Miseria Humana (Capítulo III): Los Pseudo
No sé si todos los tópicos se cumplirán con la misma eficacia, pero lo cierto es que, en el caso del que dice que a las personas nos gusta aparentar, da en el clavo.
De hecho, tal es la obsesión por aparentar, que como en cualquier otra afición convertida en obsesión, aparecen incluso disfunciones y desviaciones.
Dentro de estas desviaciones, a mí me llama especialmente la atención la de los pseudo-ignorantes, cuya ignorancia tiene en la ostentación su única razón de ser, y resulta difícil de comprender, toda vez que ese afán de aparentar siempre se asocia con virtudes, no con defectos. Y, desde luego, la ignorancia no es una virtud. Pero ellos quieren parecer ignorantes, y lo parecen.
Esta clase de gente es la que dice "no sé" a todo. Aunque en realidad lo sepan, parecen avergonzarse de saber algo, es como si una voz interna les incitase a ello.
Y no contentos con ello, centran sus mofas en quien sí lo sabe, que pasa a ser objeto de los más variopintos adjetivos descalificativos.
Aunque se pueden encontrar individuos de todo pelaje, este grupo es especialmente numeroso entre las chicas post-adolescentes, más identificadas con el papel de Barbie Cabezahueca, adalid del éxito social, que con el de Marie Curie (cosa lógica, teniendo en cuenta que la principal fuente de ¿información? es la televisión).
Casi todas quieren ser la "chica popular" del instituto de Alabama, idealizando esa excitante vida de minifaldas, monosílabos, pompones y capitán cachas del equipo de béisbol.
Pero no echemos la culpa, como siempre, a los yanquis. En España tenemos nuestro propio modelo, el modelo "humildeysensillo", el del que se labra un futuro en televisión a base de hacer gala de ignorancia y palurdez. ¿Dónde está Palencia? Pues no sé, jejeje, debe ende caer por Murcia o asín, jijiji.
Por supuesto, también hay que alardear en voz alta de ser "humilde y sensillo" y de "tener un corasón asín de grande", que en boca de otro sonaría pretencioso, pero en boca del gañán que ha ganado el último Gran Hermano (el Juanjo ese, el taxista del kilométrico tabique nasal) o del Bustamante, unido a la continua e incesante mención a sus humildes y nobles oficios anteriores, pues resulta hasta convincente, produciendo una mezcla de ternura y compasión entre los menos avezados telespectadores, es decir, la gran mayoría.
Y de ahí, al estrellato.

Y claro, viendo el éxito fácil, extrapolable a cualquier otro ámbito, pues son muchos los que quieren ser el Juanjo de turno
Sin embargo, también está muy extendida la otra cara de la moneda. La del pseudo-intelectual.
A mí, francamente, no sé cuál de los dos modelos me resulta más irritante.
Porque el pseudo-intelectual es repelente, y no porque alardee de sus conocimientos, sino porque, precisamente, se nota tanto que carece de ellos que te entran unas irrefrenables ganas por estamparle tus nudillos en la mandíbula, como si de un rito iniciático zulú se tratase.
Y no menciono por casualidad a los zulú. Si los he mencionado es, precisamente, porque el pseudo-intelectual no tiene ni puta idea de si los zulú son una tribu sudafricana o la vivienda típica de los esquimales de la estepa colombiana, tan solo sabe que esa palabra le recuerda a los Documentales de La 2. Y el pseudo-intelectual tiene el deber moral de autoproclamarse voraz consumidor de nutritivos Documentales de La 2. Al fin y al cabo, es lo que se supone que debe ver un intelectual, ¿no?
El pseudo-intelectual también da buena cuenta del irrefrenable aumento de ventas de discos de música clásica, como atestigua la lista de AFIVE. Mozart, Beethoven, son su debilidad. Bueno, en realidad, conoce a Mozart porque ¿quién no lo conoce?. Y a Beethoven porque... es el perro más famoso del cine.
Acaso, con un poco de suerte, el pseudo-intelectual ve el Concierto de Año Nuevo de Viena y se queda con que ese instrumento marrón con cuerdas se llama violín, y el que es un poco más grande, viola, que le suena a descampado de Vallecas y le hace esbozar una leve sonrisa maliciosa, jejeje.
Pero oye, se supone que un intelectual escucha música clásica, y no los berridos de esos locos de las guitarras... además, en Saber y Ganar sólo preguntan de música clásica, así que será de eso lo que hay que escuchar, ¿no?

Pero lo más triste de todo es que el pseudo-ignorante y el pseudo-intelectual son exactamente iguales, igual de mediocres. Ambos utilizan el televisor para ver las Crónicas Marcianas, ambos utilizan la minicadena para poner a Bisbal a todo volumen, y si te descuidas, ambos leen la Superpop.
Manda huevos...
De hecho, tal es la obsesión por aparentar, que como en cualquier otra afición convertida en obsesión, aparecen incluso disfunciones y desviaciones.
Dentro de estas desviaciones, a mí me llama especialmente la atención la de los pseudo-ignorantes, cuya ignorancia tiene en la ostentación su única razón de ser, y resulta difícil de comprender, toda vez que ese afán de aparentar siempre se asocia con virtudes, no con defectos. Y, desde luego, la ignorancia no es una virtud. Pero ellos quieren parecer ignorantes, y lo parecen.
Esta clase de gente es la que dice "no sé" a todo. Aunque en realidad lo sepan, parecen avergonzarse de saber algo, es como si una voz interna les incitase a ello.
Y no contentos con ello, centran sus mofas en quien sí lo sabe, que pasa a ser objeto de los más variopintos adjetivos descalificativos.
Aunque se pueden encontrar individuos de todo pelaje, este grupo es especialmente numeroso entre las chicas post-adolescentes, más identificadas con el papel de Barbie Cabezahueca, adalid del éxito social, que con el de Marie Curie (cosa lógica, teniendo en cuenta que la principal fuente de ¿información? es la televisión).
Casi todas quieren ser la "chica popular" del instituto de Alabama, idealizando esa excitante vida de minifaldas, monosílabos, pompones y capitán cachas del equipo de béisbol.
Pero no echemos la culpa, como siempre, a los yanquis. En España tenemos nuestro propio modelo, el modelo "humildeysensillo", el del que se labra un futuro en televisión a base de hacer gala de ignorancia y palurdez. ¿Dónde está Palencia? Pues no sé, jejeje, debe ende caer por Murcia o asín, jijiji.
Por supuesto, también hay que alardear en voz alta de ser "humilde y sensillo" y de "tener un corasón asín de grande", que en boca de otro sonaría pretencioso, pero en boca del gañán que ha ganado el último Gran Hermano (el Juanjo ese, el taxista del kilométrico tabique nasal) o del Bustamante, unido a la continua e incesante mención a sus humildes y nobles oficios anteriores, pues resulta hasta convincente, produciendo una mezcla de ternura y compasión entre los menos avezados telespectadores, es decir, la gran mayoría.
Y de ahí, al estrellato.

Y claro, viendo el éxito fácil, extrapolable a cualquier otro ámbito, pues son muchos los que quieren ser el Juanjo de turno
Sin embargo, también está muy extendida la otra cara de la moneda. La del pseudo-intelectual.
A mí, francamente, no sé cuál de los dos modelos me resulta más irritante.
Porque el pseudo-intelectual es repelente, y no porque alardee de sus conocimientos, sino porque, precisamente, se nota tanto que carece de ellos que te entran unas irrefrenables ganas por estamparle tus nudillos en la mandíbula, como si de un rito iniciático zulú se tratase.
Y no menciono por casualidad a los zulú. Si los he mencionado es, precisamente, porque el pseudo-intelectual no tiene ni puta idea de si los zulú son una tribu sudafricana o la vivienda típica de los esquimales de la estepa colombiana, tan solo sabe que esa palabra le recuerda a los Documentales de La 2. Y el pseudo-intelectual tiene el deber moral de autoproclamarse voraz consumidor de nutritivos Documentales de La 2. Al fin y al cabo, es lo que se supone que debe ver un intelectual, ¿no?
El pseudo-intelectual también da buena cuenta del irrefrenable aumento de ventas de discos de música clásica, como atestigua la lista de AFIVE. Mozart, Beethoven, son su debilidad. Bueno, en realidad, conoce a Mozart porque ¿quién no lo conoce?. Y a Beethoven porque... es el perro más famoso del cine.
Acaso, con un poco de suerte, el pseudo-intelectual ve el Concierto de Año Nuevo de Viena y se queda con que ese instrumento marrón con cuerdas se llama violín, y el que es un poco más grande, viola, que le suena a descampado de Vallecas y le hace esbozar una leve sonrisa maliciosa, jejeje.
Pero oye, se supone que un intelectual escucha música clásica, y no los berridos de esos locos de las guitarras... además, en Saber y Ganar sólo preguntan de música clásica, así que será de eso lo que hay que escuchar, ¿no?

Pero lo más triste de todo es que el pseudo-ignorante y el pseudo-intelectual son exactamente iguales, igual de mediocres. Ambos utilizan el televisor para ver las Crónicas Marcianas, ambos utilizan la minicadena para poner a Bisbal a todo volumen, y si te descuidas, ambos leen la Superpop.
Manda huevos...
Comentario:
Perdono al pseudo-ignorante, justamente porque intenta disfrazándose y sabe que puede más. Pero el o la pseudo-intelectual argentino/a es un ser traicionero e hiperaburrido, en fin, un pobre desgraciado...
Comentario:
Ni tanto ni tan poco. Pero ambos resultan igual de "simpáticos". Ya se sabe, quien mucho abarca,poco aprieta.
Comentario:
una reflexión que espero que sea bien entendida: los pseudoingorantes, ingorantes directamente, son más y ocupan estratos más amplios de la sociedad. Así, podemos encontrarnos con resultados electorales totalmente legítimos que pueden ser explicados en esta clave. Ya puse en mi blog una vez, que tras las elecciones americanas, una representante de bush en expaña dijo que los auténticos americanos no confiaban en las élites cultas e intelectuales de ambas costas. Resumiendo, que tú me perdonarás que sea tan pesado, que por preparados y mejores no les votaron.
Pa habernos matao!!!
Pa habernos matao!!!
Comentario:
En próximos fascículos ;-)
Comentario:
Y los quiero y no puedo? Es decir que prefiero quedarme sin comer caliente un mes, pero yo me compro el último modelo de móvil, ó me compro el último bolso de Gucci, ó voy con un traje de la última colección Armani. Pero lo que es comer un filete, ni el recuerdo oye...
Comentario:
lo peor de los psudos es que están encantados de conocerse, nunca van a salir de ahí porque es exactamente lo que quieren ser. Y todavía el psudo-intelectual aspira a parecer más elevado de lo que es, en ese punto me enternece un poco, lo del pseudo-ignorante no tiene perdón.





