Miseria Humana (Capítulos I y II)
Las colas kilométricas abrazan tres manzanas. Marabuntas humanas, armadas de paciencia, haciendo frente a los chuzos de punta que caen del cielo. Sin embargo, la fila india sigue inalterable...
No se trata de la embajada del Ecuador, que podría serlo perfectamente. Se trata de la entrada del Corte Inglés, que los niños de los Serranos ya están anunciando las Rebajas.
Y entonces, al recibir la señal del guardia jurado, comienza la carrera de la miseria humana, a golpe de codazo y empujón. Busco carroña a buen precio. Apártese, vejestorio, que esto no es el autobús público.
En primera línea, una niña de inocente mirada y aún más inocentes coletitas estilo Britney Spears (si es que las visten como putas...) sujeta con la firmeza que sus delgados brazos le permiten la muñeca de su madre, ahora convertida en buitre de cuello rojo, con los ojos inyectados en sangre.
Al fondo, una señora talludita y bien emperifollada, embutida en un vestido de seda italiana, busca otra nueva ganga. De seda, por supuesto, que Isabel Preysler viste seda, y todos sabemos lo elegante que es. Por eso la señora siempre ha vestido de seda.
Lo que nadie le ha dicho es que, en realidad, se trata de placenta de gusano.
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En otro orden de cosas, ayer asistimos a un nuevo espectáculo esperpéntico de odio y rencor contenido (e infundado), dirigido implícitamente por el mayor odiador de España, Federico Jiménez Losantos, cuya firma lleva, inequívocamente.
Resulta que en Madrid se celebraba una manifestación contra el terrorismo, y aquellos que pretenden monopolizar la causa antiterrorista, escuchando los cantos de sirena de su gurú de las ondas, lo convirtieron en un auténtico bochorno para los demócratas.
Felicidades, don Federico. Lo ha conseguido.
Ahora siga con su labor de ir poco a poco legitimando, con sus odios, a aquellos que pretenden, al igual que usted y los suyos, monopolizar otra causa, 500 kilómetros al norte de su despacho radiofónico.
Todos le estaremos eternamente agradecidos. No le quepa la menor duda. Aunque ya sé que a usted, las dudas, nunca le caben. Y no precisamente por ausencia física de espacio donde almacenarlas.
PS: Leo sin sorpresa la última perla de este individuo, que se comenta por sí sola:.
No se trata de la embajada del Ecuador, que podría serlo perfectamente. Se trata de la entrada del Corte Inglés, que los niños de los Serranos ya están anunciando las Rebajas.
Y entonces, al recibir la señal del guardia jurado, comienza la carrera de la miseria humana, a golpe de codazo y empujón. Busco carroña a buen precio. Apártese, vejestorio, que esto no es el autobús público.
En primera línea, una niña de inocente mirada y aún más inocentes coletitas estilo Britney Spears (si es que las visten como putas...) sujeta con la firmeza que sus delgados brazos le permiten la muñeca de su madre, ahora convertida en buitre de cuello rojo, con los ojos inyectados en sangre.
Al fondo, una señora talludita y bien emperifollada, embutida en un vestido de seda italiana, busca otra nueva ganga. De seda, por supuesto, que Isabel Preysler viste seda, y todos sabemos lo elegante que es. Por eso la señora siempre ha vestido de seda.
Lo que nadie le ha dicho es que, en realidad, se trata de placenta de gusano.
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En otro orden de cosas, ayer asistimos a un nuevo espectáculo esperpéntico de odio y rencor contenido (e infundado), dirigido implícitamente por el mayor odiador de España, Federico Jiménez Losantos, cuya firma lleva, inequívocamente.
Resulta que en Madrid se celebraba una manifestación contra el terrorismo, y aquellos que pretenden monopolizar la causa antiterrorista, escuchando los cantos de sirena de su gurú de las ondas, lo convirtieron en un auténtico bochorno para los demócratas.
Felicidades, don Federico. Lo ha conseguido.
Ahora siga con su labor de ir poco a poco legitimando, con sus odios, a aquellos que pretenden, al igual que usted y los suyos, monopolizar otra causa, 500 kilómetros al norte de su despacho radiofónico.
Todos le estaremos eternamente agradecidos. No le quepa la menor duda. Aunque ya sé que a usted, las dudas, nunca le caben. Y no precisamente por ausencia física de espacio donde almacenarlas.
PS: Leo sin sorpresa la última perla de este individuo, que se comenta por sí sola:.
Comentario:
como del capítulo II me he despachado ya a gusto, te digo sobre el capítulo I que da igual lo que sea la seda, su tacto es estupendo, Anacoreta :P Al primer día de rebajas tampoco voy, ahí tampoco me gustan las muchedumbres, por desgracia para mí...





