con el idioma inglés, que lo hablo y con un perfecto acento de Birmingham. Pero es que es un idioma retorcido, ¡recórcholis!
Fíjense, por ejemplo, en el término “go down”. Uno de los famosos phrasal verbs, o lo que es lo mismo, un interminable listado de perversiones lingüísticas sólo al alcance de los ingleses. Su traducción literal sería “ir abajo”. Sin embargo, si tú vas a Inglaterra y lo mencionas, puedes estar diciendo que bajas las escaleras. O que te dejas caer por la oficina. O que ese edificio se derrumba. También puedes estar diciendo que viajas a un lugar concreto. O que te pones de cuclillas. O que el precio de la gasolina se abarata (sic). O que la comida se deteriora. Pero también puedes estar diciendo que un balón se desinfla. O que algo raro sucede. O que una ampolla desaparece. O que se produce una reacción curiosa. Incluso puedes estar diciendo que ese vino de Valdepeñas entra muy bien. O que el sol se está poniendo. O que el Titanic se hunde. O que el helicóptero se estrella. Y si nos ponemos tontos, también puedes estar diciendo que te mantienes en tus trece. O que pierdes un partido. O que el Salamanca ha bajado a 2ª B. Es más, también puedes estar diciendo que has anotado algo en tu bloc de notas. O que el ordenador la ha cascado. O que ya has terminado la universidad. Pero no se piensen que todo queda aquí. Porque también puedes estar diciendo que se la estás chupando a alguien.
Y ese último significado, en manos de Paco, creo que es bastante peligroso... pero ese es un tema que dejaré para otro post...
La sueca, que es de un barrio pijo de Göteborg, le observa, pasmada por tan poco glamour. Él, convencido de que la aludida longitud de su miembro viril será un argumento sólido para llevársela al catre, sonríe nuevamente. Sin embargo, ella, recatada como es, comienza a reír de forma entrecortada, con la mano delante de la boca, a la vez que exclama: “What a gay guy!”. Que vendría a ser algo así como “¡Qué tipo más simpático!”, pero que a los oídos de nuestro amigo, suena a una directa alusión a su poca hombría. Y para más inri, repetida, con recochineo.
Así que nuestro Don Juan patrio se va cabizbajo, totalmente deshecho, a punto de estallar en sollozos. Y todo, porque no sabía que el significado de “rabbit” no es “rabo”, sino “conejo”.
¡Cuánto más sencillo no sería todo si nos comunicásemos todos en castellano!
Y es que, me reconocerán, el castellano le da mil vueltas al inglés. Puede que más, incluso. No sólo por su incuestionable eufonía, sino por su gramática perfecta, su adecuación gráfico-fónica,... por todo, en definitiva. Es la lengua perfecta, nunca me cansaré de decirlo. Y no es que tenga resquemor alguno para con el idioma inglés, que lo hablo y con un perfecto acento de Birmingham. Pero es que es un idioma retorcido, ¡recórcholis!
Fíjense, por ejemplo, en el término “go down”. Uno de los famosos phrasal verbs, o lo que es lo mismo, un interminable listado de perversiones lingüísticas sólo al alcance de los ingleses. Su traducción literal sería “ir abajo”. Sin embargo, si tú vas a Inglaterra y lo mencionas, puedes estar diciendo que bajas las escaleras. O que te dejas caer por la oficina. O que ese edificio se derrumba. También puedes estar diciendo que viajas a un lugar concreto. O que te pones de cuclillas. O que el precio de la gasolina se abarata (sic). O que la comida se deteriora. Pero también puedes estar diciendo que un balón se desinfla. O que algo raro sucede. O que una ampolla desaparece. O que se produce una reacción curiosa. Incluso puedes estar diciendo que ese vino de Valdepeñas entra muy bien. O que el sol se está poniendo. O que el Titanic se hunde. O que el helicóptero se estrella. Y si nos ponemos tontos, también puedes estar diciendo que te mantienes en tus trece. O que pierdes un partido. O que el Salamanca ha bajado a 2ª B. Es más, también puedes estar diciendo que has anotado algo en tu bloc de notas. O que el ordenador la ha cascado. O que ya has terminado la universidad. Pero no se piensen que todo queda aquí. Porque también puedes estar diciendo que se la estás chupando a alguien.
Y ese último significado, en manos de Paco, creo que es bastante peligroso... pero ese es un tema que dejaré para otro post...
La fogosidad y el tocino
Sucedió el otro día algo que me llamó mucho la atención. Según salía del portal de mi edificio, a unos quince metros de distancia, vi a una pareja joven dándose el lote de forma descarada, a la vista de todo el mundo. Comiéndose la boca, que suele decirse. No fue, sin embargo, tal descaro lo que llamó mi atención, sino más bien la sensación de que yo conocía al fulano en cuestión. Disimuladamente, pasé por su lado, y se confirmó lo que ya viéndole de espaldas me suponía. Era un antiguo compañero del equipo de fútbol, el típico tuercebotas que se apunta al fútbol porque sus padres le obligan a hacer deporte, a fin de evitar tenerle todo el día delante de la PlayStation, y por consiguiente, que la báscula dé un veredicto de tres dígitos.
Orondo, seguía siéndolo, pero mira tú, el gordito ahora tiene novia. Y el gordito, aquel mismo gordito que se pasaba 89 minutos en el banquillo, ahora es un exitoso gentleman, todo un galán. Y, como tal, en un alarde de romanticismo exacerbado, nos deleita a todos los ciudadanos con apasionados ósculos lenguados de cinco minutos, recíproca ingesta de babas incluída.
Me parece bastante sintomático, pues no se trata de un hecho aislado. Por lo que he podido observar, y no han sido pocos casos, son los gorditos/as y feos/as, y la carne de burla en general, los más exagerados a la hora de cumplir con el rito social del acaramelamiento público. Y que nadie me haga creer que es por histrionismo, ni por tendencia exhibicionista alguna, que la policía no es tonta. Es un rito de autoafirmación, de demostrar al mundo y gritar a los cuatro vientos que “¡A mí también me quieren!”.
Yo no les culpo, la verdad. Les comprendo, quiero decir. Entiendo perfectamente que debe ser muy duro tener que soportar la insensibilidad de cierta gente, o lo que es peor, la autocensura. Porque, qué duda cabe que, quien tiene problemas de obesidad, o sufre la putada de que la naturaleza se haya cebado sin piedad con su rostro, no puede estar contento de ello, por más que sea capaz de simularlo, y eso ha de derivar, forzosamente, en autocensura y pérdida de autoestima, especialmente en una sociedad que se mueve al compás de la tiranía de la apariencia.
Es por ello que este hecho, más que repulsión, me produce compasión. En otras circunstancias, me produciría únicamente lo primero, pues siempre he pensado que eso que llaman amor no es un producto comercial que haya que publicitar al por mayor, y que los mayores alardes de amor apasionado son sinónimo de puro teatro. Pero yo les veo, me pongo en su acomplejada piel, y lo más que acierto a pensar es un sentido “pobrecico...”.
Por esa razón, cuando la chica fea de turno no para de hablar de lo mucho que le quiere su novio, no para de hablar por el móvil con él, elevando el tono de voz para hacerse audible, cuando no para de hablar de la infinidad de coleguis que tiene, y lo buenos coleguis que son, y lo bien que se lo pasan de fiestuki, como si eso fuese a cambiar la percepción que de ella pudiéramos tener los demás, no siento otra cosa que lástima, lástima por saber que esa persona nunca podrá actuar con libertad ni naturalidad, sino que está condenada a la esclavitud actitudinal, está condenada a vivir de cara a la galería, y esa es una existencia pobre, muy pobre. La superficialidad no es patrimonio exclusivo de las rubias cañón, no.
Tengo una compañera de clase (de las rubias cañón no, de las otras) que funciona exactamente así. En realidad, por ésta no siento compasión, sino puro asco. Me cae rematadamente mal, y no ha hecho nada para que así sea, excepto cumplir uno por uno todas las premisas arriba citadas. Pero es entendible...
... es pecosa.
Orondo, seguía siéndolo, pero mira tú, el gordito ahora tiene novia. Y el gordito, aquel mismo gordito que se pasaba 89 minutos en el banquillo, ahora es un exitoso gentleman, todo un galán. Y, como tal, en un alarde de romanticismo exacerbado, nos deleita a todos los ciudadanos con apasionados ósculos lenguados de cinco minutos, recíproca ingesta de babas incluída.
Me parece bastante sintomático, pues no se trata de un hecho aislado. Por lo que he podido observar, y no han sido pocos casos, son los gorditos/as y feos/as, y la carne de burla en general, los más exagerados a la hora de cumplir con el rito social del acaramelamiento público. Y que nadie me haga creer que es por histrionismo, ni por tendencia exhibicionista alguna, que la policía no es tonta. Es un rito de autoafirmación, de demostrar al mundo y gritar a los cuatro vientos que “¡A mí también me quieren!”.
Yo no les culpo, la verdad. Les comprendo, quiero decir. Entiendo perfectamente que debe ser muy duro tener que soportar la insensibilidad de cierta gente, o lo que es peor, la autocensura. Porque, qué duda cabe que, quien tiene problemas de obesidad, o sufre la putada de que la naturaleza se haya cebado sin piedad con su rostro, no puede estar contento de ello, por más que sea capaz de simularlo, y eso ha de derivar, forzosamente, en autocensura y pérdida de autoestima, especialmente en una sociedad que se mueve al compás de la tiranía de la apariencia.
Es por ello que este hecho, más que repulsión, me produce compasión. En otras circunstancias, me produciría únicamente lo primero, pues siempre he pensado que eso que llaman amor no es un producto comercial que haya que publicitar al por mayor, y que los mayores alardes de amor apasionado son sinónimo de puro teatro. Pero yo les veo, me pongo en su acomplejada piel, y lo más que acierto a pensar es un sentido “pobrecico...”.
Por esa razón, cuando la chica fea de turno no para de hablar de lo mucho que le quiere su novio, no para de hablar por el móvil con él, elevando el tono de voz para hacerse audible, cuando no para de hablar de la infinidad de coleguis que tiene, y lo buenos coleguis que son, y lo bien que se lo pasan de fiestuki, como si eso fuese a cambiar la percepción que de ella pudiéramos tener los demás, no siento otra cosa que lástima, lástima por saber que esa persona nunca podrá actuar con libertad ni naturalidad, sino que está condenada a la esclavitud actitudinal, está condenada a vivir de cara a la galería, y esa es una existencia pobre, muy pobre. La superficialidad no es patrimonio exclusivo de las rubias cañón, no.
Tengo una compañera de clase (de las rubias cañón no, de las otras) que funciona exactamente así. En realidad, por ésta no siento compasión, sino puro asco. Me cae rematadamente mal, y no ha hecho nada para que así sea, excepto cumplir uno por uno todas las premisas arriba citadas. Pero es entendible...
... es pecosa.
¿Dónde están los crespones?
¡Qué insensibles somos! ¡Qué poca solidaridad! El mundo entero debería estar consternado por tamaña tragedia. ¿Hacia dónde vamos?
Yo creo que deberíamos impulsar una campaña de lazos negros para solidarizarnos. Multitudinarias manifestaciones en las que todos gritásemos al unísono una misma consigna. Que se oiga en toda la Castellana eso de “Todos somos la NASA”. Trafalgar Square hasta la bandera:“We’re all NASA”. Que las calles de París se llenen de “Tous nous sommes la NASA”, que se oiga en todo Milán un sonoro “Tutti siamo la NASA”.
”¡Discovery, amigo, el pueblo está contigo!”. Un pueblo, una voz.
¿Quién se ha parado a pensar en ese pobre ingenierito de Cincinnati que dependía del éxito de la misión para poder hacer efectiva la manutención de su numerosa prole humana y animal, y que se verá obligado a servir Big Macs hasta altas horas de la madrugada? ¿Quién se ha parado a pensar en esos pobres astronautas que no han podido cumplir ese sueño al que, desde que vieron a Neil Armstrong en aquel fantástico estudio de Hollywood allá por 1969, se aferraban para sentirse realizados como personas? ¿Quién se ha parado a pensar en todos esos advenedizos en busca de respuestas sobre nuestro origen, que estarán condenados a seguir con su cacao mental?
Es una vergüenza, coño, sólo nos preocupamos de nosotros, somos unos egoístas de tres pares de cojones. "Bueno, todo ha salido bien, han podido aterrizar bien y no ha sucedido nada malo". ¿Pero cómo que no ha sucedido "nada malo"? El futuro de la humanidad está en juego, y nosotros haciendo caso omiso, mirándonos nuestro ombligo, y pensando en que si no tengo trabajo, que si no tengo casa, que si no tengo novia. Y esos miserables negritos del África tropical, que sólo piensan en quitarse las moscas de encima y mendigar cincuenta gramos de gachas, haciendo la vista gorda ante catástrofes de tal magnitud, que seguro que ni se imaginan todo el dinero que se ha ido con el Discovery... luego ellos se quejan porque no les condonan la deuda externa, que ya hay que tener huevos para ser tan cínico... ¡Dios, qué vergüenza siento de la raza humana, si pudiera pagarme una operación estética y convertirme en foca monje...!
Yo creo que deberíamos impulsar una campaña de lazos negros para solidarizarnos. Multitudinarias manifestaciones en las que todos gritásemos al unísono una misma consigna. Que se oiga en toda la Castellana eso de “Todos somos la NASA”. Trafalgar Square hasta la bandera:“We’re all NASA”. Que las calles de París se llenen de “Tous nous sommes la NASA”, que se oiga en todo Milán un sonoro “Tutti siamo la NASA”.
”¡Discovery, amigo, el pueblo está contigo!”. Un pueblo, una voz.
¿Quién se ha parado a pensar en ese pobre ingenierito de Cincinnati que dependía del éxito de la misión para poder hacer efectiva la manutención de su numerosa prole humana y animal, y que se verá obligado a servir Big Macs hasta altas horas de la madrugada? ¿Quién se ha parado a pensar en esos pobres astronautas que no han podido cumplir ese sueño al que, desde que vieron a Neil Armstrong en aquel fantástico estudio de Hollywood allá por 1969, se aferraban para sentirse realizados como personas? ¿Quién se ha parado a pensar en todos esos advenedizos en busca de respuestas sobre nuestro origen, que estarán condenados a seguir con su cacao mental?
Es una vergüenza, coño, sólo nos preocupamos de nosotros, somos unos egoístas de tres pares de cojones. "Bueno, todo ha salido bien, han podido aterrizar bien y no ha sucedido nada malo". ¿Pero cómo que no ha sucedido "nada malo"? El futuro de la humanidad está en juego, y nosotros haciendo caso omiso, mirándonos nuestro ombligo, y pensando en que si no tengo trabajo, que si no tengo casa, que si no tengo novia. Y esos miserables negritos del África tropical, que sólo piensan en quitarse las moscas de encima y mendigar cincuenta gramos de gachas, haciendo la vista gorda ante catástrofes de tal magnitud, que seguro que ni se imaginan todo el dinero que se ha ido con el Discovery... luego ellos se quejan porque no les condonan la deuda externa, que ya hay que tener huevos para ser tan cínico... ¡Dios, qué vergüenza siento de la raza humana, si pudiera pagarme una operación estética y convertirme en foca monje...!
Mis 40 Principales
Hoy voy a jugar a ser el tal Toni Aguilar, pero sin Shakiras ni Melendis de por medio.
No hace mucho comenté por ahí que algún día de estos colgaría mi lista con "Mis 40 Principales", que tenía por ahí perdida en alguna ignota carpeta de la saturadísima memoria de mi ordenador.
Casualmente, acabo de encontrarla ahora mismo, en una carpeta llamada Uninstall, dada mi afición a "codificar" los nombres de las carpetas, lo que en ocasiones se traduce en súbitas desapariciones de los ficheros.
Así pues, ahí va mi lista.
[CUÑA PUBLICITARIA] Manda un SMS al 7755 con el mensaje "FAVORITO" + Nombre de intérprete, y entrarás en el sorteo de un viaje a Castejón de Ebro para 3 personas y un animal doméstico.

1) Pink Floyd - Shine On You Crazy Diamond (I-V)
2) Rush - 2112
3) Led Zeppelin - Over The Hills And Far Away
4) Bryan Adams - Vanishing
5) Aerosmith - Dream On
6) Queen - Bohemian Rhapsody
7) Bob Dylan - Knockin' On Heaven's Door
8) Gary Moore - Still Got The Blues
9) Scorpions - No One Like You
10) The Moody Blues - Nights In White Satin
11) Creedence Clearwater Revival - Fortunate Son
12) Thin Lizzy - Jailbreak
13) David Bowie - Ziggy Stardust
14) Fleetwood Mac - Go Your Own Way
15) Radiohead - Creep
16) Los Piratas - Filofobia
17) Marillion - Fugazi
18) Patti Smith - Because The Night
19) Black Sabbath - Sabbath Bloody Sabbath
20) AC/DC - For Those About To Rock (We Salute You)
21) Keane - Bend And Break
22) Kansas - Point Of Know Return
23) Great White - Never Change Heart
24) Queensrÿche - I Don't Believe In Love
25) Bon Jovi - Livin' In A Prayer
26) Cream - Sunshine Of Your Love
27) Coldplay - Yellow
28) The Alarm - Where Were You Hiding When The Storm Broke
29) Metallica - Enter Sandman
30) Rainbow - I Surrender
31) Foreigner - I Want To Know What Love Is
32) Europe - Rock The Night
33) Dream Theater - Another Day
34) Manfred Mann - Spirits Of The Night
35) Porcupine Tree - Trains
36) Dokken - Alone Again
37) The Verve - Bitter Sweet Symphony
38) Status Quo - Whatever You Want
39) The Postal Service - Nothing Better
40) Robert Miles - Children
Es posible que, a día de hoy, cambiase alguna, o cuando menos, modificase su posición. Pero no voy a ponerme a trastocar todo, que no soy ningún crítico que se juegue el sueldo; tan sólo he introducido un tema muy reciente a mitad de tabla. Y, en los dos últimos puestos, un par de guiños a la música electrónica y de discoteca, como muestra de que no toda tiene el cubo de basura como destino.
Por lo demás, una lista relativamente heterogénea, en la que no he querido repetir ningún grupo en dos ocasiones, con lo que la elección, en más de un caso, se convierte en un auténtico dilema. En esos casos, me he inclinado por no elegir el tema más conocido del grupo en cuestión, con la esperanza de que, acaso, algún lector se deje guiar por mis recomendaciones y descubra algo que no conocía.
¡And that's all, folks!
No hace mucho comenté por ahí que algún día de estos colgaría mi lista con "Mis 40 Principales", que tenía por ahí perdida en alguna ignota carpeta de la saturadísima memoria de mi ordenador.
Casualmente, acabo de encontrarla ahora mismo, en una carpeta llamada Uninstall, dada mi afición a "codificar" los nombres de las carpetas, lo que en ocasiones se traduce en súbitas desapariciones de los ficheros.
Así pues, ahí va mi lista.
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2) Rush - 2112
3) Led Zeppelin - Over The Hills And Far Away
4) Bryan Adams - Vanishing
5) Aerosmith - Dream On
6) Queen - Bohemian Rhapsody
7) Bob Dylan - Knockin' On Heaven's Door
8) Gary Moore - Still Got The Blues
9) Scorpions - No One Like You
10) The Moody Blues - Nights In White Satin
11) Creedence Clearwater Revival - Fortunate Son
12) Thin Lizzy - Jailbreak
13) David Bowie - Ziggy Stardust
14) Fleetwood Mac - Go Your Own Way
15) Radiohead - Creep
16) Los Piratas - Filofobia
17) Marillion - Fugazi
18) Patti Smith - Because The Night
19) Black Sabbath - Sabbath Bloody Sabbath
20) AC/DC - For Those About To Rock (We Salute You)
21) Keane - Bend And Break
22) Kansas - Point Of Know Return
23) Great White - Never Change Heart
24) Queensrÿche - I Don't Believe In Love
25) Bon Jovi - Livin' In A Prayer
26) Cream - Sunshine Of Your Love
27) Coldplay - Yellow
28) The Alarm - Where Were You Hiding When The Storm Broke
29) Metallica - Enter Sandman
30) Rainbow - I Surrender
31) Foreigner - I Want To Know What Love Is
32) Europe - Rock The Night
33) Dream Theater - Another Day
34) Manfred Mann - Spirits Of The Night
35) Porcupine Tree - Trains
36) Dokken - Alone Again
37) The Verve - Bitter Sweet Symphony
38) Status Quo - Whatever You Want
39) The Postal Service - Nothing Better
40) Robert Miles - Children
Es posible que, a día de hoy, cambiase alguna, o cuando menos, modificase su posición. Pero no voy a ponerme a trastocar todo, que no soy ningún crítico que se juegue el sueldo; tan sólo he introducido un tema muy reciente a mitad de tabla. Y, en los dos últimos puestos, un par de guiños a la música electrónica y de discoteca, como muestra de que no toda tiene el cubo de basura como destino.
Por lo demás, una lista relativamente heterogénea, en la que no he querido repetir ningún grupo en dos ocasiones, con lo que la elección, en más de un caso, se convierte en un auténtico dilema. En esos casos, me he inclinado por no elegir el tema más conocido del grupo en cuestión, con la esperanza de que, acaso, algún lector se deje guiar por mis recomendaciones y descubra algo que no conocía.
Quiero ser traficante
Y os juro por la filmografía de Steven Seagal que no estoy de coña. Es una idea que me viene rondando la cabeza desde hace un tiempo. Sí, quiero se traficante de drogas, a gran escala, si es posible.
Resulta que antes sentía compasión por los pobres diablos que, so pretexto de sentirse más guays que el resto, machacaban sus hígados y destrozaban sus tabiques a los dieciséis años, incapaces de encontrar la felicidad sin sucedáneos de la misma. Aunque fueran ellos, con su proceder, los que me condenaban a quedarme sin adolescencia ni juventud. Daba igual, yo me compadecía de ellos, y no sólo eso, sino que incluso me permitía aconsejarles a algunos de ellos como un padrecito boliviano de la Orden de Jesús, en un ejercicio de magnanimidad del que hoy no puedo menos que arrepentirme.
Sí, ahora se me ha endurecido el corazón, ya no soy tan compasivo. Afortunadamente, estoy aprendiendo a ser más egoísta, y acaso dentro de poco tiempo consiga serlo en la medida en que debería. ¿Que quieren joderse la vida a cambio de una ficticia diversión? ¡Pues que se la jodan, coño, que se la jodan! ¡Que la palmen todos, me importa un rábano! ¡Que se perforen el tabique, que se pudran los dientes, que ni de tenerlos en condiciones son dignos! ¿Hacen ellos algo por mí? No hacen nada, soy para ellos la misma insignificante mierda que ellos deberían ser para mí. ¡Pues que así sea!
Es por ello que, si ahora mismo me ofreciesen ingresar en alguna organización mafiosa y convertirme en un traficante a gran escala, creo que no sentiría ningún remordimiento. Más bien al contrario, disfrutaría cargándome sin piedad a tanto imbécil. Y se lo restregaría por sus imbéciles rostros. “¿Veis ese chalet en primera línea de mar? Pues sabed, ¡oh, miserables!, que es gracias a vuestra estupidez que me lo puedo permitir. ¿Ves la pista de tenis? Ésa me la has pagado tú, tonto’l’higo. ¿Y el campo de golf? Pues ése te lo debo a ti y a tu idiotez”.
No me gustan los lujos, ni aspiro a ellos, pero sólo por ver la cara de esos desgraciados, valdría la pena. “Miradme, necios, y ahora miráos a vosotros, que ni siquiera aspiráis a un ataúd de chapa-okumen cuando la palméis el mes que viene, puñados de escoria”. Y una porcina carcajada de desprecio. Sería muy gratificante.
Y me imagino, aún imberbe, paseándome por las calles del más deprimido de los suburbios con total tranquilidad, imprimiendo miedo y admiración a partes iguales. Con un abrigo de cuello de visón, embutido en joyas y zapatos de diseño, como un campeón negro de los superwelter. Mascando chicle con actitud chulesca con mis blancos y deslumbrantes dientes, lanzando miradas despreciativas a diestro y siniestro. O conduciendo mi Maserati descapotable, con tres modelos croatas en el asiento de atrás. Y cuando viniera uno de ellos, con su chándal de táctel verde y violeta, deportivas Paredes y los dientes negros y ajados, y bajase la ventanilla de su R5 de sexta mano para mendigarme una bolsita, poder espetarle:
“¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo, basurilla? Que, mientras tú te metías de todo y te creías el más chulo del pueblo, yo era ese pobre pringado que te observaba y se reía de ti sin que lo advirtieras. Y ahora el más chulo del barrio soy yo, y vivo de ti y los lerdos como tú. Y ya ves cómo.”
¡Oh, sí, Mr. Hyde se está apoderando de mí!
Y me encanta.
Resulta que antes sentía compasión por los pobres diablos que, so pretexto de sentirse más guays que el resto, machacaban sus hígados y destrozaban sus tabiques a los dieciséis años, incapaces de encontrar la felicidad sin sucedáneos de la misma. Aunque fueran ellos, con su proceder, los que me condenaban a quedarme sin adolescencia ni juventud. Daba igual, yo me compadecía de ellos, y no sólo eso, sino que incluso me permitía aconsejarles a algunos de ellos como un padrecito boliviano de la Orden de Jesús, en un ejercicio de magnanimidad del que hoy no puedo menos que arrepentirme.
Sí, ahora se me ha endurecido el corazón, ya no soy tan compasivo. Afortunadamente, estoy aprendiendo a ser más egoísta, y acaso dentro de poco tiempo consiga serlo en la medida en que debería. ¿Que quieren joderse la vida a cambio de una ficticia diversión? ¡Pues que se la jodan, coño, que se la jodan! ¡Que la palmen todos, me importa un rábano! ¡Que se perforen el tabique, que se pudran los dientes, que ni de tenerlos en condiciones son dignos! ¿Hacen ellos algo por mí? No hacen nada, soy para ellos la misma insignificante mierda que ellos deberían ser para mí. ¡Pues que así sea!
Es por ello que, si ahora mismo me ofreciesen ingresar en alguna organización mafiosa y convertirme en un traficante a gran escala, creo que no sentiría ningún remordimiento. Más bien al contrario, disfrutaría cargándome sin piedad a tanto imbécil. Y se lo restregaría por sus imbéciles rostros. “¿Veis ese chalet en primera línea de mar? Pues sabed, ¡oh, miserables!, que es gracias a vuestra estupidez que me lo puedo permitir. ¿Ves la pista de tenis? Ésa me la has pagado tú, tonto’l’higo. ¿Y el campo de golf? Pues ése te lo debo a ti y a tu idiotez”.
No me gustan los lujos, ni aspiro a ellos, pero sólo por ver la cara de esos desgraciados, valdría la pena. “Miradme, necios, y ahora miráos a vosotros, que ni siquiera aspiráis a un ataúd de chapa-okumen cuando la palméis el mes que viene, puñados de escoria”. Y una porcina carcajada de desprecio. Sería muy gratificante.
Y me imagino, aún imberbe, paseándome por las calles del más deprimido de los suburbios con total tranquilidad, imprimiendo miedo y admiración a partes iguales. Con un abrigo de cuello de visón, embutido en joyas y zapatos de diseño, como un campeón negro de los superwelter. Mascando chicle con actitud chulesca con mis blancos y deslumbrantes dientes, lanzando miradas despreciativas a diestro y siniestro. O conduciendo mi Maserati descapotable, con tres modelos croatas en el asiento de atrás. Y cuando viniera uno de ellos, con su chándal de táctel verde y violeta, deportivas Paredes y los dientes negros y ajados, y bajase la ventanilla de su R5 de sexta mano para mendigarme una bolsita, poder espetarle:
“¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo, basurilla? Que, mientras tú te metías de todo y te creías el más chulo del pueblo, yo era ese pobre pringado que te observaba y se reía de ti sin que lo advirtieras. Y ahora el más chulo del barrio soy yo, y vivo de ti y los lerdos como tú. Y ya ves cómo.”
¡Oh, sí, Mr. Hyde se está apoderando de mí!
Y me encanta.
Operación Talento
Nos estamos acostumbrando últimamente a que, cada cierto tiempo, desayunemos con una noticia de esas que le ponen a uno los pelos de punta: atentados terroristas, catástrofes meteorológicas, estallidos de conflictos bélicos...
Hoy, para no variar, también me he encontrado una noticia estremecedora. Espeluznante. Y ha sido por pura casualidad que haya llegado a mis manos el siguiente enlace.
Y yo me pregunto si es esto a lo que aspiramos. Si aspiramos a este nivel de deshumanización. ¿Es necesario convertirnos en autómatas para contribuir al desarrollo tecnológico? ¿Es eso fomentar el talento, o, por el contrario, es un canto a la sumisión?
Cuanto más leo y releo la noticia, con mayor nitidez se dibuja en mi mente esa bucólica academia de Operación Triunfo, donde cada semana les dan a los iluminados concursantes un libraco de unas 500 páginas llenas de fórmulas matemáticas, de cara a la Gala de los jueves, en la cual han de recitarlas una por una. "Lamentamos decirte, Kevin José, que esta semana no has cumplido los objetivos marcados, has fallado en el tercer sumando de la aplicación lineal de la Transformada de Fourier modificada, y por tanto, nos vemos obligados a proponerte para abandonar la Élite".
Obsceno y de mal gusto.
Pero lo más grave de todo no es la metodología empleada, sino la filosofía bajo la cual se adoctrina a estos pequeños proyectos de robot Emilio. "No basta con ser inteligente. También importa cómo se administra el tiempo. Que la inteligencia no se disperse para que dé buenos frutos". A mí esta frase me parece un insulto a la inteligencia, a la verdadera inteligencia, y no a la que promulgan estos pollinos con título. ¿Desde cuándo se dispersa la inteligencia? ¿Qué es la inteligencia sino curiosidad e inquietud?
Cuando se centra esa presunta inteligencia en un solo objetivo, evitando cualquier clase de "dispersión", lo que se está haciendo es ponerle un cerco, un filtro. Se está anulando. ¿Qué es de la inteligencia si no hay un espacio creativo y recreativo en la cual desarrollarla? ¿Puede haber talento sin personalidad?
Ahora sí tengo la certeza de que, si después de leer eso, hay alguien interesado en entrar en esa secta, podrá ser todo lo elitista, ambicioso, esforzado y constante que quiera o presuma ser, pero desde luego, la inteligencia y el talento son cualidades que le vienen muy, muy grandes.
Hoy, para no variar, también me he encontrado una noticia estremecedora. Espeluznante. Y ha sido por pura casualidad que haya llegado a mis manos el siguiente enlace.
Y yo me pregunto si es esto a lo que aspiramos. Si aspiramos a este nivel de deshumanización. ¿Es necesario convertirnos en autómatas para contribuir al desarrollo tecnológico? ¿Es eso fomentar el talento, o, por el contrario, es un canto a la sumisión?
Cuanto más leo y releo la noticia, con mayor nitidez se dibuja en mi mente esa bucólica academia de Operación Triunfo, donde cada semana les dan a los iluminados concursantes un libraco de unas 500 páginas llenas de fórmulas matemáticas, de cara a la Gala de los jueves, en la cual han de recitarlas una por una. "Lamentamos decirte, Kevin José, que esta semana no has cumplido los objetivos marcados, has fallado en el tercer sumando de la aplicación lineal de la Transformada de Fourier modificada, y por tanto, nos vemos obligados a proponerte para abandonar la Élite".
Obsceno y de mal gusto.
Pero lo más grave de todo no es la metodología empleada, sino la filosofía bajo la cual se adoctrina a estos pequeños proyectos de robot Emilio. "No basta con ser inteligente. También importa cómo se administra el tiempo. Que la inteligencia no se disperse para que dé buenos frutos". A mí esta frase me parece un insulto a la inteligencia, a la verdadera inteligencia, y no a la que promulgan estos pollinos con título. ¿Desde cuándo se dispersa la inteligencia? ¿Qué es la inteligencia sino curiosidad e inquietud?
Cuando se centra esa presunta inteligencia en un solo objetivo, evitando cualquier clase de "dispersión", lo que se está haciendo es ponerle un cerco, un filtro. Se está anulando. ¿Qué es de la inteligencia si no hay un espacio creativo y recreativo en la cual desarrollarla? ¿Puede haber talento sin personalidad?
Ahora sí tengo la certeza de que, si después de leer eso, hay alguien interesado en entrar en esa secta, podrá ser todo lo elitista, ambicioso, esforzado y constante que quiera o presuma ser, pero desde luego, la inteligencia y el talento son cualidades que le vienen muy, muy grandes.





